miércoles, abril 02, 2008

Oricios

Reconozcámoslo: debo de ser un tipo algo envidioso. El domingo, sin ir más lejos, estaba cocinando y oyendo al tiempo la radio. Dos pescadores contaban en antena sus cosas con sano y contagioso entusiasmo. Que si ríos, que si mareas. Que si pozos, que si playas. Dónde los mejores pedreros. Dónde los oricios más suculentos. En su busca habían ido, días atrás, con una botella de buen champán y dos copas de cristal que dejaron a la sombra, en un charco de la orilla. Al volver del mar abrieron el champán y tres docenas de oricios. Confesaban que aquello había sido un manjar de dioses. Paganos. De Neptunos. Esa fue mi envidia mientras atendía el fuego de los potes para la semana. Añorando, me parece ahora, lo que nunca he tenido y siempre he deseado, esa rara comunión con el mar que no sólo se canta, sino que se padece y se disfruta desde dentro, con las cachas en salmuera y las yemas de los dedos tan arrugadas como pergaminos. Y feliz.

8 comentarios:

FPC dijo...

Permíteme la ironía, querido amigo: lo que te daba envidia era ¡el champán!
Y ahora en serio: no creo que te falte mucho para esa sintonía con las olas. Otros te envidiamos por ello.
Un abrazo.

paupablo dijo...

Dicen que uno se acostumbra a estar todo el día en remojo, y al final ya ni siquiera se le arruga la piel.

Nunca he llegado a sentir esa añoranza de mar, será porque soy de secano.

Un saludo

pau dijo...

Es, quizás, el marisco que mejor sabe a mar. Está en decadencia puesto que se pesca sin control y pronto serán un recuerdo o tan caros como las angulas. Está en todos los continentes, el más grande en Chile. Dicen que el del Mediterráneo es el más sabroso...
Bueno, ¿qué más puedo decirte?
En mi tierra ampurdanesa se le llama "garota" no sé el por qué.

A veces en el mar buscaba la frecuencia por donde hablaban. Es fantástico escuchar sus conversaciones, públicas, por descontado. Al estar solos y aburridos mientras solo navegan, se pasan las horas hablando entre ellos, cagándose, esos sí, en todos los tripulantes de veleros, niñatos turistas según ellos y los de yates.
Un saludo.

Luna dijo...

Cuando era chiquita conocí aun marinero que decía que la mar era tan atrayente como la pólvora, su olor se pegaba al paladar y no podían prescindir de ella.
A mi no me gustan mucho los oricios, aquí les llamamos erizos.

Saludos

Diarios de Rayuela dijo...

Después de haber escuchado ese relato en la radio, FPC, leí, en los apuntes que sobre oricios tiene colgados en la red un popular gastrónomo asturiano, que él solía ir a pescarlos a la zona de Castropol, en la raya con Galicia, y que los consumía en los propios pedreros, acompañándose siempre de un albariño. Tampoco es mala mezcla. No provoca menor envidia.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Para los que la tenemos cerca, Paupablo, la mar es una costumbre que añoramos no sabes de qué modo cuando de ella nos alejamos.
Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Me he enterado, Pau, de que en Cádiz también los consumen. Dicen que son más pequeños, pero bien sabrosos. Aquí en Asturias, y sobre todo en Gijón, son una vieja tradición. Tienen un sabor intenso y se comen acompañándolos de sidra.

Al recordar las conversaciones que mencionas de los marineros, me vino a la cabeza aquel magistral libro de Aldecoa, Gran Sol, que escribió tras viajar en un barco de pesca. En él se registraban fielmente las preocupaciones y charlas de los mareantes. Gente especial, como bien sabes.

Un abrazo.

Diarios de Rayuela dijo...

Va a ser cuestión, Luna, de que repitas -como decían en aquel anuncio de la tónica-. Seguro que les encuentras el punto.
La definición del mar a la que aludes es muy bonita.
Un abrazo.