lunes, noviembre 26, 2007

Cómicos


El viernes vi en la 2 El extraño viaje, una película dirigida por Fernando Fernán Gómez. Se le hacía con su proyección un homenaje al recientemente fallecido actor, autor y director. Fue, desde luego, una buena elección. No había visto nunca el film y me pareció sencillamente magistral. Se hizo en 1963, aunque no se estrenó hasta unos años más tarde. A sus productores les asustó llevar a los cines una historia tan negra y narrada con tan gruesos trazos. Se mezcla en ella con singular acierto la intriga, el humor negro o la crónica de costumbres. Parece que la idea de la película surgió en una tertulia de café, cuando Fernán-Gómez, Berlanga y Perico Beltrán leyeron en El Caso una noticia sobre el llamado crimen de Mazarrón. En aquella charla de café se germinó el guión de El extraño viaje. Transcurre todo en un pequeño pueblo. Se inicia la película con un baile. En medio de la pista, la chica más atrevida del lugar se marca un twist cuya sensualidad es observada con tanta lubricidad por los hombres y con tanto escándalo por las mujeres que esa escena por sí sola ya logra describirnos el ambiente en que se desarrollará la trama, una España rural, pobre y reprimida. El final cierra el círculo, la muchacha se va en el autobús de línea hacia la ciudad. Deja ese pueblo que ha sido a lo largo de la película el escenario de una truculenta historia. En medio de la ruindad moral y del atraso social, ella ha sido el único aire fresco. Y ese soplo de vida huye finalmente del pequeño infierno provinciano. Quizás haya en todo ello la metáfora del país que eramos entonces, triste, mezquino y sometido.

De la película queda un regusto agridulce: un argumento de novela negra bien urdido en una España que para desgracia de quienes la vivieron fue la nuestra largo tiempo. Queda también el recuerdo de algunas excelentes interpretaciones, como la de Rafaela Aparicio. O la de ese personaje retraído, temeroso y levemente tarado que hace Jesús Franco, una rara avis de nuestro cine que se convirtió con el tiempo en su director más prolífico e inclasificable. Queda el guión de Perico Beltrán, que murió también hace nada, en una mala pensión y casi en la miseria. Era el último bohemio. Había hecho de todo en el cine. Ejercía de conversador ameno. Representaba la memoria de una época de amistades de café, tabernas, chicas de alterne, alcohol sin reparos y humo espeso de tabaco. Escritor, actor, guionista. Lo recuerdo hace años hablando hasta perder el resuello en un programa radiofónico del que fue colaborador. Lo sabía todo del cine español. Gabino Diego lo encontró muerto en la habitación donde malvivía. No fue tan casual que así fuera. A este otro miembro desgarbado de la farándula, al que tan a menudo han caracterizado de pasmado, le ha podido siempre la admiración por esa generación de ilustres. Debutó en el cine con Las bicicletas son para el verano de la mano de Chávarri, gracias a que se le había visto un parecido razonable con Fernán Gómez, y terminó trabajando a las órdenes de éste en algunas de sus películas, entre ellas El viaje a ninguna parte, una historia de eso que años atrás se llamó tan dignamente cómicos. Esa retahíla de ocurrentes que son capaces de despedir a un tipo recién muerto subiéndolo a un escenario y cantándole unos tangos.

6 comentarios:

M. dijo...

Bueno, segundo intento (esta mañana escribí como mil palabras y ahí se quedaron...).

(Decíamos ayer) Gracias por acercarme a Perico Beltrán. He buscado cosas de él en internet y me he encontrado cosas interesantes. Te dejo, por si no lo habías leído, con una necrológica de Moncho Alpuente: http://www.elpais.com/articulo/madrid/Sombras/bohemia/elpepuespmad/20070314elpmad_18/Tes

Vi El extraño viaje de la mejor manera posible: con un coloquio posterior de Fernán Gómez y Almodóvar. Creo que además también se repuso el otro día. Hace ya unos años el propio Almodóvar había dicho de El extraño viaje que era una de las grandes películas del cine español, y la situó en un lugar preferente como influencia mayor. Por eso la ví: yo a Almodóvar lo tengo muy en cuenta en materia de influencias. Claro que me gustó. Evidentemente, es la bella obra maestra que tú tan bien describes. De Fernán Gómez recuerdo además con intensidad Las bicicletas son para el verano, y la magistral interpretación de Agustín Fernández, que acababa (creo) el film con aquella frase que debió ser lema de los cuarenta años posteriores (si no fuera porque la historia se rodó después): "Se acabó la guerra, pero no ha llegado la paz: ha llegado la victoria".

Un abrazo, querido Diarios.

Lula Fortune dijo...

Paseando por ahí he encontrado varios post de esta película y es curioso que lo de "extraña" le vaya tan bien. La vi hace relativamente poco y cuando intenté comentarla con amigos, casi nadie la conocía. Digo "extraña" por el argumento, por el desenlace, por el planteamiento, por la época en que se vivía, por lo poco conocida...A mí, la película, me pareció genial.
Y qué suerte haberla visto con ese coloquio posterior.
Besos DR, que no te olvido aunque no siempre te escriba.
(Iba a escribirte en el de Panero, pero ¿qué añadir?. A veces el silencio es más explícito)

Diarios de Rayuela dijo...

Manuel, acabo de leer la necrológica de Alpuente. Gracias por la recomendación. Es magnífica. Yo gocé mucho con lo que Beltrán contaba en el programa al que aludo en el post -vaya palabro, Dios mío-. Era en la SER. Hace años. Compartía espacio con Rioyo.

Lula, gracias por la visita y nada de disculpas. Yo paso a diario en silencio por muchas bitácoras -entre ellas la tuya-. No siempre uno tiene ganas de hablar o no siempre lo que se podría decir mejora o aporta algo a lo dicho o comentado.

Gracias a ambos y un fuerte abrazo.

Portorosa dijo...

El skyline (:)) de mi ignorancia tiene un rascacielos en el cine, y tampoco he visto esta película, pero me quedo con las ganas. Me ha encantado el post, DR.

Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Espero que si finalmente la ves no te decepcione. Particularmente me pareció una joya.
Un abrazo.

Ana Bande dijo...

Yo vi esta película por segunda vez, magistral, igual que su comentario. Unha fuente histórica para conocer efectivamente la miseria moral de una epoca negra.