viernes, julio 13, 2007

Era un lector voraz pero desmemoriado. Así que cuando necesitaba una cita con la que introducir algún escrito propio -siempre han resultado elegantes tales detalles de precisa erudición-, se la inventaba. Esa inocente impostura decía mucho de su modo de leer -¿de vivir quizás?-: aprovechamiento por precipitación de la sustancia y desinterés hacia todo lo demás.

2 comentarios:

FPC dijo...

Borges resolvió el problema con la limpieza embrollada que le caracterizaba: se inventó los libros y las citas que de ellos sacaba.
Un abrazo.

Joaquín dijo...

Si sólo contase la sustancia, qué digo un sólo libro, creo que no haría falta leer libros. El inventario de ideas posibles es muy limitado, y ya está dicho todo y de todas las maneras posibles. Ergo...

Saludos.