martes, abril 29, 2008

Un tal D´Hubert


Hay novelas en las que se aprecia el buen pulso de quien las escribió y se gozan con el placer con que se disfruta de lo hermoso. Y las hay que no sólo están bien escritas, sino que además consiguen leerse con la complicidad de la identificación. Nos vemos en alguno de sus personajes por razones sobre las que sólo la intuición pone en la pista, y que sólo la reflexión a veces llega a desvelar completamente. En ello ando, intentando saber qué me ha movido a verme en un teniente de húsares, a comprender tan bien a Armand D´Hubert. Porque, paradójicamente, he leído con la emoción de lo cercano una historia napoleónica, la de los duelos que a lo largo de quince años despacharon dos militares para dirimir una absurda cuestión de honor. Porque, aún a pesar de la distancia en el tiempo, en la condición y en las actitudes morales, me he sentido un tal D´Hubert a lo largo de El duelo, esa deliciosa nouvelle que Conrad incluyó en el libro de relatos A set of six. Y aunque no tengo resuelto el porqué, me da que algo tiene en ello esa tendencia a mantenerse digno aún en las circunstancias más absurdas, un rasgo de nobleza en el carácter que creo se debería procurar siempre y que constituye la más temible de las armas en el subyugante enfrentamiento que en esta obra -y en lo diario- se libra con la vergüenza de toda cobardía y contra la humillación de la violencia como razón última de una vida, la del enemigo Feraud, entendida permanentemente como agravio.

3 comentarios:

Sir John More dijo...

Habrá que leer la historia. Es una suerte que viera antes la película de Scott, que es en mi opinión muy, muy digna. Por cierto, la disputa central de la historia es demasiado actual, y demuestra, como he mantenido en algunos párrafos escritos no hace mucho, la gran hipocresía en la que nos movemos en los terrenos del amor. Un abrazo algo hinchado por ciertas fabes que hicimos el otro día para rememorar otras mucho mejores. Muy pronto caerá ese delicioso pastel de falso cabracho.

g. dijo...

No lo leí...
Pero si es tan bueno como la película, tiene que ser estupendo...

Y, bueno, Conrad siempre es Conrad.

Por cierto, me acabo de fijar en que somos paisanos, creo.

Diarios de Rayuela dijo...

Veo que ambos habéis visto la película, y que os ha gustado. La he bajado hace unos días. Espero verla pronto yo también. El libro es una delicia.

Sir, ya me contarás a ver cómo resulta el pastel.

G., paisano, me he pasado un momentito por tu bitácora. Seguro que repetiré.

Un abrazo y gracias por vuestras visitas y comentarios.