jueves, mayo 31, 2012

Poema urgente

Que amanezca con sol y que la bajamar ofrezca
en las primeras horas del día a los paseantes madrugadores
un planeta de arena sin hollar y una lengua de agua perezosa y tibia
como la de una res estabulada,
no logra hoy conjurar la sombra entintada de los titulares.
Como en ciertos contrapicados del cine expresionista,
las letras de los periódicos han ido creciendo a lo largo de los meses
con la desproporción de las pesadillas.
Se han convertido en edificios levantados hasta mucho más arriba
de lo que la vista acostumbraba a alcanzar.
Y desde sus azoteas se presiente una lluvia
más de empujados que de suicidas.

miércoles, abril 25, 2012

25 de abril

"El capitán de 29 años que se ha jugado la vida horas antes ante cinco carros blindados para salvar la Revolución, que mantiene el cuartel general de la GNR cercano rodeado de soldados rodeados a su vez de una muchedumbre pacífica y exultante, el tipo que no se ha equivocado en el momento en que no tenía que equivocarse, como un verdadero héroe de novela, el militar que se entrevistará poco después con Caetano personalmente para aclarar definitivamente la rendición y que morirá muchos años después, en 1992, de un cáncer, sin aceptar jamás ningún cargo político, ese hombre, Salgueiro Maia, se encogió de hombros ante estos dos gerifaltes y sin soltar el megáfono les respondió:
- Aquí mandamos todos".

Así remata Antonio Jiménez Barca su recuerdo de Salgueiro Maia, Un héroe del 25 de abril. Una historia tan bien narrada como necesaria.

Un universo

Foto de Juan Garay

Me envía esta imagen Juan Garay. Maestro fotógrafo y amigo leal. Como todo buen logro de artista, encierra un universo. El de una ciudad que vive frente al océano y se tiene a si misma casi como el pecio de sus mareas. El de un paisaje sobre el que los cielos son más a menudo óleos que acuarelas. El de una urdimbre urbana, forjada con despropósito de codicia, que dejó  atrapados al menos, por descuido y como fósiles, algunos edificios austeros y hermosos. Pasa uno casi todos los días por este rincón sin agradecer como debe la dicha de pasearlo a la mañana camino del trabajo.  La vieja capilla de San Lorenzo, cuyas paredes de arenisca se han vuelto esponja con el nordeste y la sal marina. La que fuera pescadería municipal, sobria como un templo clásico. El temperado cubo que alberga el consistorio. Y la gracia algo añeja de un hotel donde se rodaron las escenas de un óscar con ocle.

miércoles, abril 18, 2012

Contra la codicia

Así concluye su poema Contra la codicia Rafael Argullol (un homenaje al farmacéutico jubilado griego Dimitris Christulas):

(...) Y falta ya muy poco
para que también la libertad
nos sea arrebatada
por el amor a la codicia,
que parece ya el único amor permitido.
O eso es lo que cree
ese hombre que amenaza sin ira a un edificio
—ese hombre que me recuerda a mi padre anciano—
mientras entona una acusación a los espectros:
"¡los codiciosos!, ¡los codiciosos!".
Y eso mismo es lo que cree
Dimitris Christulas, la mano apretada en la culata,
al observar la plaza Syntagma, centro de Atenas,
situada tan sólo a unos kilómetros
del corazón antiguo, la Acrópolis,
donde hace exactamente 2.454 años
se representó por primera vez Antígona,
y el hombre cantó a lo más elevado de sí mismo:
"Muchas cosas hay portentosas,
pero ninguna tan portentosa como el hombre"
proclama, en el teatro, el coro de ancianos.
Dimitris Christulas dispara.
Al caer se lleva consigo un retazo
del azulísimo cielo de Grecia.

De Senectute

Enlazo a continuación lo último de Manuel Alcántara, que no trata sino de cómo aguantar el tipo dignamente cuando nos corroe la carcoma: "Después de este ensayo general con casi todo, siento una extraña piedad hacia el que era, pero no tanta como para echarme de menos. Me dispongo a jugar la prórroga. A ver qué piensa el árbitro sobre el descuento."

martes, abril 17, 2012

El redentorista


La letra pequeña de los viajes es un detalle casi ilegible de lo que también fueron y se olvidó pronto. Fuimos haciendo previsión semanas atrás de dónde iríamos, pero el mal tiempo pronosticado vino a aconsejarnos un destino distinto, más próximo, menos arriesgado. Se acertó de pleno. Y del menudeo ese al que aludía al principio, fijo ahora por curiosidad, que en la cambiante tarde del viernes, después de pasear largo desde bien temprano, de comer y beber generosamente, de disfrutar de un relajante tratamiento balneario y mientras respirábamos desde el mirador de las murallas un aire húmedo y alcanzábamos a lo lejos el Teleno nevado, un caminante encontradizo nos preguntó si además del paisaje como motivo estético, apreciábamos en el horizonte algún tipo de trascendencia. Ah, la paciencia del viajero descansado y feliz encaja con buen ánimo incluso este tipo de impertinencias místicas. Se trataba de un redentorista. Misionero, nos desveló enseguida, durante treinta y cinco años por tierras americanas. Desde Canadá hasta Chile. Había interrumpido su pequeño rosario anular muy posiblemente para matar el tedio con la charla. Tras una mañana soleada y fría, el cielo se había ido oscureciendo. Pesaba sobre el páramo como un falso techo mohoso y amenazantemente bajo. Por entre el espesor de las nubes se filtraba de vez en cuando el relumbre radial de un sol postrero. En esa telaraña veía el fraile la urdimbre divina. Uno, seguramente tan pegado al suelo como las lombrices, esperaba sin embargo que esa luz proyectase sobre las piedras de la pequeña ciudad episcopal ese relieve final de atardecer que tan bien le viene a las fotos con que fijamos los viajes. Ellas suelen ser su memoria salvada.

martes, abril 03, 2012

Las aguas del río

El sábado, después de una cena muy agradable, T. me aconsejó llevarme un librito titulado Las aguas del río, de Pilar Gómez Bedate. Lo leí ayer, mientras aguardaba por los rincones, como un refugiado en su propia casa, a que el pintor finalizase su trabajo. Poco más de setenta páginas de textos breves y poemas desnudos. De palabras precisas. De memoria y de añoranza. De aguas que transcurren fieles a su universal metáfora. De ocasos que cierran días y avivan el ascua de los recuerdos. De viajes felices. Y de separaciones fatales. En la primera parte, titulada como el libro, la autora hace un somero repaso de la vida. Desde la infancia en guerra al amor tras el que se viaja, y con el Duero zamorano como paisaje de fondo.
“Mi madre se abalanza hacia una ventana para cerrarla en el momento en que, fuera, se escucha el estallido de una bomba. Es de madrugada, mis zapatitos de niña, blanqueados la noche anterior, están secándoe en el alféizar y ocupan todo el espacio, como en una pintura de Magritte. El silencio posterior a la explosión, absoluto y lívido, tiñe al aire de su color”.
En la continuación, Otros ríos (Poemas italianos), se vuelve a Florencia y a su Arno, a las calles de Roma, a la noche de Pisa. Qué sugerente, por cierto, esa ventana iluminada próxima al Panteón donde se acierta a vislumbrar la promesa de un hogar compartido.
“En una de aquellas calles que rodean a este templo sin igual, y en nuestro camino de vuelta al hotel del Corso, cuando ya las luces de los interiores estaban encendidas, había una ventana en la que siempre se fijaban mis ojos: una ventana alta y alargada, próxima a una esquina, por cuyos finos visillos blancos se adivinaba la lámpara baja que bañaba la estancia en claridad dorada. (…) Yo añoraba una ventana como aquella que pensaba nunca poder tener pues, enamorados clandestinos y amantes viajeros como éramos, ¿de qué hogar íbamos alguna vez a ser dueños? ¿de qué ventana cuya lámpara pudiese cobijarnos alrededor de una mesa? Aquella ventana cercana al Panteón romano ha sido para mí, durante años, el símbolo de lo añorado.”
En De nuevo, el Duero, la muerte ya ha segado la dicha y hay un retorno a las aguas primeras, esas que cierran definitivamente el libro con una Suite final donde el río va “duplicando en su seno las imágenes de cuanto lo rodea / desde su nacimiento hasta la muerte”, como lo que se escribe. Pero el verdadero cauce sobre el que fluyen estas páginas no es otro que el reconocimiento a Ángel Crespo, no como poeta —que lo fue y de los grandes—, sino como compañero de vida al que se agradece lo compartido y del que se extraña la ausencia.

viernes, marzo 23, 2012

Caxigalíne(a)s

Todo confinamiento es una soga que se ciñe por el cuello al  ánimo.

En la determinación de la sonrisa como gesto irrenunciable de un carácter, hay un olvido de difícil perdón: el de la conciencia.

Cantar con los amigos es un placer alegre y euforizante. ¡Qué pena dan  los afónicos de espíritu!

martes, marzo 13, 2012

Un libro para zurdos

N. diseñó hace ya unos años un pequeño y hermoso libro para zurdos. Quién sino un zurdo hubiese tenido tal consideración. Una pequeña caja negra y lacrada abierta por su lado izquierdo. Y en su interior, dos plaquettes: El libro de las horas, de Juan Ignacio González, y De entre las ascuas, de un servidor. Se ha reeditado ahora y sigue siendo una extrañeza para las manos y un placer para la vista. Un poemario para zurdos. Para minorías. Y sobre todo para amigos, que son siempre la más selecta de las minorías. Estos que a continuación transcribo son dos de sus poemas. En el primero, Juan I. González recuerda una humillación de su infancia como niño emigrante (sus padres lo dejaron un día al cuidado de una vecina recelosa de aquellos sureños morenos que llegaban a su país a ganarse la vida como podían). En el segundo, uno hace memoria.

SOBRE LA TOLERENCIA (1966)

Madame Legrange, supongo
que sólo tuvo miedo.
Miedo y un desconocimiento grande y triste
sobre a qué debe oler
un pequeño español en el exilio.
De modo que un mal día
que madre estuvo enferma,
por orden taxativa de su esposo
—un patriota tullido de las Ardenas—
y una tácita acción de vecindad,
me recogió a la puerta del colegio
y me ofreció su casa,
como un pequeño campo de exterminio.
Armada de unos guantes y un cepillo,
frotó con más que ahínco mi cabeza
—aún viene a visitarme algunas tardes
un dolor muy agudo en las orejas—.

Buscó piojos huidizos
(los tuve alguna vez)
y examinó mi ropa, plagada de zurcidos,
con detalle.
Loada sea
el agua limpia que dejé en su bañera.
Loado sea el instante que padre tocó al timbre,
el dintel de mi casa
como un pequeño arco de triunfo
después de la ignominia.

Loada una y mil veces
la tierra curva del dolor sobre el lecho,
el rostro de mi madre.

Juan Ignacio González


ALGUNAS IMÁGENES INOLVIDABLES

Si inventariase los recuerdos
más dulces de tu cuerpo,
salvaría sin duda aquella risa primera
que aún guardo en la memoria
abriéndome en dos el pecho.

Si quisiera dibujarte
en el escorzo con que el tiempo
modela los deseos,
tus piernas calzarían
la noche hasta los muslos
y en la hendidura misma del alba
se ocultarían tus dedos
como sierpes tenaces
que te reptan la dicha.

José Carlos Díaz

domingo, marzo 11, 2012

El ascua

Contra toda superstición, tomé la foto desde la fila trece. Se fijó la imagen y resultó un entrañable concierto. Y muy necesario también, porque los asideros del alma nos ayudan a soportar el paso de los años y a las canciones de Paco venimos agarrándonos toda una vida como al aire que exigimos trece veces por minuto. Fue además para mí, como padre, un concierto especial porque sabía sentado cerca a quien hace casi nada era un crío al que le cantábamos que los lobos pueden ser buenos, los príncipes malos, las brujas hermosas y los piratas honrados. Un crío crecido ahora que toca la guitarra soñando, imagino, su propio mundo al revés, y en cuya mirada atenta uno pareció adivinar al final del concierto un ascua de ese fuego irredento con que Paco ha venido alumbrándonos el ánimo a tantos durante tanto tiempo.

miércoles, marzo 07, 2012

Una botella tunecina

Esa botella es tunecina. En su otra vida guardó un licor transparente y rabioso que Samir nos dio a probar cerca de Tozeur. Recuerdo que llegué a aquel palmeral oyendo en la memoria la vieja canción de Battiato, I treni de Tozeur.  Era verano, el mejor de los tiempos si se comparte la dicha y se cuentan los años justos como para gozar del milagro del sol sobre las pieles. Esa botella lleva mucho tiempo con nosotros y a veces adorna con unas pocas flores la mesa en que nos sentamos con algunos de nuestros amigos. Hace unos días, mientras cocinaba, la vi en un rincón y se me antojó demasiado desnuda. Le hurté al guiso una rama de perejil fresca. Lució distinta. La luz oblicua de la mañana le arrancó además unas pinceladas blancas al vidrio. Tomé entonces la fotografía de ese instante en que calculé mentalmente la infinita distancia que separa un viaje bajo el cielo protector del norte de África y las cazuelas de un oficinista que prepara durante la mañana del sábado la comida de la semana.

domingo, marzo 04, 2012

Comparaciones inapropiadas

No deben compararse. Películas muy diferentes. Intenciones radicalmente distintas. Pero como uno las vio seguidas, ha tenido la inclinación de ponerlas en un mismo plano, enjuiciadas quizás arbitrariamente por este espectador que más que por el rigor se ha dejado llevar por eso tan subjetivo que llaman parecer. Ventajas de mantener una bitácora sin compromisos. Le Havre y The Artist. Kaurismaki y Hazanavicius. El reducido espacio de un barrio portuario y el ambiente glamoroso de los estudios cinematográficos de Hollywood. En una, la historia de un adolescente subsahariano sin papeles que busca a su familia y es arropado por unos cuantos desgraciados. En la otra, el cuento de un afamado actor de películas mudas que no se sube a tiempo al tren del sonoro y pierde, poco a poco, fama y fortuna. En ambas, la redención del final feliz. O casi. La alegría de los pobres siempre es menos exigente. La mezcla de drama y comedia tiene mucha más verdad en Kaurismaki. The Artist es sobre todo artesanía; divierte, pero deja por poso poco más que un reto técnico, no una historia original, ni unos personajes reales: su apuesta por la recuperación del cine mudo es tan fiel como estéril. De Le Havre, cuando pase el tiempo, recordará uno a ese limpiabotas de principios urdiendo la complicidad de un barrio humilde para esconder primero al chaval africano llegado clandestinamente en un contenedor de mercancías y, más tarde, para conseguir el dinero suficiente con que pagarle el viaje a Londres, donde lo espera su madre. La humildad de las casas. De las tabernas. De las calles próximas a los muelles. Un cuento de generosidad para los malos tiempos que transitamos. Con qué poco se le puede dar sentido a la vida. Quizás esté siendo injusto con esto de las comparaciones. Quizás no se deba nunca mezclar talento y ocurrencia. Genio y oficio. De Kaurismaki queda un estado de ánimo, una fábula para la dicha y la bonhomía. De The Artist, unos cuantos óscars,  tantas veces salario de los pasatiempos.

jueves, marzo 01, 2012

El tasbih

Ayer viaje a T. Calentaba allí un sol tibio. Leí afuera sobre la mesa de pizarra. Una laja irregular y apacible al tacto. Me fui luego caminando más allá de los molinos. El sendero estaba tapizado de hojarasca. El ruido de los pasos ahuyentaba a los pájaros. Me detenía a ratos a mirarlo todo. Panorámica del silencio. De los verdes cuajados. Del arbolado todavía invernal. Castaños, robles, abedules, avellanos. Cielo azul. Aire transparente. Anda el bosque aún desnudo y si se aplica el ojo al ramaje, como un zoom de muchos aumentos, se fija en la retina la confusión de un pollock monocromático; de un osario acumulado y revuelto. Sin embargo, en el viaje había descubierto con alegría los primeros brotes primaverales. Mimosas y tojo. Amarillos intensos. Y una luz clara y seca sacándole brillo incluso a las sementeras. Al día le engarcé esas y otras cuentas: un arroz sabroso en compañía,  el lomo dócil de los perros guardianes, dos abubillas tras un laurel, un petirrojo arrogante y un halcón que volaba confiadamente bajo. Y todo lo repaso a la noche como si sobara un tasbih de huesos pulidos, los de unos frutos en sazón hurtados al paso del tiempo.

martes, febrero 28, 2012

Interior


No es pereza. Ni desánimo. Son pocas ganas. Y un freno de incertidumbre. La que nos transmite este tiempo que vivimos. En la que nos sume lo que se escribe y queda arrumbado en la poca agua, como esos barcos fotografiados en contrapicado que esperan su desguace. Sé que siguen pasando los que han tomado por costumbre desviarse a menudo hasta la antojana de esta casa y me temo que la presienten ceñida pronto de hierbajos. Creen incluso ver a veces a su dueño tras las cortinas. Vuelto de pronto un salinger huraño y fotofóbico. Quizás piensen también que se ha echado el cierre al colmado sin bajar siquiera la persiana, en una fuga callada que buscase ponerle tierra de por medio a la marea de esa ruina pertinaz que todo parece asolarlo en los últimos tiempos.  Nada es así del todo, siéndolo de algún modo en parte. Porque las pocas ganas no cuidan bien ni de uno ni de lo que le rodea. Las pocas ganas apagan luces y echan contraventanas. Aunque no tienen por qué rendirnos. Aunque deben combatirse sin desmayo.  Mucho más si, como de éstas, sabe uno su motivo: qué decir que no resulte vano; qué decir que pueda pisarse en firme; qué decir que pueda resultarle un guante a alguien. Cuando todo parece propicio a la soflama, con más pudor deben elegirse las palabras. Entretanto, más que salir hacia fuera, dejo que vayan poco a poco entrando algunas esquirlas de luz dentro. En la pretensión de que, como decía Ramón Gaya de su pintura, se alcance un temple “sin alharaca alguna, sin gritos, sin protestas, sin iras, sin nada de eso, porque la pincelada verdadera y profundamente expresiva es callada”.

lunes, febrero 06, 2012

En la muerte de Wislawa Szymborska

Morir, eso no se le hace a un gato. Porque así hemos quedado, como un gato en un piso vacío. Porque aquí había alguien que estaba y de repente se ha ido e insistentemente no está. Y como animales curiosos revolvemos sus papeles. Y en la noche de Cracovia, en medio de las sombras de una habitación donde las lámparas ya no se encienden, dilatamos las pupilas en una lectura insomne. Agradecida.

Condolientes:

Szymborska, una despedida, en el blog de Antonio Muñoz Molina: "Con Mozart, con Paul Klee, con Lester Young, compartía la capacidad de ser ligera y honda al mismo tiempo."

Despedida de todos los paisajes, por Abel Murcia (uno de sus traductores) en ABC: "Hoy hará un poco más de frío en Cracovia. Y a todos nosotros nos quedará recordar desde lejos. O desde algo más cerca, si nos adentramos en sus versos para que nos siga ayudando a entender el mundo."

Ligeramente grave, de Fernando Savater, en EL PAÍS: "Su poesía es reflexiva sin engolamiento ni altisonancia, de forma ligera y fondo grave, directa al sentimiento pero sin chantaje emocional. Breve y precisa, escapa a ese adjetivo alarmante que tanto satisface a los partidarios de que importe el tamaño: torrencial. Sobre todo nos hace a menudo sonreír, sin incurrir en caricaturas ni ceder a la simpleza satírica."

Retrato de mujer, Javier Rodríguez Marcos, en su blog de EL PAÍS: "´Esta primavera los pájaros han vuelto a regresar demasiado temprano. / Alégrate, razón, también el instinto se equivoca`. Esos fueron tal vez los primeros versos de Szymborska que pudieron leerse en un periódico español. Fue en 1996. Le habían dado el premio Nobel."

Do Widzenia, Wislawa, de Martín López Vega, en su blog de EL CULTURAL: "Inteligencia, humor, ternura: la receta de la sabiduría de una felicidad consciente de que en ocasiones puede estar hecha apenas de dolor atenuado."

Adiós a Wislawa Szymborska: un diálogo con Félix Romeo, en el blog de Antón Castro: "Creo que cada poema lo escriben dos personas. Hay una persona que es la que siente las cosas, la que las experimenta, la que piensa. Y otra persona, que está detrás de mí y dice: "¿No estarás exagerando?, ¿qué va a entender el lector de lo que estás escribiendo? y, además, ¿para qué le sirve?" Ese yo irónico está siempre, pero si desaparece escribiré muy malos poemas... ¡Y si desaparezco yo, también serán malos! (Risas)"

La muerte, sin exagerar, de Eduardo Jordá, en El Diario de Mallorca: "En uno de sus últimos poemas, Szymborska decía que debíamos sentirnos afortunados por vivir en este mundo, ´un rincón modesto,/ en el que las estrellas dan las buenas noches/ y hacia el que parpadean/ sin ningún significado`. Puede que en el parpadeo de las estrellas no haya ningún significado. Pero leyendo a Wislawa Szymborska, uno podía estar seguro de que en ese parpadeo sin sentido iba a encontrar un instante de felicidad."


Collage de Wislawa Szymborska

Un gato en un piso vacío

Morir, eso no se le hace a un gato. / Porque qué puede hacer un gato / en un piso vacío. / Trepar por las paredes./ Restregarse entre los muebles. / Parece que nada ha cambiado / y, sin embargo, ha cambiado./ Que nada se ha movido, / pero está descolocado. / Y por la noche la lámpara ya no se enciende. / Se oyen pasos en la escalera, / pero no son ésos. / La mano que pone el pescado en el plato / tampoco es aquella que lo ponía. / Hay algo aquí que no empieza / a la hora de siempre. / Hay algo que no ocurre / como debería. / Aquí había alguien que estaba y estaba, / que de repente se fue / e insistentemente no está. / Se ha buscado en todos los armarios. / Se ha recorrido la estantería. / Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado. / Incluso se ha roto la prohibición / y se han desparramado los papeles. / Qué más se puede hacer. / Dormir y esperar. / Ya verá cuando regrese, / ya verá cuando aparezca. / Se va a enterar / de que eso no se le puede hacer a un gato. / Irá hacia él / como si no quisiera, / despacito, / con las patas muy ofendidas. / Y nada de saltos ni maullidos al principio.

de Wislawa Szymborska

jueves, febrero 02, 2012

Fotogramías

" Sed o no sed..."
                                              Esther "Hamlet" Williams

Sofari

martes, enero 31, 2012

Crónica parcial de un recitado

Encuentro poético con Juan Ignacio González.  Enero de 2012.
Uno escribe una poesía más intimista, por tanto, más pegada a lo que se es, a lo que se siente y a cuanto nos desasosiega; explicado todo como para entenderlo a solas y una vez se posa en el papel y se lee y se corrige y se fija finalmente como una certidumbre escasa pero que nos permite agarrarnos, por un breve espacio de tiempo, a la tierra. Nacho probablemente no tenga cuando escribe muy distintas inquietudes. Pero él no las acota hasta el minifundio emocional, sino que trata de adornarlas con la música apropiada y de trufarlas con iconos reconocibles y colectivos. Convierte por tanto sus cuitas casi en canción compartida. Por eso su recital resultó tan alegre como un góspel de iglesia negra. A ello contribuyeron, no poco, sus tablas en aulas y púlpitos públicos. Eso favorece la comunión instintiva con los oyentes, alcanzada del todo con la recitación de Fiat lux, que es una oración rabiosa, secular, con ritmo de cármina burana y que provocó aplausos y humedeció miradas. El despecho y la risa, administrados con sabiduría, no mezclan mal: se sabe que siempre hay motivos suficientes para la indignación, pero también que nada resulta tan fatigoso como un profeta malhumorado. Por eso Nacho a veces se vuelve un poco catulo y canalla. Por eso se tiene lástima de niño exiliado en la necesidad. Por eso introduce cada poema con gracias, sucedidos, imprecaciones o melancolías. Es la maña de quien cuida la escena como debe: luces y utillería. La poesía de los juglares se bate el cobre en plazas públicas y, en no pocas ocasiones, emboba con añagazas a los gentiles.Esta otra poesía, sólida y entonada poesía, en las manos y la voz de un juglar con oficio, sí, pero con verdad también, puede tanto con los fáciles como con los recelosos. Lo puedo jurar porque algo sé de prevenciones: ¿quién no se enfrenta con reticencia a los versos de otro cuando él mismo también hace versos? Pero, ¿quién podría ser tan avaro como para no apreciar lo que le emocionó de veras cuando, además, venía de un buen amigo al que tanto se quiere?

Ahi se dejan algunos versos de su Fiat Lux:

En las palabras del pastor de rebaños
que amansa el miedo de los niños
con la sal de la vida
detrás de la alambrada
de los campos heridos de Darfur.
Calle arriba, en la Alfama,
muriéndonos de amor.
Asesinados
por los fados de Amalia,
en la tasca más triste
donde hace tiempo ya,
olvidamos alcanzar el tranvía
de retorno a la nada.
Bajo las ruinas de un teatro-refugio
en Sarajevo,
cuando Mirko dormía
abrazado al cadaver de su madre
asesinada por francotiradores,
y los niños jugaban
a amamantar sus miedos,
con las venas abiertas,
porque no había esperanza.
Al bajar una a una
las gradas de Mathausen.
Una gota de vodka
por las heridas de los sacrificados
en la desesperanza,
mientras la orquesta de violines judíos
despide el tiempo de la redención
con un poema de Paúl Celan.
Por la turbia mirada del río,
en que el poeta decidió ayudar a la muerte,
mientras el Sena pasa
de largo por tu escote.
Por la risa expatriada
de aquel niño de Gaza,
que enfrenta al aguacero de las ráfagas
su honda de dios menor.
Bajo el pañuelo blanco de la plaza de Mayo,
mientras las madres pasan lentamente
buscándonos,
buscándolos,
proscritas de encontrarlos,
para siempre
como en aquel Decreto de “la noche y la niebla”
Por todas las violadas
por las hordas terribles
de Vladik y Milosevic.
Por las niñas ninfas de ciudad Juárez
asesinadas con la anuencia
de la Coca-Cola y Mister Shell.
En el olor dulce y seco de la melancolía
de tus ojos cauterio
que acuden a mi herida.
Por sobre las preposiciones de la duda,
alcemos de una vez la copa del invierno
y,
                    ¡hágase la luz!

jueves, enero 12, 2012

miércoles, enero 11, 2012

Otro "lunes al sol"

Otro “lunes al sol” —aunque hoy sea en realidad miércoles—. Pese a que las doy por bien cundidas, siempre cree uno que podría aprovechar todavía mejor estas mañanas sin trabajo. Pero la pereza gusta de ponerle palos a las ruedas. Debe reconocérsele, no obstante, que a cambio nos brinda no pocos buenos ratos de ensimismamiento dulce, de esos como cuando nos arrebujamos bajo las mantas en los días fríos. Pero la muy artera  consigue a menudo retenernos a su lado más de lo conveniente, como esas madres absorbentes que para que no se les vayan los polluelos son capaces de ponerles lastre en las alas. En todo caso, paseé largo y sin prisa. Cuando salí a la calle aún estaba la helada desprendiéndose a desgana de la tierra, como clara de huevo. Salió luego el sol y pese al frío daba gusto caminar con un aire tan limpio y transparente.
Saqué algunas fotos en blanco y negro de los árboles desnudos. Saturé el color sin embargo al acercar la lente a las últimas hojas de cobre que resistieron el final del otoño. Finalmente me senté en una terraza a tomarme un café bajo la luz esplendorosa del mediodía. Leí durante un buen rato. Volví a casa por el Muro. Le encontré a la playa unas tonalidades de pintor acrílico y demasiado alegre. Caprichos de las mudanzas climáticas que dan últimamente, incluso por aquí, más motivos sorallescos que tamices propios, de esos que singularizaron los pinceles de Valle o de Piñole.

martes, diciembre 20, 2011

Joseph Gluckstein Links

Joseph Gluckstein Links (1904-1997) nació y murió en Londres. No suele ser habitual que a un autodidacta se le reconozca como experto en el especializado mundo de la historia del arte. Pero así ha venido a ocurrir con Links, a quien se le considera como el mayor entendido en Canaletto. Su bibliografía sobre el pintor veneciano se inicia con Vistas de Venecia de Canaletto, editado por Antonio Visentini en 1971, sigue con Canaletto, en 1976, y finaliza con Canaletto y sus mecenas, en 1977.
Además, la exposición sobre Canaletto que albergó el Museo Metropolitano de Nueva York en 1989 fue concebida por el propio Links y tanto la catalogación como el préstamo de las obras que entonces se mostraron al público fueron posibles gracias, por una parte, a su conocimiento enciclopédico sobre el autor, y, por otra, a los contactos y amistades que su afición le procuró.
El padre de Joseph Gluckstein Links fue un refugiado judío húngaro que se introdujo en los negocios de la piel a través de la firma Links Calman. Su madre murió cuando Links sólo tenía 12 años. Poco después dejó la escuela porque su padre había enfermado y era conveniente que se adiestrase en el comercio de pieles antes de quedar huérfano. Su prosperidad en esta profesión llegó al punto de obtener la cédula real como peletero de la Reina. Y hasta escribió en 1956 un libro sobre la materia: El libro de piel.
Pero su curiosidad se orientó también hacia la literatura, escribiendo en la década de 1930 varias novelas policíacas, como Se adjuntan pistas (1939) y La Masacre Malinsay (1938), que fueron muy populares y llegaron a reeditarse en la década de 1980.
En la Segunda Guerra Mundial Links participó como comandante de las RAF. Conoció entonces a Robert Lutyens, hijo del arquitecto Sir Edwin Lutyens, y a través de él a su hermana María, con quien se casó en 1945. La luna de miel los llevó a Venecia. Ambos quedaron fascinados de por vida con la ciudad de los canales. Durante treinta años la visitaron dos o tres veces al año. Ese fervor llevó a que Linkse, en los años sesenta, se involucrará en la creación del Fondo Venecia en Peligro, creado para salvar de las aguas a los edificios de Venecia, convirtiéndose en uno de sus principales impulsores y recaudadores de fondos.
El interés por Canaletto nació de su pasión por Venecia. Su mujer; María, le regaló entonces una copia de la monografía de Constable sobre Canaletto en el que el autor reseñaba un cuadro que daba por perdido y que Links reconoció y ubicó. Él y Constable empezaron entonces a intercambiar correspondencia y, cuando Constable llegó a Inglaterra, le pidió Links que se hiciera cargo de la segunda edición del libro, tarea que le ocupó durante seis años. Su Canaletto se publicó en 1976.
Dado que muchos de sus amigos viajeros le solicitaba consejo sobre qué ver y hacer en Venecia, el editor Max Reinhardt le sugirió que esas pequeñas guías bien podían convertirse en un libro. Nació así su obra más querida, Venecia por placer (1966), que fue descrito por Bernard Levin como "No sólo la mejor guía turística de la ciudad que se ha escrito, sino la mejor guía turística de cualquier ciudad que se ha escrito".
A su vez, Mary Lutyens, aunque fue también novelista de cierto prestigio, se consagró finalmente en el estudio de la vida y obra del filósofo indio Krishnamurti. Dicen que Links y María fueron un matrimonio feliz. Que disfrutaron juntos de la amistad, la música, la lectura y de su trabajo literario. Y que consiguieron, además, que las veladas de su casa de Sussex se hicieran famosas por la excelencia de los martinis secos.

lunes, diciembre 19, 2011

Caxigaline(a)s

El tiempo se cuenta por pedazos, como cualquier otro destrozo.

La impertinencia de la víscera: manifestarnos incapaces de callar lo que no viene al caso no es sino confesar que lo que sí viene le importa mucho menos a nuestras urgencias.

Confortada por sus ideas solidarias, se tenía por persona comprometida, pero la realidad la puso frente al auténtico compromiso: el infortunio de los suyos. En tales bretes, depende de cada conciencia que uno se apañe con un carné y mire hacia otro lado o se sienta obligado a remangarse.

Sobre los cadáveres vuelan los buitres. Aves hambrientas, sí, pero de vez en cuando también necrólogos sin reparos.

viernes, diciembre 09, 2011

Ni una ciencia, ni un arte...

"El interés de Hélène por la economía había disminuido mucho a lo largo de los años. Cada vez más, las teorías que trataban de explicar los fenómenos económicos, de prever sus evoluciones, le parecían más o menos igualmente inconsistentes, aventuradas, cada vez tenía más ganas de asemejarlas a la pura charlatanería; en ocasiones se decía que era incluso sorprendente que concedieran un Premio Nobel de Economía, como si esta disciplina pudiese alegar la misma metodología seria, el mismo rigor intelectual que la química o la física (…). La economía casi no estaba ligada con nada, sólo con lo más maquinal, previsible y mecánico que había en el ser humano. No sólo no era una ciencia, sino que no era un arte, en definitiva no era prácticamente nada en absoluto."
Michel Houellebecq, El mapa y el territorio

miércoles, diciembre 07, 2011

Donald Toole


A Donald Toole le gustaban los hombres y el boxeo. Nació tullido. Tuvo siempre que pagarse sus caprichos y nunca pudo subirse a un ring. Dicen que hubiera cambiado a gusto su cátedra de literatura contemporánea en Princeton por aguantarle un asalto de pie a uno de los grandes. Escribió un único libro de poemas: The winged fighters.  

A veces arrojamos la toalla
por entre las cuerdas del cuadrilátero
con la resignación de que nada se puede hacer
por un tipo conmocionado
que ni siquiera consigue
ponerse en guardia.
¿Qué tienen que ver esos púgiles con nosotros?
¿Nos han pedido acaso
este último gesto de piedad?
¿Qué nos llevaremos a la esquina
después de que la campana suene
con la urgencia de las sirenas?
Compartimos su derrota.
Quizás hasta una pequeña parte de su dolor.
Pero nunca las heridas ni la sangre.

lunes, noviembre 28, 2011

One day in that time

Las ventanas estaban abiertas.
El aire las batía
como palmas de espectadores
en torno a un ring de boxeo.
Tan atenazante es a veces el abandono
que ni siquiera nos conmueve
el estruendo de una grada.
Sobre el suelo se hicieron
de golpe añicos los vidrios.
Al sexto o séptimo asalto
todo acabó en un fuera de combate.
Cuando el público desalojó el estadio
había sangre en la lona
y ceniza de cigarros por el suelo.
Pero tampoco entonces
se me abrió un resquicio
de lástima en los ojos.

Stephane Furber

lunes, noviembre 21, 2011

21-N

Ayer me fui pronto a dormir. A la luz de los faroles miré el prado que ciñe la casa. La segadora había dejado el jardín casi al ras. No obstante, por debajo del tilo quedaron unos puñados de hierbas confiadas en su suerte, pero a la sombra. Contra el muro, abatida en su periferia, se resistió un borde de vegetación arrinconada. Durante algún tiempo se verá todo como más despejado. Luego, las inclemencias del tiempo tendrán la última palabra.