domingo, julio 15, 2012

En Arezzo












La Trinitá d´Arezzo

Ya hace años que no se acercan a la capilla,
pero podrían dibujar de memoria
el rostro de la princesa Elena,
el árbol de Adán,
el puente sobre el Siloé
y hasta el mismísimo Cristo crucificado.
Estudiaron arte,

amaron a Piero della Francesca
y echaron raíces en Arezzo.
Pero al cabo del tiempo,
sentados a la sombra de la plaza
esperan ahora a que algún turista
pida precio por esos cuadros
que pintan con desgana
y por ganarse la vida.

(Tal vez sea todo una invención,
pero ella mira hacia la cámara
recelosa de un viajero curioso
que se empeña en fijarse más en la gente
que en los muros centenarios
de iglesias y palacios.)

jueves, julio 12, 2012

En el Valle d´Orcia














Postales toscanas

Si alguien le arrancara a esta tierra
cipreses, campos y caseríos,
dejaría al descubierto por debajo
el trazo de un geómetra toscano,
de un almagre sobre el que no se pintaron frescos,
sino sobre el que se ordenó el paisaje
tan precisamente
como un mundo recién creado.

miércoles, julio 11, 2012

En Lucca














La Madonna de Lucca

Como vuelta a la vida,
la Madonna de los altares
proyectaba su reflejo en el atrio:
se le había convertido el manto en harapo,
la corona, en greñas,
y el niño del regazo
le andaba descarriado por las calles
descuidando carteras.

martes, julio 10, 2012

En Firenze












Duomo de Firenze

Algunas mañanas
los mármoles del Duomo
dejan sus hornacinas
y se suben a las bicicletas.
Pasean por la ciudad
con zapatos de Prada
y alforjas de cuero florentino.
Y son incluso más vistosos
sobre las aceras de las calles
que en los muros de la catedral.

lunes, julio 09, 2012

San Gimigniano












En San Gimigniano

Bajo los arcos de la logia,
los viejos de San Gimigniano
se resguardan
del sol y de las prisas.
Vuelan, mientras, a su alrededor
los turistas y los vencejos.

domingo, julio 08, 2012

Monteriggioni












En Monteriggioni

Un muro de piedra y enredaderas
le da sombra al patio
en nuestra pequeña casa de Monteriggioni.
Al otro lado,
se oye un educado rumor
de cubiertos y conversaciones.
Desayunan los huéspedes
del lujoso albergo vecino.
Bajo un toldo de inmaculada lona blanca
miran cómo se levanta el sol
sobre la lluvia de los aspersores.
Una lagartija enreda entre los geranios.
Zurean las palomas sobre el tejado.
Las campanas de la iglesia dan las horas.
Escucho sin querer
la íntima conversación
de una pareja de franceses
que no saben que estoy atento y tan cerca.
Recuerdan entre risas
que ayer noche bebieron demasiado brunello.
"¿O quizás no?", se preguntan
mientras brindan alegres
con zumo de naranja.

miércoles, junio 20, 2012

Barrio de Cimadevilla

Dada mi sencillez, me abruma lo profuso y lo confuso. Como buen asturiano, me siento liberal. Tengo hambre de vida. Odio la subordinación. Me engaña fácilmente la gente pícara; siento una soterrada y permanente angustia».
Luciano Castañón
 
Asistimos ayer a la presentación del  libro Barrio de Cimadevilla (Ediciones Trea),  de Luciano Castañón, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. Intervinieron Francisco Álvarez Velasco, su prologuista, y José María Castañón Loché, hijo del escritor.  Se cumplen ahora veinticinco años de la muerte (1987) de Luciano Castañón y cuarenta y cinco de la publicación (1967) de esta obra en la  colección El Bardo, dirigida desde Barcelona por José Batlló.  Luciano Castañón (Gijón, 1926-1987), quien fuera Chano como futbolista profesional del Sporting, Cádiz y Avilés, desarrolló una ingente producción literaria y erudita. Dirigió la Gran Enciclopedia Asturiana y colaboró asiduamente en la prensa, donde ejerció la crítica literaria y artística durante décadas. Investigó sobre abundantes temas asturianos, publicando trabajos muy diversos que abordaron las supersticiones populares, la mitología, el folclore asturiano o el cancionero de la mina. En su ingreso como miembro en 1979 del Instituto de Estudios Asturianos elaboró un curioso estudio sobre la prostitución en Asturias, ejercicio al que Castañón definía como «vida airada». Como autor literario publicó las novelas El viento dobló la esquina (1958), Los días como pájaros (1964, sobre sus años de futbolista), Vivimos de noche (1964, reeditada por El Comercio en 2008), Los huidos (1973, sobre los fugaos al monte tras la guerra civil), Siete cuentos asturianos (1983) y  (1992), además de los poemarios Barrio de Cimadevilla (1967),  De la mina y lo minero (1968) y Poemario asturiano (1979), junto con las piezas teatrales Payasos (1959) y El detenido (1964).

En su introducción, Paco Velasco incluye este Barrio de Cimadevilla dentro de la poesía social. Y como confirmación de ello, transcribe estos versos: Hay poetas que cantan a la luna, /al jilguero y a la flor, / pero que asimismo dicen, o piensan: / «Si otros hombres sufren es como si sufriera yo». Casi una poética que, en efecto, parece afirmarse en el compromiso y en la hermandad con los desfavorecidos, a quienes retrata en un ambiente festivo, laboral o sórdido. Con quienes construye, según Velasco, un retablo donde se suceden “las citas ‘non sanctas’ del tocador de laúd, los sonidos de marejada y olas en reyerta nocturna, la fiesta anual de la Virgen de la Soledad, los movimientos de la red en la faena de cada día, el vegetar de los jubilados, las horas de la rula, los vuelos de las gaviotas, el olor de las «focas» —apodo dirigido a quienes acarreaban la pesca—, el pescado de la rula, el muelle, los niños con el culo al aire, el viejo lobo de mar, el intruso destacamento militar que limita las aventuras infantiles, los nombres de las calles, el encuentro nocturno del borracho que sube la cuesta con el adormilado marinero que la baja y «que va en busca del alba y la sardina», las remendadoras de redes, la llegada de tiempo en tiempo de las barcas con el seno «pleno, fúlgido de coletazos», la madre que duerme a la niña con una nana (Duérmete nena / de Cimavilla; tu padre boga / al son de quilla), la reparación de una vieja y arruinada barca que merece una oda nerudiana, las viejas sentadas junto a la Colegiata, la taberna, el encuentro del marinero de Maupassant con «Bola de sebo»…”. Uno añadiría que a veces le encuentra a la pluma de Castañón trazos solanescos, un expresionismo crudo bajo el que no se puede ocultar la ternura de un tipo al que nunca parece serle ajena la desdicha de los otros.

MUELLE
El corazón sobre los hombros
por la tristeza de las adensadas nubes
y el monótono entrechocar de hierros;
por la alta pesadumbre en el todo muelle
en el cargador,
en el marinero,
y tanta en mí;
en el cielo y en el suelo.
Tú, muelle,
muelle solo y mañanero,
iza bandera, hiéndeme tu arpón,
aviva la politonía
de tus panzudos barcos:
negro mortuorio, blanco
sucio, rojo de macelo,
casi verde en el fondo.
Muelle,
agua puerca de turbia gelatina
en sucísimo balanceo;
gaviotas sombras deslizándose
—carroña en los picos curvos
y alas escoradas geometrizando el aire —;
olor a pinos,
a carbón,
podrido olor;
sabor a red salada,
a grúa;
olor con sabor;
gustoso asco podrido.

martes, junio 19, 2012

Del miedo

Está uno estos días disfrutando con esa pequeña maravilla publicada por Acantilado que lleva por título Historia menor de Grecia, de cuyo autor, Pedro Olalla, también se leen sus ocasionales entradas en la bitácora Desde Grecia. La última, El triunfo del miedo, es una cruda crónica de las recientes elecciones de ese país (ya también su país): "El miedo se vio canalizado hacia el electorado en una operación de guerra psicológica de proporciones orwellianas: la amenaza de abandonar el euro, de ser expulsados del espacio Schengen, de ser apartados de Europa, de caer en la bancarrota absoluta, de ser atacados por Turquía, de quedarse sin alimentos ni medicinas, de volver irremediablemente a las cavernas." No sería mala cosa, completar la lectura de ese post con lo que nos recordaba, a su vez, Nacho Escolar a propósito de los vencedores griegos: "Gana la derecha en Grecia, la misma derecha que engañó a Europa y manipuló las cuentas públicas con la bien pagada ayuda de Goldman Sachs. Gana el candidato de Angela Merkel y Alemania al fin es generosa: ya no hará falta sacar a Grecia de la moneda única y habrá concesiones en el plan de rescate, ese mismo plan de rescate que hace unos días era pecado mortal tocar. Gana Andonis Samarás, el coherente político que en 2010 votó en contra del plan de rescate y ahora presenta ese rescate como la única alternativa al caos." 

jueves, junio 14, 2012

Las risas de los críos

El mismo barro cocido bajo nuestros pies. La espuela del sol sobre las ijadas del agua azul. El cielo de los veranos. La hierba fresca a la sombra de las palmeras. Si cierro los ojos, distingo el acorde de un surtidor, el chapoteo de los bañistas, las risas de los niños. Todo igual durante años a esta altura de las estaciones. Todo igual y todo distinto. Porque esas risas son ahora de los niños de otros.

Memento mori

Nunca más te rías como las hienas: ufanamente jocoso de la desdicha o el aspecto de los infelices. Que no se cebe jamás tu sarcasmo con las mellas de sus semblantes, con sus maneras vulgares o sus dispares galas, con sus voces cuando tropiezan asustadas por la responsabilidad o por el miedo, con su precipitación y sus torpes caídas, con esas desventuras que tan reiteradamente los acechan, torciéndoles el camino, la suerte, la salud o la vida.  Guárdate de la ironía con los humildes, con el error, la diferencia, con el infortunio  o el entusiasmo que tu soberbia da por estéril.  Te lo dice el esclavo de un césar que recorre las calles de Roma el día de su coronación. Un  esclavo acuclillado en la cuadriga de su amo. Un esclavo escondido de los vítores que le guarda el laurel al emperador al tiempo que le recuerda su condición humana y su existencia mortal.

martes, junio 12, 2012

De ciertos entusiasmos

En un reciente libro de aforismos de Pessoa, antologados por García Martín, se puede leer que “el entusiasmo es una grosería”.  Y no hay duda del aserto, al menos cuando uno ve a su presidente aforofado en un estadio de fútbol  horas después de declararnos en ruina asistida.

lunes, junio 11, 2012

El arbotante

Recuerdan en un espacio radiofónico cuándo y por qué nació el gótico. Hasta esa irrupción en la Francia del siglo XII, el culto era sombrío. Los templos lugares oscuros. A iniciativa del abad Suger de Saint Denis, se construyó entonces una catedral de luz. La esperanza siempre es un rayo de sol colándose por una ventana. Se planeó entonces un edificio ligero, con vidrieras y rosetones. Un espacio amplio, respirable y donde la mirada del cielo atravesase las paredes por grandes resquicios, llenándolo todo de un aire ligero y respirable. Para sujetar aquella arquitectura desconocidamente elevada se idearon los arbotantes. En realidad, los arbotantes no sostenían sólo las catedrales, sino que, sobre todo, llevaban, un poco al modo como lo hicieron con el agua los acueductos romanos, un caudal inagotable de luz a donde sólo había una espesa y triste umbría.
Después de un fin de semana en que, más que las razones o consecuencias de la inyección financiera europea a nuestra banca, se ha discutido sobre cómo denominar a esa recapitalización —en una palmaria muestra de hasta qué punto está atrincherado todo el entorno (formaciones políticas y medios de comunicación)—, uno ve en esa solución arquitectónica del gótico una analogía de cómo se ha obrado también con las cuenta. Ese andamio europeo que permite la entrada de algo de luz dentro de nuestro lóbrego solar bancario tiene mucho de arbotante. Les permite  un sostén exterior a nuestros febles muros patrios. Llámese por tanto si se quiere arbotante financiero —término arriba o abajo poco importa— a lo que nos ha devuelto, al menos de momento, aire y horizonte, pero nadie se olvide de que los sillares de este apoyo llevarán, como entonces, la firma de los canteros, que mientras se levantaban los edificios del medievo vivían a la vera de sus obras, montando allí los talleres desde donde no sólo gestaban la fábrica, sino que vigilaban de cerca su verticalidad.

martes, junio 05, 2012

Cardinales

1
Tengo bastante desatendidos estos diarios.  Cuando vuelvo a ellos, me cuesta dar con el tono. Al pasar los días sin tocarlos, se parecen a un instrumento que precisa afinación. Debe primero encontrarse el sonido no distorsionado, el acorde correcto, la armonía que nos devuelva la música de otras veces. Y no es fácil. Un poco como cuando dejamos de ser felices, o de amar. Hay prácticas que para nuestro bien necesitan de constancia.
2
Buen libro el Diario de invierno de Auster. No parece el dietario de un escritor. No se recrea en las glorias, amistades y fastos de la farándula de los escrivas. Se hunde  más bien en la miseria de la enfermedad, de las relaciones familiares, de los lugares angostos donde se residió con apuros. Lo explica bien el autor en una entrevista: “Es un libro sobre mi vida física, sobre el proceso de crecer y envejecer, sobre mi vida interior. Por eso no hay referencias profesionales, ni siquiera hay referencias a amigos, poetas o escritores. Traté de introducir esas cosas pero no funcionaba. Hay una coherencia entre lo que hay dentro y lo que he dejado fuera. Nuestra vida física empieza en el interior de nuestra madre, por eso hablo bastante de ella. Hay un recorrido a través de las casas en las que he vivido, porque alojan nuestro cuerpo y hay referencias a todas esas cosas que hacen sentir que nos transformamos físicamente”.
3
He descubierto en la habitación de mi hijo un llavero con la bandera cubana y el famoso retrato que Korda le hizo al Ché. El hallazgo me dejó más satisfecho que preocupado, lo que una vez repensado me dejó más preocupado que satisfecho.


4
Volvió de sus vacaciones una compañera . ¿Qué contó de Lisboa sobre cualquier otra cosa? El tiempo que hacía y lo que allí comió. Será, quizás, que para esos asuntos la audiencia siempre es receptiva. Harina de otro costal hubiera sido, si fuera que de ello trajese acopio, que la viajera narrara las impresiones de la luz última de los días sobre las colinas lisboetas o que diera noticia de qué le pesa al observador en el alma traqueteada por los viejos raíles del tranvía o henchida de vino verde en una terraza que mira al Tajo. Decía Savater que para llorar se debe uno esconder en un rincón donde nadie le vea, pero para reír se necesitan cómplices. Con la memoria de los viajes pasa algo parecido: para lo que en ellos fue inaprensible riqueza interior —dicha o espanto— es bueno el recato de la reflexión o el apunte manuscrito. Lo que tuvieron de fiesta, de postal, de sol, mantel y copa, más propio parece, en cambio, para compartirse en charla distendida.

5
Tertulia cazada al vuelo. Un economista —que se define como liberal, por más señas— defendía el rescate económico de España. ¿Argumentos? La troika que gobernase entonces (BCE, Comisión Europea y FMI) tomaría la “sabia” decisión de cargarse la organización territorial de España. Vamos, que el sagaz tertuliano liberal, sin que nadie contradijera su prurito rescatador (lo que nos pone en la pista de que los demás contertulios compartían su criterio), defendía, nada más y nada menos, que un golpe contra la soberanía y la constitución a cargo de un triunvirato no de Bruselas, sino de Pavía.

6
Caxigalin(e)a: Era mucho más que goloso, era incluso guloso.

jueves, mayo 31, 2012

Poema urgente

Que amanezca con sol y que la bajamar ofrezca
en las primeras horas del día a los paseantes madrugadores
un planeta de arena sin hollar y una lengua de agua perezosa y tibia
como la de una res estabulada,
no logra hoy conjurar la sombra entintada de los titulares.
Como en ciertos contrapicados del cine expresionista,
las letras de los periódicos han ido creciendo a lo largo de los meses
con la desproporción de las pesadillas.
Se han convertido en edificios levantados hasta mucho más arriba
de lo que la vista acostumbraba a alcanzar.
Y desde sus azoteas se presiente una lluvia
más de empujados que de suicidas.

miércoles, abril 25, 2012

25 de abril

"El capitán de 29 años que se ha jugado la vida horas antes ante cinco carros blindados para salvar la Revolución, que mantiene el cuartel general de la GNR cercano rodeado de soldados rodeados a su vez de una muchedumbre pacífica y exultante, el tipo que no se ha equivocado en el momento en que no tenía que equivocarse, como un verdadero héroe de novela, el militar que se entrevistará poco después con Caetano personalmente para aclarar definitivamente la rendición y que morirá muchos años después, en 1992, de un cáncer, sin aceptar jamás ningún cargo político, ese hombre, Salgueiro Maia, se encogió de hombros ante estos dos gerifaltes y sin soltar el megáfono les respondió:
- Aquí mandamos todos".

Así remata Antonio Jiménez Barca su recuerdo de Salgueiro Maia, Un héroe del 25 de abril. Una historia tan bien narrada como necesaria.

Un universo

Foto de Juan Garay

Me envía esta imagen Juan Garay. Maestro fotógrafo y amigo leal. Como todo buen logro de artista, encierra un universo. El de una ciudad que vive frente al océano y se tiene a si misma casi como el pecio de sus mareas. El de un paisaje sobre el que los cielos son más a menudo óleos que acuarelas. El de una urdimbre urbana, forjada con despropósito de codicia, que dejó  atrapados al menos, por descuido y como fósiles, algunos edificios austeros y hermosos. Pasa uno casi todos los días por este rincón sin agradecer como debe la dicha de pasearlo a la mañana camino del trabajo.  La vieja capilla de San Lorenzo, cuyas paredes de arenisca se han vuelto esponja con el nordeste y la sal marina. La que fuera pescadería municipal, sobria como un templo clásico. El temperado cubo que alberga el consistorio. Y la gracia algo añeja de un hotel donde se rodaron las escenas de un óscar con ocle.

miércoles, abril 18, 2012

Contra la codicia

Así concluye su poema Contra la codicia Rafael Argullol (un homenaje al farmacéutico jubilado griego Dimitris Christulas):

(...) Y falta ya muy poco
para que también la libertad
nos sea arrebatada
por el amor a la codicia,
que parece ya el único amor permitido.
O eso es lo que cree
ese hombre que amenaza sin ira a un edificio
—ese hombre que me recuerda a mi padre anciano—
mientras entona una acusación a los espectros:
"¡los codiciosos!, ¡los codiciosos!".
Y eso mismo es lo que cree
Dimitris Christulas, la mano apretada en la culata,
al observar la plaza Syntagma, centro de Atenas,
situada tan sólo a unos kilómetros
del corazón antiguo, la Acrópolis,
donde hace exactamente 2.454 años
se representó por primera vez Antígona,
y el hombre cantó a lo más elevado de sí mismo:
"Muchas cosas hay portentosas,
pero ninguna tan portentosa como el hombre"
proclama, en el teatro, el coro de ancianos.
Dimitris Christulas dispara.
Al caer se lleva consigo un retazo
del azulísimo cielo de Grecia.

De Senectute

Enlazo a continuación lo último de Manuel Alcántara, que no trata sino de cómo aguantar el tipo dignamente cuando nos corroe la carcoma: "Después de este ensayo general con casi todo, siento una extraña piedad hacia el que era, pero no tanta como para echarme de menos. Me dispongo a jugar la prórroga. A ver qué piensa el árbitro sobre el descuento."

martes, abril 17, 2012

El redentorista


La letra pequeña de los viajes es un detalle casi ilegible de lo que también fueron y se olvidó pronto. Fuimos haciendo previsión semanas atrás de dónde iríamos, pero el mal tiempo pronosticado vino a aconsejarnos un destino distinto, más próximo, menos arriesgado. Se acertó de pleno. Y del menudeo ese al que aludía al principio, fijo ahora por curiosidad, que en la cambiante tarde del viernes, después de pasear largo desde bien temprano, de comer y beber generosamente, de disfrutar de un relajante tratamiento balneario y mientras respirábamos desde el mirador de las murallas un aire húmedo y alcanzábamos a lo lejos el Teleno nevado, un caminante encontradizo nos preguntó si además del paisaje como motivo estético, apreciábamos en el horizonte algún tipo de trascendencia. Ah, la paciencia del viajero descansado y feliz encaja con buen ánimo incluso este tipo de impertinencias místicas. Se trataba de un redentorista. Misionero, nos desveló enseguida, durante treinta y cinco años por tierras americanas. Desde Canadá hasta Chile. Había interrumpido su pequeño rosario anular muy posiblemente para matar el tedio con la charla. Tras una mañana soleada y fría, el cielo se había ido oscureciendo. Pesaba sobre el páramo como un falso techo mohoso y amenazantemente bajo. Por entre el espesor de las nubes se filtraba de vez en cuando el relumbre radial de un sol postrero. En esa telaraña veía el fraile la urdimbre divina. Uno, seguramente tan pegado al suelo como las lombrices, esperaba sin embargo que esa luz proyectase sobre las piedras de la pequeña ciudad episcopal ese relieve final de atardecer que tan bien le viene a las fotos con que fijamos los viajes. Ellas suelen ser su memoria salvada.

martes, abril 03, 2012

Las aguas del río

El sábado, después de una cena muy agradable, T. me aconsejó llevarme un librito titulado Las aguas del río, de Pilar Gómez Bedate. Lo leí ayer, mientras aguardaba por los rincones, como un refugiado en su propia casa, a que el pintor finalizase su trabajo. Poco más de setenta páginas de textos breves y poemas desnudos. De palabras precisas. De memoria y de añoranza. De aguas que transcurren fieles a su universal metáfora. De ocasos que cierran días y avivan el ascua de los recuerdos. De viajes felices. Y de separaciones fatales. En la primera parte, titulada como el libro, la autora hace un somero repaso de la vida. Desde la infancia en guerra al amor tras el que se viaja, y con el Duero zamorano como paisaje de fondo.
“Mi madre se abalanza hacia una ventana para cerrarla en el momento en que, fuera, se escucha el estallido de una bomba. Es de madrugada, mis zapatitos de niña, blanqueados la noche anterior, están secándoe en el alféizar y ocupan todo el espacio, como en una pintura de Magritte. El silencio posterior a la explosión, absoluto y lívido, tiñe al aire de su color”.
En la continuación, Otros ríos (Poemas italianos), se vuelve a Florencia y a su Arno, a las calles de Roma, a la noche de Pisa. Qué sugerente, por cierto, esa ventana iluminada próxima al Panteón donde se acierta a vislumbrar la promesa de un hogar compartido.
“En una de aquellas calles que rodean a este templo sin igual, y en nuestro camino de vuelta al hotel del Corso, cuando ya las luces de los interiores estaban encendidas, había una ventana en la que siempre se fijaban mis ojos: una ventana alta y alargada, próxima a una esquina, por cuyos finos visillos blancos se adivinaba la lámpara baja que bañaba la estancia en claridad dorada. (…) Yo añoraba una ventana como aquella que pensaba nunca poder tener pues, enamorados clandestinos y amantes viajeros como éramos, ¿de qué hogar íbamos alguna vez a ser dueños? ¿de qué ventana cuya lámpara pudiese cobijarnos alrededor de una mesa? Aquella ventana cercana al Panteón romano ha sido para mí, durante años, el símbolo de lo añorado.”
En De nuevo, el Duero, la muerte ya ha segado la dicha y hay un retorno a las aguas primeras, esas que cierran definitivamente el libro con una Suite final donde el río va “duplicando en su seno las imágenes de cuanto lo rodea / desde su nacimiento hasta la muerte”, como lo que se escribe. Pero el verdadero cauce sobre el que fluyen estas páginas no es otro que el reconocimiento a Ángel Crespo, no como poeta —que lo fue y de los grandes—, sino como compañero de vida al que se agradece lo compartido y del que se extraña la ausencia.

viernes, marzo 23, 2012

Caxigalíne(a)s

Todo confinamiento es una soga que se ciñe por el cuello al  ánimo.

En la determinación de la sonrisa como gesto irrenunciable de un carácter, hay un olvido de difícil perdón: el de la conciencia.

Cantar con los amigos es un placer alegre y euforizante. ¡Qué pena dan  los afónicos de espíritu!

martes, marzo 13, 2012

Un libro para zurdos

N. diseñó hace ya unos años un pequeño y hermoso libro para zurdos. Quién sino un zurdo hubiese tenido tal consideración. Una pequeña caja negra y lacrada abierta por su lado izquierdo. Y en su interior, dos plaquettes: El libro de las horas, de Juan Ignacio González, y De entre las ascuas, de un servidor. Se ha reeditado ahora y sigue siendo una extrañeza para las manos y un placer para la vista. Un poemario para zurdos. Para minorías. Y sobre todo para amigos, que son siempre la más selecta de las minorías. Estos que a continuación transcribo son dos de sus poemas. En el primero, Juan I. González recuerda una humillación de su infancia como niño emigrante (sus padres lo dejaron un día al cuidado de una vecina recelosa de aquellos sureños morenos que llegaban a su país a ganarse la vida como podían). En el segundo, uno hace memoria.

SOBRE LA TOLERENCIA (1966)

Madame Legrange, supongo
que sólo tuvo miedo.
Miedo y un desconocimiento grande y triste
sobre a qué debe oler
un pequeño español en el exilio.
De modo que un mal día
que madre estuvo enferma,
por orden taxativa de su esposo
—un patriota tullido de las Ardenas—
y una tácita acción de vecindad,
me recogió a la puerta del colegio
y me ofreció su casa,
como un pequeño campo de exterminio.
Armada de unos guantes y un cepillo,
frotó con más que ahínco mi cabeza
—aún viene a visitarme algunas tardes
un dolor muy agudo en las orejas—.

Buscó piojos huidizos
(los tuve alguna vez)
y examinó mi ropa, plagada de zurcidos,
con detalle.
Loada sea
el agua limpia que dejé en su bañera.
Loado sea el instante que padre tocó al timbre,
el dintel de mi casa
como un pequeño arco de triunfo
después de la ignominia.

Loada una y mil veces
la tierra curva del dolor sobre el lecho,
el rostro de mi madre.

Juan Ignacio González


ALGUNAS IMÁGENES INOLVIDABLES

Si inventariase los recuerdos
más dulces de tu cuerpo,
salvaría sin duda aquella risa primera
que aún guardo en la memoria
abriéndome en dos el pecho.

Si quisiera dibujarte
en el escorzo con que el tiempo
modela los deseos,
tus piernas calzarían
la noche hasta los muslos
y en la hendidura misma del alba
se ocultarían tus dedos
como sierpes tenaces
que te reptan la dicha.

José Carlos Díaz

domingo, marzo 11, 2012

El ascua

Contra toda superstición, tomé la foto desde la fila trece. Se fijó la imagen y resultó un entrañable concierto. Y muy necesario también, porque los asideros del alma nos ayudan a soportar el paso de los años y a las canciones de Paco venimos agarrándonos toda una vida como al aire que exigimos trece veces por minuto. Fue además para mí, como padre, un concierto especial porque sabía sentado cerca a quien hace casi nada era un crío al que le cantábamos que los lobos pueden ser buenos, los príncipes malos, las brujas hermosas y los piratas honrados. Un crío crecido ahora que toca la guitarra soñando, imagino, su propio mundo al revés, y en cuya mirada atenta uno pareció adivinar al final del concierto un ascua de ese fuego irredento con que Paco ha venido alumbrándonos el ánimo a tantos durante tanto tiempo.

miércoles, marzo 07, 2012

Una botella tunecina

Esa botella es tunecina. En su otra vida guardó un licor transparente y rabioso que Samir nos dio a probar cerca de Tozeur. Recuerdo que llegué a aquel palmeral oyendo en la memoria la vieja canción de Battiato, I treni de Tozeur.  Era verano, el mejor de los tiempos si se comparte la dicha y se cuentan los años justos como para gozar del milagro del sol sobre las pieles. Esa botella lleva mucho tiempo con nosotros y a veces adorna con unas pocas flores la mesa en que nos sentamos con algunos de nuestros amigos. Hace unos días, mientras cocinaba, la vi en un rincón y se me antojó demasiado desnuda. Le hurté al guiso una rama de perejil fresca. Lució distinta. La luz oblicua de la mañana le arrancó además unas pinceladas blancas al vidrio. Tomé entonces la fotografía de ese instante en que calculé mentalmente la infinita distancia que separa un viaje bajo el cielo protector del norte de África y las cazuelas de un oficinista que prepara durante la mañana del sábado la comida de la semana.