sábado, julio 23, 2016

Olía a jazmín...


Olía a jazmín la entrada a la casa de nuestra amiga. Atardecía en Somao y en sus cúpulas indianas se reavivaban las ascuas. El río empezaba a ser oscuro. Era fácil imaginarse cómo habría podido ser la tarde en el jardín. Leyendo a la sombra, con los pies descalzos sobre el césped, un libro en el regazo y el tiempo suficiente como para levantar la vista cada vez que la luz cambiante del cielo, las aves ocasionales o la masticación lenta de lo leído pidieran una tregua.

viernes, julio 22, 2016

Jardines


Hoy has sabido de ébanos tan sólidos que si se arrojan a las corrientes se hunden hasta el  fondo. También te han hablado de secuoyas a las que el fuego es incapaz de hincarle sus llamas y sobre cuyo lomo blando has puesto la caricia de tus manos, de bambúes tan resistentes como el acero, con los que pueden construirse puentes, andamios y hasta edificios de varios pisos. De hojas que son como el terciopelo, de arbustos que al tacto se vuelven humo y de plantas sobre las que el agua parece mercurio. Hemos paseado largo y sin prisa por estos jardines que plantó el capricho de un hacendado al borde del mar. Una vasta extensión de naturalezas traídas de todos los continentes. Con savia reciente o sangre tan vieja como la de un algarrobo valenciano de más de mil años, un castaño de Naraval con seis siglos de corteza o un olivo toledano que fue testigo de la expulsión de los judíos. Con bellas ruinas salpicando de piedra y forja la fronda: columnas dacias del siglo I traídas de Rumanía, bronces dickensianos, fantásticas acróteras, relojes de sol, escudos de nobles rurales, faunos, vírgenes, fuentes y campanarios rescatados de la incuria. Hemos recorrido umbrías trochas que llevan el nombre de su linde: palmitos, abedules, rododendros. Estaban en nuestra visita florecidas las miles y miles de hortensias. Volveremos cuando exploten las camelias y las azaleas.
            Rendidos por la caminata, nos tendemos sobre la arena fina y oscura de Frexulfe. La tarde está bochornosa. De vez en cuando ensaya una llovizna que no cuaja en nada. Hay un silencio apabullante de olas. A lo lejos, sobre la acuarela imprecisa, el faro de Ortigueira luce como un acrílico blanco.

miércoles, julio 20, 2016

Impajaritable, de Julio Obeso

Impajaritable, de Julio Obeso (Ediciones Leteo, León)

Da la sensación de que esos seis pajaritos de la portada del libro de Julio Obeso —él y sus hermanos— romperán, impajaritablemente y Parra mediante, la malla del gallinero que los retiene para echar a volar de un momento a otro, regalándole al mundo la alegría de las travesuras infantiles, pastoreando vacas redondas, dejándose hipnotizar por las peceras y creciendo, como todos lo hemos hecho, entre lo roto y lo perpetuo.

La poesía de Julio Obeso podría explicarse con sus propios versos, los que hablan de una urraca que llevó al nido un ángel en el pico. Sus polluelos no sabían qué hacer con él. ¿Podría comerse? No. ¿Y, de ser así, para qué serviría aquella criatura? El poema se cierra entonces con un verso certero y luminoso que explica el propósito final de la presa: “brilla”.

Así pues, no esperen los lectores más alimento de estas páginas —y no será poco— que el propio de una literatura que teniendo por referentes a verdaderos outsiders (Leopoldo María Panero, Edgar Allan Poe, Virgilio Piñera, Jesús Lizano, Vallejo o, la más próxima en el tiempo, Damaris Calderón), procura alentar vuelos más que fijar certezas; contagiando libertad a través de un lenguaje carente de ataduras, que sin perder nunca de vista su propósito último —la intención que lo alentó—,  no se subordina, sin embargo, a él, optando en su curso por el meandro, por el juego y el humor, por la contundencia del minimalismo con que se urde. Un lenguaje que brilla en los ojos del lector como el ángel en el nido de la urraca. 
la verdad,casi todo está por hacer.mira los ríos por rematar,los hombres a medio cocer.mira la tierra,pide una segunda mano a gritos,sin mencionar las bestiasagotadas antes de tiempo.¿el trabajo?pan va, jamón viene,siempre con un ojoen las piernas de las angelitas.despidamos la subcontrata,hay que ponerse manos a la obra.
                                                                       Julio Obeso (Impajaritable


lunes, julio 18, 2016

A veces no es suficiente...


A veces no es suficiente la sombra, y nada puede contra el ahogo que los días espesos nos ciernen en torno al cuello tal y como cuentas de sierpes tórridas. Qué igual es ese garrote vil a cualquier miedo sin respuesta; nos tronza la garganta con un crujido de tallo agostado. Por eso la esperanza necesita siempre de corrientes: del curso libre e impetuoso del agua o del aire aliviando toda sed y cualquier espanto.

domingo, julio 17, 2016

Llega de cerca el rumor...


Llega de cerca el rumor de una piscina. Chapoteos y gritos de niños que disfrutan del frescor del agua en este día caluroso. No hay nubes. O casi no hay nubes. Forzando la mirada descubro unas volutas como de humo de cigarrillo sobre el perfil de la colina que se levanta frente a nosotos. Registro su presencia en este diario, levanto de nuevo la mirada y casi ya se ha esfumado del todo ese algodón ralo. Habrá dejado quizás sobre la copa del arbolado un rastro de ceniza nívea. Más hacia el este se mantiene en lo alto, inmóvil, un parapente. Es un vuelo perezoso, como si el calor espesara el aire y las alas de cualquier pájaro, incluso las de esta ave espúria, se batieran con lentitud impuesta. El sol clemente apacigua los temores y nos anima a pequeños gestos de valentía. Como a creer que nada malo puede suceder bajo una luz como ésta.


sábado, julio 16, 2016

Estoy leyendo...


Estoy leyendo bajo la sombra de un manzano pequeño, añoso y retorcido. Tiene el tronco escamado y aun así está cargado de frutos todavía pequeños, muy verdes y que de tan tensos parece como si fuera a salírseles el corazón al aire. Guardo silencio y permanezco casi quieto. Quizás por ello sigue su curso la oculta vida de la sebe próxima. Helechos, moreras, laurel y avellanos. En ese fondo oigo sin ver a los pájaros que habitan el secreto de la fronda mientras las hormigas trepan por la hoja sobre la que estoy escribiendo estas líneas. Por encima de mi cabeza, sobrevuela al contraluz el negro perfil de una golondrina. El cielo está limpio pero tiene un azul desvaído, como muy lavado. Sopla una brisa que mantiene fría la sombra y  mueve las ramas de este árbol que me cobija, asperjándome con haces repentinos de una luz que zigzaguea las hojas del manzano y me llega como a golpes de cerilla hasta la piel.


viernes, julio 15, 2016

En la sombra...


En la sombra sopla una brisa fresca. Tengo el libro abierto sobre el prado. Sujeto las esquinas de sus páginas con los pies desnudos. Hay unas briznas de hierba asomándose a lo escrito. Es una composición imprevista pero casi medida. El verde pespunte deja una nota de color en los márgenes, pero sin ocultar ni una palabra, respetuosamente. Como una pincelada sabia. El sol está subido sobre una luz vertical, afilada. Casi feudal. El estío es este sometimiento consentido al esplendor. Por más que se busque el alivio de lo umbrío, finalmente la mirada se deja convencer por todo lo que refulge, casi inauguralmente, sobre la faz alegre de la tierra.

miércoles, julio 13, 2016

El Bestiario en la Semana Negra

La sensación era, por qué no admitirlo, rara. Micrófono en mano. Bajo una carpa. Oyendo permanentemente un inmisericorde ruido de conversaciones y carruseles. Oliendo el ambiente a fritanga. Y con la grima todavía instalada en la yema de los dedos después de pasarme por alguna de las librerías del certamen y comprobar que sobre las solapas de los libros se posa una pátina de polvo de astillero. Así es la Semana Negra. Y así la vivió uno por primera vez presentando El Bestiario, esa recopilación de artículos, lúcidos e indignados, que Juan Garay fue escribiendo en la revista Ágora desde 1998 a 2014. Hubo muchos amigos. Y hasta nos visitó Vicente Álvarez Areces, al lado de quien, por un momento, se sentó un tipo ebrio que bien creímos terminaría por amenizarnos inconvenientemente el evento.  Pero Tini es político bregado en mil batallas, le dio la mano al borrachín y fue como administrarle en vena una cafetera bien cargada: se despertó por un momento del sopor etílico, miró a su alrededor, reparó en que allí no había barra y emprendió entonces una discreta retirada. Luego se pregunta la gente para qué sirve el Senado. Arlé, la presi de Gesto, abrió a presentación. Contó las batallas de la sociedad cultural y me echó al final algunas flores. Yo me acerqué el micrófono a la epiglotis, como los malos cantantes y leí lo que llevaba preparado en la convicción de que nadie estaba oyendo nada en medio del rumor circundante. Ya cuando llegaba a los párrafos finales de lo escrito, sentí que a mis espaldas un responsable de la organización me murmuraba que me quedaban tres minutos. Algo así como cuando me casé, que fue por lo civil, con un juez y una secretaria poco duchos y me temo que también poco partidarios de tales ceremonias, a las que se llamaba por número, como en el seguro y con un tiempo tasado para el trámite: una lectura legal, unas preguntas sobre la voluntad del compromiso y un “andando, que es gerundio”, que esto ya está hecho y le toca a  los siguientes. Así que Arlé recogió el tenderete, vendió algunos libros y salimos al pegajoso polvo de las calles del recinto. El pulpo mecánico mareaba como podía a los viajeros. Los criollos esperaban por el chumichurri. Y Rafa Gutiérrez Testón pasaba el plumero a sus libros. 


lunes, julio 04, 2016

George Steiner en Babelia


George Steiner en Babelia:


Estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria. Y que no hace nada para que los niños aprendan las cosas de memoria. El poema que vive en nosotros vive con nosotros, cambia como nosotros, y tiene que ver con una función mucho más profunda que la del cerebro. Representa la sensibilidad, la personalidad.

Hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo… de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo. Y otra cosa: no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Solo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial.

Muchos dicen que las utopías son idioteces. Pero en todo caso serán idioteces vitales. Un profesor que no deja a sus alumnos pensar en utopías y equivocarse es un muy mal profesor.

Hay una enorme abdicación de la política. La política pierde terreno en todo el mundo, la gente ya no cree en ella y eso es muy muy peligroso. Aristóteles nos dice: “Si no quieres estar en política, en el ágora pública, y prefieres quedarte en tu vida privada, luego no te quejes si los bandidos te gobiernan”.

Hice poesía, pero me di cuenta que lo que estaba haciendo eran versos, y el verso es el mayor enemigo de la poesía. Y he dicho también –y algunos no me lo han perdonado nunca- que el más grande de los críticos es minúsculo comparado con cualquier creador. Así que hablemos claro y no nos hagamos ilusiones. Yo soy tan solo un cartero, soy Il Postino. Y estoy muy orgulloso de eso, de haber llevado el correo bien a tantos y tantos alumnos. 

Un judío es un hombre que, cuando lee un libro, lo hace con un lápiz en la mano porque está seguro de que puede escribir otro mejor.

En todos los lugares y situaciones hay cosas que aprender. Ningún lugar es aburrido si me dan una mesa, buen café y unos libros. Eso es una patria.

viernes, julio 01, 2016

Stephane Furber & Johnny Gafapasta

Ayer disfrutamos de una velada deliciosa. Uno tuvo el privilegio de participar en Baresías, iniciativa promovida por Ana Lamela en la que se aúna música y poesía una vez al mes en El bello verano (rincón de esos que hacen más habitables las ciudades y más felices a la gente). Fueron muchos los amigos que nos acompañaron. Que quisieron escuchar a Stephane Furber y a los Johnny Gafapasta. Al primero le prestó uno su voz; los Gafapastas, por su parte, ofrecieron un acústico en el que sonaron la mar de bien.


A toda heteronimia le precede siempre un condicional. Por eso se ha titulado el cuadernillo que ayer se presentó en público Si yo fuera Stephane Furber. La poesía desvela intimidad; los diarios cauterizan la vida; la novela levanta mundos desde el sueño o las obsesiones. La suplantación planteada en los versos de Furber traza un puente entre la autobiografía poética y la invención narrativa. Un juego que me traslada no sólo al corazón de otro hombre, sino que me enseña a pulsar los acordes de una guitarra, a beber sin desmayo, a amar a una mujer inalcanzable, a criar al hijo de otro y a patear un lugar que nunca pisaron mis pies pero del que puedo dar tantas pistas como cualquiera que hubiese nacido allí.

Todo escritor finge, incluso cuando dice la verdad. En Furber, además, el fingimiento da un paso más allá y ensaya un estilo impropio, pues nunca escribió uno así y quizás nunca lo haga de nuevo, pero mientras fui la mano agradecida de ese hombre, procuré, os lo juro, no defraudarlo.
Fotos de Arlé Corte
Gracias a los que estuvisteis allí, gracias a Ana Lamela Daphne
y gracias a los Johnny Gafapasta.

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