miércoles, marzo 21, 2007

Sobre conciencias

Ayer noche, en un debate televisivo, un periodista y una política, ambos conservadores, intentaban convencer a la audiencia de que la guerra de Irak era un episodio del pasado. Es más, llegaron a decir que hablar de tal conflicto hoy era casi como hacerlo del de Corea. No sé si en este rebrote de protestas contra lo que allí está sucediendo hay hilos invisibles que agitan la indignación. Me temo que algo de eso también se cuece. Pero de lo que no tengo duda alguna es de que cuatro años después de aquel inmenso error, de aquella cascada de mentiras, sus secuelas abofetean la conciencia de cualquier bien nacido que cada día escuche u oiga en los informativos las noticias del horror allí instalado.

Elogio de la mala conciencia de uno mismo

El ratonero no tiene nada que reprocharse.
Los escrúpulos le son ajenos a la pantera negra.
No dudan de lo apropiado de sus actos las pirañas.
El crótalo se acepta sin complejos a sí mismo.

No existe un chacal autocrítico.
El tábano, la langosta, la tenia y el caimán
viven como viven y así están satisfechos.

Cien kilos pesa el corazón de la orca,
pero en otro sentido es ligero.

No hay nada más bestial
que una conciencia limpia
en el tercer planeta del sol.

Wislawa Szymborska
( Traducción de Abel Murcia)

9 comentarios:

M. dijo...

Es que te has quedado muy atrás, Diarios. El GAL todavía palpita, aún se mueve, pero la guerra de Irak es un episodio lejano que ya prescribió. Como la Guerra Civil, más o menos. Hay que ejercitar la memoria histórica según para qué. Algunas estimaciones, por ejemplo, dicen que la guerra de Irak prescribe cien civiles al día, más o menos. Verás como empiece el desfile en La Haya. Eso sí que va a ser pasado, presente y futuro.

Saludos.

FPC dijo...

No empezará, me temo. Las impunidades acompañan a las conciencias tranquilas, quizá tranquilas porque ya lo tienen todo previsto y controlado. Lo de Irak no es sólo un horror: es una infamia (2ª. vileza). Y una vergüenza.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

No vi el debate al que te refieres. Siento haberme perdido, sobre todo, la alusión a la guerra de Corea. A eso le deben de llamar algunos, en la jerga política, un manejo adecuado de los tiempos.
El oportuno poema de Wislawa Szymborska que citas me recordó aquellos versos de Ángel González, de su Introducción a las fábulas para animales:
Ya nuestra sociedad está madura,
ya el hombre dejá atrás la adolescencia
y en su vejez occidental bien puede
servir de ejemplo al perro
para que el perro sea
más perro,
y el zorro más traidor,
y el león más feroz y sanguinario,
y el asno como dicen que es el asno,
y el buey más inhibido y menos toro.
A toda bestia que pretenda
perfeccionarse como tal
—ya sea
con fines belicistas o pacíficos,
con miras financieras o teológicas,
o por amor al arte simplemente—
no cesaré de darle este consejo:
que observe al homo sapiens, y que aprenda.

En tiempos tan revueltos se agradece la lectura de textos como los tuyos. Limpian el aire.
Un abrazo.
J.

Diarios de Rayuela dijo...

En lo fundamental estoy de acuerdo con Manuel -por cierto, gracias por acercarte por aquí- y con Paco. No sé, no obstante, si alguien debe ir o no ante el Tribunal de La Haya (no soy experto en temas legales y prefiero no mezclar la aversión que ciertos personajes me producen con el juicio razonado que debe hacerse de sus actitudes o decisiones).

Pero quisiera aportar otra visión de las cosas. Ayer me llegó un correo de un amigo a propósito de este asunto. Se hacían en él algunas reflexiones y preguntas que intentaré trasladar aquí de modo resumido:


- ¿Quién mata más y más brutalmente, los ocupantes o los que cínicamente se han llamado insurgentes? Evidentemente el propósito de la invasión no ha salido bien. Aquello es un avispero, pero el horror ¿quién lo causa fundamentalmente?

- ¿Qué destruyó la invasión? Era una dictadura sin escrúpulos que mataba gente sin tasa. El objetivo de la guerra fue poner fin a un foco de inestabilidad. El resultado, no hay duda tampoco de eso, un absoluto fracaso.

- Aznar intentó ponerse en la estela de los triunfadores. Puede se tratara de una actitud sobre todo oportunista. Supongo que pensó que de aquello podría salir reforzado. Pero España no participó en la guerra como algunos quieren presentarnos.

- Hay en el mundo varias guerras espantosas y en las que sus causantes tienen como objetivo el exterminio. En África hay más de uno de esos conflictos con tales características. Y sin embargo quienes protestan por lo de Irak no recuerdan esas otras guerras.

- No tengo muy claro qué debe hacerse para solucionar los problemas causados por regímenes dictatoriales agresivos como el de Sadam Hussein. ¿No actuar? ¿Actuar? ¿Hay alguna justificación para hacer algo así por parte de los occidentales? ¿Los asesinatos espantosos que realiza? la "resistencia" son inevitables? ¿La ONU es una organización eficaz?...

- Las protestas de algunos en los últimos días recuerdan en exceso la proximidad de las elecciones.

Acerca de toda esta batería de cuestiones, me pedía opinión. Y se la dí. Quizás algo apasionada. Fue ésta:

Obviamente quienes matan son los insurgentes, no los ocupantes. Sería ya el colmo que los ocupantes fueran también los asesinos. Lo que clama al cielo es que la mayor potencia militar del mundo se haya ido al extremo oriente a derrocar a un dictador -justificándose para ello en la posesión de armas de destrucción masiva, no en la opresión de los ciudadanos iraquíes- y una vez allí no sólo no haya conseguido mejorar las condiciones de la población redimida, sino generar un conflicto civil de dimensiones descomunales.

La actitud de Aznar fue la del nuevo rico. Alguien llega a un status boyante -con trabajo y meritoriamente, probablemente- y de repente, para asegurarse la amistad de sus nuevos vecinos en el barrio pijo de moda se dedica a seguirles la corriente. No había nada más que verle la cara en algunas reuniones con Bush, si es que se estaba corriendo de gusto sólo con tenerlo a la vera. Es verdad que nuestra intervención, aunque simbólica en lo militar -¿podría ser de otra manera dado nuestro potencial bélico?-, fue, sin embargo, protagónica en el momento de la toma de decisión. Grotescamente protagónica. Quién sabe, además, si funestamente protagónica.

Es verdad que hay otras guerras en otros lugares y que todas merecen nuestra atención. Pero por qué empezar en Irak, por qué no en Sudán.

Hubo después otros correos cruzados, nuevos argumentos encontrados y, sobre todo, el afán de encontrarnos en el sentido común. De eso se trata.

Diarios de Rayuela dijo...

J., creo que son tres los comentarios que has colgado en esta bitácora. Pues bien, cada uno de ellos me parece una delicada pieza de orfebre.
Muchas gracias por la visita y un abrazo.

Lara dijo...

Me asomo como una intrusa, no termino de creerme que esto sean espejos públicos, o espejismos. Vine por el título, pero seguramente me quede.
El debate de esta entrada me remueve, pero no he madrugado hoy y ando todavía con un pie en la sábana: guardo mis palabras incoherentes.
Eso sí. Esa tarde de lectura con un saxo tibio y luz solar intermitente... Ésa no me la pierdo.

pau dijo...

Por lo pronto, este título solo remueve las conciencias de los que no comparten el ideario de la ultraderecha española. Estoy harto de escuchar a gente que nada tuvo que ver con esta guerra fustigarse por ella, harto de escuchar: Fuimos, somos, nos equivocamos... Y no, no es esto. No nos equivocamos, nadie se equivocó, nadie es tan estúpido. Todos sabían como terminaría eso, incluso los que la promovieron.
¿Cómo puede arrepentirse alguien así, que sabía de antemano lo que ocurriría. Todos sabemos lo que Aznar piensa aun de esta guerra.
Nadie se arrepiente, ni de Juana por haber matado a veinticinco, ni Aznar por esta asquerosa guerra que le ha valido ser consejero de Rupert Murdoch, ni los votantes de uno y otro.
Abramos los ojos, por favor.

Diarios de Rayuela dijo...

Bienvenida Lara. Procuraré devolverle la visita.
Un cordial saludo.

Diarios de Rayuela dijo...

Qué tal, Pau.
Antes de nada, agradacerle la entrada que en referencia a este blog hizo en el suyo.
Coincido con Vd. en lo terriblemente pernicioso que puede ser la pertinaz soberbia del error.
Un abrazo.