lunes, marzo 12, 2007

Villaverde

El sábado fuimos de nuevo a Villaverde. Estaba el día hermoso. Soleado y limpio por la brisa, que era como de ventanas abiertas de par en par. Una corriente fría que mantenía el cielo limpio y el ánimo alegre. Paseamos hasta Marianes. Los prados lucían un verde intenso y una humedad rezumante. Comimos luego dentro de la casa de nuestros amigos. Despacio. A gusto. Al calor de la chimenea. Se bebió largo y se charlo mucho. Risas. Café. Los niños se fueron a jugar cerca de la iglesia. Quedamos sus padres hundidos en los sofás. Pesado el párpado, blandos los cuerpos. Incluso me traspuse durante un rato en que supongo apenas no se oyó en el salón más que la combustión de la leña. Al despabilarme, no sabía de pronto muy bien dónde lo hacía. Sonrisas. Se había ido cayendo la tarde Oscureciéndose el cielo. Extendimos sobre la mesa un mapa, algunas reseñas de alojamientos, de lugares a visitar, de senderos por donde perderse, de paisajes. Los viajes comienzan mucho antes de partir. Se van haciendo con las ganas, las lecturas; continúan ya en la carretera y se van cumpliendo como los deseos, a medida que alcanzamos lo hitos marcados de la ruta, esos lugares que por mucho que sepamos de ellos siempre terminan siendo distintos a como los imagináramos, para bien o para mal. Cuando volvieron los críos de sus juegos, embarrados y risueños, aún estábamos decidiendo dónde ir en Semana Santa. Así quedó la cosa, entre el románico palentino y los cañones del Ebro. Cualquiera de ambos lugares merece un viaje demorado; y mil sitios más nos parecían igualmente apetecibles viajando en tan buena compañía. No se pide más para el camino que hacerlo con quien uno quiere bien, con quien bien te quiere. Antes de irnos, anduve hurgando por a biblioteca de J. Me hice con un libro voluminoso titulado Diccionario Pla de literatura, una edición que en 2001 preparó Valentín Puig para Destino. En algo más de cuatrocientas páginas se van refiriendo a través de voces ordenadas alfabéticamente las opiniones de Josep Pla sobre muy diversas materias, fundamentalmente sobre un importante número de escritores. Tras leer lo que sobre Chejov o Borges allí se decía, pedí en préstamo la obra. En casa la tengo y la ando leyendo a salto de mata, como, creo, se han de leer los diccionarios. Dice en una de sus entradas que la literatura no es más que un esfuerzo contra el olvido. Como algunos de los apuntes de estos diarios.

9 comentarios:

FPC dijo...

Pues qué decir. Pla es capaz de atacar los nervios si sólo se atiende a la mirada payesa y recalcitrante que pone en las cosas. Puede parecer obsoleto, reaccionario, anticuado, conformista.

Pero cuando se le lee atendiendo bien a sus meandros irónicos, a la distancia que pone con las cosas para poder sentirlas suyas, se da uno cuenta de lo gran escritor que fue. Sus descripciones suelen valer su peso en oro. Incluso cuando opina, comprometiéndose, lo hace como guiñándonos un ojo, como si dijera "es que no es para tanto, yo tampoco soy tan así". Y ese relativismo produce páginas memorables, como las muchas que tengo marcadas en El cuaderno gris. No conozco ese libro del que hablas, pero lo buscaré.

Lo que sí hice en una ocasión fue leer su libro sobre el advenimiento de la República... en catalán. Un castellanoparlante puede hacerlo con facilidad y da una dimensión mayor al escritor. A diferencia de una visita a su casa-museo en Palafrugell, que resulta fría y escasa de contenido. Claro que la masía de Llofriu no la dejan visitar...

Un abrazo

Portorosa dijo...

Qué buen post, qué bien escrito y qué agradable parece todo.

Un saludo.

Mabalot dijo...

Es un volumen que merece mucho la pena. Yo lo pillé de la biblioteca cuando salió, más o menos, y recuerdo que estaba lleno de revelaciones...

Un saludo. Que lo disfrutes.

DR dijo...

Mabalot, Paco: de Pla leí hace años su Cuaderno gris. Extraje de aquella lectura sensaciones contradictorias. Quizás entonces no valoré adecuadamente "sus meandos irónicos" (FPC dixit). En cualquier caso, en el volumen del que os hablo estoy descubriendo auténticas joyas (por cómo están escritas y por lo que dicen).

Portorosa, me satisface mucho que hayas valorado el ambiente que intento transmitir a través de la entrada. Efectivamente fue un día memorable (no en la acepción grandilocuente del término, sino en su más sencillo sentido etimológico).

Un abrazo a todos.

conde-duque dijo...

Qué mas se puede pedir: un día en el campo, una cabezadita con la leña crepitando de fondo... y un buen libro de Pla para leer.
Ya es un poco como si hubiésemos estado todos.

FPC dijo...

En efecto. Es lo mejor de estos blogs: donde está uno, estamos los demás. ¿No se llama eso, aun sobre una base virtual, amistad?

Portorosa dijo...

Pues sí, se llama así. Y es una suerte.

Diarios de Rayuela dijo...

Es ciertamente entrañable la cadena que han tejido los tres últimos comentarios. Dan ganas de quedar para tomarnos unas cañas.

FPC dijo...

Se llama triangulación y se hace con un compás. Se traza una distancia igual (más o menos a tanteo) y se exploran los puntos significativos más cercanos a la zona señalada por la intersección de los tes arcos. Se elige fecha y hora y ¡zas! aparece la caña servida sobre el mostrador.
Puede repetirse la jugada tantas veces como se quiera.
Un abrazo.