viernes, febrero 15, 2008

La nota

Tengo once años. Me gustan las matemáticas, el tenis y las novelas de leyendas. Odio la ortografía. Ayer me fue mal en clase. Le estaba pidiendo unas pinturas a Josu y la profe me riñó. Luego tuve que acercarle la agenda escolar. Escribió una nota que debía entregar en casa para que mis padres la leyesen y la firmasen. Decía en ella que cada vez me porto peor. Mentira. Es la primera vez que me mandan llevar una nota a casa. Margarita siempre está de mal humor. No me cae bien. No le cae bien a nadie. Y ayer la tomó conmigo. Mi padre es el primero que llega a comer. Siempre pregunta lo mismo. Qué tal por el cole, hijo. Pues mal. Hoy mal. No quería llorar, pero se me llenaron los ojos de lágrimas. Mi padre se pone muy burro con estas cosas. Ya sabía cómo se lo iba a tomar. Me levantó la voz. Que no se vuelva a repetir. Que le da igual que la profe sea rara o esté siempre enfadada, que es la que manda y a la que hay que respetar. Debería llegar primero a casa mi madre. Ella lo entiende todo mejor. Mi padre se pone muy burro. Luego se le pasa. Será que llega con hambre. Cuando estaba terminando de comer, me llamó. Ya estaba más calmado. Me besó en la frente. Olía a queso.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues voy a contradecirle.
El que le ha levantado la voz al niño es un poco bruto.
Tiene razón aunque tenga que obedecer a alguien tan desagradable y seguro que feísima y mucho más borde de lo que confiesa el guaje ¿se escribe así?
Vamos, vamos hacer algo así a un chico tan estupendo.

Hay profesores inaguantables, padres que huelen a queso y niños fantásticos, igualito al de la nota.
No sé si leerás el blog, estoy contigo en todo menos en las matemáticas, las odio.

Luna

Lula Fortune dijo...

Las pequeñas cosas pueden ser para muchos, grandes tragedias.
Un beso con olor a goma de borrar.

Raquel dijo...

A veces hay niños que me dicen que les gusta la escuela. Se me hace extraño porque lo normal es que me digan lo contrario, que se aburren, que no les gustan sus profesores. Algo la escuela debería ser un lugar para disfrutar, para que el aprender sea una algo que, aunque signifique trabajo, sea interesante, inteligente, imaginativo. Por una u otra razón, la realidad parece ser otra.

Un saludo

María Jesús Lamora dijo...

Entro aquí por casualidad. Me ha encantado tanto este blog que paso a añadirlo a mis favoritos.
Si no te importa, claro.
Un abrazo desde Aragón

Diarios de Rayuela dijo...

Feísima es, doy fe.
Se escribe guaje, efectivamente (políglota habemus).
Y al padre, para martirio de las tuberías sanguíneas, le gusta el queso cuanto más fuerte mejor.
Cualquier día se lo doy a leer, Luna, y ya te comtaré.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

El problema surge, Lula, cuando quienes deben relativizar lo relativizable no lo hacen y se ponen burros y les corroe la mala conciencia y escriben cosas tales.
Por cierto, mi hijo, cuando empezó en la escuela comía las gomas de borrar. No lo sabíamos hasta que nos no lo comentó -casi escandalizada- un maestra un poco pijirili. Al llegar a casa le preguntamos si era cierto. Sí, dijo. Pero no me gustan todas.
Si es que tengo un gourmet en casa.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Quizás, Raquel, a los niños no les guste la escuela porque a a muchos profesores tampoco les agrada demasiado su trabajo.
Gracias por tu visita y un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Muy agradecido por su enlace, María Jesús. No me queda sino devolverle la visita.
Un abrazo.

RosaMaría dijo...

De estos momentos injustos hay siempre en la vida. A seguir adelante con fuerza y energía. A mi me encantaba la ortografía y las letras,aunque era muy buena en matemáticas.
En algún momento tranquilo decile a tu papi: "Papá cuando me gritás me asusto mucho, estoy aprendiendo, pero si me escuchás primero me vas a enseñar mejor. Lo más lindo es el beso que me das", "Te quiero".
(A veces los padres chillan por miedo también, pero eso es un secreto)

Anónimo dijo...

Lo sabía, más bien presentía que el niño y yo tenemos muchas cosas en común.
Sobre las gomas de borrar: todo niño con dos dedos de frente se las comes,son deliciosas.
Había unas que tenían forma de lenguas que estaban deliciosas, otras de sabor vainilla, las "Milán" blanditas eran un majar y despues salieron unas de colores y sabores...una perdición para mi, sobre todo las de sabor a nata.Por lo que leo, a lula tampoco le es extraño.

Ahora en serio:
los profesores para niños de ciertas edades son fundamentales para el aprendizaje de cualquier materia y no todos sirven para enseñantes.

Saludos

Luna