viernes, septiembre 28, 2007

Esos benditos correos de las mañanas

Es un privilegio tener amigos inteligentes. Una suerte que compartan con uno cuanto juzgan interesante. Y que ello sea posible gracias a un adelanto técnico casi inimaginable hace años: el correo electrónico. Uno de esos amigos me escribe hace apenas un par de horas lo que sigue.

Hay pequeños párrafos que son una obra maestra de la claridad y de la razón. Echa una ojeada a estas líneas que te mando. No conozco al autor, era alguien (desconocido para mi) que hablaba del "sindrome posvacacional". Entre otras cosas decía esto: "Cualquier persona razonable sabe que no es nada fácil encontrar paliativos para sobrellevar todas las frustraciones. Y en aceptar este saber sin gesticulaciones consiste, en buena parte, eso que llamamos hacerse adulto. Un adulto sensato es aquel capaz de no lastrar sus frustraciones inevitables con el sobrepeso de lamentos evitables. Trabajar, inevitablemente, cansa, y no hay manera de cumplir siempre alegremente con nuestros deberes, porque no está nada claro que en el trabajo, en la vida familiar o en la escuela seamos los dueños de nuestros estados de ánimo. La primera obligación que tenemos con nosotros mismos es aprender a mirar a las cosas cara a cara sin convertir en pose estética la difusa sospecha de que la vida no nos trata como nos merecemos".
Casualmente sé que se trata de un magnífico artículo de Gregorio Luri. Se lo comento y le envío, además, otro artículo del mismo autor que me parece igualmente recomendable y que recordé al hilo del e-mail recibido y de los comentarios suscitados por la entrada en la que me refería a la película Hoy comienza todo. Enlazo aquí la reflexión de Luri y extraigo, por avanzar lo más jugoso de la misma, uno de sus párrafos:

Una escuela sana no sólo manifiesta su auctoritas sin complejos, sino que educa a sus alumnos en la conciencia de una deuda con respecto a la cultura que los acoge y que solamente se amortiza con esfuerzo, porque la excelencia, a diferencia de la cultura de masas, no se puede adquirir sin el sudor de la frente. Por otra parte, la única manera de garantizar que en una democracia todos los ciudadanos, independientemente de su origen, tengan acceso a los puestos dirigentes, es abriéndolos al talento educado en el esfuerzo. La educación debería invitar a la audacia de superar la vulgaridad, es decir, de ir más allá de lo inmediatamente comprensible de la mano de la auctoritas del maestro, pues una autonomía sin restricciones sólo produce desorientación.”

13 comentarios:

occam dijo...

Las palabras de Luri son auténticos dardos haciendo diana certera. Por ejemplo, hacerle comprender a mi hija de 8 años el verdadero valor y significado del esfuerzo en unas condiciones de contorno adversas por una escuela complaciente, es una tarea difícil. No sé si se tornará imposible cuando tenga 13...

Un saludo no muy optimista

amart dijo...

Hay algo que me preocupa mucho, y es la evidencia, contrastada todos los días, de que nuestra juventud, a quien tenemos la obligación de orientar, relaciona el principio de autoridad (imprescindible) con la enseñanza fascista (felizmente erradicada). Tu trabajo, DR, el de Occam, el de todos los que tenéis niños o adolescentes, no es precisamente fácil, pero creo que hay muchas razones para la esperanza.
Un abrazo.

Gregorio Luri dijo...

Me habéis sacado los colores. En cualquier caso, gracias por los elogios. Espero no desmerecerlos.

Luna dijo...

Magnífico el artículo de Luri.
occam, te lo aseguro, ella se tornará imposible a partir de los 13, es así y así hemos sido todos, aunque lo hayamos olvidado...
luego va volviendo todo a la normalidad y empiezan a darse cuenta que somos igual o mejores que los padres de sus amigos.
Con los adolescentes, hagas lo que hagas, lo harás mal, es ley de vida. Disfruta de los años que le quedan hasta los 13,tiene una edad preciosa.
Totalmente de acuerdo con amart en todo.

Saludos

Diarios de Rayuela dijo...

Querido Occam, después de lo dicho por Luna, poco me queda por añadir. Es la voz de la experiencia la que habla. Me temo que nos quedan por delante algunos años difíciles. Y el ambiente no nos lo pone fácil.
Qué bien lo resumes, Amart.
Sr. Luri, es todo un honor tenerlo por aquí. No me imagino cómo ha llegado, pero de cualquier manera aprovecho la ocasión para enviarle un sincero abrazo.

Portorosa dijo...

Muy bien todo, todos muy sensatos, y de acuerdo con todo.
Así da gusto.

Un abrazo, DR.

Portorosa dijo...

Y los dos artículos sobre el tema de don Gregorio, interesantísimos, como era de esperar.

Ignacio dijo...

Lo del acceso a los puestos no exactamente dirigentes pero sí de responsabilidad profesional es algo que he tenido ocasión de comentar hace poco con amigos.

Yo vengo de colegio privado, y en mi franja de edad (tengo 40) me he encontrado trabajando en pie de igualdad con gente de extracción muy variada, algo muy diferente a lo que se encontró mi padre: esto ha de deberse sin duda a la extensión y mejora de la educación pública que se dio cuando yo estudiaba.

Pues bien, mirando ahora a la universidad no parece que esa deseable igualdad vaya a prolongarse. La fuga masiva de los que pueden pagarlo a las cada vez más numerosas universidades privadas, así como los masters y otros estudios de posgrado están volviendo a abrir una brecha entre ricos y pobres: el título universitario vale cada vez menos (porque es verdad y además porque así se percibe), y sólo pagando te puedes distinguir de la mediocridad a ojos del empresario.

No es la primera vez que una medida bienintencionada (extender la universidad al mayor número de gente lo es) produce efectos perversos. Lo malo es no darse cuenta.

Diarios de Rayuela dijo...

No es mala cosa, querido Portorosa, ejercer la sensatez. Sobre todo en los tiempos que corren. Efectivamente, los artículos de don Gregorio son para enmarcar.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Es una muy oportuna la reflexión que haces, Ignacio. Es cierto que facilitar el acceso a la enseñaza a quienes menos recuros poseen no garantiza que finalmente gocen de iguales posibilidades de oportunidades. Sin elevarnos a ámbitos universitarios, en los tramos finales de la enseñanza obligatoria, un alto porcentaje del fracaso escolar se ceba en quienes proceden de entre los más desfavorecidos. De lo que deberíamos concluir que la democratización en el acceso a lo escolar no será real mientras no se solucionen las carencias socioeconómicas en los ámbitos marginales.
Un abrazo (¿ya ordenada del todo la biblioteca?).

Ignacio dijo...

Sí señor, impecable e implacablemente. Y con una fila de diez o doce libros nuevos esperando a ser colocados, tremendo quebradero de cabeza.

(Gracias por el interés)

Sobre el tema, entre que se arregla la pobreza o no, que es para largo, me parece que lo más efectivo será elevar la calidad de la enseñanza pública, no resignarse a que sea de segunda.

Algo, tal vez mucho, se había conseguido. En la Escuela de Arquitectura mis compañeros que procedían de institutos (sobre todo los de los pueblos) miraban con suficiencia indisimulada y no del todo falta de fundamento nuestras elevadas medias de la privada: los curas, ya se sabe, regalan las notas. Se sentían mejor preparados y no les faltaba razón en muchos casos (bien es cierto que eran lo mejor de cada casa).

Por lo que me cuentan los profesores, todo eso sería ahora poco menos que ciencia-ficción.

luna dijo...

Creo que uno de los problemas de la baja calidad de la enseñanza pública en la Comunidades, es que el dinero se deriva hacia la privada enmascarada en concertada.

Privada o pública debería ser una decisión familiar y no por la calidad.
Ignacio, lamento decirte que en los colegios privados se siguen regalando notas ¿Puede un colegio privado suspender a un alumno que paga entre 600 y 800 Euros al mes?

Pienso que un niño que quiere aprender, aprende de todas, todas.

En las empresas ya no admiten gatos por liebres ¿tienes un título o veinte? perfecto, ahora, demuestra que lo has sudado...

La escuela pública tiene carencias, efectivamente, aunque tiene una riqueza que sirve para caminar; la mezcla de clases, niños ricos, niños pobres, azules, verdes, negros, chinos, árabes y algo así es riquísimo a ciertas edades, el problema de nuevo son los padres, quieren unos hijos, listos, listos, listos y se olvidadn de otras cosas muy importantes.

Un dato cómico: tengo una amiga que enseña idiomas a los que no han nacido y desde le sexto mes de embarazo....tiene lista de espera
¿Será posible?

Saludos
Luna...

es que no me salen las letritas

Ignacio dijo...

No me gusta la idea de los centros concertados, no al menos como solución permanente. Pero tampoco me parece justo decir que se desvía a ellos el dinero. En realidad el coste de la concertación es mucho menor que el de abrir y dotar centros públicos que la hagan innecesaria.

El nuevo Estado (social y de derecho) que nace en el 76 se propone universalizar la enseñanza, y se encuentra con que tiene pocos centros y hay unos cuantos más, privados, en pleno rendimiento. La decisión de concertar fue sensata entonces, cosa de aprovechar recursos; pero treinta años después ya empieza a estar pasadita. Por su causa se plantean malas interpretaciones sobre los derechos de los padres (a elegir adoctrinamiento, por ejemplo: si hubiera oferta pública independiente el adoctrinamiento se pagaría aparte, como debe ser) que complican no poco el debate educativo.

O eso me parece a mí, que no soy experto en el tema, ni alumno ni padre ni profesor (pero que me gusta opinar).