lunes, noviembre 19, 2007

Oxítonas

Japón y Jonás suenan parecido por la jota inicial, por ser palabras agudas, u oxítonas que se dice ahora, y bisílabas. A Japón Greenpeace, como Dios a Jonás, le rogó que tomara derroteros distintos. Que se fuera a Nínive le decía la divinidad al de Israel. Que se quede en casa le piden los ecologistas a la flota japonesa. Jonás terminó en el vientre de una Moby Dick bíblica que lo tuvo en el seco estomacal tres largos días. Hasta que se arrepintió, se le perdonó y se fue por fin a Nínive a predicar la destrucción si no enmendaban las malas costumbres los del lugar. Eran otros tiempos e historias más edificantes. El viaje de la flota nipona teme uno que no tenga final de parábola, sino el cruento remate con que se pespuntea a diario la realidad. Jonás significaba paloma. Se le extravió la razón y el vuelo lo llevó a la boca de un cetáceo. Japón quiere decir lugar del sol naciente. Debe de amanecer fuerte algunos días por allí, tanto que a unos cuantos se les ciega de repente el entendimiento y hasta se les adormece el músculo cardiaco -oxítono también-.

6 comentarios:

amart dijo...

De nuevo las ballenas. No sé durante cuánto tiempo seremos capaces de persistir en tal dislate. Y digo seremos porque los detractores de prácticas salvajes como esta, estamos aún muy lejos de articular medidas definitivas para erradicarlas. Cuántas veces la sinrazón y la falta de escrúpulos se visten de industria.
Un abrazo.

Raquel dijo...

Sí, se les nubla el entendimiento y hacen oidos sordos, como Estados Unidos al calentamiento del planeta. Tal vez tenga que ver con eso de ser países poderosos. ¿El poder les confiere los derechos de aniquilar lo que no les pertenece?

Un abrazo

Anónimo dijo...

Vaya, alguien se olvidó de mencionar a China, India o Rusia. Siempre los mismos con las mismas palabras...

Diarios de Rayuela dijo...

Ciertamente, las imágenes que acompañaban esta noticia en los informativos eran espeluznantes.
Surgió entonces el post.
Sabía lo del Japón. Ignoraba si otros países permiten también tales prácticas. En cualquier caso, lo que se condena en uno se condena en todos.
Un abrazo y gracias por vuestros comentarios.

occam dijo...

En la factoría de Masso (que aún existe como reliquia de arquitectura industrial pero sin actividad productiva desde hace años) en Cangas do Morrazo se procesaban ballenas. De ñiño vi como una cuadrilla de una media docena de hombres descuartizaban a uno de estos animales. La escena era pavorosamente cinematográfica y es una imagen que sigue muy viva entre mis recuerdos infantiles.

de los países balleneros qué decir...

Diarios de Rayuela dijo...

No hace nada, Occam, estuve en el aula del mar de Luarca, donde hay una exposición muy interesante sobre cómo era por aquellos lares la pesca de la ballena hace muchos años. Un oficio entonces para gente valiente. Un recurso, además, con múltiples utilidades y que no esquilmaba la poblacion de estos cetáceos. De lo que alli se exponía me quedé con dos cosas: la palabra saín, la grasa de las ballenas a la que tanto usos se le daba -qué palabra más bella-; y las escarpias, de madera y hierro, que utilizaban los que descuartizaban al bicho para caminar sobre él sin caerse -hacía daño sólo verlas-.
Eran otros tiempos. Había épica en en el oficio de ballenero. Necesidad en las gentes. Ahora, sólo voracidad industrial.
Un abrazo.