martes, junio 05, 2012

Cardinales

1
Tengo bastante desatendidos estos diarios.  Cuando vuelvo a ellos, me cuesta dar con el tono. Al pasar los días sin tocarlos, se parecen a un instrumento que precisa afinación. Debe primero encontrarse el sonido no distorsionado, el acorde correcto, la armonía que nos devuelva la música de otras veces. Y no es fácil. Un poco como cuando dejamos de ser felices, o de amar. Hay prácticas que para nuestro bien necesitan de constancia.
2
Buen libro el Diario de invierno de Auster. No parece el dietario de un escritor. No se recrea en las glorias, amistades y fastos de la farándula de los escrivas. Se hunde  más bien en la miseria de la enfermedad, de las relaciones familiares, de los lugares angostos donde se residió con apuros. Lo explica bien el autor en una entrevista: “Es un libro sobre mi vida física, sobre el proceso de crecer y envejecer, sobre mi vida interior. Por eso no hay referencias profesionales, ni siquiera hay referencias a amigos, poetas o escritores. Traté de introducir esas cosas pero no funcionaba. Hay una coherencia entre lo que hay dentro y lo que he dejado fuera. Nuestra vida física empieza en el interior de nuestra madre, por eso hablo bastante de ella. Hay un recorrido a través de las casas en las que he vivido, porque alojan nuestro cuerpo y hay referencias a todas esas cosas que hacen sentir que nos transformamos físicamente”.
3
He descubierto en la habitación de mi hijo un llavero con la bandera cubana y el famoso retrato que Korda le hizo al Ché. El hallazgo me dejó más satisfecho que preocupado, lo que una vez repensado me dejó más preocupado que satisfecho.


4
Volvió de sus vacaciones una compañera . ¿Qué contó de Lisboa sobre cualquier otra cosa? El tiempo que hacía y lo que allí comió. Será, quizás, que para esos asuntos la audiencia siempre es receptiva. Harina de otro costal hubiera sido, si fuera que de ello trajese acopio, que la viajera narrara las impresiones de la luz última de los días sobre las colinas lisboetas o que diera noticia de qué le pesa al observador en el alma traqueteada por los viejos raíles del tranvía o henchida de vino verde en una terraza que mira al Tajo. Decía Savater que para llorar se debe uno esconder en un rincón donde nadie le vea, pero para reír se necesitan cómplices. Con la memoria de los viajes pasa algo parecido: para lo que en ellos fue inaprensible riqueza interior —dicha o espanto— es bueno el recato de la reflexión o el apunte manuscrito. Lo que tuvieron de fiesta, de postal, de sol, mantel y copa, más propio parece, en cambio, para compartirse en charla distendida.

5
Tertulia cazada al vuelo. Un economista —que se define como liberal, por más señas— defendía el rescate económico de España. ¿Argumentos? La troika que gobernase entonces (BCE, Comisión Europea y FMI) tomaría la “sabia” decisión de cargarse la organización territorial de España. Vamos, que el sagaz tertuliano liberal, sin que nadie contradijera su prurito rescatador (lo que nos pone en la pista de que los demás contertulios compartían su criterio), defendía, nada más y nada menos, que un golpe contra la soberanía y la constitución a cargo de un triunvirato no de Bruselas, sino de Pavía.

6
Caxigalin(e)a: Era mucho más que goloso, era incluso guloso.

3 comentarios:

Sir John More dijo...

Un gusto cardinal... Abrazos.

FPC dijo...

Pues no deberías descuidarlos... su nombre aparece en mi barra de favoritos y de vez en cuando pincho: da tristeza ver que no se han movido desde la última vez. Y mucha alegría, en cambio, cuando hay textos jugosos como hoy.
Un abrazo.

Portorosa dijo...

Me ha coincidido también a mí, hoy, después de tanto tiempo, pasar por aquí.

Un abrazo.