miércoles, noviembre 07, 2007

Serandinas y el vino

Para M. y P.

Siempre he creído que aquí, en Serandinas, podrían darse buenas uvas, parras generosas, la promesa de un vino alentada en terrazas soleadas que mirasen altivas el curso oscuro del Navia, cepas que le gritaran al río que de esa pez que arrastra como agua y entristece el mundo se ríen los mil racimos brillantes de su fruto. Y tanto se reirían que hasta terminarían retorciéndose de alegría las vides y las vidas de los pocos que por aquí andamos. Pero mientras llega el enólogo pionero que haga realidad esta ilusión mía, el encantador que le ponga un espejismo de sonrisa a este paisaje, guardo a buen recaudo, en la despensa, el vino que días atrás tuvieron a bien traerme unos amigos que por aquí se perdieron. Tres botellas de vino que en la media noche del sábado, en las sombras mismas de las calles del pueblo y casi como si se tratara de un trueque clandestino, me entregaron esos entrañables visitantes como un alijo cordial. A menudo se le asegura a quien obsequia vino que será bebido a su salud. Pero poco puede hacerse por prevenir la salud del otro. Ese deseo de quererlo sano es siempre la buena fe de quien le brinda al sol. Por eso mi intención es otra. En esas tres botellas prometo yo paladear el recuerdo de una velada amable, eso que intuyo es ni más ni menos que la exacta medida del cabal provecho de la vida.
Xuan Serandinas

3 comentarios:

FPC dijo...

Pues qué añadir a eso... salvo ¡salud! Y gracias.
Un abrazo

occam dijo...

el vino es la única bebida inventada por el hombre que tiene metafísica. Este relato capta perfectamente uno de esos aspectos de la metafísica del vino

Diarios de Rayuela dijo...

No te falta razón, querido Occan, el vino como la metafísica le da a veces sentido a la realidad. O dándole la vuelta al asunto, la realidad se siente mejor con el vino y la buena compañía. Un abrazo a ambos.