lunes, enero 26, 2009

Vida jónica

Hay ocasiones en que valoramos por comparación la vida, sus pedazos. Y no siempre los modelos son otras vidas. A veces, la reflexión se establece frente al espejo. Como en el callejón del gato, la imagen reflejada tiende a menudo a las formas esperpénticas. En la que nos ofrece ese recodo de la existencia que son las tardes de un domingo de invierno, ventoso y frío, hay algo de alucinación. De repente nos vemos enfrentados a una desproporcionada columna jónica. De perímetro y altura inabarcables. Tan refulgentemente marmórea que mantenerla en la pupila nos volvería ciegos. Coronada por un capitel que pierde en las alas su sobriedad. Allí el buril caprichoso del cantero esculpió dos volutas. Dos matasuegras recogidos con tristeza de domingo y de invierno. Con la inapetencia de esos días en que falta ánimo bastante hasta para soplarlos. Para resquebrajar a golpe de aliento esa pilastra intimidante que de repente nos parece la vida.

2 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Hermosa entrada. Nunca pensé que la vida pudiera enrollarse sobre sí como las volutas de esta columna, que desde hoy veré con otros ojos. Un saludo.

Diarios de Rayuela dijo...

Son extañas comparaciones que a uno se le ocurren en esos instantes algo alucinados que preceden el sueño; que son ya casi sueño.
Gracias, Antonio, por la visita y el comentario.