sábado, mayo 17, 2008

Mirador


Sábado. La Ñora. Habían anunciado lluvia. Día espléndido.

5 comentarios:

amart dijo...

Cuando los errores en las predicciones tienen estas consecuencias, es cuando se siente verdadero amor por los meteorólogos (o metereólogos, como también se dice hasta la saciedad).
Un abrazo.

Sir John More dijo...

Dos mundos distintos, en verdad...

Abrazos llenos de nostalgia.

Diarios de Rayuela dijo...

Efectivamente, Amart, las sorpresas -que por definición son cosas inesperadas-, cuando son agradables nos ponen a bien con el mundo y hasta con los hombres del tiempo. Otra cosa son las predicciones del tiempo para esta parte de la península, que tal parece que nos han pegado encima con superglú el dibujito de las nubes y el chaparrón y no nos lo quitan ni de coña. Consecuencia: que la hostelería está de uñas habitualmente con los meteorólogos. Espantan a la clientela. Y no es para tanto, coño, no lo es.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Dicho lo cual -vamos, lo que se le respondió a Amart-, a uno le queda, querido Sir, la difícil papeleta de cuadrarlo con lo que tuvieron ustedes que soportar por estos lares. Cayó agua hasta decir basta. Pero le juro que aquí, de vez en cuando, hasta brilla el sol.
De verdad. Un abrazo.

Sir John More dijo...

Y aunque no por esta última semana que pasamos en tu tierra, sí por otras muchas, doy fe de que es así, de que Asturias y Cantabria son lugares de clima amable. De no ser así no repetiríamos tanto... Abrazos.