jueves, julio 03, 2008

Imágenes de un viaje

Dejábamos atrás, por debajo de ese mar de nubes, la mar hembra que muerde acantilados y alienta en el esfuezo la espuma de los días.


Mañana de domingo. El mundo parece de repente tan hermoso que dan ganas de contarlo y de pintarlo.


Qué sería de un jardín sin fuentes. Qué sería de un jardín trepador sin lluvias.


Algunas plazas son como las almohadas. Regazos tibios donde aguardar la noche.




Este sol de atardecer, que le da un calor suave a las piedras del teatro y alarga los días en sombra tibia, hubiera agostado la ambición de Macbeth. En Escocia, el frío confunde a menudo a los hombres y a sus mujeres.

En los veranos ardientes, de las bocas del metro llega un aliento que funde allá abajo hasta los mismos raíles por donde transita el deseo.





Cuando se viaja "a" y se renuncia al "hacia", conviene poner norte en algún faro, procurar que el cabotaje tenga por costa una luz en risco a la noche y un muelle blanco en el día.

7 comentarios:

Luna dijo...

He estado una vez "dentro" de la fachada del teatro, nunca lo olvidaré.
¿Visitó el Café Central?
La estación de la fotografía, tiene el fin de semana su fiesta más espectácular.
La cúpula del Victoria (hotel de los toreros) la tengo fotografiada desde todos los ángulos, antes, durante y despues de la rehabilitación.
La plaza de Santa Ana por fin tiene el mejor de los usos -el del relax- aunque le falte jardines y le sobre cemento.
Si quiere saber algo de su trayectoria se lo cuento.
El jardín vertical no termina de gustarme, tampoco el edificio al que pertenece,aunque allí vi una exposicion de Mucha que me fascinó.
Mi casa, mi pueblo...
Espero que le trataran bien.

Saludos

malambruno dijo...

Algunas de las imagenes de tu viaje me son muy familiares: esa plaza y ese teatro y, por supuesto, el infierno del metro.
Me resulta curioso que tu viaje sería para mí una vuelta, aunque en mi ciudad ninguna piedra tenga la forma de mi espalda. Ahora, desde hace la mitad de mi vida, vivo al lado de un mar que muerde los acantilados.

Diarios de Rayuela dijo...

Querida Luna, comparto su fascinación por la cúpula del Victoria. Me parece un reclamo elegante y ligero durante el día; un faro hipnótico a la noche. En el Cental tocaba don Pedro Iturralde. No fuimos (andábamos con niño). Tal vez tenga razón sobre la falta de verde en Santa Ana. Uno no lo hecho de menos, quizás porque quedó fascinado por su bullicio permanente, un rumor bellamente enmarcado por las luces del Español y el Victoria. El que llaman jardín vertical me pareció una curiosidad seguramente mucho menos apasionante que algunas casas encaladas a las que en el Meditérraneo tapiza la buganvilla, o que el granito de algunos pazos gallegos por los que trepa la hiedra. A este provinciano curioso le faltaron días y a veces fuerzas para ver todo cuanto quería. Pero me sentí (nos sentimos) felices y agotados por su pueblo.
Un fuerte abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

La precisa inclinación de nuestro recogimiento no está allí de donde somos, sino en el lugar en el que la vida nos retuerce. Me da, querido Malambruno, que su espalda se acomoda mejor al pairo de lo atlántico.
Un abrazo.

FPC dijo...

Ese es mi pueblo también, aunque no son exactamente "mis dominios".Pero Madrid para mí, ahora que no vivo allí, ofrece numerosos rincones y vistas sorprendentes. Me siento en casa en muchos sitios pero, por motivos obvios, todo Madrid, incluso áspero y hostil, es mi casa. Nací allí.
Un abrazo

Diarios de Rayuela dijo...

Resulta acogedor aún para provincianos como yo, cómo no va a serlo para tí.
Un abrazo.

Luna dijo...

¿Es Madrid una ciudad hostil vista desde fuera?
Nunca la he visto así, será que conozco todos sus rincones.
Nos cuentas como lo has vivido
¿Sería posible saber como lo ha vivido el niño?

Saludos