lunes, junio 24, 2013

Lighthouse





















En los días de bonanza,
el faro de Lluces
le da la espalda a las mareas
y, como un índice sobre los labios del cielo,
pide silencio para la tierra
desde el acantilado.

lunes, junio 17, 2013

Lo esencial


 
En el reducido espacio de su carlinga, a la altura de un dios menor, Saint Exupery se convenció de que lo esencial era invisible a los ojos. Pensaba tal vez en la vida microscópica sobre la que el mundo se levanta. Tal vez en el tenaz castigo con que el tiempo se ceba en lo íntimo contra todas nuestras defensas. Tal vez en el amor, el odio  y el sabor agridulce de los frutos que, tarde o temprano, la vida nos acerca a los labios.

martes, junio 04, 2013

Haiku / Caxigalíne(a)s

Luce en el jarrón / la rosa del desierto / y su tallo de aire. 
  • Las nueces son todo cerebro.
  • Las baldas de su biblioteca y los cajones de su escritorio eran la perfecta metáfora de su cabeza: un caótico amontonamiento de lecturas, que urgían orden y desbrozo.
  • Aseguraba él con mucho convencimiento: "es una buena persona". Traducía yo, mentalmente, sus palabras: "todavía no le ha llevado la contraria".

sábado, mayo 18, 2013

LOMCE


Me permito traer aquí, desde facebook, esta lúcida e indignada declaración de Ricardo Menéndez Salmón (porque cuando algo se dice tan bien y con tanta razón, qué menos que divulgarlo en la medida de los posible).


Tengo 42 años y dos hijos, una niña y un niño. Soy una persona culta, cuyos libros se han traducido a siete idiomas distintos al español. He cursado siempre mis estudios, desde Infantil hasta la Universidad, en instituciones públicas. Mi único rasgo de fanatismo (quizá de masoquismo, estoy abierto a la discusión) es ser seguidor del Sporting de Gijón desde que tengo memoria. Soy comprensivo, pero también intolerante: con el racismo, con el fascismo, con las sectas. Es decir, no creo que todas las opiniones sean igualmente respetables. Me asiste la certeza, conquistada a través de los libros y de mi propia vida, de que se puede vivir sin religión ni dioses, pero de que no se puede vivir sin ética ni valores. Esto es: sostengo la absoluta superioridad de la Filosofía sobre la Religión. Esta cita de E. L. Doctorow, tomada de su novela El libro de Daniel, se la regalo a los padres de la LOMCE después del enésimo asesinato de la razón cometido en mi país: «La diferencia entre Sócrates y Jesús estriba en que nadie ha sido condenado a muerte en nombre de Sócrates. Y ello se debe a que las ideas de Sócrates nunca fueron convertidas en ley».
Ricardo Menéndez Salmón

martes, mayo 14, 2013

Paseos

 
El sábado lucía el sol en Corao. Muchos años atrás Madoz describió ese lugar como "un ameno vallecito en la carretera que desde el interior de la provincia conduce a la de Santander;  con clima templado y sano. De veintiséis casas de mediana fábrica, con muchas fuentes de buenas aguas, y dos ermitas dedicadas a San Nicolás y a Santa Rosa de Viterbo. El terreno es de superior calidad, y se haya fertilizado por los ríos Güeña y Chico, que se reúnen más abajo de la población; en sus riberas se crían hermosos álamos y grandes alisos, habiendo en otros parajes multitud de castaños, abedules y otros árboles que proporcionan sitios de comodidad y recreo. Produce trigo, escanda, maíz, habas, toda clase de legumbres y frutas, excepto el limón y naranja que no prosperan a consecuencia de los hielos; hay ganado vacuno y, algo de cerda, caza de perdices y liebres; y pesca de excelentes truchas. Industria: la agrícola y un molino harinero.” El idílico enclave y la cercanía de la alta montaña llevaron a Frassinelli a fijar su residencia allí. Escribe Alejandro Pidal que para el alemán «su verdadero teatro eran los Picos de Europa, Peña Santa, la Canal de Trea, los gigantescos Urrieles asturianos. En ellos se perdía meses enteros, llevando por todo ajuar un zurrón con harina de maíz y una lata para tostarlo al fuego de la yerba seca, su carabina y los cartuchos. Vino no lo bebía: bebía agua en la palma de la mano; carne, sólo la del rebeco que abatía el certero disparo de su escopeta y cuya asadura tomaba sobre la misma lata al mismo fuego. Dormía sobre las últimas matas del enebro que avecinan la región de las peñas y las nieves.” Desde el viejo castañar que se levanta a orillas del Güeña parte la Ruta Frasisenilli, un camino que lleva hasta el lago Enol y de allí al Pozu del Alemán, escondido rincón junto al río Pomperi donde cuentan que se bañaba el romántico vecino de Corao. No llegamos hasta tan lejos, pues andábamos sólo de paseo y no de esforzada marcha, pero sí que la senda nos acercó a la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, enclavada en un hermoso paisaje, custodiada por tejos centenarios y protagonista de un rico devenir histórico. El Marqués de Monsalud la describe como sigue en 1905: “A la mitad del camino, entre Cangas de Onís y Covadonga, á una legua de cada una de éstas, álzase la pequeña construcción sobre una extensa pradera rodeada de verdes lomas, dominando, desde su altura, la pequeña villa de Corao. Compónese el templo de una sola nave, habiendo sido objeto de transformaciones sucesivas, y aun cuando supónesele, generalmente, construido por el rey Pelayo, fácilmente pudiera datar la primitiva fábrica de la época visigótica. Monasterio de Abelania le nombra la crónica albeldense, y, en efecto, hacia el año 737 parece se estableció en el mismo una comunidad de monjes bajo la regla de San Benito.  El templo compónese de una sola nave, ostentando, en su estado actual, los caracteres del estilo románico. Es de sillería que, ennegrecida por el tiempo, presenta aspecto de venerable antigüedad. Divididos exteriormente sus muros por robustos contrafuertes, corre por la parte superior una vistosa hilada de canes que representan cabezas humanas, de bichas ó de dragones sosteniendo la sencilla cornisa. La puerta lateral, de arco de medio punto, compónese de dos bocines, ó arquillos, que descansan sobre columnas pareadas, ocupando su tímpano curiosísimo bajo relieve que representa el infierno, viéndose en él buen golpe de diablos que sostienen sobre el fuego una caldera, de la que asoma una cabeza, fiel representación, según el vulgo, de los eternos suplicios de don Opas el traidor. Le da á estos muros alto sentido de respetabilidad la circunstancia de haber sido primitiva sepultura del cristiano caudillo, glorioso triunfador de Covadonga.”

De vuelta a Corao, tomamos el vermú en una terraza soleada y tranquila, frente a los castaños que se levantan junto a ribera del Güeña. Seguimos luego ruta hasta Asiegu. Comimos al aire libre en la sidrería de los hermanos Niembro, geólogo uno y geógrafo el otro, que permanecen enraizados en su tierra, cuidándola, dándola a conocer y viviendo dignamente de ella. Nos dieron a probar, entre otras viandas, un cabrales de curación larga, al que llaman Teyedu, que resultó primoroso. Bebimos sidra Pamirandi, de los pomares del pueblo. Se mantuvo una charla franca y alegre a resguardo primero del sol y, a medida que avanzaba el día, de la brisa fresca de las alturas. Por bajar la comida, se paseó luego hasta el mirador de Udaondo. Se iba echando poco a  poco la niebla sobre la montaña. Ocultaba el Urriellu. Enfriaba la tarde. Caminamos un rato por los alrededores, hasta alcanzar un prado verdísimo, salpicado de gamones y en el que pacía el ganado como dispuesto para una postal, como fijado para la memoria de estos viajeros que tuvieron la ocasión feliz de compartir el día y sus descubrimientos.  

martes, abril 23, 2013

Cementerio musulmán de Barcia






















Sin los muros de ladrillo que lo cercan,
sin su puerta de herradura siempre franca,
esta tierra de sombras y de helechos
guardaría callada por los siglos
el osario refugiado que la habita.
Pisarla así sería más fácil,
pues no habría tiento en nuestros pasos
ni tampoco ese temor que nos tiembla
en los aledaños mismos de la muerte.
Pero saber que aquí yacen hombres,
además de caídos, olvidados,
saber que todos fueron
soldados crueles en la guerra
y poco más que parias en su patria,
saber que purgan desde hace años
con exilio y abandono
su suerte mercenaria y su indigencia,
nos alerta en este cementerio,
mientras brilla el sol al otro lado de la umbría,
de nuestro tránsito fugaz,
pero también, y al mismo tiempo,
de que suelen ser siempre más piadosos
los finales en paz y con los nuestros.

JCD

("A unos pocos metros del pueblo de Barcia, en las frondosidades del concejo de Valdés, aún existe uno de esos lugares que desconocen muchos de quienes han frecuentado sus alrededores desde siempre y guardan memoria puntual y exacta de épocas sombrías y dolorosas. Ocultos entre la maleza, a un costado de la antigua carretera nacional, se alzan los muros del único cementerio musulmán que se conserva en el norte de España y que se instaló allí para dar sepultura a los cuerpos de los soldados marroquíes que acompañaron a Franco tras su levantamiento en África y encontraron la muerte en estos pagos, cuando defendían una causa que en ningún caso era la suya e intentaban ganarse una gloria siempre esquiva." —Miguel Barrero—)

viernes, abril 05, 2013

Intemperie

Las medidas otorgan precisión. Pero siempre resultan relativas. Su valor real está a menudo condicionado por el ámbito, físico o moral, en que se toman. Una estación meteorológica mide con exactitud la pluviosidad, esto es,  cuánta lluvia ha caído en un sitio determinado durante un determinado periodo de tiempo. Pero esa lluvia, dependiendo de la sed de la tierra o de la porosidad del ánimo, puede ser reparación o diluvio. Al final de Intemperie, el niño protagonista, ya solo en su viaje hacia el Norte y mientras descansa en una vieja casa de peones camineros, escucha el tamborileo de la lluvia sobre una chapa: “Volvió a la puerta y allí permaneció mientras duró la lluvia, mirando cómo Dios aflojaba por un rato las tuercas de su tormento.” Desde el Norte, sacudido por aguaceros obstinados y anegado de fronda y umbría, la novela de Jesús Carrasco parece una narración ambientada en otro mundo. La aridez de su paisaje, la inconcebible maldición de un destino inimaginable. Desde el desahogo de un tiempo reciente que ha sido hasta hace nada próspero, y desde una sociedad razonablemente libre, la miseria moral de la persecución representa el paradigma, pero también la memoria, de todas las tiranías. Al otro lado del fiel de la balanza, la dignidad del cabrero y del propio niño constituyen, finalmente, el único asidero decoroso en medio de la desolación más absoluta. Intemperie es una novela imprescindible, soberbiamente escrita, sabiamente contada, moralmente cabal y que tiene una tan ambiciosa como nada desproporcionada vocación de texto clásico: intemporal como la historia que refiere y modélico como el pulso narrativo de quien lo escribe.

martes, abril 02, 2013

Desde Villanova

Llegado hasta este rincón de la carretera, dejo el auto aparcado en el escaso arcén y mientas el cielo parece decidido a vaciarse de nuevo, echo la vista al río, al caserío pequeño y arracimado que se levanta en su margen y que tiene el privilegio diario de esta naturaleza apabullante. La tregua antes de la tormenta. La paz de un día festivo antes de que vuelva la rutina que nutre nuestra supervivencia. Sin estos pedazos de calma, de silencio, de soledad, de paraíso, el resto de la vida sería poco más que fatiga.

Camino de San Saturio

Hay un corto trecho del gran río que casi emociona por su majestad y belleza; desde el Perejinal, el Duero tuerce hacia Soria, sin dejar de verse el cerro del Mirón; éntrase, luego, hasta el puente, y, antes de él, ancla en San Juan de Duero, con sus tapias húmedas de río, frente a la ermita de la Virgen y a vista de la ciudad. ¡Ah, ya sabían los sanjuanistas del siglo XII lo que se hacían! como caballeros auténticos, eligieron lo mejor de la ribera y alzaron un monasterio donde comienzan las huertas, muy cerca del puente, y tan delicioso paraje que, si hubiera en el mundo algo mejor que la santería de San Saturio, no sería sino el abaciazgo románico de San Juan de Duero, merendando, como hacían los sanjuanistas, un cordero asado en el claustro, a cinco metros del agua y de sus hierbas. Después viene el puente, y el soto, y ahora el viajero queda, a la derecha, bajo las terrosas ruinas del castillo. Y, después, a la izquierda, las mejores huertas de Soria, en verdores y en fresco. En seguida, San Polo, de los señores Templarios, que comían ricas lechugas y pepinos del Duero bajo sus bóvedas de crucería. Aquí empieza una tabla de agua, con viejos batanes, acabando en las rocas blancas que componen la cara del santo. Sobre ellas está mi ermita; entre San Polo y San Saturio, un camino flanqueado por los chopos melancólicos, con muchísimas iniciales de enamorados y sus fechas sacras.
Juan Antonio Gaya Nuño en El santero de San Saturio

Ermita de San Bartolomé

 
El cañón del Río Lobos puede que sea, dentro de la geografía mágica de la provincia de Soria uno de los puntos más conocidos. No era así hace 30 años, cuando lo conocí, y cuando, el acceder hasta él representaba todavía una pequeña y agradable aventura. Por desgracia este exceso de conocimiento puede llegar a ser profundamente desagradable a la vista del actual estado de deterioro ambiental. Hay quien opina que los grandes bienes artísticos y culturales de la humanidad, como la cueva de Altamira, Lascaux o incluso este cañón, deberían ser accesibles sólo a las elites. Coincido con esta postura siempre y cuando estas elites no sean económicas, eclesiásticas, académicas o políticas, sino espirituales. Es decir, a la postre, accesible a quien de verdad tenga un gran interés en su contemplación. Para determinar quién merezca o no gozar de estas maravillas la solución sería muy sencilla: quitar toda facilidad en su acceso. Prohibir, como se ha hecho, el paso de vehículos. Quitar, si hace falta, el puente, casi simbólico que de todas formas suele llevarse con sabia y pasmosa facilidad y frecuencia la riada. Quien sabe si alambrar el acceso o minar la pradera…
Antonio Ruíz Vega, El enclave templario de Ucero
 

En la última vuelta del camino...

En la última vuelta del camino aparece, como un puro milagro, recostado en el azul del cielo, Calatañazor. Abajo,“por la barranca brava”, se ha ido abriendo paso el río Milanos, constituyendo el foso natural de la fortaleza, al que unos álamos ponen la nota estremecida de su gentil verdor. Hasta hace un instante —al llegar a esa curva del camino que nos revela el escondido misterio—, Calatañazor era sólo un nombre cargado de resonancias históricas. Ahora, el pueblo entero, colgado en lo alto, en inmediata vecindad del cielo de Castilla, se vuelca sobre nuestras miradas atónitas, nos grita alertas y nos pide “santo y señas” antes de que remontemos la agria pendiente de acceso. La callecita sube empinada. Al volver, a la derecha —misterio, quietud y silencio—, el espíritu sobrecoge, porque sentimos que el tiempo ha volado, como pájaro escapado de nuestras mano, y el mundo se ha detenido un instante eterno. Nos parecería natural que de alguno de esos balcones de madera salieran asustadas viejecitas pidiéndonos detalles de lo que acaba de ocurrir en Almanzor.
Heliodoro Carpintero, Calatañazor

lunes, abril 01, 2013

Desde El Mirón


Empujaba su silla hasta el mirador
y permanecían casi en silencio
sobre el curso del río.
El mar parece tan lejos allí
que se hace difícil imaginar
que las aguas calmas del Duero
tengan un final de olas.
Solamente esa fatiga de aire escaso en ella,
ese ronco pleamar de ahogo,
les recordaba, como un mal augürio,
la brisa húmeda de los estuarios.

JCD
 
(Machado se trasladó a una casa próxima a la Ermita de Ntra. Sra. del Mirón para que Leonor, más debilitada a cada instante, pudiera respirar un aire más puro. A Machado le gustaba pasear y se le veía a menudo empujando por aquel altozano el cochecito de Leonor.)

domingo, marzo 31, 2013

El Sangri-la caraceno

En un paraje agreste y desolado, al final de una carretera local apenas transitada, el visitante  llega a Caracena. Bien es cierto que son poco más de una treintena de kilómetros los que nos separan de San Esteban o de El Burgo de Osma, pero aquí las distancias se miden en soledades y parameras, y no en unidades métricas. Como suele ocurrir en lugares remotos es donde mejor se conservan las bellezas, al punto de que Caracena es una aldea clavada todavía en la Edad Media, con sus dos iglesias románicas, su desafiante castillo, sus callejuelas y su orgulloso rollo plateresco de justicia. De las iglesias es una verdadera joya la de San Pedro, de principios del siglo XII, destacando sobremanera la galería porticada. Cuenta con siete arcos, recordando las siete iglesias que se salvarán en el fin del mundo, según el libro del Apocalipsis. Hasta aquí vino a trabajar el segundo maestro de Silos o uno de sus discípulos, que la decoró con unos bellísimos capiteles de variados motivos: centauros disparando su arco (símbolo de las pasiones e instintos del hombre), dos caballeros en singular justa con sus lanzas, pájaros, grifos y dragones. Pero también escenas del Nuevo Testamento, como la resurrección de Cristo con el sepulcro vacío o los doce apóstoles, y otras más profanas como la caza de un jabalí.  Estos insólitos descubrimientos contrastan con lo abrupto del paisaje donde se encuentra la iglesia, rodeada de angostos barrancos y cañones. El viajero se preguntará inevitablemente por los caminos que llevan a la prosperidad de los pueblos y por lo que les conducen al abandono. Sorprende saber que hubo un día en que Caracena fue cabeza de villa y tierra de veinte aldeas.  Muy cerca se encuentra también la iglesia de Santa María, también románica, pero de menor calidad y peor conservada que su hermana. Pero una mirada atenta descubrirá una preciosa ventana con celosía de influencia islámica y una portada mudéjar. 
Cuenta la leyenda que el origen del nombre de la villa viene de la época de la reconquista, cuando los cristianos aprovecharon que los musulmanes estaban cenando para tomar posiciones y apoderarse del pueblo. Uno de los cautivos lamentó la impostura, y estalló en grito de rabia: ¡Cara cena nos costó! Menos legendario es el hecho de que el caudillo Almanzor anduvo con sus tropas por estos andurriales, escenario de importantes aceifas por el cañón del Caracena. Hoy los senderistas se ponen las botas (y nunca mejor dicho), con el camino que recorre este barranco hasta la localidad de Tarancueña, y que en dos horas de delicioso recorrido entre cantiles y choperas, les hace sentirse en el Sangri-la de las montañas del Himalaya.
Alfredo Orte Sánchez 

miércoles, marzo 27, 2013

La palmera soriana


En el cubo central surge el eje del templo, la extraordinaria columna cilíndrica, magnífica y esbelta, en forma de palmera pétrea. Una especie de gran jaima que protege cuanto está bajo su sombra, es decir, todo el interior. De esta inmensa palmera salen ocho nervaduras con forma de arco de herradura a modo de ramas que soportan la bóveda esquilfada. La palmera es un símbolo sufí, un árbol sagrado para los árabes, que lo relacionan con el nacimiento. Palmera se dice en árabe tariqat, vocablo técnico sufí que significa "hablarse en el camino" o profesar el sufismo. La palmera también sirve de unión entre el cielo y la tierra. "Un talle tan esbelto como el de la palmera", se dice en El cantar de los cantares. Árbol por excelencia en Palestina, árbol sagrado para musulmanes, pero también para cristianos que, en San Baudelio, se refugiaron bajo él, trasplantado desde los desiertos, desde los oasis. Palmera y escala para ascender al cielo. Árbol exótico entre encinas, robles, pinos. La ermita es a la vez templo cristiano y mezquita.
César Antonio de Molina, Una palmera en Castilla

Adobe


El rompesuelas penetra con mucho respeto en San Esteban de Gormaz, cruza la puente, tuerce a la izquierda, en lugar de seguir por la derecha la carretera que conduce a Burgo de Osma, y comienza a ascender por empinadas callejas, buena parte de ellas formadas por casas de adobe recocido al sol de los veranos y fraguado en las nieves de invierno, duro y sólido como el más moderno hormigón armado y siente como, si de pronto, le creciesen alas, pues la cuesta arriba, lejos de afligirle, le hace bailotear el corazón, mientas se dirige a la iglesia de San Miguel, uno de los ejemplares más armónicos y gráciles del románico del XII, erigido cuando ya el rey Alfonso VI adelantó la frontera del Duero al Tajo y los estebantinos pudieron dedicarse a lo propio de su natural carácter: el trabajo, la oración y la práctica del bien.
Jorge Ferrer-Vidal, Viaje a la frontera del Duero

viernes, marzo 15, 2013

My son / The song

 

De amicitia

La geografía acogedora de un país sin ambiciones.
Las calles rudimentarias de una ciudad de provincias.
El portal siempre abierto de un edificio sobrio.
La casa tibia de un hombre sin rencores.
El corazón silencioso del que no tiene prisa.
La palabra que se escucha sin esfuerzo.
La compañía que a menudo tanto se desea.

lunes, marzo 04, 2013

Nieve

Desde el mirador d`Asiegu
 
El camino discurre por la empinada derrota que antaño llevaba al cementerio. Por allí se subía en hombros a los muertos. Con mal tiempo la comitiva se hundía en el barro. Pisaba esa humedad turbia de los suelos que aguardaba también por el entierro. Una cruz de piedra señala todavía la mitad del trayecto. Se rezaba allí un último responso por el finado. Los porteadores tomaban entonces un respiro. Abajo, el río seguía su curso. Desde lo más alto las campanas llamaban a funeral. El sábado estaba encharcado todo ese sendero. Se precipitaba el agua de los prados hacia el valle. Desde el mirador podía contemplarse una hermosa vista panorámica. El día luminoso acercaba las cimas más lejanas, sus nieves. Soplaba un aire de cuaresma. Una brisa enfriada en lo alto y cargada de cristales minúsculos. La piel del rostro se tensa en esas caminatas de invierno. Ese frescor extremo pone en alerta, despierta a cualquier vestigio de belleza. El sol pulía las cresterías seguramente hasta el hielo. La viruta blanca de esa talla suele precipitarse transparente ladera abajo. En lo más hondo de su viaje, a la sombra de nuestras suelas, termina por volverse poco más que barro oscuro: como todo imperio, el de la vida o el de la nieve.

lunes, febrero 25, 2013

Caxigalíne(a)s

 
  • Él creía jugar en una divisón superior, en una liga de mayor rango. No sabía que, en realidad, estaba jugando a otra cosa, a un deporte para tipos, más que solitarios, soberbios, de esos que nunca han sabido compartir en equipo las victorias ni reconocer solos, tampoco, las derrotas.
  • Acaso: atardeder con dudas.
  • Catadura: felación.
  • Por muy antitaurino que se sea, debe reconocerse la abundante aportación a las artes que la tauromaquia nos ha brindado (montera en mano y desafiando los recelos del tendido).
  • Pesca, fotografía, meretricio… Esperando por las orillas a que nuestra paciencia tenga una justa recompensa.
  • En los jitos, como en las tumbas judías, las piedras combaten la niebla: la que nos confunde sobre la tierra, la que nos vela a los muertos.
  • Duelo. No desearás conjugar la primera persona del presente de indicativo del vergo doler, porque muy probablemente, en ese caso, serás el motivo ya sin vida del sustantio homónimo.
  • Asomarse a una solana es confiar en la templanza de los mejores días (los menos). Asomarse a un Solana es contemplar el desgarro de los peores tiempos (los más).

miércoles, febrero 20, 2013

Collige, virgo, rosas...


Nada de radio por la mañana. Cansan las arengas de trinchera. Nada de prisas. Tengo hoy intención de apreciar el privilegio de ir caminando hasta el trabajo por las calles recién despiertas de una ciudad de provincias. De valorar en su justa medida esa posibilidad de cambiar de itinerario cada jornada. Hoy, por ejemplo, me paro en La Merced frente a un escaparate de una tienda de ropa de mujer que está a punto de cerrar. Liquidación. Los vestidos rebajados de precio parecen los de un trapero para menesterosos. Un poco al modo del aire viciado que se respira en estos tiempos de angosturas económicas y trapacerías bancarias y políticas. Más allá me paro en Amarcord, pequeña tienda de comics y cine. Tiene un aire de rincón para iniciados, de refugio para público de festival sundancero. Veo allí expuesta una película titulada La tigresa de Siberia, algo como de serie B, de esos productos tan kistch, tan intencionadamente horrendos, que para algunos llegan incluso a ser divertidos y, lo más curioso, hasta de culto. Cerca, muy cerca, una tienda de bicicletas con poco tiempo de vida a la que llaman Esplendor. Se ubica en un bajo de casa antigua. Más que escaparates, tiene ventanas por las que se ve una acumulación de máquinas como de otro tiempo. Hermoso vintage sobre dos ruedas. Al lado, una galería de arte tan diminuta, la de Adriana Suárez, que podría haber sido uno de aquellos viejos despachos de pan y leche que tanto proliferaron en los años setenta. La calle es estrecha. Se han apagado ya las farolas, pero aún no ha amanecido del todo. Cuesta ver qué lienzos cuelgan dentro. Parecen motivos vegetales. Estampados de trazo grueso y colorista. La exposición lleva por título un endecasílabo rotundo; un endecasílabo que, además, bien podría pasar por una novela negra: Tráeme flores mientras no esté muerto. Tiene algo que ver con aquello de Ausonio, con el collige, virgo, rosas... Por las travesías que desembocan al paseo marítimo, se ve a lo lejos cómo se calienta el tungsteno a la altura del horizonte. El día pinta alegre. Y en la galería que dejamos a nuestras espaldas se abren al sol las flores de sus cuadros. 

lunes, febrero 18, 2013

Paseo

El sábado, después de comer dimos un largo paseo. Estaba el día espléndido. Sólo a medida que caía el sol se iba enfriando la tarde. El laurel y las mimosas andaban floridos, las casas de campo, casi todas vacías. Algunos perros nos salían al paso o ladraban desde el otro lado de las cercas. Los acantilados se diluían a lo lejos acuarelados por la calima. Al llegar a casa, C. puso en un jarrón de cristal un ramo de romero. Se parecía a esos bodegones humildes y suficientes de Ramón Gaya. Lucía hermoso sobre la mesa del comedor. En eso, pensé, se quedó la caminata. En eso y en un sosiego de cansancio provechoso, de paisajes alargados por la luz rasante del final del día, de silencios y de brisa invernal sobre el rostro.

martes, febrero 05, 2013

Palabra (de) Armada

"Las heridas en el árbol no son tan solo fruto de la codicia, sino de un modo de vida" (leer más).
Entrada muy recomendable en la bitácora de Alfonso Armada en FronteraD.

martes, enero 29, 2013

Una casa en la colina


Rescato una de las fotografías que tomé ayer por la tarde. Después de la inacabable lluvia caída a lo largo y ancho de las dos últimas semanas, hizo, por fin, un día espléndido. Subí hasta la Providencia. Había pleamar y oleaje. Caminé por el sendero que lleva a la playa de Serín. El temporal ha arrojado sobre ese camino troncos, barro y piedra menuda. Ya abajo, retumbaba el océano. Sobrecogía el estruendo. Por allí anduve hasta que se fue poniendo el sol. Iba desplegándose, poco a poco, un naranja plácido en el cielo que parecía quitarle importancia a la mala mar, bajarle de algún modo los humos. A lo lejos, la casa erguida sobre la Colina del Cuervo tenía a esa hora un aire hopperiano: por sus ventanas entraba la soledad a raudales.