lunes, octubre 15, 2007

Mala suerte

Con frecuencia se suele achacar a los caprichos de la fortuna no alcanzar algún logro que se nos escurre de repente entre las manos como si de agua se tratara. En la ofuscación que produce la proximidad de un éxito y lo inesperado de su esquivo comportamiento final, se nos olvida que sólo haciendo un buen cuenco con ambas manos o, mejor, recurriendo a un recipiente con cabida suficiente y sin agujeros, hubiéramos sido dueños del agua, habríamos saciado la sed. La mala suerte es muchas veces –no siempre, sólo muchas veces- el consuelo de quien no desea reconocer su falta de acierto, con el agravante, muy corriente, de que no reconociéndolo no se le da remedio y uno se expone, de nuevo, a ser pasto otra vez del maldito infortunio. Por mi parte, y mientras no encuentre dónde diantres estuvo el error, seguiré quejándome de mala suerte. Supongo que es una manera de orgullo menor. Y un peldaño en la escalera que lleva del amor propio a la soberbia. Falta por saber si estoy bajando o subiendo. No soy gallego, pero tengo sangre fronteriza.

6 comentarios:

FPC dijo...

Los tropezones y la mala suerte lo son menos si se tiene una mano amiga. Aquí tienes la mía para lo que gustes. Un abrazo y ánimo.

Luna dijo...

Y la mía si lo crees conveniente...

Saludos.

Lula Fortune dijo...

¿Pero qué has hecho tan mal que así te tratas?. Besos reconfortantes.

r. dijo...

Querido amigo... es que el camino como la vida, está lleno de pequeños sobresaltos... y está muy bien así, creo yo, porque eso nos garantiza un viaje con vistas variadas, subir siempre, bajar siempre... nos situaría en un punto donde la proximidad o la distancia se asumirían siempre idénticas, siempre iguales. La monotonía, sin duda debe ser la mayor de las pérdidas, porque nos inmoviliza en el silloncito de la comodidad y así ya no dan ganas ni de inclinarse ni de recostarse ni de salir huyendo.
Además, para que algo se llene, deba acaso antes estar vacío.

Hay un poema que me gusta mucho, creo que debió ser uno de los primeros que leí. Si no mal recuerdo reza:

"Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
(...)
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado."

Mi niño... si el agua se escapa de las manos, seguro lo hizo para alimentar las fuentes... vaya allá y cólmese de agua, bébasela toda, no pida permiso.

Se le quiere mucho.

R.

amart dijo...

Sutil reflexión, DR. No pienso compadecerte, amigo, porque tus palabras destilan, más que pesar por la mala suerte, afán por encontrar el error. Y creo yo que ese es el único camino.
Un abrazo y a subir (o bajar).

Diarios de Rayuela dijo...

Haces bien Amart, que soy capaz de empecinarme si me compadecen. Y tampoco hay tantos motivos para ello, que la reflexión, surgida sí al hilo de un contratiempo, debiera ser paliativa por sí sola. Leída un día después tiene una aire insufrible de literatura de autoayuda. Aunque si uno se pone a pensar en para qué le sirve lo que escribe, se da cuenta de que sobre todo nos explica ante nosotros mismos, em definitiva, nos ayuda.
Un abrazo a todos.