miércoles, marzo 05, 2008

Añoranza del frío

Miguel Galano

Carta a Xuan Serandinas:

Ya sabes cómo aprecio cuanto me escribes. Me da noticias de una tierra que es también la mía. Hoy, después de haber vuelto de esos lugares donde ahora vives y habiéndome en ellos transido el frío de una añoranza inesperada, lo conté lo mejor que supe en las páginas de mis diarios. Me temo, no obstante, que no alcancé a ver en los renglones que finalmente pergeñé con algunas impresiones vagas todo lo que llegué a sentir por un momento. Fue ayer. Eran poco más de las siete de la tarde. Andaba por el pueblo acompañando a mis padres. Se había ido cayendo la niebla sobre las calles. También el frío. Empezaba a tener todo una imprecisión lenta y creciente que no era sino la amenaza de la noche en ciernes. Íbamos a emprender ya el viaje de vuelta, cuando me cogió por dentro una nostalgia extraña de esas horas desapacibles de las tardes que vivi por esos lugares siendo niño. Siempre que vuelvo allí todo termina recordándome algo. A menudo de manera borrosa, pero aún así, con la certeza de estar recuperando sensaciones que había dado por olvidadas y que sin embargo presiento que son pura yesca que prende fácil. Ayer recobré de pronto el calor que me aguardaba dentro del hogar donde antaño pasé algunas estaciones de mi infancia. Alenté de nuevo la esperanza de esa tibieza que sólo se alcanza bajo las mantas en el invierno cuando el mundo se sabe frío y sin embargo seguro; o en la cálida intimidad de una cocina de aldea mientras crepita la leña en llamas y alrededor charlan animadamente padres, abuelas y tíos. En el recuerdo los vuelvo a ver erguidos, sanos, fuertes. Era un tiempo que ahora añoro porque al cabo de los años lo sé definitivamente ido y porque, mientras lo habitaba, me sabía confortablemente amparado de cualquier inclemencia de la vida. Algo así fue, Xuan, lo que ayer me encontré en el frío.

JCD

11 comentarios:

Sir John More dijo...

Diríase que ese tiempo del que hablas es calcadito a la idea que, desde el tórrido sur, siempre tuve de Asturias. Qué suerte tenemos los que te visitamos...

Alexandrós dijo...

Yo también recuerdo una infancia de charcos helados, pantalones cortos y sabañones que hoy helarían el alma.
Un abrazo

Diarios de Rayuela dijo...

El cuadro de Galano refleja bien el clima del texto. Es pintor es de la zona y sabe bien con qué luz hay que retratar esos lugares, que son los del occidente asturiano. Allí nacieron mis ancestros. En un pueblo venido a menos, pero hermoso. Cuando viajo hasta la aldea, siento algo por dentro indefinido, triste y dulce al tiempo, que me abre los poros del cuerpo y me vuelve más vulnerable. El domingo estuve allí. Al mediodía el día era espléndido. Sin embargo, a la tarde comenzó a caer la niebla, la noche, el frío intenso. Me sentí entonces transido por una añoranza de esos días desapacibles que conocí en aquellos parajes durante la infancia. Una extraña añoranza del frío. Supongo que porque entonces el remedio de la inclemencia nos llevaba junto al fuego en compañía de los nuestros, que volví a ver como entonces eran, los dioses fuertes de la infancia.
Un abrazo fuerte a ambos.

Neurotransmisores dijo...

Nuestras mejores sensaciones provienen de la niñez-

RosaMaría dijo...

Hermosa pintura. Por aquí también se siente esa sensación que despierta recuerdos de antaño.

RosaMaría dijo...

Hermosa pintura. Por aquí también se siente esa sensación que despierta recuerdos de antaño.

conde-duque dijo...

Muy bonito...
La añoranza del frío.

Diarios de Rayuela dijo...

No sé, Neurotransmisores (me resulta extraño dirigirme a alguiente así), si son las mejores, pero suelen ser lo suficientemente intensas como para que de ellas guardemos una memoria indeleble que recuperamos a menudo y de las más insospechadas maneras (un olor, un paisaje, un rostro, una voz...).
Gracias por su visita y un cordial saludo.

Diarios de Rayuela dijo...

Es en verdad una hermosa pintura, Rosamaría. Galano es un pintor que bajo la apariencia de la sencillez es capaz de transmitir toda un carga de sensaciones que sólo esos paisajes y en determinadas condiciones pueden albergar.
Gracias de nuevo por su lectura. Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Conde, he leído el libro de Renard. Me ha parecido muy bello. Y no sé si algo tiene que ver con el post que he hecho sobre el hámster de mi hijo.
Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

A sus pies...

Luna