jueves, febrero 15, 2007

Sesión de noche

La pusieron por la noche. Acaso en sueños. Se veía un rostro caído con sangre cerca del ojo. Y la cámara en zoom se le adentraba por la pupila. La pantalla, entonces, se diluía por un instante como si enfocase el interior de un acuario. El hombre caído comenzaba a recordar en flash back cómo había llegado hasta el suelo. Era media mañana. Lucía el sol afuera y se esquivaba la mucha gente por las calles céntricas de la ciudad. Dentro del banco había murmullo de trabajo. Eran dos. Uno cerró la puerta tras de sí y quedó apostado contra ella. El otro pidió el dinero a gritos. Un empleado movió su pierna bajo la mesa. Buscaba el pedal de la alarma. No llegó a pisarlo. Le dispararon antes. La bala le entró por la mejilla y salió por la garganta. Quedó tendido sobre el suelo. Chorreando sangre por debajo del ojo. La voz en off que lo narraba todo era casi ininteligible. Sobrevivió el herido, pero nunca recuperó más que un hilo oscuro de habla. La bala se había llevado por delante una cuerda vocal y la movilidad de la laringe. Hasta que perdió por completo el sentido había ido viendo cómo se ensangrentaba el mundo. Cuando quiso quejarse sintió que la voz se le ahogaba justo a la altura del pecho.

Al despertarse aún podía verle rostro. Se parecía mucho al de su padre hace tiempo. Justo antes de que un ictus lo envejeciera veinte años, antes de que le dejara una suerte de rasguños ásperos por palabras y lo condenara a un final de obra decididamente cruel.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Diario de Rayuela, toda una sorpresa el leerte este tipo de escritos. Crudo sin duda, como despojado de cualquier artificio que pudiera sensibilizarle a uno, pero justo entonces, cuando me siento alejada o espectadora del filme en novena fila, el final llega tocando alguna fibra muy escondida: Y escalofríos, y estertores.
Momentos antes todo transcurre con tanta frialdad, como si todo apremiara, como si el mundo entero se moviese en diapositivas y las imágenes sobre la pared dispuestas se corrompieran de espanto, de maldad y de un sueño tan real como la propia vida.
Yo hoy desperté recordando algunas escenas igualmente perturbadoras, respirando aliviada -un sueño solamente-... pero hay veces, te confieso Diario, días, en que pienso que debí filtrarme como agua por algún gusano (del tipo de gusanos que te llevan de un lugar a otro, túneles de tiempo o de espacio) y me veo en medio del hervidero de gente en un banco, viendo pasar el mundo que detona en rojo, con acercamientos de cámara.
Es... es de espanto eso... porque me pellizco y sigo estando aquí y además estoy despierta, en una sesión que dista mucho de ser exclusivamente mía.

Y bueno... no me hagas mucho caso, hoy amanecí rara, pero eso sí, te deseo excelente fin de semana.

:)

(Es viernes y no dormí bien, de ahí la cara)

Miguel Sanfeliu dijo...

Escalofriante. Un texto duro y triste que te llega a las tripas.
Un saludo.

Diarios de Rayuela dijo...

Fue un sueño real, Rox. Y me satisface mucho tu interpretación. Efectivamente se pretendía un relato frio y una exégesis final que le diera sentido.

Gracias a ambos.