martes, noviembre 04, 2008

Samuel Stauwton

"Escribir es hacerse pasar por otro, inventar
otras vidas que bien podrían ser la nuestra."

Enrique Vila-Matas
Hace un par de semanas, se presentó en el Centro Municipal de La Arena el poemario Transgresión del edén. Este libro constituye la tercera de las entregas que sobre la obra de Samuel Stauwton se han editado en nuestro país, todas ellas introducidas, recopiladas y traducidas por Emilio Amor. Sobre Stauwton se conocen algunos datos ciertos. Nació en Londres. Su padre fue Sir Alexander Stauwton, par del reino y gobernador durante dos años de una provincia de la India. Su madre era la bella Patricia Eddington, descendiente directa de Lady Caroline Lamb, amante de Byron. Se cuenta que Samuel Stawton, a la temprana edad de diez años, dominaba el francés y hablaba con soltura el alemán y el italiano. En 1923, terminó sus estudios de Derecho en Cambridge, trasladándose a París, donde conoció, entre otros, a Paul Valery, Cocteau, Proust y Gómez de la Serna. En 1925 retornó a Londres al morir su padre, haciéndose cargo del patrimonio familiar y casándose con Catherine Hamilton, de la que se separó no mucho tiempo después para iniciar una serie de viajes que lo llevaron desde Egipto hasta el Lejano Oriente. En 1930, se trasladó a Nueva York. Allí queda deslumbrado por el jazz y el cine. En compañía de la cantante Sarah Murray visitó los estados del oeste, luego el Caribe y, finalmente, Sudamérica. Tras la Segunda Guerra Mundial se mudó definitivamente a Europa. Vendió las propiedades y negocios familiares y, a causa de una grave dolencia pulmonar, se internó en una clínica de Trieste. En 1948 comenzó a dar muestras de una irrefrenable decadencia, fruto de su adicción a la morfina y al alcohol. En 1958, arruinado y abandonado por los pocos amigos que aún le quedaban, se vió obligado a aceptar un modesto empleo como corrector de pruebas. Era por entonces un noble arruinado y decadente, pero conservaba un irresistible encanto canalla. En 1964 se casó con la Vizcondesa de Neully, junto a la que malvivió durante meses en un hotelucho de Cannes, donde según se informó por entonces ambos fueron hallados muertos. Investigaciones posteriores han revelado, no obstante, que el cadáver encontrado entonces no era el del poeta, sino el de un amante de la Vizcondesa, hombre de parecido asombroso con Stauwton. Según parece el escritor, aprovechando el equívoco, huyó a Irlanda. Allí buscó refugio para sus últimos años.
Hasta aquí lo que de Samuel Stauwton nos cuentan los libros. Pero hay otros datos, eso sí, no suficientemente contrastados, que alimentan su leyenda. En los años setenta, Sothebys subastó un collar de esmeraldas que fue finalmente adjudicado a un empresario japonés por una asquerosamente elevada cantidad de libras. Aquella joya procedía de una casa de empeños en Dublín que actuó como testaferro de su anónimo dueño, un escritor refugiado cerca del mar en las afueras de Scholl. Las esmeraldas, pesadas como guijarros sangrientos, habían pertenecido a la Vizcondesa de Neully. Su venta pagó las reformas y a la servidumbre de The Hill of the Crow, la vieja posesión donde todo parece indicar se escondió del mundo, dedicado a la cartografía y la colombofilia, el viejo Samuel Stauwton. Hay también quien afirma que si bien fingió su muerte en Niza, alguien fingió años después su vida en Irlanda. Que no sería, pues, real su supuesta longevidad y que los poemas publicados en Canciones de Amor en los Campos de Marte, aunque escritos según el inconfundible estilo Stauwton, no son más que un brillante ejercicio literario del joven ucraniano, Cecil Sevchenko, con quien convivió el escritor durante sus últimos años, un aventurero que llegó al puerto de Cork después de que encallara el decrépito carguero en el que viajaba formando parte de la tripulación. Quienes conocen a este marino lo describen alto y robusto como la chimenea de un vapor, con cabellos rubios y una estridente risa tabernaria que encantaba por igual a las mujeres fuertes y a los hombres sensibles. Un aventurero que se declaraba enamorado de Marsella, el lugar desde donde Rimbaud se despidió de la civilización. Un extranjero cuya niñez había transcurrido en el estuario del Dnieper, cerca de la Odessa aún soviética. Un musculoso lobo de mar al que le apasionaba la poesía y que se presentaba a si mismo como "un piloto de barco al que el azar y la mar convirtió en amanuense de versos gloriosos".
De la obra de Stauwton se publicaron en la primera mitad del siglo Les fauves (París, 1923) y Cuaderno de bitácora (Londres, 1930). Posteriormente, aparecieron las Crónicas de Samuel Stauwton (Gijón, 1999), una traducción del original que editó Gallimard en París con el título de Chroniques y bajo el seudónimo de Cecil Bishop, que se completaba con textos autógrafos y con colaboraciones cedidas por Lettres Françaises y Les Cahiers de la Pléiade. Más recientemente aún se han editado las Canciones de amor en los Campos de Marte (Gijón, 2002), que, independientemente de quien sea su autor, Sevchenko o el propio Stauwton, conforman un cautivador poemario amoroso entreverado por una tupida red de caminos que comunican los lugares predilectos del autor: Turquía, el Nilo, los Sargazos, China, La Habana, Acapulco, Pompeya o el Báltico. Un libro al que se convocan las voces de aquellos autores que alientan muchos de sus versos: Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Nerval o Vallejo. Una obra, en fin, misteriosa, pero tan limpiamente escrita como un cuento para niños.
Ahora aparece Transgresión del Edén (Gijón, 2008) y de nuevo surgen enigmas de difícil resolución sobre el origen y autoría de estos versos. En la introducción se reproduce una noticia de la Agencia Efe difundida en prensa allá por octubre de 2001. Se daba cuenta en ella del hallazgo en unas excavaciones en Dublín de una cápsula del tiempo. Una especie de de caja de piedra con dos esferas de metal en el interior que guardaban una diadema de rubíes perteneciente a la colección de la Vizcondesa de Neully, la que fuera esposa de Stauwton, y un manuscrito firmado por Cecil Bishop, el heterónimo que el viejo poeta utilizara en sus primeros tres libros. El Museo Nacional de Dublín buscó entonces ayuda entre los expertos en la obra de Stauwton. Fue así que Emilio Amor tuvo acceso a estos poemas. Suya es la magnífica traducción que ahora se publica de los mismos.
Llegados a este punto, y aun resultando seductoramente inverosímil toda esta sucesión de descubrimientos en torno a la vida y la obra de un autor misterioso y maldito, y apareciendo los sucesivos poemas de Stauwton curiosamente siempre de la mano del traductor Emilio Amor -cuya descripción física, por cierto, tanto lo asemeja al marinero ucraniano Cecil Sevchenko-, lo único realmente incuestionable es que a los stauwtonianos del mundo nos importa relativamente poco qué fue lo que en verdad le sucedió al poeta; lo único que deseamos realmente es leer todos sus poemas, los que haya o le hayan escrito, los que escriba o le escriban en el futuro.

CANCIÓN DE AMOR EN LOS TIEMPOS DE GUERRA

Es eterna la noche y el amor y el cuidado
Con que me despiertas, con que me respondes,
Son parte de un instante que se diría único.

Con el viento del norte estrellado en el rostro
Avanzo por la dársena y pienso en tus dulces labios.

Es obscena la guerra, los niños mutilados,
La mentira en la boca de los próceres.
Y yo pienso en tu piel, los sueños encontrados.

Permanecer así en silencio: al fin y al cabo
Hemos hecho realidad algunos sueños.
Sólo falta recoger los frutos que nos quedan
Al amparo de la boca de los lobos.

¿Qué pasa con el hacha del sicario que corta las cabezas?
¿Vamos a permanecer así, con las manos atadas,
Sin estremecernos de dolor hasta la médula?
¿Qué dirán nuestros hijos, sangre de nuestra carne?
¿Qué les espera?

Es eterna la noche,
La luz no nos aguarda al final del camino.
Son tiempos de locura,
Son tiempos de desmán.
¿Qué les espera?

11 comentarios:

conde-duque dijo...

Interesante personaje. ¿Sólo escribió poemas? Lo digo porque todavía ando peleado con la poesía (así, en general) pero me encantaría leer ese "Cuaderno de bitácora" londinense.
Un abrazo.

Luna dijo...

De una forma o de otra siempre es la nuestra.

Se cuelan pensamientos, sentimientos y gama de colores por el resquicio de las páginas y aunque los demás nos vean alejados del personajes, sabemos que hay parte importante de uno mismo...o eso creo.

¿De donde sacan el tiempo para leer tanto? Se me acumula todo por leer.

Saludos

Emilio Amor dijo...

Muchas gracias por el afinado comentario sobre la vida y obra de Samuel Stauwton.
Como ya le hice saber a Serandinas el pasado día de los difuntos, en una cena de antiguos alumnos, no puedo ocultar mi malestar por el parecido que se me achaca, en estos textos, con Cecil Sevchenko, que para colmo del mal gusto, tiene apellido de jugador del calcio italiano. Cualquier parecido entre ese plagiario, usurpador y oportunista y mi persona, es pura coincidencia.Lo único que yo hice por la obra de Stauwton, durante estos últimos años, fue quemarme las pestañas por decenas de registros de toda Europa para documentarme sobre el enigmático poeta; y en cambio, ese buen señor,abusando de la confianza de Stauwton, utilizó el acceso directo a sus escritos y hasta su mismo nombre para fusilar impunemente algunos poemas del maestro, dentro de su peculiar estilo literario.
Lo que Samuel Stauwton logró, con la estratagema de enterrar una cápsula del tiempo en el subsuelo de Dublín, fue dejar las cosas en su sitio, un enroque largo en el tiempo, para desvelar el burdo fraude cometido por Sevchenko. Creo que todo queda lo suficientemente claro en la nota preliminar y las conclusiones que redacté para la última entrega de la obra de Samuel Stauwton, "Transgresión del Edén".
De cualquier manera, le reitero el agradecimiento por el acertado comentario.

Diarios de Rayuela dijo...

Dele una oportunidad a la poesía, querido Conde. Siempre en copa, nunca en vaso largo.
Respecto a la obra de Stawton, me temo que va a ser harto difícil encontrar en el mercado más libros suyos que los tres últimos.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Tienes mucha razón en lo que apuntas, Luna. Las luces indirectas desvelan heterónimos en nuestros pliegues más recónditos.
Respecto a lo otro, ya sabes: más samba y menos trabajo.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Querido don Emilio, es un placer inmenso recibirlo en mi casa. Es verdad que no siempre se le ha valorado como debe la dedicación que le ha prodigado a Stauwton. Y no le falta tampoco razón en reiterar -como tan certeramente hace en su último libro- la impostura perpetrada por Cecil Sevchenko en las Canciones de Amor en los Campos de Marte. Pero permítame, no obstante, que aun entendiendo que no le agrade comparación alguna con el ucraniano, un observador imparcial no puede dejar de evocar en su imponente físico potemkiniano, más propio de estibador que de erudito, la imagen del que se convirtió durante años en secretario, compañero y confidente de Stauwton, el marino Cecil Sevchenko.
Un fuerte abrazo, don Emilio.

Luna dijo...

Mi problema de tiempo radica en el exceso de samba, nunca en el que le dedico al trabajo...lo prometo.

Saludos

Jin dijo...

estremecedoras palabras esas:
"Sólo falta recoger los frutos que nos quedan
Al amparo de la boca de los lobos."

el mundo está lleno de misteriosos y escondidos poetas, me temo!

gracias diario, un abrazo

Jorge Ordaz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jorge Ordaz dijo...

Habrá que seguirle la pista a este Stauwton. Seguro que todavía nos reserva alguna sorpresa.
Por cierto, el verso "es eterna la noche" me recuerda un verso primerizo de Basil Bunting: "so everlasting night". Me pregunto si conocería Stauwton a Bunting en los años veinte...

Diarios de Rayuela dijo...

Gracias Jin.
La poesía de Stauwton está llena de imágenes deslumbrantes.
Un abrazo.

Querido Jorge, no es descartable que se conociran. Buen asunto para que don Emilio Amor investigue. De cualquier manera, ambos autores tuvieron vidas aventureras y fascinantes.
Un abrazo.