domingo, julio 01, 2007

Momentos

De pronto, leyendo, viendo u oyendo algo de lo que quizás no se esperaba inicialmente conmoción alguna, que tal vez en circunstancias distintas pasase casi inadvertido, de pronto, digo, se siente de dentro hacia fuera una especie de revelación que nos vuelve comprensible el mundo, que nos reconcilia con la vida, una suerte de verdad irrefutable que se expande desde la víscera a la epidermis volviéndonos las carnes tan transparentes como sentimos lo son por un instante todas las cosas que nos rodean. En esos momentos seríamos capaces incluso de soñar apacibles el resto de nuestros días. En fin, pasa de vez en cuando y dura poco. Vuelven pronto las dudas, que son el envés de las certezas. Pero aún así merecen la pena esos instantes. Y dejan poso. Por eso hay que volver a ciertos libros, a ciertas músicas, a ciertos paisajes. Por eso hay que cuidar de ciertos afectos. En todo ello andan las fugaces revelaciones de la dicha.

4 comentarios:

FPC dijo...

La vida es así, claro. Me gusta que uses un verbo que utilizo con mucha frecuencia: "reconciliar". A veces asquea tanto lo que se vive (no la propia vida, aunque en ocasiones no es fácil tampoco) que encontrar algo que te "reconcilia con el mundo" (es mi expresión) es motivo de un bienestar y de una cierta felicidad más estables y duraderos que los proporcionados por algunas alegrías más superficiales. Y ya lo creo que merecen la pena.
Un abrazo.

raquel dijo...

Sí, es maravilloso cuando pasa y tienes la clarividencia para entenderlo y sentirlo. Luego el reinicio y esa espiral interminable en la que todo vuelve a suceder pero siempre de forma distinta.
Saludos

Luna dijo...

Me parece que uno de los mayores errores que cometemos es, no saber reconciliarnos con nosotros mismos, nos exigimos tanto, que no nos damos cuenta de las cosas preciosas que pasan por nuestro lado a diario.

Saludos

Diarios de Rayuela dijo...

Y cuando esos buenos mmomentos se gozan, sucede -y de eso hablaré en otra entrada- que nos invade -masoquismo puro- lo que Borges definió como nostalgia del presente. Yo al menos la siento. Es como una melaconlía a futuro.
Seguro que sabéis de que hablo.
Un abrazo.