martes, febrero 26, 2008
De vate(s)
Contra corriente
domingo, febrero 24, 2008
El palacio oscuro de don Miguel
miércoles, febrero 20, 2008
Agresiones

lunes, febrero 18, 2008
Centro de Arte y Creación Industrial
De vuelta a casa pensaba en el enorme formato que a menudo precisan las nuevas piezas artísticas. La esquemática representación de cazadores y bestias en las grutas prehistóricas, la pedagogía románica, las tablas flamencas o la inquietante abstracción pictórica o escultórica de las vanguardias de principios del XX tenían la proporción del espectador. El nuevo arte precisa de enormes recintos. El artista jibariza al visitante, que debe adaptarse a la obra y tratar de entenderla. No es más, creo, que una inclinación vertiginosa del fiel de la balanza. El peso del arte, su protagonismo, reside, más que nunca, en el artista. Su tiranía –no se malinterprete el concepto- lo condiciona todo. Su prestigio social le permite crear mundos a la medida desproporcionada de la vanidad que el arte inocula. A veces el resultado es apasionante. A veces.
viernes, febrero 15, 2008
La nota
jueves, febrero 07, 2008
Blimp
Ya me advirtieron de que no buscara a Blimp en la película. De que no aparecía. Blimp es una categoría. Un paradigma. Se dice en The Oxford Dictionary que el Coronel Blimp es un character invented by the cartoonist David Low representing a pompous, obese, elderly figure popularly interpreted as a type of diehard or reactionary. Esto es, Blimp representaba al pomposo, al tradicionalista y al reaccionario. En efecto, el Coronel Blimp nació hace más de setenta años en las páginas del Evening Standard, de la mano del dibujante satírico David Low, quien perfiló un personaje que se convirtió en un icono de la Gran Bretaña de entreguerras.Michael Powell y Emeric Pressburger constituyen una de las sociedades creativas más brillantes del cine británico. Juntos escribieron, produjeron y dirigieron conjuntamente las películas inglesas más arriesgadas y experimentales de los años de la II Guerra Mundial y la posguerra. Entre ellas, El espía negro (1939), Los invasores (1941), Coronel Blimp (1943), A vida o muerte (1946), Narciso negro (1947), Las zapatillas rojas (1948) y Corazón salvaje (1950). Según parece es difícil deslindar las contribuciones de ambos personajes a su obra colectiva. Se afirma que por lo general Pressburger armaba las películas y gestionaba su producción, y que Powell redactaba el guión inicial, dirigía en el plató e imaginaba las ideas visuales. Hasta que los nazis lo expulsaron de Alemania, Pressburger había trabajado en la UFA, la principal productora alemana. Powell, por su parte, se había ido curtiendo en películas de bajo presupuesto. Al encontrarse, se mezcla la artesanía visual de Powell con las preocupaciones filosóficas de Pressburger. Pues bien, en medio de la Segunda Guerra Mundial, Michael Powell y Emeric Pressburger ruedan una película memorable, Vida y muerte del Coronel Blimp. Se narra en ella la trayectoria vital de un hombre bueno y anticuado en el mejor sentido de la expresión, Clive Candy. Asistimos por medio de un largo flash back a su ejemplar historia de amistad durante medio siglo con un oficial alemán, Theo Kretschmar-Schuldorff, un relación casi fraterna pero paradójicamente nacida tras un duelo en el que ambos se hieren y a raíz del cual, además, se enamoran de la misma mujer, una Deborah Kerr rutilante que llega a interpretar tres personajes diferentes en el film. La amistad entre ambos militares permanecerá intacta a pesar de tener que enfrentarse durante la I Guerra Mundial. Y se fortalecerá aún más en los años posteriores a la toma del poder por el nazismo, al huir de su país Theo Kretschmar-Schuldorff, refugiándose, con la intercesión de Clive Candy, en el Reino Unido. La idea sobre Blimp expuesta por la película es mucho más benévola que la generalmente admitida para tal expresión. Se le aplica al protagonista por considerarlo un hombre anclado en convicciones militares demasiado caballerescas para las crueles prácticas bélicas impuestas por el enemigo en la II Guerra Mundial. Muestra, pues, esta deliciosa historia una firme manera de estar contra viento y marea, una manera noble que finalmente se desvela ingenua e inapropiada cuando el adversario no adopta modos tan versallescos de comportamiento. Asistimos por ello a una elegía melancólica de la esta edulcorada personalidad Blimp que Powell y Pressburger nos presentan en su obra. Esa melancolía de lo imposible tiene que ver con la pérdida de valores que de repente, y en el tráfago de los acontecimentos bélicos derivados del expansionismo nazi, se vuelven caducos. Hablamos, por el ejemplo, del valor o del honor. Y muy especialmente del respeto hacia el otro, aun incluso cuando circunstancialmente se halla en la trinchera de enfrente. Vida y muerte del Coronol Blimp es un película hecha en plena guerra, pero que no persigue la sensibilización patriótica a través de trampas melodramáticas o personajes hiperbólicos, sino que reflexiona elegante e inteligentemente sobre la inevitable manera en que la guerra y el tiempo transforman creencias y convicciones. Que habla, además y sobre todo, de la vida, del amor, de las esperanzas y de la amistad.
miércoles, febrero 06, 2008
UPyD
Nos escribimos esta vez a propósito de una conferencia de Arcadi Espada a la que yo le había puesto reparos. Se trataba en ella de fijar los rasgos que han de caracterizar al progresista del siglo XXI. Oponía J. a mis pormenorizadas objeciones una impresión más global y entusiasta: “La verdad es que me parece fascinante que en un acto mediante el que se intenta dar a conocer una nueva formación política se hable de cosas tales como la verdad, el conocimiento, la excelencia, la ciencia, los mitos… Me parece una auténtica revolución en la política española, aún teniendo en cuenta la modestia del intento”.
Oficialmente no son muchos los días que se llevan consumidos de la campaña electoral. Y sin embargo, hay dos sensaciones que ya dejan y que tienen que ver con el hartazgo. La sensación de haber asistido a una interminable persecución del voto desde hace meses y que sólo ahora se hace explícita. Y la sensación de que el apoyo electoral se recaba a través de unos mecanismos no sólo anacrónicos sino incluso las más de las veces ofensivos para la dignidad e inteligencia del votante. ¿Puede alguien decidir el sentido de su voto tras asistir a un mitin? O mejor, ¿asiste alguien a un mitin sin haber decidido antes su voto? En las últimas semanas, una organización política nueva ha organizado en mi ciudad un ciclo de conferencias con el título Pensar un país. La propuesta era tan inusual como atractiva. Una serie de personalidades de los ámbitos del derecho, la filosofía o el periodismo abordaron aspectos tales como la construcción de un estado viable, las razones para un nuevo partido político, la educación o el análisis del progresismo en el siglo XXI. Todas las disertaciones se cerraban con un coloquio en el que sin cortapisa alguna se planteaban dudas o se manifestaban opiniones sobre los asuntos tratados y la posición adoptada al respecto por el ponente. Asistí a todos estos actos sin advertir, para consuelo de quienes por entre el público andábamos, que en ninguno de ellos se solicitara desesperada o amenazadoramente el voto; sin que se recitaran consignas estereotipadas o imprecaciones desabridas; sin que se situaran sobre el estrado ninguna de esas tribunas de bobos obedientes que tan de moda se han puesto en todos los mítines, con esas filas de jovencitos aseados que aparecen tras los líderes y que aplauden o agitan banderas con la preocupante sincronía de una micromasa. Deduje, por tanto, de cuanto vi en esas citas que aun en plena campaña electoral es posible ofrecer algo más que rancios mensajes clónicos. Que es posible aprender, debatir, escuchar y proponer.
domingo, febrero 03, 2008
Cendal
nos es desconocido
y que sin embargo nos son tan gratas al oído
como caricias,
logran en ocasiones enramarse
hasta dar sombra de poema.
Recuerdo que al leer por vez primera
la hermosa palabra cendal
la imaginé como un ungüento
capaz de dar alivio
a cualquier desengaño irremediable.
Match Point
En un partido (de tenis) hay momentos en que la pelota golpea el borde de la red. Y durante una fracción de segundo puede seguir hacia delante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte sigue hacia delante, y ganas. O no lo hace, y pierdes.
Woody Allen
lunes, enero 28, 2008
Tachia
Larga es la noche, Tachia. Oscura y larga
como mis brazos hacia el cielo. Lenta
como la luna desde el mar. Amarga
como el amor: yo llevo bien la cuenta.
Tachia vive en la capital francesa desde 1958, allí ha impulsado la cultura y los versos de España, allí se ha hecho militante de la poesía –le gusta que así la consideren-. Lleva tiempo ahora empeñada en devolverle relevancia a la "figura injustamente olvidada" de Blas de Otero. Recitó el viernes una selección de veinticuatro de sus poemas. Paso a paso, verso a verso. Un espectáculo que cuenta con la dirección artística de Edwine Moatti, que se estrenó en 2006 con motivo del noventa aniversario del nacimiento del poeta vasco y que ha paseado ya por multitud de escenarios. "Hago todo lo que puedo para difundir su poesía. Es una gran injusticia que aún no se hayan publicado sus obras completas. Reducir su obra sólo a su etapa de poeta social es una idiotez como una casa. Blas ha sido silenciado por la derecha, a quien nunca le interesó un hombre que siempre defendió la justicia social y reducido por la izquierda a la mera categoría de un poeta de protesta».
Cuando Tachia llega a una ciudad con sus versos, a los cronistas del lugar les gusta presentarla como la novia joven de Blas de Otero, como el apasionado amor de Gabriel García Márquez, quien le dedicó la versión francesa de El amor en los tiempos del cólera. Pero no se habla sin embargo de quien fue su marido casi cuarenta años. Será quizás porque los ingenieros tienen escaso pedigrí literario. Pero nadie olvide que con él compartía aquella casa en París abierta siempre a los poetas, a los pintores, a los juglares.
Fue presentada y se apagaron las luces. Subió a oscuras al escenario. Una hermosa mesa de madera sobre la que había libros, discos y una lamparita de luz suave. Un sillón rústico con el asiento de paja en el centro de las tablas. Una vela roja encendida sobre una palmatoria al otro lado. Recitó durante una hora. Fue encadenando los versos de Blas de Otero como quien habla suave y convencidamente de la vida de un hombre al que se conoce bien, al que se respeta y se quiere. De su infancia en el Bilbao beato de los años veinte. De su juventud atormentada por la fe, por la muerte del padre y el hermano, por la guerra. De su amotinamiento contra la España gris e injusta que vino más tarde. De sus amores. De sus miedos. De la muerte. Lo hizo una mujer de porte esbelto, de pelo corto y cano, de palabra clara y de facciones bellas –cómo hubieron de serlo años atrás si aún hoy, a sus ochenta años, sigue seduciendo la puñetera-. Una mujer que lo dijo todo sin exceso alguno, con sosiego. Alegre en el verso dichoso, seria en el doliente, pero siempre con gesto preciso, sin arrebatos, sin gritos.
Y se oyó también, casi cerrando el acto, la voz del propio Blas de Otero recitando. Es verdad que resulta emotivo escuchar a quien se homenajea y está desde hace casi veinte años muerto. Pero me pareció que sus poemas sonaban mejor, parecían incluso más de todos, en la voz de Tachia. Nunca han dicho bien su propios versos los poetas.
Se la aplaudió larga y sinceramente.
Tuve la fortuna de compartir con ella mesa y mantel más tarde. Confesaré un secreto, en un pequeño y viejo restaurante próximo a la estación de tren, en el reservado de un comedor rancio pero entrañable, casi a las dos de la mañana, Tachia volvió a recitar. Para entonces sólo ocupábamos el lugar los que habíamos cenado a su lado y quienes en otra mesa próxima mantenían una charla animada y ruidosa. Esa mujer elegante se levantó e hizo el silencio con tan sólo echarse un foulard al cuello. Por un momento pensé en Isadora Duncan de pie, cogida apenas a la luneta frontal de un descapotable rojo, desafiando la velocidad y la noche, dejando tras de si la estela de un pañuelo al viento. Tachia extendió el brazo, la mano, los dedos largos y expresivos, y dijo los primeros versos del Romance de la pena negra.
Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
Huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas
Buen viaje, Tachia.
miércoles, enero 23, 2008
The Straight Story
Ayer a la noche vi de nuevo Una historia verdadera. Una película sencilla y lenta. En medio de tanto cine desproporcionado, da gusto encontrarse con este remanso de diálogos serenos, de personajes humildes, de imágenes ciertas. Hay una tendencia a confundir morosidad y tedio. Aquí se desmiente. Se narra una anécdota real de la que se hizo en su día eco la prensa norteamericana. En 1994, Alvin Straight, un anciano de 73 años, recibe la noticia de que su hermano, compañero de juegos en la infancia, pero del que sin embargo la vida lo ha ido distanciando, sufre un infarto. Al hilo de esa circuntancia cree llegado el momento de olvidar viejos rencores y viajar a su lado. Pero tanto su edad, como su limitada visión y movilidad le impiden conducir un automóvil. Decide entonces hacer el camino en su cortacésped, un pequeño y viejo cacharro con el que sólo alcanza una velocidad casi rídicula para un viaje, desde Laurens, en Iowa, hasta Wisconsin, de varios cientos de kilómetros. Alvin tardó más de seis semanas en llegar. El trayecto se convierte así en una road movie que pone sobre la carretera a un viejo conduciendo un ridículo trasto lento y escasamente fiable, decidido a llegar a su destino sin renunciar a todo lo que el camino ofrece, una naturaleza amena, algunas conversaciones memorables y el contraste de la prisa sinsentido de los que le adelantan continuamente sobre camiones, coches y hasta bicicletas. Los espectadores asistimos, mientras, a todo ello con la sensación de que sólo él sabe bien a dónde va y cuándo detenerse a esperar, como en esa hermosa escena en que se refugia al abrigo de un desvencijado granero mientras aguarda a que la lluvia cese, disfrutando de un cigarro y de la propia tormenta.
Queda al final de todo ello no sólo el gusto por los viajes sin prisa, sino la reflexión de que en la vejez, además de volvernos ciegos y cojos, también es posible reconciliarse con el mundo, por muy duro que haya sido su tránsito.
The Straight story fue dirigida por David Lynch en 1999. La música de Angelo Badalamenti acompaña bien su desarrrollo. La protagoniza Richard Farnsworth, un viejo actor secundario que se quitó la vida poco después de estranarse este film al conocer que padecía un cáncer terminal. A él está dedicado el vídeo que se acompaña.
lunes, enero 21, 2008
Engañoso trajín
sábado, enero 19, 2008
Amistad
viernes, enero 18, 2008
Ángel (González) y los angelitos
lunes, enero 14, 2008
Las imágenes precisas y las justas palabras
Del sábado uno se lleva una película. Una joya. La vida de los otros. Memorable film de Florian Henckel von Donnersmack. Corre el año 1984 en La Republica Democrática Alemana y Gerd Wiesler es un capitán rutilante de la Stasi, la policía secreta del régimen comunista.Wiesler recibe la orden de espiar a la pareja formada por el autor teatral Georg Dreyman y su novia, la actriz Christa-Maria Sieland. Para desgracia de Dreyman, el ministro de cultura desea a la novia del dramaturgo. Con estos mimbres, se teje una historia absorbente, bien desarrollada, triste pero esperanzadora. Al hurgar en la vida de los espiados, Wiesler sufre una lenta transformación de ideales y lealtades. Sobre ello gira la película, sobre la posibilidad no sólo de rebelarnos contra un régimen opresor, sino de liberarnos de la mezquindad de nuestras vidas, de las justificaciones con que las volvemos débiles y vergonzantes. Wiesler alcanza un final digno y la película se cierra sobria y magistralmente.
Supe también de la muerte de Ángel González. Tomé una antología de sus versos y lo leí como tantas veces, con la sensación de que nada resulta tan difícil de alcanzar como esa aparente facilidad de estilo. Y por esas extrañas razones que uno no llega a comprender completamente, me vi buscando sobre todo en las páginas de ese libro el retrato de aquella sociedad gris y asfixiante de la posguerra, tan fielmente plasmada, por ejemplo, en Otro tiempo vendrá distinto a éste…: “Es la luz del alba / como la espuma sucia / de un día anticipadamente inútil, / estoy aquí, / insomne, fatigado, velando / mis armas derrotadas…”. De algún modo, unía la experiencia de la película recién vista, ambientada en la mísera realidad de un país devastado por la ideología, y la lectura de un maestro recién fallecido, que había escrito como pocos sobre la desesperanza de un país asolado por la grisura de una terrible posguerra. Pocas veces se consigue explicar el mundo con imagenes precisas, con las justas palabras.viernes, enero 11, 2008
Sondaleza
La fina sonda mojada silbó
como seda restregada
al correr entre los dedos del hombre.Joseph Conrad (El cabo de la cuerda)Comenzar a escribir
con la sola intuición
de que algo se agazapa
detrás de las palabras que se trenzan
es como acercarse a un puerto
en la noche y ciego,
sin más ayuda
que una sonda que insistente
mide las aguas menguantes.
(Mucho tiene que ver en esta conradiana Jorge Ordaz. Para él.)
lunes, enero 07, 2008
Bufones
o que les obligaba a expulsarlo violentamente. Bufando. Pero éstos del mar no son la broma de un desdichado deforme, sino el pulso mismo de las entrañas del mundo, la amenaza de una ira que pudiera anegarlo todo. Te sitúas lejos y aun así te empapan. Como orballu. Te acercas y rugen tan fuerte que el miedo te aparta. Y sin embargo Plata andaba sin susto aparente en la proximidad. Es una maltés pequeñita y blanca. Silenciosa. Su dueña nos cuenta que sólo muy de vez en cuando se ve algo así, tan intenso y espectacular. Lo sabe bien. Vive al lado. No siempre la mar anda tan llena y bate con tanta fuerza; no siempre el viento la sopla así por las grietas de los acantilados; no siempre el sol se asoma a tiempo. Cuando celebró las bodas de plata, su hija le regaló la perrita. No sabía si alegrarse o maldecir la idea. Ahora, en la pequeña casa de Garaña donde pasa la mayor parte del tiempo, los mejores ratos de la reciente jubilación, nada sería lo mismo ya sin Plata, que parece frágil, pero que no teme a los bufones.jueves, enero 03, 2008
La pica en la nariz
miércoles, diciembre 19, 2007
Al río con la Navidad
Un manera de sinécdoque es la parte por el todo. El espumillón por la Navidad. Es fácil decorar árboles. Montar belenes. Pero cómo se hace con todo un río. Bajé hasta la orilla. Deposité en la corriente perezosa, en el azogue de sus aguas, un espantoso trozo de espumillón plateado. Lo vi flotar lento. Irse despacio. Me pareció el lomo refulgente de una anguila. Y de pronto, en aquella quietud en la que nada sorprendente podía aventurarse, saltaron sobre la presa de color no menos de media docena de bocas voraces. Las truchas del río se llevaron muy al fondo el rastro luminoso de la Navidad.
domingo, diciembre 16, 2007
En la Casa del Chino
O curruncho de Rayuela
jueves, diciembre 13, 2007
De educación
Debe recordarse que las medidas cautelares suspenden la ejecutoriedad de un acto administrativo cuando existe petición del administrado al órgano judicial en tal sentido por atenderse la consideración de que las derivaciones de la aplicación de la medida recurrida pudieran ser de tal gravedad que si no hubiera suspensión serían difícilmente reparables. Permítanme que dude de que los efectos de una asignatura con tan escasa presencia en el horario escolar y cuyos contenidos, por muy adulterados que se presenten, presiento que no tienen relevancia tal como para dañar ni el sistema neuronal ni la sensibilidad ni las convicciones morales o religiosas de los educandos.
Me parece que la pretensión última y más noble que justificaría una asignatura como la que motiva la polémica sería la transmisión desde edades tempranas de los valores que impulsan una convivencia democrática. No sé si tal finalidad justifica la existencia de una materia aislada o requiere, por contra, el que desde todas las asignaturas impartidas, de modo transversal, se enseñe a los alumnos cuáles deben ser las pautas de comportamiento cívico en una sociedad libre, en un estado de derecho. De cualquier modo, al optarse por la primera de las soluciones no se debería haber soslayado la importancia que para el éxito de la medida hubiese tenido que se compartiera por los principales partidos políticos, por los únicos que pueden gobernar este país.
Nos hallamos de nuevo ante una de esas iniciativas que tomada por quien gobierna sin un acuerdo suficientemente amplio tiene el futuro condicionado por la alternancia que propician las soberanas decisiones del electorado. Y sucede ello en un asunto tan delicado como el de la educación, donde los cambios ministeriales generan, invariablemente, modificaciones sustanciales de su modelo. Esta inestabilidad ya grave por si misma, aun se agudiza más con el singular entramado territorial y competencial existente en España, que permite una enorme autonomía a los gobiernos autonómicos en asuntos como la enseñanza.
Desde una perspectiva de mero espectador atento a lo que sucede, esta inestabilidad de las estructuras educativas es uno de los grandes males que afectan a la escuela en España. A él deberían sumársele, al menos, otros dos: su debilidad y el escaso respeto por la labor docente.
Por debilidad entiendo eso que también se ha dado en llamar indulgencia en palabras de José Antonio Marina, y que no es sino el modo en como se ha ido bajando el listón de lo exigido a los estudiantes en contenidos y en comportamiento. Mentarle a un responsable administrativo o a un órgano de gobierno educativo la existencia de un alto grado de fracaso escolar en su área de responsabilidad es ponerlo en el disparadero. Dado que poco o nada se puede hacer para mejorar esas estadísticas en plazos breves y puesto que las legislaturas se caracterizan precisamente por eso, por su temporalidad y por la necesidad de ofrecer a su término resultados relevantes de la labor realizada, no se opta por la decisión valiente de comprometer en la tarea y a largo plazo a todas la fuerzas políticas que puedan gobernar, llegando a un pacto que garantice la estabilidad en el modelo, sino que se elige la peor de las soluciones, la modificación de los controles, de modo que al hacerlos más flexibles ofrezcan resultados más presentables cara a la opinión pública. Es, por hacer una comparación clarificadora, como si para obtener mejores resultados en las estadísticas sobre delincuencia, dejáramos de considerar como delitos los pequeños hurtos, las agresiones sin fracturas o las falsificaciones de moneda que se limitaran a clonar tan sólo billetes de cinco euros. Evidentemente, ello mejoraría las cifras registradas en el apartado sobre comisión de delitos recogidas en las memorias anuales de las delegaciones de gobierno, pero me temo que la situación real del problema habría experimentado un sensible empeoramiento.
La tercera de las dolencias que socavan la salud de nuestra educación es, a mi juicio, la paulatina desconsideración que se ha ido evidenciando hacia el trabajo de los docentes. Hay una escena en la película La lengua de las mariposas que, de algún modo, nos pone sobre la pista de las más graves sinrazones que han llevado a esta situación: el desprecio público hacia la labor de los profesores y, paradójicamente, la tendencia a convertirlos en únicos responsables de la educación de nuestros hijos. La escena es la de aquel rico ignorante y grosero que interrumpiendo la clase del entrañable enseñante republicano que interpretara Fernando Fernán Gómez, y portando sendos capones en sus manos, con la intención evidente de manifestar tanto su propio poderío como las penurias del maestro, le exige a éste con voz destemplada que le ponga más cuidado al aprendizaje de su hijo, un crío que resulta ser un pobre cenutrio con pocas luces y ningunas ganas de estudiar.
Excúsenseme estas elementales reflexiones de quien contempla con interés pero sin suficiente conocimiento de causa el estado actual de la educación en España. A vuela pluma. Habrán de ser los especialistas quienes afronten con más rigor y profundidad estas cuestiones. Si se les deja y si se toman en consideración sus recomendaciones. Pero creo que los ciudadanos de a pie tenemos la obligación de plantearnos de vez en cuando el pequeño reto de pensar sin corsés ideológicos o mediáticos, de manera sosegada y sensata, sobre estos asuntos que son los que finalmente hacen que nuestra sociedad sea un lugar más o menos habitable.
lunes, diciembre 10, 2007
Estos días
El sábado celebramos comida familiar. Hice patatas a la importancia en versión marinera. Me pareció que estaban exquisitas. Pero nadie alabó el plato. Asi que me temo que no debían de estarlo tanto. Fue un poco como esos posts que uno cuelga convencido de que esta vez sí, de que finalmente se ha dado en el clavo. Y luego resulta que pasan los días y no suscitan ni un maldito comentario. Te quedas un poco herido. Todos necesitamos algo de coba.
El domingo vimos en TCM una película muy entretenida, El próximo año a la misma hora. La película es la versión cinematográfica de la obra teatral del mismo título, Same Time, Next Year, que escribió Bernard Slade y que fue éxito en Broadway. George, un contable de veintipocos años, casado y con tres hijos, y Doris, de edad parecida, también casada y madre, se conocen por azar en 1951 y viven lo que bien pudiera haber sido sólo un esporádico escarceo pasional. Pero, aunque cada uno regresa con su familia, desde ese momento deciden citarse en el mismo lugar y fecha los años siguientes. Y durante veinte años se vuelven a encontrar siempre el mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar. Esos encuentros son la perfecta excusa para que los protagonistas muestren no sólo cómo les trata la vida, sino también qué le va pasando al tiempo al propio país. El director, Robert Mulligan, hace que brillen las actuaciones de Alan Alda y Ellen Burstyn, que están espléndidos. Ciertamente, se pasó el rato en un santiamén. Y con una sonrisa en los labios, lo que tampoco es mala cosa.
Ah, y también anduvimos, de alguna manera, por Córdoba, por su Palacio de Viana. Concierto de Luis Eduardo Aute. Puesta en escena sencilla y elegante. Está viejo el tipo, pero nunca ha cantado igual. Nunca tan bien. Por allí estuvimos gracias al DVD que se incluye en su último disco. Una muy cuidada selección de temas de amor por los que -por ellos no- no pasan los años. Aunque en cada momento uno se quede con una canción distinta. Ayer encontré que la que más me gustaba era A día de hoy.
A día de hoy
podría decir
que no hallé ningún faro
en ningún puerto.
A día de hoy
podría decir
que el amor fue mi voz en el desierto.
A día de hoy
sólo puedo decir
que vivir fue otra forma de estar muerto.
También leí La línea de sombra, de Joseph Conrad. Me metieron en ganas las conradianas de Ordaz. Ha sido una auténtica delicia embarcarse en el Otago. Gavias, vergas, cabestrantes, bitácoras, cuartos de derrota, drizas y velas, mar en calma y tormenta, noches silenciosas y cólera a bordo, un destino al que el viento inexistente no lleva y un joven capitán que cruza la línea de sombra, justo aquella que nos vuelve definitivamente adultos, responsables únicos del destino de nuestras vidas y del acierto o desdicha de nuestros actos. Y todo ello en torno a una anécdota tan simple que resumida difícilmente justificaría que la lectura del libro sea así de hipnótica. Supongo que en eso consiste escribir condenamente bien. Así que me desdigo, si estuve de puente, en el del Otago al menos.


