sábado, agosto 16, 2008

Carcasonne


Carcasonne es un espejismo. Se levanta sobre una colina, al norte de la autopista. Una seductora arquitectura como de construcción de madera para niños. Piezas sencillas, cubos, almenas y tejados cónicos. Saeteras. Puentes levadizos. La promesa de un encantamiento de cimientos sólidos. De un tiempo detenido. Y la gente acude como a los santuarios. La nueva religión del turismo. Dentro viven los mercaderes. Se han hecho con el templo. Exponen sobre los tenderetes toda su quincallería, bien bruñida, perfumada. A Carcarsonne nunca debería visitársela por dentro. Es un espejismo parcelado y en venta.
Comimos en La côte de mailles. Un pequeño restaurante que parecía tranquilo y que encontramos en una calle apartada. Servicio atento. El patrón vigilaba el negocio paseándose parlanchín y algo ceñudo entre las mesas. Era un tipo fornido que vestía una camiseta violeta sin mangas. Andaba desolé, alguien se había llevado la llave del retrete. El único. Para hombres y para mujeres. Detrás justo de nuestra mesa. Cuando quise lavarme las manos antes de comer, me lo encontré dentro. Nos lo explicó entonces. Sin llave y sin cerrojo, el servicio se volvía un cuarto indiscreto. Estaba seguro de que había sido un niño. Un gamberrete se había llevado la llave. Madame, le dijo a C. cuando entré en el baño, vigile la puerta para que nadie moleste a su marido mientras está dentro. Pedí casoulette. Había que probar la especialidad local. Un pote de alubias y carnes. Con pato. Casi sin caldo. Espeso. Contundente. No me entusiasmó. Por el local, grande como su dueño, pero mucho más manso, se paseaba un gran perro negro. Cancún. Quizás el patrón estuvo en México. Quizás allí le cogió gusto a las camisetas sin mangas. Quizás por eso le puso ese nombre al can.

2 comentarios:

Hache dijo...

Vaya, hemos hecho una ruta similar. Estuve en Carcasonne, comi cassoulet ... disfruté de tan maravillosa ciudad mientras me preguntaba ... ¿cómo permite la UNESCO que se haya convertido en un centro comercial al aire libre?

Al menos no vi carteles de Zara, McDonnals o Burgen King ... algo es algo.

Diarios de Rayuela dijo...

Por Carcasonne, al menos cuando estuve por allí, debía de andar media humanidad de paseo por sus calles. Qué agobio, dios mío. Así que por curar aquel desasosiego, volvimos hacia Moissac por carreteras secundarias y por olvidarnos del ruido cenamos casi en silencio en el jardín.