miércoles, enero 31, 2007

Ancla

Si el fin del viaje te acerca
a una bahía en bonanza
a orillas de un pueblo pequeño,
procura que tus pasos se vuelvan muy leves,
sombras apenas en la arena menuda,
que tu mirada se meza en el agua
como ola vencida o vela sin viento,
y que tus manos tienten la piel de quien amas
como un tardío sol al adobe.

Sólo en este apacible sucederse de días
alcanzarás la digna condición
de aquellos dioses esculpidos antaño
que algunas veces emergen invictos
de entre maleza, olvidos y ruinas.

De entre las ascuas, Cuadernos del Bandolero, 2003.

3 comentarios:

R. dijo...

Querido Diario... es bello. (No es de extrañarse, además).

Te dejo un saludo y mis mejores deseos para el día.

R.

Susana dijo...

Comparto la opinión anterior. No sólo es un poema bello sino transmite esa sensación "apacible" para alcanzar en cada fin de viaje eso que nos haga distintos, alcanzar esa digna condición.

Anónimo dijo...

Le agradezco mucho su visita.
Un cordial salduo

D. de Rayuela