martes, junio 10, 2008

Quisimos tanto a Tadzio

Giselle Prassinos era una muchacha frágil. Eso parecía al menos en las fotos de Man Ray que le recuerdo. Blanco y negro. Sólo catorce años ella. Nosotros, quince. Vorágine vanguardista de principios de siglo. Extravagancias y genio. De todo ello supe por una revista que tenía un nombre sugerente, El orfebre. Él nos la llevó. La convirtió en culto. Bachilleres del Jovellanos. Poco más que niños. Lecturas desordenadas. Fascinación por la bohemia. París. Breton y Soupault, bois et charbons. El surrealismo. Era un Tadzio rubio, fascinante, andrógino, erguido como un junco soberbio, de verbo preciso, tez blanca y ojos azules transparentes. Un mármol hermoso y a la vez un aprendiz de gurú que nos descubría la literatura de vanguardia. Escritura automática. Collages. Absenta. Belladona. Transcurridos ya tantos años, lo he buscado hoy en internet. Su recuerdo, de repente, se me instaló como un imán poderoso entre las sienes. Sentí una imperiosa necesidad de saber qué había sido de él. Abrí comillas, puse su nombre y apellidos. Cerré comillas. Un par de referencias. Una fotografía. Lo descubrí en una imagen de grupo. Un despacho de abogados. Retratado justo en la esquina derecha de la toma. Segunda fila. De traje. Corbata roja con nudo windsor. Por delante los propietarios de la firma. Tres socios de edad avanzada. Sobrealimentados. Miradas de ave rapaz. Ojeras de rijo. Por detrás, los códices jurídicos. Ordenados por colores. En medio estaba nuestro Tadzio. La belleza no lo había abandonado del todo, pero juraría que ya no era de ella sino uno más entre sus mantenidos.

18 comentarios:

malambruno dijo...

¿Somos los adultos una traición al joven que fuimos? Mi respuesta es que no, y que la edad suele mejorarnos.

Te preguntaría muchas cosas sobre este post pero son preguntas a las que un escritor no debe responder.
¿Tadzio es un personaje real al que llamabais como el personaje de "Muerte en Venecia"?; ¿o estás hablando del actor que lo encarnó cambiándole un poco las circunstancias?; ¿o le llamas Tadzio a tu protagonista para ponerlo en relación con el de "Muerte en Venecia"?. ¿El título es una referencia a Cortazar? (No he leído "Queremos tanto a Glenda" pero el autor al que me recuerda tu texto es Onetti.)... Por supuesto, no me respondas.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Faltaría más...
De repente a uno se le viene, como una necesidad perentoria, el recuerdo de alguien, de un amigo del bachiller con el que se tuvo una estrecha relación y del que la vida nos distanció después.
Piensa que quizás utilizando en la red un buscador pueda saber de él.
Y lo encuentra.
Al pensar en cómo era entonces, lo ve como a un Tadzio. Su belleza, su seducción, su juventud.
A Glenda, sus seguidores querían preservarla de la banalidad, del éxito, del tiempo. Querían hacerla sólo suya.
Tal vez los que quisimos tanto a Tadzio pensamos que podríamos lograrlo también.
Arrebatos de los años, paraísos perdidos.
No sé si la edad nos mejora, querido Malambruno, pero definitivamente nos vuelve más viejos.
Un fuerte abrazo.

Jin dijo...

no sé si es bueno eso de buscar lo perdido, o lo medio olvidado... la belleza es casi siempre efímera, fugaz, inasible. pero la nostalgia es una señora demasiado seductora, verdad?

recuerdos compartidos, algunos, ay...

Sir John More dijo...

Precisamente escribía, amigo mío, sobre este tema en una página reciente de mi blog, concluyendo de alguna forma que no es bueno comprobar la resistencia de nuestras nostalgias a la luz cegadora del presente. Casi siempre la prueba nos traerá tristeza, y no pocas veces la disolución más o menos violenta de los recuerdos que se convirtieron, con el reposo de los años en los sótanos de nuestra alma, en amables sueños. Yo también cogí varios nombres y busqué. Encontré direcciones y escribí saludos que, en buena lid, habrían restaurado los colores de mis recuerdos, pero el silencio de aquellos nombres me demostró que con demasiada frecuencia alimentamos nuestro amor con fantasmas. Aun así, lo seguiremos haciendo, claro... Un abrazo y encantado de leerte.

malambruno dijo...

Gracias por satisfacer mi curiosidad.
Ahora (también por el comentario de jin) el texto me parece que tiene un tono elegíaco que antes no había sabido ver(es curioso cómo funciona la lectura).
Y desde luego, lo que dices de la edad es incuestionable.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Jin, tampoco yo sé si es bueno andar detrás del pasado, pero a mi se me hace en ocasiones imposible no atender a su llamada. No en vano somos, en gran parte, aquello. Supongo que como afirmas, la nostalgia es seductora, sí, pero también tirana. Mantener relaciones con ella suele ser finalmente tortuoso.

(Seguiré tu progresos con sho-do. Y, por cierto, me quede con la intriga de saber qué playa asturiana era la que se retrataba en una de tus últimas entradas.)

Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

He de confesarte, querido Sir, que tengo, en la mayor parte de los casos, escaso interés por saber qué sucedió con las vidas de quienes fueron compañeros de aula o de juegos en la infancia. Por supuesto, no se me ocurriría nunca acudir a un encuentro de antiguos alumnos de escuela o instituto. Pero el caso de "Tadzio" es muy distinto. Tenía un magnetismo poco corriente. Entre quienes lo tratamos -lo quisimos, pues era imposible no caer rendido ante su seducción-, existía la firme convicción de que podría hacer cualquier cosa que se propusiera. Perdida su pista, y movido quién sabe por qué oculta razón, me encontré hace días echando redes en interner por saber de él. Y lo encontré en la esquina de una foto de bufete.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Malambruno, digamos que lo que he hecho, en puridad no se debería hacer. Si algo hay de literario en estas entradas mías, no debería violentarse una de las cualidades que distingue cualquier texto que por literatura se tenga, la de su capacidad de ser interpretado de tantas maneras como lectores a él se acerquen. Su virtualidad connotativa. Como tampoco uno se cree que todo esto valga mucho y como además estamos entre amigos, quede desvalado el misterio de lo que, concluyamos, más que cualidades de redacción son, finalmente, torpezas narrativas.
Un abrazo.

FPC dijo...

A veces no hace falta remontarse al instituto. Tu comentario me ha hecho recordar una compañera de trabajo de hace veinte años que sacó una oposición importante y requirió bastantes horas de mi tiempo para proporcionarle ciertas pistas: al fin y al cabo yo sabía de eso y éramos amigos. No hace mucho, después de haberle perdido el rastro, descubrí que trabajaba de superjefa (digámoslo así) en un ayuntamiento importante. La escribí, felicitándola y recordando aquellos tiempos. Silencio. Tiene razón sir john cuando dice que alimentamos nuestro amor con fantasías: me habría bastado saber que estaba bien, pero ella debió de pensar otra cosa. Qué, no lo sé.
Queda como reflexión el hecho de que la vida que vivimos nosotros no es la de los otros, aunque suene a perogrullada: nuestras emociones y recuerdos, no pocas veces, no se corresponden con los de los demás protagonistas del momento.
Lo que me lleva a preguntarme ¿cuántas veces habrán sentido otros lo mismo ante nuestro silencio o nuestra desmemoria?
Un abrazo: y ánimo, el Sporting esta vez parece que sí ¿o no?

Diarios de Rayuela dijo...

Es muy interesante, FPC, esa vuelta que le das al planteamiento: ¿alguna vez nuestra vida habrá despertado también el interés de las gentes con las que antaño tuvimos trato cotidiano y de las que el tiempo nos distanció hasta casi el olvido? De ser así: ¿serán quienes en nosotros pensaron los mismos sobre los que nosotros pensamos? En el fondo de todo, quizás ese asunto nos atraiga porque intuyamos que en él puedan rastrearse las claves de lo que nos explica, las motivaciones que nos llevaron por uno u otro lado cada vez que nos encontramos bifurcado el camino.

Sobre lo del Sporting, no sabes hasta qué punto está la ciudad en vilo aguardando el desenlace de la liga. Me acaban de pasar un portafirmas forrado con los colores rojiblancos. Por un momento pensé que al abrirlo sonaría el himno. A ver si va de ésta.

Un fuerte abrazo, abuelote.

Anónimo dijo...

que en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño ¡¡¡¡¡¡.....o dicho de otra manera: nosotros los de entonces, ya no somos los mismos.

Diarios sacúdite la moriña, la curiosidad o lo que sea que tengas y el domingo a saltar como locos delante de Pelayo...(llámame primaria pero yo ya sólo quiero sonreir.....un beso)

Pasmada

Diarios de Rayuela dijo...

Haces bien, Pasmada.
Más recogidamente, pero también espero celebrarlo.
Un abrazo.

Lula Fortune dijo...

Hola venía a felicitarte por la subida del Sporting (aunque no sé si eres futbolero) y me encuentro con este post tan melancólico. Hace tiempo que no intento recuperar amistades perdidas. Antes lo hacía, pero con escasos resultados. Es mejor dejarlos en su tiempo, hundirse en la felicidad de un pasado glorioso que traer sus (nuestras) miserias, hipotecas, hijos, calvicies...al presente.
Hace poco fui por casualidad a un acto de licenciatura en la Universidad. Aunque no conocía a nadie, cuando vi todas aquellas caras en la plenitud de la vida, con el brillo del incierto futuro en sus miradas, sentí una mezcla de emoción y tristeza. Me emociona la felicidad, aunque sea de otros. Me entristece pensar que ese preciso instante no volverá para mí. Quizás otros mejores, más plenos, pero exactamente "ese" ya no.
No sé por qué tus palabras me han hecho revivir ese momento, esa sensación de paso del tiempo...
Carpe diem, amigo DR!
Besos de 1ªdivisión.

Diarios de Rayuela dijo...

Gracias Lula. Por la felicitación y por tu hermoso comentario. Bicos desde aquí arriba, en primera.

Luna dijo...

Una vez me localizaron y no me acordaba de nadie, no asistí a la cita, no sabía que decirles.
Es diferente si has estado siempre en el mismo colegio o instituto y en la misma ciudad, no es mi caso.
Supongo que me localizaron por mi apellido, por lo que podríamos ser cualquiera de la casa.
Me gusta caminar ligera de equipaje...

El equipo en primera, felicidades

Diarios de Rayuela dijo...

Yo creo que hiciste bien.
De qué se habla con quien apenas si nos une una imprecisa memoria, engañosa siempre, distinta en cada uno. Ya no somos aquellos. Somos otros. Que no nos llamen, por dios, los antiguos compañeros de nada.
Un abrazo.

Miguel Sanfeliu dijo...

Las vueltas del destino. A menudo sus ironías. Un tema muy interesante. ¿Por qué, de pronto, al cabo de los años, nos asalta un recuerdo de la infancia, la necesidad de saber qué habrá sido de alguien que, en su momento, significó mucho o poco para nosotros? Descubrir de pronto que el destino es caprichoso y pocas veces cumple lo que parece prometer.
Interesante asunto.

Diarios de Rayuela dijo...

En efecto, Miguel, seguro que el asunto da (ha dado, de hecho) para muchos relatos.
Un abrazo y gracias por tu visita.