lunes, diciembre 10, 2007

Estos días

No hice puente. Y bien que lo sentí. Quién dijo que los atajos daban trabajo. A veces pienso que lo da mucho más el rigor mal entendido. La meticulosidad pejiguera. Le haremos caso a la Santa –tomaremos de la coplilla la chicha secular-: Nada te turbe; nada te espante; la pacïencia todo lo alcanza.

El sábado celebramos comida familiar. Hice patatas a la importancia en versión marinera. Me pareció que estaban exquisitas. Pero nadie alabó el plato. Asi que me temo que no debían de estarlo tanto. Fue un poco como esos posts que uno cuelga convencido de que esta vez sí, de que finalmente se ha dado en el clavo. Y luego resulta que pasan los días y no suscitan ni un maldito comentario. Te quedas un poco herido. Todos necesitamos algo de coba.

El domingo vimos en TCM una película muy entretenida, El próximo año a la misma hora. La película es la versión cinematográfica de la obra teatral del mismo título, Same Time, Next Year, que escribió Bernard Slade y que fue éxito en Broadway. George, un contable de veintipocos años, casado y con tres hijos, y Doris, de edad parecida, también casada y madre, se conocen por azar en 1951 y viven lo que bien pudiera haber sido sólo un esporádico escarceo pasional. Pero, aunque cada uno regresa con su familia, desde ese momento deciden citarse en el mismo lugar y fecha los años siguientes. Y durante veinte años se vuelven a encontrar siempre el mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar. Esos encuentros son la perfecta excusa para que los protagonistas muestren no sólo cómo les trata la vida, sino también qué le va pasando al tiempo al propio país. El director, Robert Mulligan, hace que brillen las actuaciones de Alan Alda y Ellen Burstyn, que están espléndidos. Ciertamente, se pasó el rato en un santiamén. Y con una sonrisa en los labios, lo que tampoco es mala cosa.

Ah, y también anduvimos, de alguna manera, por Córdoba, por su Palacio de Viana. Concierto de Luis Eduardo Aute. Puesta en escena sencilla y elegante. Está viejo el tipo, pero nunca ha cantado igual. Nunca tan bien. Por allí estuvimos gracias al DVD que se incluye en su último disco. Una muy cuidada selección de temas de amor por los que -por ellos no- no pasan los años. Aunque en cada momento uno se quede con una canción distinta. Ayer encontré que la que más me gustaba era A día de hoy.

A día de hoy
podría decir
que no hallé ningún faro
en ningún puerto.
A día de hoy
podría decir
que el amor fue mi voz en el desierto.
A día de hoy
sólo puedo decir
que vivir fue otra forma de estar muerto.

También leí La línea de sombra, de Joseph Conrad. Me metieron en ganas las conradianas de Ordaz. Ha sido una auténtica delicia embarcarse en el Otago. Gavias, vergas, cabestrantes, bitácoras, cuartos de derrota, drizas y velas, mar en calma y tormenta, noches silenciosas y cólera a bordo, un destino al que el viento inexistente no lleva y un joven capitán que cruza la línea de sombra, justo aquella que nos vuelve definitivamente adultos, responsables únicos del destino de nuestras vidas y del acierto o desdicha de nuestros actos. Y todo ello en torno a una anécdota tan simple que resumida difícilmente justificaría que la lectura del libro sea así de hipnótica. Supongo que en eso consiste escribir condenamente bien. Así que me desdigo, si estuve de puente, en el del Otago al menos.

24 comentarios:

FPC dijo...

Por comentario que no quede, suscribiendo tus sentimientos al respecto, cuando se publican y cuando no te lo comentan.
Me quedo con las ganas de tus patatas a la importancia que por motivos que ahora no vienen al caso, tienen que ver conmigo y con M. No te preocupes si no te las alabaron. Un concuñado mío, excelente cocinero, ingenioso y mandón, no deja que cuando ha cocinado él se metan otros temas generales de discusión por medio: "después de haberse molestado en pensar y preparar, ir a la compra, y pasar en la cocina varias horas, va a resultar que en la mesa se habla de fútbol ¡Ni hablar!", alega.
De Conrad, sólo quiero añadir que vuelvo a leer otra vez, he empezado este fin de semana, The shadow line, justo homenaje, me parece, al escritor en su 150 aniversario.
Lo único que no comparto contigo es a Aute, que nunca me gustó salvo en un par de temas ya muy viejos. Lo del Palacio de Viana, en cambio, ha de verse: espero que salga favorecido en las tomas del concierto (si es que sale) porque sus patios son magníficos.
En fin, que por comentario no quede. Y que conste que aunque no se te comente, se te lee. Un fuerte abrazo.

Francisco Ortiz dijo...

Magnífica película y magnífico libro. Claro que estuviste de puente, y con una gran banda sonora: en un mundo de ficción e ilusión mucho mejor que el adocenado de las vacaciones "hechas a medida". Saludos.

Pablo dijo...

Aquí un lector en la sombra que casi nunca comenta (pero siempre lee).

Es un placer pasarse por aquí.

Aún no le he cogido el gusto a Conrad, pero sé que me gustará sobradamente, no pasará mucho tiempo antes que me ponga con él; sobre todo si la recomendación viene de estos lares.

Un saludo.

Diarios de Rayuela dijo...

Me impulsó a darles forma de blog a estos Diarios la posibilidad de incluir en ellos algunos de los apuntes que de forma habitual y desde hace años venía pergeñando en cuadernos y luego guardando en el disco duro de mi ordenador. Pretendía, por tanto, poner en este escaparate algunas de aquellas reflexiones o ejercicios más o menos literarios que iba escribiendo. En resumen, pretendía hacer dedos y publicar lo escrito sin las servidumbres ni filtros de la publicación editorial –y a la vez, como contrapartida, sin el prestigio que ésta otorga-. Publicación editorial, por otro lado, a la que nadie me había invitado para este tipo de textos. Al poner en marcha la página de una forma casi anónima no buscaba contar lo que no hubiera contado con nombre y apellidos, sino sólo continuar con una manera de estar en este mundillo literario que practico desde que escribo: que mi identidad pase lo más desapercibida posible. Y lo que en principio iba a ser un desahogo de escritor casi clandestino que quería serlo algo menos, se ha ido transformando en una ocupación ilusionante gracias en buena medida al eco que percibo de lo que aquí se cuelga. Uno se ha ido acostumbrando a los comentaristas, a sus voces, a sus precisiones, a sus documentadas apostillas. Hay algo de adicción en ello. No sé si es del todo aconsejable que así sea. Me da que tiene su lado bueno y sus inconveniencias. De cualquier modo, cuando hablaba de que mis patatas marineras a la importancia no habían sido justamente apreciadas –olé la chulería- porque nadie me había felicitado por el guiso, y hacía la comparación con lo que sucede en ocasiones con el blog, con posts particularmente queridos pero escasamente comentados, estaba retratándome de forma casi paródica a la vez que intencionada. Era, me temo, el lamento sincero pero pocas veces manifestado –supongo que por vergonzante- de quien escribe y no es leído. Los que ponemos una letra detrás de otra no somos diferentes al resto, necesitamos cariño y además, me temo, somos particularmente vanidosos. Los Diarios de Rayuela me han dado muchas satisfacciones. Pero sobre todo dos: el ánimo para escribir –que sin haberlo perdido nunca, se había enervado sensiblemente- y la posibilidad de relacionarme con gente de mucha valía –relación epistolar e incluso personal-.

Todo esto creo que viene a cuento como justificación de ese trocito de texto del que empiezo a intuir que me siento un poco arrepentido –la confidencia siempre deja más indefenso, más desnudo-, ese pedazo de post en el que me manifiesto en deuda con quien cuelga aquí sus impresiones. En toda esta reflexión, FPC, tiene mucho que ver tu acertado, como siempre, comentario.

Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Francisco, todas esas pequeñas cosas son las que consuelan no ya que no se goce de un pequeño puente, de la posibilidad por tanto de un viaje, sino la propia vida. Me alegra que coincidamos en el aprecio por esa apacible música, esa hipnótica lectura, esa divertida película.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Pablo, no se sienta obligado a dejar aquí sus impresiones por lo que sin ningún pudor se ha dicho en el post sobre los comentaristas. Le agradezco su presencia aunque sea silenciosa.
Un fuerte abrazo.

viajaralsur dijo...

Hoy es el día en que voy a poner un comentario aquí y por un motivo muy tonto. Durante tiempo le he leído y me ha gustado (mucho) pero nunca dije nada. Hoy sin embargo me ha recordado el título de una película que vi hace un montón de años y que no sé por qué razón no podía quitarme dela cabeza. Gracias

Diarios de Rayuela dijo...

No es mala identificacion esa de Viajaralsur. Gracias por desvelar su fidelidad hacia estos escritos. Aunque no volviera a apostillar nada aquí, tendré ya en el futuro la ilusión de que entre las visitas silenciosas que estos diarios registran, está la suya.
Respecto a la película, yo no la conocía. La sensación que me dejó es algo así como que no se trata de una obra maestra, pero sí uno de los films realmente recomendables que mientras se ven te reconcilian con la vida, incluso con su inexorable transcurso.
Un cordial saludo.

Luna dijo...

Coba..seguro que las patatas estaban riquísimas, los comensales llenos de sidra y claro se quedaron sin paladar para saborearlas.

Dudas:
¿escribe por el deseo de escrbir o para que le lean? si fuese por lo segundo, sería una pena y eso que disfruto mucho con sus escritos.

¿Es vergonzante que no lean?

Ya tiene trabajito..

Saludos

Diarios de Rayuela dijo...

Lo estaban sin duda. Podré no estar seguro de lo que escribo, pero no de lo que cocino. Vamos, hombre.

Coño, Luna, si me condionas la respuesta -perdóneme el tuteo-, lo tengo jodido para quedar bien. Aunque no se trata de eso, sino de ser sincero. Lógico y sincero. Sin necesidad no hay escritura, pero la propia necesidad tiene doble faz: emisor y receptor. Escribir es un acto de comunicación. Cuando era más joven lo veía de otro modo, prescindía del lector. Ahora lo veo claro. Sin él la escritura sería sólo terapia.

No me refería a que fuera vergonzante no ser leído, sino que resulta muchas veces vergonzante para el escritor confesar que le gusta ser leído.

Bueno, hecho el trabajo, póngame nota :-).

Un abrazo, profe.

Diarios de Rayuela dijo...

Donde dice "condionas", léase "condicionas".

Sir John More dijo...

Voy, querido amigo, de lo malo a lo bueno: llamo a Aute Luis Petardo Aute. Me aburre solemnemente. Como Sabina, no niego que tenga algunas letras aprovechables, pero su música me resulta tan extremadamente simple y aburrida (llorona, sin fuerza ninguna), y su voz tan penosa...

Con el amigo Conrad me pasa lo que a Pablo, no acabé de cogerle el gusto. Leí El corazón de las tinieblas y no me pareció gran cosa, pero algo me decía que no estaba yo captando bien ese libro, así que, tras tu recomendación, no cabe duda de que le daré una nueva oportunidad.

En cuanto a la película, hace un año aproximadamente me la recomendó una buena amiga, y cuando la vi sentí algo parecido a lo que dices: una película sin grandezas técnicas, pero que tocaba terrenos vírgenes del alma. Aún más, creo que la película propone ciertas locuras y una forma de ver la vida, el amor y las relaciones entre las personas que a todos nos atrae y a la vez nos da mucho miedo, una forma sincera y mucho más respetuosa con nuestros deseos que esa vida decente que todos más o menos acostumbramos.

Y lo mejor, leerte, sin ninguna duda, leer tus instantes con ese ritmo pacífico, esa cadencia contenta de tu narración, y sentir el cariño a miles de kilómetros.

Un abrazo.

occam dijo...

Encuentro una idea muy interesante en tu post y en los comentarios. Se trata de la vanidad del creador. Efectivamente son pocos los que crean de forma onanista sólo para su placer. En general todos gustan de ser reconocidos y de que el empeño, esfuerzo, cariño que ponen en sus creaciones les retorne en forma de ponderación amable de su obra.

En la ciencia la vanidad adquiere una dimensión algo diferente ya que las creaciones non son individuales como en la literatura sino colectivas. En estos casos es más difícil identificar al autor que más mérito o responsabilidad tuvo.

En lo que pomposamente se llama "literatura" científica existe todo un sistema jerárquico que atiende al número de autores de un artículo y a la posición relativa que ocupan.

Y pese a ello siempre y en todos los casos persisten las dudas sobre si el trabajo pertenece a quién tuvo la idea, a quien ejecutó los experimentos o a quien los formalizó y escribió.

Volviendo a la vanidad he de reconocer que en mi caso uno de esos momentos claramente reconocibles de tal vicio es cuando te llega un paquete con unas copias de la editorial de ese libro o ese artículo y ves el resultado, pasas las páginas y piensas qué bien quedó.

D.R. es fráncamente gratificante pasarse por este blog aun cuando no tengas nada que decir

Diarios de Rayuela dijo...

Querido Sir, a uno que no es fan(s)ático de nada, y que por tanto acepta de maravilla incluso que los demás se cisquen -dentro de un orden- sobre los bustos de sus pequeños dioses, le ha divertido mucho ese retrato de Aute. No compartiré, dios me libre, tus opiniones sobre él, pero qué gracia le pones a la vehemencia, amigo.

De Conrad estoy yo ahora releyendo El corazón de las tinieblas. Con entusiasmo. Seguro que si vuelves a él le encontrarás el gusto. Eso creo. Y espero.

Y sobre la película nada añadiré porque la has pintado tú mejor que yo. Lo suscribo todo.

Un abrazo enorme.

Luna dijo...

Buenos días.
no voy a puntuarle para no desanimarle.
Sobre Aute. Es un robaenergías y aunque tengo toda su discografía, me deja los ánimos por los suelos cuando le oigo, además está muy viejo, algo dejado personalmente y la verdad o por lo menos así lo creo, llegados a cierta edad cuando un hombre resulta muy atractivo pues...
me callo, que me puedo meter en un lío.

Saludos

¿Alías? que horror, el mío sería el de...(risas)

Luna dijo...

Me olvidaba...
Sobre la peli, totalmente de acuerdo con Sir.

Diarios de Rayuela dijo...

Mi querido Occam es muy interesante tu apostilla sobre la diferencia entre las vanidades literarias y científicas. Y sobre esas pautas en el orden de aparición de las firmas autoras de un trabajo. Me temo que a este lado de las cosas, quienes gustamos de lo literario nos daríamos mal amaño para llevar a buen puerto proyectos comunes. Siendo como es además verdad que no suele ser demasiado productiva la asociación en estas artes.
Así que estamos abocados a ser unos ególatras irredentos.
Un fuerte abrazo y muchas gracias por esta perspectiva científica.

Raquel dijo...

dr, leerte es siempre un placer. No sabes cómo disfruto con muchas de tus entradas. A veces comento, a veces no. Es cierto lo que dices, que uno se acostumbra a los sonidos de las voces que se hacen visibles en los comentarios. Tú, sabio, mantienes el pulso y el tono. Es tu casa y así debe ser. Aunque la puerta está siempre abierta y eso es la maravilla de esto, el impulso que viene de la misma libertad.
Al final del camino, es tu pequeño tesoro. Lo compartimos. Lo vivimos.

Yo también quiero probar tus patatas a la importancia. Um... ¿sabrán mejor que las de mamá?

Diarios de Rayuela dijo...

Mis patatas, Raquel, no son como las que se hacen por Salamanca. Yo les doy un aire marinero. Estoy por animarme y desvelar la receta. Ahí va -más o menos-: Sofreir cebolla, ajo, pimiento del Padrón y pimiento choricero. Una vez pochado todo, añadir calamares bien picaditos. Sal y vino blanco. Dejar hacerse un ratillo. Añadir caldo de pescado (con la cabeza y espinas del rape). Incorporar unos buenos trozos de rape (por aqui le decimos pixín). Y las patatas a la importancia (ya sabes cocidas previamente, troceadas luego, rebozadas después y fritas). Llevar a ebullición. Y en el último instante, antes de servir, incorporar unas almejas.
Buen provecho y un abrazo.

Raquel dijo...

Sí, muy diferentes a las de Salamanca. Um, ricas. Gracias por la receta

Jorge Ordaz dijo...

Gracias, por la parte de Conrad que me toca...

Miguel Sanfeliu dijo...

Amigo DR, precisamente el otro día recordaba yo esa película que comentas. La vi hace muchos años y la recuerdo con agrado. No sé si estará en DVD, pero la buscaré.

A mí me encanta pasar los puentes con una buena película, un buen libro, música... Mi plan ideal. Aunque estas navidades estaré por Oviedo, en plan familiar. y eso también tiene su encanto.

Lo de los comentarios, es cierto. Estoy de acuerdo con lo que dices, pero a veces resulta difícil cumplir con todas las tareas. Lo importante es saber que tienes un público fiel a quien nos interesa lo que escribes.

Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

El agradecimiento es mío, Ordaz, por las conradianas, que no sólo se disfrutan por si mismas, sino que meten en ganas la lectura de Conrad.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

No es mal plan, Miguel, ni para puentes ni para el resto de los días. La película, queda dicho, es sobre todo muy entretenida Te deseo que disfrutes mucho de estas fiestas por mi tierra. Para lo que quieras, ya sabes donde me tienes.
Un abrazo.