lunes, enero 22, 2007

Nesta esquina do tempo

Transcribo unas palabras de José Saramago en la entrevista que se le hace en EL CULTURAL con motivo de la publicación de Las pequeñas memorias: “La escuela puede instruir, esto es, impartir conocimiento, pero no educar, inculcar valores, que es lo que antes hacían las familias y que ahora no hacen. Yo debo una parte enorme de mi forma de ser a mis abuelos, que eran analfabetos pero que supieron educarnos sin darse cuenta”. Merece la pena pensar sobre ello. Y oigo, mientras tecleo esta reflexión, el último trabajo de Luís Pastor, Nesta esquina do tempo, en el que pone música a unos cuantos poemas del propio Saramago, un trabajo cuidado en el que se incluyen dos discos, el primero con las canciones en el idioma original de los versos, el portugués, y el segundo con su traducción al español. Todo ello dentro de un libro hermosamente ilustrado con pinturas de Javier Fernández de Molina. En él se relata cómo nació la idea y se publican todas las canciones en sus dos versiones. De entre ellas, quisiera rescatar estos versos, más que cantados, susurrados en el disco por Joao Afonso:

Inventário
De que sedas se fizeram os teus dedos
De que marfim as tuas coxas lisas,
De que alturas chegou ao teu andar
A graça de camurça com que pisas.
De que amoras maduras se espremeu
O gosto acidulado do teu seio,
De que índias o bambú da tua cinta
O oiro dos teus olhos, donde veio.
A que balanço de onda vais buscar
A linha serpentina dos quadris,
Onde nace a frescura dessa fonte
Que sai da tua boca quando ris.
De que bosques marinhos se soltou
A folha de coral das tuas portas,
Que perfume te anuncia quando vens
Cercar-me de desejo a horas mortas.

1 comentario:

R. dijo...

Este poema es de verdad hermoso.

Recuerdo que alguna vez Ny (Ny es mi mejor amiga)y yo, fuimos a cierta peña literaria. Escuchamos a Edel (poeta joven mexicano) recitar sus poemas acompañado por el murmullo de las cuerdas. (¿Y todo esto a qué viene?- me preguntará Ud.)

Edel tiende a escribir sobre la mujer (y es adorador de Sabines, quien también escribía para ella).

Este poema me hizo recordar aquella noche.

Edel iniciría así la velada:

Me gustaría tenerte desnuda ahora
y poder hablar de tu cuerpo
de la distancia exacta que hay entre tus senos
me gustaría poder contarles de tus piernas
ese par de tijeras con las que has podado mis pudores
con las que abrazaste mi inocencia
hablarles de tus manos,
y de las caricias que éstas encierran
de tus ojos y la paz con la que nado en ellos
de tus caderas firmes y de tu vientre plano
de tu sexo, ese eterno manantial de mis pecados,
de tus pies que marcan mis pisadas
de tus uñas y cómo dibujan con la sangre de mi espalda
de tu lengua como ágil oponente de mis dientes
y de toda tú cuando estas desnuda...
me gustaría tenerte desnuda ahora aquí
para no contarles nada.

Luego Oceransky cantaría dos o tres canciones.

Bella semana Querido Diario.