domingo, marzo 04, 2012

Comparaciones inapropiadas

No deben compararse. Películas muy diferentes. Intenciones radicalmente distintas. Pero como uno las vio seguidas, ha tenido la inclinación de ponerlas en un mismo plano, enjuiciadas quizás arbitrariamente por este espectador que más que por el rigor se ha dejado llevar por eso tan subjetivo que llaman parecer. Ventajas de mantener una bitácora sin compromisos. Le Havre y The Artist. Kaurismaki y Hazanavicius. El reducido espacio de un barrio portuario y el ambiente glamoroso de los estudios cinematográficos de Hollywood. En una, la historia de un adolescente subsahariano sin papeles que busca a su familia y es arropado por unos cuantos desgraciados. En la otra, el cuento de un afamado actor de películas mudas que no se sube a tiempo al tren del sonoro y pierde, poco a poco, fama y fortuna. En ambas, la redención del final feliz. O casi. La alegría de los pobres siempre es menos exigente. La mezcla de drama y comedia tiene mucha más verdad en Kaurismaki. The Artist es sobre todo artesanía; divierte, pero deja por poso poco más que un reto técnico, no una historia original, ni unos personajes reales: su apuesta por la recuperación del cine mudo es tan fiel como estéril. De Le Havre, cuando pase el tiempo, recordará uno a ese limpiabotas de principios urdiendo la complicidad de un barrio humilde para esconder primero al chaval africano llegado clandestinamente en un contenedor de mercancías y, más tarde, para conseguir el dinero suficiente con que pagarle el viaje a Londres, donde lo espera su madre. La humildad de las casas. De las tabernas. De las calles próximas a los muelles. Un cuento de generosidad para los malos tiempos que transitamos. Con qué poco se le puede dar sentido a la vida. Quizás esté siendo injusto con esto de las comparaciones. Quizás no se deba nunca mezclar talento y ocurrencia. Genio y oficio. De Kaurismaki queda un estado de ánimo, una fábula para la dicha y la bonhomía. De The Artist, unos cuantos óscars,  tantas veces salario de los pasatiempos.

jueves, marzo 01, 2012

El tasbih

Ayer viaje a T. Calentaba allí un sol tibio. Leí afuera sobre la mesa de pizarra. Una laja irregular y apacible al tacto. Me fui luego caminando más allá de los molinos. El sendero estaba tapizado de hojarasca. El ruido de los pasos ahuyentaba a los pájaros. Me detenía a ratos a mirarlo todo. Panorámica del silencio. De los verdes cuajados. Del arbolado todavía invernal. Castaños, robles, abedules, avellanos. Cielo azul. Aire transparente. Anda el bosque aún desnudo y si se aplica el ojo al ramaje, como un zoom de muchos aumentos, se fija en la retina la confusión de un pollock monocromático; de un osario acumulado y revuelto. Sin embargo, en el viaje había descubierto con alegría los primeros brotes primaverales. Mimosas y tojo. Amarillos intensos. Y una luz clara y seca sacándole brillo incluso a las sementeras. Al día le engarcé esas y otras cuentas: un arroz sabroso en compañía,  el lomo dócil de los perros guardianes, dos abubillas tras un laurel, un petirrojo arrogante y un halcón que volaba confiadamente bajo. Y todo lo repaso a la noche como si sobara un tasbih de huesos pulidos, los de unos frutos en sazón hurtados al paso del tiempo.

martes, febrero 28, 2012

Interior


No es pereza. Ni desánimo. Son pocas ganas. Y un freno de incertidumbre. La que nos transmite este tiempo que vivimos. En la que nos sume lo que se escribe y queda arrumbado en la poca agua, como esos barcos fotografiados en contrapicado que esperan su desguace. Sé que siguen pasando los que han tomado por costumbre desviarse a menudo hasta la antojana de esta casa y me temo que la presienten ceñida pronto de hierbajos. Creen incluso ver a veces a su dueño tras las cortinas. Vuelto de pronto un salinger huraño y fotofóbico. Quizás piensen también que se ha echado el cierre al colmado sin bajar siquiera la persiana, en una fuga callada que buscase ponerle tierra de por medio a la marea de esa ruina pertinaz que todo parece asolarlo en los últimos tiempos.  Nada es así del todo, siéndolo de algún modo en parte. Porque las pocas ganas no cuidan bien ni de uno ni de lo que le rodea. Las pocas ganas apagan luces y echan contraventanas. Aunque no tienen por qué rendirnos. Aunque deben combatirse sin desmayo.  Mucho más si, como de éstas, sabe uno su motivo: qué decir que no resulte vano; qué decir que pueda pisarse en firme; qué decir que pueda resultarle un guante a alguien. Cuando todo parece propicio a la soflama, con más pudor deben elegirse las palabras. Entretanto, más que salir hacia fuera, dejo que vayan poco a poco entrando algunas esquirlas de luz dentro. En la pretensión de que, como decía Ramón Gaya de su pintura, se alcance un temple “sin alharaca alguna, sin gritos, sin protestas, sin iras, sin nada de eso, porque la pincelada verdadera y profundamente expresiva es callada”.

lunes, febrero 06, 2012

En la muerte de Wislawa Szymborska

Morir, eso no se le hace a un gato. Porque así hemos quedado, como un gato en un piso vacío. Porque aquí había alguien que estaba y de repente se ha ido e insistentemente no está. Y como animales curiosos revolvemos sus papeles. Y en la noche de Cracovia, en medio de las sombras de una habitación donde las lámparas ya no se encienden, dilatamos las pupilas en una lectura insomne. Agradecida.

Condolientes:

Szymborska, una despedida, en el blog de Antonio Muñoz Molina: "Con Mozart, con Paul Klee, con Lester Young, compartía la capacidad de ser ligera y honda al mismo tiempo."

Despedida de todos los paisajes, por Abel Murcia (uno de sus traductores) en ABC: "Hoy hará un poco más de frío en Cracovia. Y a todos nosotros nos quedará recordar desde lejos. O desde algo más cerca, si nos adentramos en sus versos para que nos siga ayudando a entender el mundo."

Ligeramente grave, de Fernando Savater, en EL PAÍS: "Su poesía es reflexiva sin engolamiento ni altisonancia, de forma ligera y fondo grave, directa al sentimiento pero sin chantaje emocional. Breve y precisa, escapa a ese adjetivo alarmante que tanto satisface a los partidarios de que importe el tamaño: torrencial. Sobre todo nos hace a menudo sonreír, sin incurrir en caricaturas ni ceder a la simpleza satírica."

Retrato de mujer, Javier Rodríguez Marcos, en su blog de EL PAÍS: "´Esta primavera los pájaros han vuelto a regresar demasiado temprano. / Alégrate, razón, también el instinto se equivoca`. Esos fueron tal vez los primeros versos de Szymborska que pudieron leerse en un periódico español. Fue en 1996. Le habían dado el premio Nobel."

Do Widzenia, Wislawa, de Martín López Vega, en su blog de EL CULTURAL: "Inteligencia, humor, ternura: la receta de la sabiduría de una felicidad consciente de que en ocasiones puede estar hecha apenas de dolor atenuado."

Adiós a Wislawa Szymborska: un diálogo con Félix Romeo, en el blog de Antón Castro: "Creo que cada poema lo escriben dos personas. Hay una persona que es la que siente las cosas, la que las experimenta, la que piensa. Y otra persona, que está detrás de mí y dice: "¿No estarás exagerando?, ¿qué va a entender el lector de lo que estás escribiendo? y, además, ¿para qué le sirve?" Ese yo irónico está siempre, pero si desaparece escribiré muy malos poemas... ¡Y si desaparezco yo, también serán malos! (Risas)"

La muerte, sin exagerar, de Eduardo Jordá, en El Diario de Mallorca: "En uno de sus últimos poemas, Szymborska decía que debíamos sentirnos afortunados por vivir en este mundo, ´un rincón modesto,/ en el que las estrellas dan las buenas noches/ y hacia el que parpadean/ sin ningún significado`. Puede que en el parpadeo de las estrellas no haya ningún significado. Pero leyendo a Wislawa Szymborska, uno podía estar seguro de que en ese parpadeo sin sentido iba a encontrar un instante de felicidad."


Collage de Wislawa Szymborska

Un gato en un piso vacío

Morir, eso no se le hace a un gato. / Porque qué puede hacer un gato / en un piso vacío. / Trepar por las paredes./ Restregarse entre los muebles. / Parece que nada ha cambiado / y, sin embargo, ha cambiado./ Que nada se ha movido, / pero está descolocado. / Y por la noche la lámpara ya no se enciende. / Se oyen pasos en la escalera, / pero no son ésos. / La mano que pone el pescado en el plato / tampoco es aquella que lo ponía. / Hay algo aquí que no empieza / a la hora de siempre. / Hay algo que no ocurre / como debería. / Aquí había alguien que estaba y estaba, / que de repente se fue / e insistentemente no está. / Se ha buscado en todos los armarios. / Se ha recorrido la estantería. / Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado. / Incluso se ha roto la prohibición / y se han desparramado los papeles. / Qué más se puede hacer. / Dormir y esperar. / Ya verá cuando regrese, / ya verá cuando aparezca. / Se va a enterar / de que eso no se le puede hacer a un gato. / Irá hacia él / como si no quisiera, / despacito, / con las patas muy ofendidas. / Y nada de saltos ni maullidos al principio.

de Wislawa Szymborska

jueves, febrero 02, 2012

Fotogramías

" Sed o no sed..."
                                              Esther "Hamlet" Williams

Sofari

martes, enero 31, 2012

Crónica parcial de un recitado

Encuentro poético con Juan Ignacio González.  Enero de 2012.
Uno escribe una poesía más intimista, por tanto, más pegada a lo que se es, a lo que se siente y a cuanto nos desasosiega; explicado todo como para entenderlo a solas y una vez se posa en el papel y se lee y se corrige y se fija finalmente como una certidumbre escasa pero que nos permite agarrarnos, por un breve espacio de tiempo, a la tierra. Nacho probablemente no tenga cuando escribe muy distintas inquietudes. Pero él no las acota hasta el minifundio emocional, sino que trata de adornarlas con la música apropiada y de trufarlas con iconos reconocibles y colectivos. Convierte por tanto sus cuitas casi en canción compartida. Por eso su recital resultó tan alegre como un góspel de iglesia negra. A ello contribuyeron, no poco, sus tablas en aulas y púlpitos públicos. Eso favorece la comunión instintiva con los oyentes, alcanzada del todo con la recitación de Fiat lux, que es una oración rabiosa, secular, con ritmo de cármina burana y que provocó aplausos y humedeció miradas. El despecho y la risa, administrados con sabiduría, no mezclan mal: se sabe que siempre hay motivos suficientes para la indignación, pero también que nada resulta tan fatigoso como un profeta malhumorado. Por eso Nacho a veces se vuelve un poco catulo y canalla. Por eso se tiene lástima de niño exiliado en la necesidad. Por eso introduce cada poema con gracias, sucedidos, imprecaciones o melancolías. Es la maña de quien cuida la escena como debe: luces y utillería. La poesía de los juglares se bate el cobre en plazas públicas y, en no pocas ocasiones, emboba con añagazas a los gentiles.Esta otra poesía, sólida y entonada poesía, en las manos y la voz de un juglar con oficio, sí, pero con verdad también, puede tanto con los fáciles como con los recelosos. Lo puedo jurar porque algo sé de prevenciones: ¿quién no se enfrenta con reticencia a los versos de otro cuando él mismo también hace versos? Pero, ¿quién podría ser tan avaro como para no apreciar lo que le emocionó de veras cuando, además, venía de un buen amigo al que tanto se quiere?

Ahi se dejan algunos versos de su Fiat Lux:

En las palabras del pastor de rebaños
que amansa el miedo de los niños
con la sal de la vida
detrás de la alambrada
de los campos heridos de Darfur.
Calle arriba, en la Alfama,
muriéndonos de amor.
Asesinados
por los fados de Amalia,
en la tasca más triste
donde hace tiempo ya,
olvidamos alcanzar el tranvía
de retorno a la nada.
Bajo las ruinas de un teatro-refugio
en Sarajevo,
cuando Mirko dormía
abrazado al cadaver de su madre
asesinada por francotiradores,
y los niños jugaban
a amamantar sus miedos,
con las venas abiertas,
porque no había esperanza.
Al bajar una a una
las gradas de Mathausen.
Una gota de vodka
por las heridas de los sacrificados
en la desesperanza,
mientras la orquesta de violines judíos
despide el tiempo de la redención
con un poema de Paúl Celan.
Por la turbia mirada del río,
en que el poeta decidió ayudar a la muerte,
mientras el Sena pasa
de largo por tu escote.
Por la risa expatriada
de aquel niño de Gaza,
que enfrenta al aguacero de las ráfagas
su honda de dios menor.
Bajo el pañuelo blanco de la plaza de Mayo,
mientras las madres pasan lentamente
buscándonos,
buscándolos,
proscritas de encontrarlos,
para siempre
como en aquel Decreto de “la noche y la niebla”
Por todas las violadas
por las hordas terribles
de Vladik y Milosevic.
Por las niñas ninfas de ciudad Juárez
asesinadas con la anuencia
de la Coca-Cola y Mister Shell.
En el olor dulce y seco de la melancolía
de tus ojos cauterio
que acuden a mi herida.
Por sobre las preposiciones de la duda,
alcemos de una vez la copa del invierno
y,
                    ¡hágase la luz!

jueves, enero 12, 2012

miércoles, enero 11, 2012

Otro "lunes al sol"

Otro “lunes al sol” —aunque hoy sea en realidad miércoles—. Pese a que las doy por bien cundidas, siempre cree uno que podría aprovechar todavía mejor estas mañanas sin trabajo. Pero la pereza gusta de ponerle palos a las ruedas. Debe reconocérsele, no obstante, que a cambio nos brinda no pocos buenos ratos de ensimismamiento dulce, de esos como cuando nos arrebujamos bajo las mantas en los días fríos. Pero la muy artera  consigue a menudo retenernos a su lado más de lo conveniente, como esas madres absorbentes que para que no se les vayan los polluelos son capaces de ponerles lastre en las alas. En todo caso, paseé largo y sin prisa. Cuando salí a la calle aún estaba la helada desprendiéndose a desgana de la tierra, como clara de huevo. Salió luego el sol y pese al frío daba gusto caminar con un aire tan limpio y transparente.
Saqué algunas fotos en blanco y negro de los árboles desnudos. Saturé el color sin embargo al acercar la lente a las últimas hojas de cobre que resistieron el final del otoño. Finalmente me senté en una terraza a tomarme un café bajo la luz esplendorosa del mediodía. Leí durante un buen rato. Volví a casa por el Muro. Le encontré a la playa unas tonalidades de pintor acrílico y demasiado alegre. Caprichos de las mudanzas climáticas que dan últimamente, incluso por aquí, más motivos sorallescos que tamices propios, de esos que singularizaron los pinceles de Valle o de Piñole.

martes, diciembre 20, 2011

Joseph Gluckstein Links

Joseph Gluckstein Links (1904-1997) nació y murió en Londres. No suele ser habitual que a un autodidacta se le reconozca como experto en el especializado mundo de la historia del arte. Pero así ha venido a ocurrir con Links, a quien se le considera como el mayor entendido en Canaletto. Su bibliografía sobre el pintor veneciano se inicia con Vistas de Venecia de Canaletto, editado por Antonio Visentini en 1971, sigue con Canaletto, en 1976, y finaliza con Canaletto y sus mecenas, en 1977.
Además, la exposición sobre Canaletto que albergó el Museo Metropolitano de Nueva York en 1989 fue concebida por el propio Links y tanto la catalogación como el préstamo de las obras que entonces se mostraron al público fueron posibles gracias, por una parte, a su conocimiento enciclopédico sobre el autor, y, por otra, a los contactos y amistades que su afición le procuró.
El padre de Joseph Gluckstein Links fue un refugiado judío húngaro que se introdujo en los negocios de la piel a través de la firma Links Calman. Su madre murió cuando Links sólo tenía 12 años. Poco después dejó la escuela porque su padre había enfermado y era conveniente que se adiestrase en el comercio de pieles antes de quedar huérfano. Su prosperidad en esta profesión llegó al punto de obtener la cédula real como peletero de la Reina. Y hasta escribió en 1956 un libro sobre la materia: El libro de piel.
Pero su curiosidad se orientó también hacia la literatura, escribiendo en la década de 1930 varias novelas policíacas, como Se adjuntan pistas (1939) y La Masacre Malinsay (1938), que fueron muy populares y llegaron a reeditarse en la década de 1980.
En la Segunda Guerra Mundial Links participó como comandante de las RAF. Conoció entonces a Robert Lutyens, hijo del arquitecto Sir Edwin Lutyens, y a través de él a su hermana María, con quien se casó en 1945. La luna de miel los llevó a Venecia. Ambos quedaron fascinados de por vida con la ciudad de los canales. Durante treinta años la visitaron dos o tres veces al año. Ese fervor llevó a que Linkse, en los años sesenta, se involucrará en la creación del Fondo Venecia en Peligro, creado para salvar de las aguas a los edificios de Venecia, convirtiéndose en uno de sus principales impulsores y recaudadores de fondos.
El interés por Canaletto nació de su pasión por Venecia. Su mujer; María, le regaló entonces una copia de la monografía de Constable sobre Canaletto en el que el autor reseñaba un cuadro que daba por perdido y que Links reconoció y ubicó. Él y Constable empezaron entonces a intercambiar correspondencia y, cuando Constable llegó a Inglaterra, le pidió Links que se hiciera cargo de la segunda edición del libro, tarea que le ocupó durante seis años. Su Canaletto se publicó en 1976.
Dado que muchos de sus amigos viajeros le solicitaba consejo sobre qué ver y hacer en Venecia, el editor Max Reinhardt le sugirió que esas pequeñas guías bien podían convertirse en un libro. Nació así su obra más querida, Venecia por placer (1966), que fue descrito por Bernard Levin como "No sólo la mejor guía turística de la ciudad que se ha escrito, sino la mejor guía turística de cualquier ciudad que se ha escrito".
A su vez, Mary Lutyens, aunque fue también novelista de cierto prestigio, se consagró finalmente en el estudio de la vida y obra del filósofo indio Krishnamurti. Dicen que Links y María fueron un matrimonio feliz. Que disfrutaron juntos de la amistad, la música, la lectura y de su trabajo literario. Y que consiguieron, además, que las veladas de su casa de Sussex se hicieran famosas por la excelencia de los martinis secos.

lunes, diciembre 19, 2011

Caxigaline(a)s

El tiempo se cuenta por pedazos, como cualquier otro destrozo.

La impertinencia de la víscera: manifestarnos incapaces de callar lo que no viene al caso no es sino confesar que lo que sí viene le importa mucho menos a nuestras urgencias.

Confortada por sus ideas solidarias, se tenía por persona comprometida, pero la realidad la puso frente al auténtico compromiso: el infortunio de los suyos. En tales bretes, depende de cada conciencia que uno se apañe con un carné y mire hacia otro lado o se sienta obligado a remangarse.

Sobre los cadáveres vuelan los buitres. Aves hambrientas, sí, pero de vez en cuando también necrólogos sin reparos.

viernes, diciembre 09, 2011

Ni una ciencia, ni un arte...

"El interés de Hélène por la economía había disminuido mucho a lo largo de los años. Cada vez más, las teorías que trataban de explicar los fenómenos económicos, de prever sus evoluciones, le parecían más o menos igualmente inconsistentes, aventuradas, cada vez tenía más ganas de asemejarlas a la pura charlatanería; en ocasiones se decía que era incluso sorprendente que concedieran un Premio Nobel de Economía, como si esta disciplina pudiese alegar la misma metodología seria, el mismo rigor intelectual que la química o la física (…). La economía casi no estaba ligada con nada, sólo con lo más maquinal, previsible y mecánico que había en el ser humano. No sólo no era una ciencia, sino que no era un arte, en definitiva no era prácticamente nada en absoluto."
Michel Houellebecq, El mapa y el territorio

miércoles, diciembre 07, 2011

Donald Toole


A Donald Toole le gustaban los hombres y el boxeo. Nació tullido. Tuvo siempre que pagarse sus caprichos y nunca pudo subirse a un ring. Dicen que hubiera cambiado a gusto su cátedra de literatura contemporánea en Princeton por aguantarle un asalto de pie a uno de los grandes. Escribió un único libro de poemas: The winged fighters.  

A veces arrojamos la toalla
por entre las cuerdas del cuadrilátero
con la resignación de que nada se puede hacer
por un tipo conmocionado
que ni siquiera consigue
ponerse en guardia.
¿Qué tienen que ver esos púgiles con nosotros?
¿Nos han pedido acaso
este último gesto de piedad?
¿Qué nos llevaremos a la esquina
después de que la campana suene
con la urgencia de las sirenas?
Compartimos su derrota.
Quizás hasta una pequeña parte de su dolor.
Pero nunca las heridas ni la sangre.

lunes, noviembre 28, 2011

One day in that time

Las ventanas estaban abiertas.
El aire las batía
como palmas de espectadores
en torno a un ring de boxeo.
Tan atenazante es a veces el abandono
que ni siquiera nos conmueve
el estruendo de una grada.
Sobre el suelo se hicieron
de golpe añicos los vidrios.
Al sexto o séptimo asalto
todo acabó en un fuera de combate.
Cuando el público desalojó el estadio
había sangre en la lona
y ceniza de cigarros por el suelo.
Pero tampoco entonces
se me abrió un resquicio
de lástima en los ojos.

Stephane Furber

lunes, noviembre 21, 2011

21-N

Ayer me fui pronto a dormir. A la luz de los faroles miré el prado que ciñe la casa. La segadora había dejado el jardín casi al ras. No obstante, por debajo del tilo quedaron unos puñados de hierbas confiadas en su suerte, pero a la sombra. Contra el muro, abatida en su periferia, se resistió un borde de vegetación arrinconada. Durante algún tiempo se verá todo como más despejado. Luego, las inclemencias del tiempo tendrán la última palabra.

viernes, noviembre 18, 2011

Caxigalíne(a)s

Qué difícil resulta desmentir las interpretaciones que los demás hacen de nuestros silencios. Nos fuerzan una intimidad imaginaria y nos abocan a cubrir las vergüenzas de quienes pasan por nosotros.

Toda ficción no suele ser más que un collage que remienda retales de memoria. Trastocados en el tiempo y el espacio, aparentan un mundo imaginado.

Hablaba a menudo con diminutivos —como los cocineros de la tele—. Confundía delicadeza con sufijos. Y a uno, cuya infancia fue carne de barrio, esas finuras sin cuento le provocaban, más que arcaditas, soberanas náuseas.

La embriaguez nos vuelve a menudo excesivamente efusivos. La alegría también. La resaca de ambas produce vergüenzas no demasiado distintas.

jueves, noviembre 17, 2011

Graffitis mu(o)rales

Ha tenido Fernando Menéndez la atención de enviarme su nuevo libro. El título de esta entrega es Graffitis. Se trata de una edición privada de ciento cincuenta ejemplares, de los que cien van artesanalmente encuadernados en rústica por el propio autor. Fernando no es sólo un manitas con buen gusto para los papeles, la tipografía o las ilustraciones, es además un creador constante y muy dotado para la punzada expresiva. Combina bien esos latigazos de pensador con el apunte de un escritor de breverías que es, además, un artesano de la impresión. Los graffitis de este libro vienen precedidos de una cita de Juan de Mairena: “Tentar el pulso a la calle, ésa es la tarea”. Y a fe que se hace en lo que sigue: sesenta apostillas mu(o)rales de las que se detalla dónde fueron garabateadas y en qué cuadernos registradas por Fernando Menéndez. Así que todas aparecen siguiendo esta estructura:

F.M., cuadernillo rojo, pág. 14.
Lugar: en el interior de un ascensor.
El político es un fetichista: ama más tu voto que su idea.

F.M., cuadernillo rojo, pág.13.
Lugar: en el portal de un partido político.
Gilipollas, el pueblo es el soberano, no los mercados.

F.M., cuadernillo II, pág. 13.
Lugar: en un panel de anuncios.
Político de buenas intenciones, busca alguien que se las quite.

F.M., cuadernillo rojo, pág. 6.
Lugar: en una silla de la sala de juntas
Aquí, el capital enculó a la política.

Queda claro en los ejemplos seleccionados que este Mairena de Fernando Menéndez se nos ha vuelto no sólo grafitero sino hasta perroflauta. Que divierte y que denuncia. Y que escribe ciñéndose bien a la superficie sobre la que se apoya. Así que no descarten que en un plazo más bien breve la calle haga suyos muchos de estos graffitis. Tienen fuerza y razón.

viernes, noviembre 11, 2011

De Pla

"Yo he tratado de poner adjetivos detrás de los sustantivos y es la única cosa que he hecho en mi vida. Y por esto fumo, para buscar adjetivos. Yo pongo una puerta. Ahora hay que buscar el color de esa puerta... y la forma de esta puerta. Buscar el adjetivo exacto, y si lo encuentro lo pongo. Raras veces se encuentra el adjetivo. Pero si se encuentra el adjetivo, uno se puede ir a comer a casa. Comer una sopa, una tortilla. Y no envidiar nunca nada a nadie."
Josep Pla
Ver el documental: Josep Pla, a 30 años de su muerte
(De entre los Imprescindibles de RTVE)

jueves, noviembre 10, 2011

Campaña

Pugna televisiva entre Rubalcaba y Rajoy. Uno con sus lastres. El otro con sus taras. No hubo fuera de combate. Se decidió a los puntos. Me fui a la cama sin aguardar el recuento. No estaba dispuesto a que tanto juez parcial como anda suelto terminara por quitarme el sueño.

Vi a T. haciendo campaña. Iba embutido en una camiseta del color de su partido y montado en una bicicleta que llevaba atados al manillar algunos globos del mismo color. Afortunadamente no adivirtió mi presencia. Mejor así. Se evitó el bochorno. El mío al menos: bochorno ajeno. Sabido es que el fin no justifica en ningún caso los medios; tampoco, por tanto, los de locomoción.

Nuevo debate. Esta vez a cinco voces. Todos solistas. Ninguna armonía coral. Así nos va. También éste me lo inyecto en vena. La campaña amenaza con dejarme cara de yonqui. Debería cuidarme más y quitarme de semejantes vicios.

Mi mujer vota por correo. Sólo pensar en que podía presidir de nuevo una mesa electoral le provocaba pesadillas. Ayer llegaron las papeletas electorales. Se les ha dado uso. Al dorso, apuntamos  la lista de la compra. El papel es de mala calidad y transparenta el nombre de los candidatos. Es como escribir sobre sus espaldas. Sherpas de ultramarinos.

martes, noviembre 08, 2011

Apuntes

Ahora sabría, demasiado tarde me temo, darle respuesta cierta a la pregunta de qué querría ser de mayor: un rentista con el gusto suficientemente educado como para escribir un diario ameno e inteligente, como para vivir a gusto en una ciudad de provincias, como para envejecer sin más sobresaltos que los propios de un padre razonablemente afortunado y de un hombre descreído y sin embargo empeñado en apurar cualquier dicha, pero en sigilo.

He aprendido a que no merece la pena apostillar las opiniones políticas de quienes, con demasiada fe y escasa intuición, se desahogan creyéndome de los suyos. La sola perspectiva de que ese plural me abarque termina por enmudecerme. El silencio, por tanto, puede ser a veces un esfuezo más social que la palabra.

jueves, noviembre 03, 2011

Caxigalíne(a)s

Amanece mientras camino hacia el trabajo. El sol se levanta sobre mis hombros.

¡Cuánto entusiasta de si mismo: fieles, militantes políticos, hooligans, patriotas…!

Campaña electoral: la competencia desleal le arrebata las calles por unos días a los testigos de Jehová.

Lectura especular. Hay quien siempre busca en lo que lee no la réplica o la duda, sino la confirmación de sus certezas.

domingo, octubre 30, 2011

Muy despacio

Paseo con mi padre. Buen día, pero es sin duda otoño y el sol calienta hasta donde puede; aunque si, como hoy, viene la luz franca y el cielo limpio, se hace agradabe sentarse en un banco a leer, a charlar o simplemente a dejar pasar la mañana. Hasta llegar a los jardines, cruzamos unas cuantas calles. Caminamos despacio. Muy despacio. Mi padre arrastra casi los pies y a veces incluso ni nos da tiempo a llegar a la otra acera cuando el semáforo se nos pone en verde. A ese ritmo nos hacemos más visibles. Supongo que por eso solemos pararnos siempre con algún conocido a pegar la hebra. Y quizás también por eso mismo tengo la impresión de que, cuando acompaño a mi padre, saludo a más gente que de costumbre. Hoy nos hemos sentado bajo las ramas casi desnudas de un abedul. Con sólo estirar la mano podría tocar las estrías de su corteza blanca. A las hojas se les veía al trasluz la ocre consunción del otoño. Algo más allá, la hiedra trepaba por el muro algo vencido del viejo hospicio. Hemos venido abrigados y la luz del sol entibia nuestra única desnudez: las manos y el rostro. En el periódico se anuncia que Irlanda ha elegido a un poeta como presidente. En sus versos, Michael D. Higgins escribió también en una ocasión sobre la hiedra: "The ivy´s leaves are bright and green / Don´t bring it home / Our mother said / There´s bad luck in that ivy" (Las hojas de hiedra son brillantes y verdes. “No la traigáis a casa / –dijo nuestra madre-. / Esa hiedra da mala suerte. ) De vuelta ya, veo sobre una esquina del baúl que las hortensias se han ido secando poco a poco a la luz de las ventanas.

jueves, octubre 27, 2011

José y Pilar

Sensaciones contrapuestas. Estar y malestar. Porque estar ya es bastante y porque estando casi todo se puede. Pero también, cómo no, la manoseada dicotomía de la risa y el llanto. Y a la par —por no abandonar la dualidad—, otras: intimidad y exposición; casa y mundo; silencio y estrépito; mesura y arrebato. José y Pilar es la película. Vengo de verla. En la misma proyección albergó uno el contento de dos horas de metraje intenso y la incomodidad de sus circuntancias: pantalla escasa, sonido ratonero y público que entraba y salía a través de una puerta tan ruidosa como la de un castillo. Esos desdoros sientan aún peor sabiendo que en la sala está Pilar, conociendo además su genio. Y a fe que lo sacó a relucir desde las butacas del teatro una vez todo hubo acabado. La tuve cerca y me pareció que el traje de rayas diplomáticas que vestía le daba una apariencia más enjuta y también más enérgica. Pidió disculpas que no le correspondían. Estar allí aún rumiando las últimas imágenes de la película y, al tiempo, padeciendo malestar porque no todo hubiera salido como se merecía Pilar. Estar y malestar. Cuando se rodó, a Saramago le quedaba poca vida. Quizás por ello la apuraba a un ritmo insano: viajes, conferencias, entrevistas, firmas de libros. Contagiado por la vitalidad de Pilar. Creyendo, tal vez, que era la suya. Pero ya no tenía tanta. Por eso se le ve refugiarse del tráfago en el ensimismamiento; por eso busca economía al esfuerzo a través del tono de su voz;  por eso usa como antídoto contra el agobiante tumulto de las gentes que tantas veces lo rodean, un humor brillante y casi íntimo, una ironía amable e ingeniosa. Según parece, Miguel Gonçalves Mendes, el director, le dedicó cuatro años al rodaje. De ese seguimiento a la cotidianidad de la pareja protagonista hay más de doscientas horas de grabación. Se han reducido a ciento veinte minutos urdidos en torno a la escritura de la última novela de Saramago, El viaje del elefante. Una alegoría de la vida: el trayecto esforzado  a través de media Europa de un animal al que después de morir le amputan sus patas para hacer con ellas paragüeros. La visión pesimista de un autor para el que el mundo era barbarie y que encontró consuelo en una mujer con la que convivió más de dos décadas; en una isla de un país que no era el suyo y en la que, sin embargo, levantó su hogar; y en una obra literaria tardía, artesanal, laboriosa y no pocas veces brillante. Como la propia película.

lunes, octubre 24, 2011

Discurso

Uno trata inútilmente muchas veces de poner en palabras lo que de una manera sobrecogedora, pero confusa, siente ante ciertas manifestaciones artísticas que no tienen una explicación sencilla, sino que más bien son como una gavilla desplegada de sentidos. Las canciones de Cohen, por ejemplo, más que historias que pudieran resumirse, traducirse o contarse, son estados de ánimo. Una manera de mirar el mundo que se cierra sobre si misma igual que una gargantilla demasiado justa que nos apretase el cuello con cuentas de versos y nos volviera la voz grave y, en la amenaza del ahogo, hasta misteriosamente sincera. Aunque nadie como el propio Leonard Cohen para explicarlo: “si queremos expresar la derrota que nos ataca a todos tiene que ser en los confines estrictos de la dignidad y de la belleza” (así lo dijo en Oviedo el otro día en un discurso memorable).

jueves, octubre 20, 2011

Renuncias

Las más de las veces no son intencionadas, sino impuestas. Por más que una indulgencia compasiva nos excuse de la verdad y creamos, convencidos, que aquello a lo que renunciamos no forma parte ya de la ilusión del deseo, sino sólo del recuerdo de un antojo. Así resulta, al menos, casi todo lo que los años alejan de nuestras manos o vuelven difícil o simplemente imposible. Pero la renuncia en la que ahora pienso, que me impuse tiempo atrás y que cuida y alegra mi ánimo desde entonces, es otra: la renuncia al cuerpo a cuerpo de las ideas, de las filias y los desafectos. Porque he venido a saber que nada justifica la certeza sin sombra. Sólo quienes desmemoriadamente profesan las sucesivas lealtades ideológicas sin reparar en que se aferran a cada una de ellas como a fes de dioses antagónicos, sólo ellos se pretenden siempre indemnes al intercambio de golpes, a la dialéctica ensimismada, a la militancia atrincherada, a los profetas y a las banderas. Su renuncia es otra: a la generosidad de la duda.

lunes, octubre 03, 2011

Prórroga

Dejo a un lado lo que estaba leyendo. Apoyo mi cabeza en una piedra y me cubro el rostro con el sombrero. Abro los ojos al cielo a través de su trenzado flojo. Anoche nos acostamos tarde. Se habló largo, se cenó un sabroso pulpo seco, se bebió rosado de Provenza y se fumó más de lo debido. Me vence por eso el sueño ahora bajo los lunares de sol que se cuelan entre la paille du chapeau, mecido por los espaciados golpes de las pocas olas que llegan a la orilla. Me vence el sueño en la felicidad de un otoño que se ha agarrado desesperadamente a la luz de la estación en fuga, como los golfos sin un chavo que se colgaban muchos años atrás de los tranvías en marcha. Pienso en que cuando despierte me daré un baño. Está el agua quieta y casi trasparente, así que será fácil alcanzar la mar abierta entre las piedras y las algas que la bonanza pone al descubierto. Y será, además, un placer dejarse flotar como una botella a la deriva que llevase dentro el poso de un sueño reciente. Sigue en este octubre milagroso calentándonos el sol por dentro; y, como escribía José Antonio Muñoz Rojas, nos hace pensar que no es la vida la que nos lleva, sino que nosotros somos la vida.