miércoles, agosto 22, 2007

Mareona

Ha llovido a mares esta noche. Y ha bajado la temperatura. En la cama me he tenido incluso que echar algo de ropa encima. Viniendo para el trabajo tenía el cielo un inequívoco color otoñal. Sí, son todos, efectivamente, síntomas de que el verano se va acabando. Pero ninguno de ellos lo es tanto como que en la radio, en la tele y en los periódicos se empieza, de nuevo, a hablar de política. Es aún un runrún como de marea cantábrica lejana que empezara a subir. Si anduviéramos por la playa, convendría ir buscándole acomodo a la toalla algo más lejos de la orilla. No vaya a ser que cuando llegue la marea nos moje por sorpresa una arcada oceánica. Dentro de nada ese rumor todavía distante se nos irá metiendo en el oído de tal modo que será como un sonajero estruendoso de guijarros. Y aún así e incluso sabiendo que las pleamares de septiembre –que por aquí llamamos mareonas- arrastran limos abisales, suele antojársenos entrar un ratito en el agua. Que no se nos olvide entonces el dicho –algunos, muy pocos y en contadas ocasiones, hasta son recomendables-, de que hay que nadar y guardar la ropa.

5 comentarios:

Sir John More dijo...

Yo, querido amigo, ando criando un asco tan insoportable por el discurso político (tal y como nos lo sirve esta caterva de vanidosos indocumentados que tenemos por políticos), que hasta estoy por hacerles el juego y olvidarme de una vez por todas de la política, esperando que algún día no me despierte, en vez de en esta democracia de mentiras, en una dictadura de criminales…

Un abrazo.

Alexandrós dijo...

Que el mar setembrea también lo anuncia el runrun mareante de la liga que ya se nos echa encima otro año más.
Un abrazo

raquel dijo...

Creo que en todas partes es igual. ¿Será un poco má triste aquí en Estados Unidos cuando se escuchan las cadenas "nacionales"? No sé. Igual, una pena.

rythmduel dijo...

... Y esto no ha hecho más que empezar. Los tiburones afilan sus colmillos. Un saludo.

Diarios de Rayuela dijo...

Dejadme lo primero que me detenga en una palabra: "setembrea". La introduce Alexandrós y merecería por sí sola una entrada de bitácora. Porque justo ahí, en septiembre, se levantaba de pequeños una frontera invisible pero palpable. Finalizaba el verano. Empeñaza la escuela. Setembreaba la vida, se entristecía porque retornaba la monotonía de las aulas y la grisura de los días. Decía en su blog recientemente Manuel Jabois que para él estas fechas eran como un final de año, la época de los propósitos. También, por tanto, descubría en septiembre un antes y un después.
Así que incorporemos a nuestro acervo léxico el verbo "setembrear" que tiene una significación algo meláncolica pero precisa.
Efectivamente, querido Alexandrós, también arranca la liga -sonaría mucho mejor que es tiempo de arrancar ligas, o de dejarlas en su sitio, que enmarcan ancas y las vuelven aún más luminosas-. Y también se llenan los kioskos de coleccionables. Y hay que renovar el parque móvil de los críos, que las mochilas rodantes duran lo que duran. Y...

Amigo Juanma, ya adivino que se te ha hinchado la vena al mentar el politiqueo. A mi lo que me molesta de ese runrún es que la mayor parte de las veces se genera por frusleritis, por inflamación interesada de la nada. Y como viven tantos y tan bien de todo este agite de lo inútil -y no sólo hablo de políticos-, pues nada a enfangarnos todos y a meternos de cabeza en la mareona sin tener en cuenta que está subiendo el nivel de las aguas y que si dejamos la dignidad en la orilla nos la lleva cualquier ola.

Raquel, ya nos contarás si allí también es así. Sé que estás ya en Estados Unidos y que te has calzado los zuecos de andar por casa. Un abrazo.

No sé si tiburones, Sebas, a mi me parecen carcoma, que es fauna como más aviesa, retorcida e insistente.
Gracias por tu visita.