domingo, octubre 28, 2007

De nuevo Oz

La capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo.
Amos Oz ha estado en Asturias. Le han dado el Premio Príncipe a su obra literaria. Así que los periódicos regionales se han ocupado extensamente de transcribir sus opiniones y de reseñar su bibliografía. A uno, que desde que leyó su libro Una historia de amor y oscuridad este hombre le parece un referente humano y literario, le agrada haberle tenido por aquí. Aunque no le haya perseguido por los pasillos del Reconquista en busca de un autógrafo –no gusto de tales fetiches-, ni haya asistido a la conferencia que impartió en la Universidad de Oviedo –el trabajo me lo impedía-, me satisface que sus reflexiones, siempre tan sensatas, hayan llegado a muchos, y que sus libros, un ejemplo de escritura clara, comprometida y exigente, sean hoy gracias al premio más conocidos y leídos. La literatura, la que nos gusta y valoramos, no debe ser un secreto para iniciados, debe ser un bien a compartir, un gozo que al ser descubierto invitamos a disfrutar.

Me encuentro también hoy al acabar el día que en el nuevo País Semanal Rosa Montero le hace una jugosa entrevista a Oz. De entre lo que dice rescato un extracto: “La mayor diferencia entre la intelectualidad de izquierda europea y yo mismo es que los intelectuales de izquierda europeos, cuando ven un conflicto internacional, se apresuran a firmar un manifiesto contra los malos, organizan una manifestación apoyando a los buenos y luego se van a dormir muy satisfechos de sí mismos. Yo, por el contrario, tengo la actitud de un médico de urgencias. Si veo que ha habido un accidente de tráfico en la carretera y veo que hay heridos ensangrentados, antes de ponerme a determinar quién fue el que causó el accidente o qué porcentaje de culpa hay que repartir a cada cual, lo primero que intento es parar la hemorragia, y a continuación estabilizar al paciente. Y después de eso miraré la manera de curar las heridas. No pierdas un tiempo precioso preguntando quién tiene la culpa, porque además, en el caso de Israel y Palestina, no se trata de una cuestión en blanco y negro. Este es un conflicto entre dos derechos igualmente legítimos, el de los palestinos y el de los israelíes… Y a veces incluso pienso que es un conflicto entre dos causas igualmente erróneas”.

5 comentarios:

amart dijo...

Tengo que confesarlo, y lo hago con cierta vergüenza: aún no he leído nada de Amos Oz. Pero entre la recomendación que haces (no es la primera vez) y la pasmosa muestra de hombre de bien, de hombre de paz que se infiere del extracto que publicas, tardaré en leerle lo que tarde en acercarme a comprar el libro.
Un abrazo.

Sir John More dijo...

Ayer por la tarde noche llegó mi querido agente de Círculo de Lectores, y me trajo el libro de Oz (¡uy, como el mago...!). Leí algunos párrafos y bueno, incluso con unos cientos de páginas pendientes de La montaña mágica, es decir, dándole ventaja, le echo una carrera a Amart...

Diarios de Rayuela dijo...

Esto de recomendar cosas tiene un peligro enorme.
Ojalá disfrutéis con Oz.
Ahora ya casi me sentiría mal si así no fuera.
Un abrazo a ambos.

Luna dijo...

No vi la ceremonia entera y aunque a sir esté cansado de los elegidos, me gustó especialmente los ancianos del holocausto, sobre todo la elegancia a pesar de la edad y de la emoción que vi en sus ojos.

Prometo leer a Oz y si no me gusta deberás pagar con una penitencia y si puedo elegir, me avisas.

Diarios de Rayuela dijo...

Ya que estáis por la labor (placer) de leer a Oz, que sea, haced un esfuerzo, Una historia de amor y oscuridad. Luna, si eliges esta obra, eliges también la penitencia en caso de fracaso.
Un abrazo.