jueves, octubre 29, 2015

Días lectivos, de Ángel Francisco Casado (XXIX Premio Cálamo)

DÍAS LECTIVOS
Ángel Francisco Casado
XXIX Premio Cálamo de Poesía Erótica
Cuaderno núm. 31, Cálamo/Gesto. Gijón.

El próximo viernes, en el Antiguo Instituto Jovellanos se presentará el libro Días lectivos, de Ángel Francisco Casado, ganador del XXIX Premio de Poesía Erótica Cálamo/Gesto. Treinta y tres poemas en los que el autor adopta una voz femenina para hacernos partícipes de cierta relación amorosa que avanza desde la pregunta inicial, retórica, planteada en los primeros versos: “¿Te imaginas exprimiendo mis frutos / entre oraciones yuxtapuestas, / tú y yo copulativos?”; hasta  el momento final en que los cuerpos alcanzan, a la “amanerada forma, a lo escolar”, un progreso adecuado en el conocimiento de pieles y deseos. Todo ello discurriendo en el período comprendido por un curso escolar, en sus días lectivos. Y forjado a la vez que el transcurso de las estaciones, imbricándose éstas en el propio discurrir lectivo, al modo en que se avanza en los estudios a través de las etapas fijadas por el otoño, el invierno, la primavera y el punto final que pone el verano. Ese decorado urdido con estaciones y asignaturas se refleja bien en los títulos de los poemas: Primeras lluvias, Hojas que caen, Primavera o Arquitectura de verano, por un lado; y Geografía, Lección, Estudio, Dibujo, Genética o Química, por otro. Pero no sólo se extiende esta alegoría por las páginas del poemario, hay también un uso metafórico recurrente de la guerra y la muerte, que transforma en bélicos los lances del amor y en “petite morte” su consumación. Ese empleo se aprecia palmariamente en el poema titulado Guerra Civil:

Tristemente feliz quedas entonces,
y abatido, tal vez.
Yo, no; yo seguiría planteándote batalla,
procurando de nuevo
desenvainar tu espada.
Soy guerrera.
Una guerra civil civlizada, hermano,
pondría en nuestra historia, ¿te imaginas?
Una guerra de conciliación,
una guerra de amor:
luchando cuerpo a cuerpo,
sedientos de más vida.

Como puede advertirse, se trata de una lección de historia felizmente revisada a la luz de la ética amorosa. El autor finge la perspectiva desde la que aborda la creación —una voz de mujer—, pero se mantiene fiel a lo largo del libro a la verdad de su condición docente, pues Ángel Francisco ha sido profesor durante muchos años, lo que le dota de la experiencia precisa para abordar esta obra en un ámbito, con un léxico y en unos tiempos propios de la práctica escolar. Pero si ese fue su oficio, la vocación del poeta ha sido y es la musical, y de ello también se nutre con acierto el ritmo, las medidas —clásicas, en ocasiones, cuando intercala algunos bien abordados sonetos— y hasta el vocabulario de sus versos. En el propio papel pautado de una partitura parece escribirse el siguiente poema, titulado, además, Música:

Música, tú; batuta que dirige
el primer movimiento entre mi boca,
los primeros compases que preludian
el total desarrollo de mi cuerpo.
Diriges lentamente —adagio ma non troppo—
los sonidos crecientes, los audaces
colores de mi almendro; melodías
mi espalda, audaz silencias
en mi nuca un pasaje delicado;
abres al viento scherzos de mis labios,
contra mi corazón percute el tuyeo.
Hacia el final —tutti presto—, dentro,
eres yo misma y mueres porque muero,
y los violines de los cuerpos, con sordina,
en el último acorde.

Es, en fin, un placer volver a la escuela de la mano de estos Días lectivos, apostarse en los rincones apartados donde se imparte el aprendizaje alternativo de estos amantes que no dejan ni un instante de estudiarse y que hasta invitan a participar a veces de su íntima experiencia —resulta divertidamente delicioso el poema Nueva buena—.  Las ilustraciones de Chelo Sanjurjo, de línea clara, de trazo limpio, concilian bien con el decir de Ángel Francisco, siempre transparente en la intención, comedido en las alusiones y diestro en la escritura de unos versos que cuentan habiendo sido antes adecuadamente contados, ahormados al ritmo narrativo pero poético de un hermoso libro.

En la presentación del viernes no estará, por primera vez en la historia del Premio Cálamo, quien fue su impulsor, Juan Garay. Ha tenido el autor de Días lectivos el delicado gesto de tener presente a Juan en uno de sus poemas, Lección, supongo que otorgándole así a este título la doble intención de mantener el tono escolar del libro a la vez que la de aludir al recuerdo que nuestro amigo nos legó: una auténtica lección de vida, la que los versos le devuelven a la ceniza de su recuerdo.

Regálame esa muerte:
la ceniza dormida que se esconde
en tus arcos salinos.
Tengo un oasis,
sé devolver la vida;
escondo manantiales,
murmullos que reclaman tu desierto.
Te daré una lección


José Carlos Díaz

miércoles, octubre 07, 2015

Añosos padres-groupies


Y bien que lo pasamos en Rock in Viño. ¡Quién nos iba a decir que a nuestros años andaríamos de groupies por los festivales rockeros! Y llegando al hotel o a casa rendidos de sueño y de música. Un poco al modo de aquel padre aludido en el poema Cástor y Pólux, de Víctor Botas: 

     Y tú
     enfebrecido, muerto
     de sueño, con dolores
     de espalda, demacrado,
     terminas
     -¡oh eterno masoquista!-
     tan jodido
     y feliz
     como furcia de hotel en noche de congreso.

jueves, septiembre 24, 2015

Cuando Marilyn Monroe, Karen Blixen y Carson McCullers bailaron sobre una mesa de mármol negro

A propósito del charme, cuenta Giuseppe Scaraffia en su libro Los grandes placeres, publicado por Periférica, que cuando Karen Blixen y Marilyn Monroe se encontraron en casa de Carson McCullers —la actriz, luciendo un ajustado y escotadísimo vestido negro y la escritora, deteriorada por la sífilis, esquelética bajo su vestido negro, con la calavera transparentándosele en el rostro descarnado por la enfermedad y sobrecargado de maquillaje—, y después de que se hubieran intercambiado algunas pequeñas historias, Marilyn y Karen, mutuamente fascinadas, empezaron a bailar juntas sobre una mesa de mármol negro.

¿Cómo se llegó a producir aquel encuentro? Según relata Eve Goldberg en Lunch with Carson, ocurrió en una fría tarde de febrero de 1959, en la casa que tenía Carson McCullers con vistas al río Hudson en Nyack, Nueva York. Allí se cumplió el deseo de Karen Blixen durante su primera y única visita a América: conocer a Carson, su  escritora favorita, y a la bella Marilyn. Así lo atestiguan algunas fotografías que se tomaron entonces.
Karen Blixen, que escribía como Isak Dinesen —y que fue sobre todo conocida por sus Memorias de África—, había sido invitada por la Fundación Ford a viajar a Estados Unidos. Tenía 74 años y una salud ya muy quebrada.
En aquel viaje, Karen Blixen comentó a sus anfitriones que los cuatro norteamericanos que más le interesaba conocer eran Ernest Hemingway, el poeta E.E. Cummings, Carson McCullers y Marilyn Monroe. Hemingway se encontraba fuera del país, pero Cummings la acompañó a la cena anual del Academia Americana de las Artes y las Letras donde, como invitada de honor, iba a pronunciar un discurso. A la cena, Karen se sentó junto a Carson y, durante una animada conversación, descubrieron que llevaban décadas admirándose mutuamente. Cuando Karen le mencionó su deseo de conocer a Marilyn, Carson se sintió realmente feliz. Como Arthur Miller estaba sentado en una mesa adyacente, se levantó y anunció: “Tengo el gran honor de invitar a mi amiga imaginaria, Isak Dinesen, a conocer a Marilyn Monroe, junto con Arthur Miller, en un almuerzo en mi casa”.
La salud de Karen Blixen estaba ya por entonces verdaderamente delicada. Era una mujer esquelética que padecía una sífilis muy desarrollada; sufría de anorexia —pesaba 36 kilos—, dependía de las anfetaminas y fumaba compulsivamente.
Cuando, con cierta inquietud, preparaba el encuentro, Carson se enteró de que Karen solo comía uvas blancas y ostras y únicamente bebía champán. Marilyn, a su vez, siempre tímida e insegura, la llamó tres o cuatro veces para saber qué vestido debía ponerse. Arthur Miller y la Monroe  se encargaron de recoger a Karen, que iba muy elegante con un conjunto gris oscuro y un largo chal a modo de turbante y alrededor del cuello. Carson pensó que brillaba con la luminosidad de una vela en una vieja iglesia. Las uvas y las ostras se sirvieron en mesa de mármol negro. Después de la comida, Karen entretuvo al grupo con una historia acerca del primer león que mató, cuya piel envió al rey de Dinamarca. Era una gran conversadora. Marilyn escuchó la historia embelesada, enfundada en un ajustado y muy escotado vestido negro. También ella quiso probar suerte en la reunión como narradora y relató algunas de sus aventuras como cocinera. A Karen le encantó la gracia de la actriz. No solo era hermosa, les dijo a los presentes, sino que además parecía el cachorro de un león, incansablemente vital e inocente.  

No hay acuerdo sobre lo que sucedió después de la comida. Carson escribió que ella, Marilyn y Blixen bailaron al son de un fonógrafo encaramadas a la mesa de mármol negro. Miller desmintió, en cambio, aquella escena. Carson, a pesar de su juventud, estaba prácticamente inválida.  Y la Blixen era un esqueleto sin demasiadas fuerzas. Quizás no bailaron nunca sobre aquella mesa. O sí. Las tres murieron luego demasiado pronto.

martes, septiembre 22, 2015

Cita

"(Mi) partido político sería, si acaso, el de quienes no estuvieran seguros de tener razón."             
Albert Camus
(Diálogo a favor del diálogo, en «Crónicas (1944-1948)», dentro de Obras, 2. Madrid: Alianza, 1996)

miércoles, septiembre 16, 2015

Saliendo del armario

Decía José Emilio Pacheco: “Después de cada entrevista, me quedo pensando: ¿por qué no le dije esto...? Debería haberle dicho aquello otro... Ten en cuenta que yo estoy acostumbrado a escribir, a ver lo que pienso. Y si no veo lo que estoy diciendo, ¿cómo puedo pensar?”. Pus eso.Esto que sigue apareció ayer en La Nueva España, por gentiliza de José Luis Argüelles.
La Nueva España
JOSÉ CARLOS DÍAZ | Poeta y narrador, acaba de publicar "Convalecencia en Remior"

"Si hay ensimismamiento, la literatura es nada; hay que tener en cuenta al lector"

"Me ha intimidado siempre la vida literaria; publiqué mis novelas porque ganaron premios a los que concurrí por insistencia de un amigo"

15.09.2015 


José Carlos Díaz.
José Carlos Díaz. 


Filólogo que, curiosamente, se "gana las habichuelas" (la expresión es suya) llevando asuntos presupuestarios en el Consejo Consultivo de Asturias, José Carlos Díaz (Gijón, 1962) ha ido construyéndose una muy interesante carrera literaria (poemas, novelas, comentarios en su blog...) desde la discreción. Tiene reciente el poemario "Convalecencia en Remior", publicado en Heracles y nosotros.
- "Fue después de la guerra/ y yo estaba convaleciente./ Una bala perdida/ me había atravesado el pie/ y cojeaba como un tullido". ¿Quién es el personaje que habla en este libro?
-Soy y no soy yo. El libro se escribió el verano pasado. Yo sufría una dolencia en los pies que me impedía caminar. Pasamos unos días en esa playa de Lugo, al final de la estación. Aquello parecía una playa de Normandía, así que me di en pensar en un personaje, que hace repaso de su vida hasta ese momento. Es una voz hiperbólica, por así decir, pero autobiográfica.
-En otro poema, escribe: "Concédeme la voz/ de los versos pautados/ y el decir transparente". Pide ahí una poesía clara, alejada de las tentaciones de cuño irracionalista...
-Es la línea poética en la que me siento a gusto. Me identifico con lo que ha escrito José Carlos Mainer a propósito de la poesía de Joan Margarit. Dice ahí que el fenómeno poético debe cimentarse en tres pilares: nitidez en el propósito, claridad en la forma y la certeza de que uno se dirige al lector. La literatura es nada si hay ensimismamiento; hay que tener en cuenta al lector, sin renunciar a la ambigüedad característica de la expresión literaria. La sencillez es lo más difícil.
-Publica sus primeros poemas en 1986. ¿Qué ha cambiado del poeta aquél de los años ochenta al de "Convalecencia en Remior"?
-La intención de alejarse, tal y como decía antes, del ensimismamiento. Cuando empecé a escribir, tenía la impresión de que escribía para mí, no para los demás; no tenía en cuenta la comunicación. Ahora, uno trata de expresar sus sentimientos, sabiendo que son universales.
-Empezó a publicar joven, con veinticuatro años, pero ha tenido largos períodos sin dar nada a la estampa. ¿Por qué?
-Jamás he dejado de escribir. El problema, así de claro, es que nunca he tenido facilidad para publicar, entre otras razones porque no he mandado mis libros a los editores. Quizás por prevención ante el rechazo, por timidez... La posibilidad de publicar "La ciudad y las islas", con fotos de Ana Trelles y Juan Garay, me la dio este último. Y "Contra la oscuridad", Nacho González, al igual que "Convalecencia en Remior". No participo en tertulias, no soy poeta social en ninguno de los sentidos.
-Le interesa más la literatura que la vida literaria...
-Me ha intimidado siempre la vida literaria. Las dos novelas publicadas lo fueron porque ganaron premios literarios, y me presenté a ellos por la insistencia de un amigo. Es cierto que sí envié en una ocasión una novela a la editorial Trea, pero no la publicaron.
-Pese a ese desapego, le identifico con el grupo "Cálamo"...
-Sí, pero es más un grupo de amigos. Soy amigo de Nacho (González) desde hace más de cuarenta años. Y tuve mucha amistad con Juan Garay (falleció el pasado enero). Pero no somos un grupo que tenga influencia literaria. Hicimos aquellos famosos encuentros literarios en los noventa por los que pasaron por Gijón autores como Agustín García Calvo, Luis Antonio de Villena, José Hierro o Antonio Gamoneda, entre muchos otros, pero nunca aproveché aquellas veladas porque, tenía la impresión de que era muy pobre lo que uno podía aportar. 
-Llevan mucho tiempo como grupo de amigos y con una actividad cultural importante. ¿Hay una afinidad estética?
-No. Emilio Amor hace una poesía parecida a las de las vanguardias de los años veinte o treinta, muy hermosa, con mucha imagen; Nacho González tiene ecos más épicos, con verso largo; y yo hago cosas más intimistas.
-¿La poesía fue antes, en su caso, que la novela?
-He escrito poesía siempre y es el género en el que mejor me siento, pero también he escrito mucha narración: tengo bastantes cuentos, por ejemplo. De ahí pasé a la novela. Ahora estoy escribiendo otra novela, situada en el mismo ámbito territorial que "Aunque Blanche no me acompañe".
-¿Es un escritor disciplinado?
-No, no me lo permite ni el trabajo ni mi vida personal; debería, pero no puedo.
-"Convalecencia en Remior" es un libro de madurez, con poemas de línea meditativa. ¿Está ahí el poeta que vamos a encontrar de aquí en adelante?
-Seguro. Lo que estoy escribiendo va por ahí, por esa línea reflexiva. Hay un poema que se titula "Patria", quizás algo social, pero de una poesía social distinta. La épica social me da cierto miedo después de tantas banderas arriadas y de tantos himnos amargos. Hay que hacer poesía social, pero casi como un prospecto farmacéutico: con mucha claridad y reflexión.
-En ese poema dice: "y no le encuentro fácil/ acomodo en mis poemas/ a según qué palabras". ¿A qué palabras se refiere?
-Las que están asociadas a un vocabulario social con ciertos adjetivos.
-La factura de sus versos es clásica, con los acentos rítmicos en su sitio...
-Me gusta que el poema, más que ritmo, tenga mesura. Hay medidas clásicas, pero no quiero que haya demasiada música y deseo que se lea como la prosa.
-Lleva también el blog "Los diarios de Rayuela". ¿Le interesan las posibilidades que brinda internet?
-Me interesó mucho. Creo que llegué a tener muchos lectores. ¿Qué pasó con el mundo de los blogs? Pues que se ha pasado a Facebook, sobre todo. Mantengo el mío, pero más por razones sentimentales. Estoy en Facebook, aunque me da cierto reparo; ahí todos son amigos de todos, amistades que yo no acabo de ver claras.
-Hay quien defiende las redes sociales como un ámbito nuevo para la literatura. ¿Comparte ese optimismo?
-Puede ser, aunque muchas veces lo que se publica en Twitter son ocurrencias, no aforismos. Fernando Menéndez no publica sus aforismos en Facebook o en Twitter, los publica en papel.

lunes, septiembre 07, 2015

Entre candilejas


Quién llamaría candilejas a esas potentes luces que cambian de color e intensidad al ritmo vigoroso de una banda de rock sobre un escenario. Y sin embargo, no son más que una proyección amplificada de las antiguas lámparas de aceite con las que se iluminaban los teatros. Bajo el halo de esa llama siguen subiéndose al escenario actores y músicos. Nos han hecho felices y mejores a lo largo de la historia. Han sido nuestras dudas, nuestras culpas y remordimientos, nuestra conciencia, nuestra alegría, nuestra voz cuando ni aliento nos quedaba, el arrojo en los días mancillados. Siempre han encontrado la palabra justa que nos faltaba, que temíamos pronunciar, que no sabíamos articular ante el miedo, frente al poder o en el amor. Pero antes de pisar el teatro, de arrancar un concierto, de exponerse a los ojos escondidos en la oscuridad del espectador, a su juicio, han bregado horas, días, años, en la sombra de sus ensayos, contra el veredicto incierto de los espejos. Han modulado voces, encallecido sus manos intérpretes, fatigado sus músculos en la danza o en la exclamación. Y en la mayor parte de las ocasiones a cambio de la escasa soldada con la que se recompensa no el arte, sino un entretenimiento apenas valorado. Nos hemos malacostumbrado a la gratuidad de la cultura: tenemos a nuestro alcance, y a cambio de nada, música, cine o literatura. No sólo ya no hay que pagar por todo este caudal de creación, sino que ni tan siquiera se nos requiere a cambio el mínimo esfuerzo de salir de nuestra casa y acercarnos a una sala de proyección, a una librería, a un teatro o a una sala de conciertos. Quién puede entonces extrañarse de que esa labor oscura a la que los artistas les dedican la vida y que no es otra que formarse durante años para expresar con precisión lo que nos constituye por debajo de la piel, de los músculos y la osamenta, esa materia intangible que son los sentimientos, esa urdimbre de emociones y desasosiegos que teje el talento y el oficio del creador, quién puede extrañarse, repito, de que por ese esfuerzo se manifieste tan poco aprecio si apenas ha salido de la manos que lo gestan queda impunemente expropiado. Hay una expresión que describe bien por qué se sigue escribiendo o componiendo: “por amor al arte”. Se suele referir así lo que se hace sin esperar recompensa alguna. Pero debe recordarse que esa ceguera en la que nos sumimos cuando amamos no dura indefinidamente. Y que por mucho que una inclinación artística nos vuelque sobre el papel, la guitarra, el lienzo o el escenario, la dignidad siempre deberá embridar el generoso impulso de compartir cuanto se crea, porque de lo contrario se terminaría haciendo la calle por razones humanitarias. Son nuevos tiempos, dicen, y han de ser ingeniados nuevos canales para la comercialización de la producción cultural. Cuando eso se esgrime como solución, se está absolviendo implícitamente el latrocinio: al asaltado, presumiéndosele el pecado de la vanidad, se le previene con cuidarse de mostrar públicamente su mercancía, so pena de que ese atrevimiento conlleve la penitencia de un robo consentido, ante el que no debe llamar a las puertas de la justicia persiguiendo se repare el expolio, sino que, como en los territorios recién colonizados del Far West, ha de procurarse por si mismo la defensa. Ese menosprecio social a los creadores se manifiesta en escalas muy diversas: desde el sarcasmo con que se acogen en determinados ámbitos institucionales o periodísticos las posiciones de los artistas sobre decisiones de índole política a la displicencia con que se trata a los jóvenes músicos o actores, a los que tantas veces se les ve como meros bufones ocasionales, a los que se les pide trabajo a cambio de nada, a los que se les escatima en los escenarios hasta un vaso de agua. La utilidad con la que todo se mide para valorar su mérito tiene demasiado a menudo miras muy cortas. De qué nos sirve ese tiempo libre o vacacional al que aspiramos a cambio de nuestro trabajo sino para disfrutar de ciertos placeres que sólo se apreciarán en todos sus matices cuanto mayor sea nuestro bagaje cultural. Sin ese acompañamiento de lecturas, de música, de cine, de arte, en fin, en todas sus expresiones, posiblemente nuestras aspiraciones fuesen sólo el acopio material de bienes fungibles, el prestigio de la ostentación. Decía Charles Chaplin que la “la vida puede ser bella si no se la teme. Sólo se necesita valor, imaginación y un poco de dinero”. Los artistas no temen la vida, es su material de trabajo. La desafían con talento. Su obra nos la vuelve además más bella. Pero, a cambio, precisan de la dignidad que sólo puede ofrecerles el comercio justo de lo que crean y el respeto de la sociedad en la que y por la que trabajan.

miércoles, septiembre 02, 2015


VENTANAS

Ella suele quejarse
de que las ventanas no cierren bien,
pero después de haber repasado con mis manos los marcos,
después de apoyar mi frente en los cristales,
después de abrirlas de par en par para airear la casa,
la he traído conmigo
hasta estas viejas ventanas de las que se queja
y juntos, finalmente, las hemos disculpado
por sus pequeñas faltas de rigor:
¿quién puede mantenerse firme
bajo la dicha permanente
del sol al mediodía?

JCD

miércoles, agosto 19, 2015

Postales portuenses


Una rúa empedrada con cantos pulidos
que brillan bajo la lluvia
y nos desbocan los pies.
Pequeñas casas de azulejos mellados
que fueron arruinándose a la vez que
las vidas de quienes las habitaban.
Cuando todo parecía perdido,
este paisaje íntimo de derrotas
se salpicó por el color de los grafitis,
de las acuarelas colgadas en las galerías,
de las especias en los bistrots,
de las bicicletas y de las flores.
Y en Bombarda la música se volvió suave,
las conversaciones pausadas,
el arte liviano 
y la noche casi clandestina.

JCD


martes, agosto 18, 2015

viernes, agosto 07, 2015

Aguacero, adelanto del EP de JOHNNY GAFAPASTA


Hace sólo unos meses, estos cuatro chavales empezaron a reunirse en un pequeño local para ensayar juntos en el proyecto de formar una nueva banda a la que finalmente le dieron el curioso e irónico nombre de Johnny Gafapasta. Hoy, después de haberse encerrado en un estudio musical durante unos días para vivir la corta pero intensa experiencia de la orfebrería de las grabaciones, están a punto de ofrecer ese pequeño triunfo que supone sacar a la luz un disco con sus tres primeras canciones. Ojalá tengan suerte y guste lo que hacen. En el poco tiempo que llevan juntos han logrado no sólo dedicarle muchas horas a los ensayos, sino trabar una buena amistad, tan importante o más que la propia música. El que se enlaza es un videoclip de su tema Aguacero, incluyendo ya  el audio de la grabación y masterización de Sergio García y Pablo Lato en el Estudio Rojo 2.0.
Johnny Gafapasta son Iván Peñarrubia, a la voz y guitarra; Alejandro de Miguel, a la batería; Álvaro Díaz, a la guitarra; y Nacho Díaz, al bajo. Mucha suerte, la canción y el esfuerzo la merecen.


jueves, agosto 06, 2015

Camposanto en Collioure


La obra de Miguel Barrero plantea el interrogante de por qué un joven escritor de poco más de treinta años siente la necesidad de viajar a la tumba de Antonio Machado, al territorio en que el poeta, y con el la España vencida, sufrió la agonía de los últimos días.
Esa llamada hacia un lugar sobre el que hoy ya se ha reescrito una nueva realidad de veraneos plácidos que esconden en su subsuelo el hacinamiento de los republicanos y su indigna miseria, provoca evocación y reflexión.
El sol estival que recibe al narrador en su viaje a ese destino turístico mediterráneo que son hoy Collioure o Argelès sur Mer, no logra colorear el blanco y negro de los paisajes rememorados por las fotografías, los anales bélicos y el testimonio muchas veces anónimo de los propios protagonistas de aquel infame corredor de la vergüenza que fue para nuestro país, para nuestra memoria, el paso fronterizo que atravesó, pocos días antes de su rendición vital, Antonio Machado.
En la visita a la tumba del poeta, Miguel Barrero recuerda una conversación que, siendo aún casi un periodista debutante, mantuvo con Ángel González en 2002, quien no sólo había homenajeado a Machado en 1959 en el mismo Collioure con el resto de miembros de su generación literaria, sino que fue uno de los más profundos estudiosos de su obra. La propia suerte final de Machado le inspiró a Ángel González un poema con el título que ahora rememora esta novela; un poema, además, en el que se incluyen estos versos: “se paga con la muerte o con la vida, pero se paga siempre una derrota”, que de algún modo son el argumento mismo del libro de Barrero.
Quizás quien lea Camposanto en Collioure se pregunte sobre el género de lo escrito: el mismo autor ha explicado en alguna ocasión que su relato puede y debe ser considerado una novela, puesto que con esa intención fue escrito (una intención quizás, excluyente, pero firme, como fue la de no hacer un diario de viajes, ni un tratado literario ni una suerte de reflexión político-literaria). Y una novela caracterizada, al tiempo, por la permanente presencia del narrador —personaje real que cavila sobre el viaje que lo llevó a Collioure, sobre las circunstancias que hicieron de aquel territorio pasillo de exilio, campo de concentración o tumba, imán para una conciencia, la del propio Barrero, ya lejana de aquel tiempo, pero aún heredera de todo su desarraigo por una afinidad sobre la que indaga explicación—; una novela a la que ese yo constante otorga, si cabe, una mayor credibilidad a cuanto se va relatando, expuesto con una sinceridad en la que se equilibran de modo admirable emoción (en la alusión piadosa a la pequeñas historias de los vencidos) y reflexión (al aplicar un necesario filtro a lo que se hizo de la república durante la guerra a través de la mención de Orwell).
Un libro, en fin, que se constituye com un relato de frontera, de lugar de paso, de exilio, de afirmación de identidades proscritas, de desarraigos: el de quienes huyeron de la derrota en la guerra civil española y el de los que, no sin incertidumbre, la atravesaron, como Walter Benjamin, huyendo del holocausto judío.
La frontera como absurdo límite de la libertad y espejo sucesivo de persecuciones no muy diferentes: finalmente Machado y Benjamin murieron muy cerca, pero cada uno a un lado distinto de la frontera. La sinrazón de la barbarie, la memoria que debe ser conservada, visitada, excavada, como hace esta narración de Barrero que hurga bajo la luz de agosto la tiniebla del invierno de una guerra.

Camposanto en Collioure, fue Premio Internacional de Literatura de 2015 de la Fundación Antonio Machado.

miércoles, julio 29, 2015

Margarit dixit

El ser humano vive en un universo  cruel y brutal. Gracias a la Ciencia y a la Técnica se defiende de la agresión apretando un botón.  Pero la intemperie moral nos alcanza a todos: pérdidas,  errores, catástrofes personales. La muerte de un ser querido,  sentirse abandonado... Entonces, ¿qué botón apretamos?  Sólo nos quedan las Letras.  Pero leer a Montaigne cuando nos ocurre una desgracia es demasiado tarde,  hay que tenerlo leído antes.  De ahí la importancia de las Humanidades en la educación.

JOAN MARGARIT

viernes, julio 24, 2015

Ventana

Abro en mi biblioteca una ventana al mar. Ladra a su través un perro en la orilla —entre Valladolid y Macondo—.

lunes, julio 20, 2015

Homenaje a Juan Garay

Organizado por la Sociedad Cultural GESTO, tuvo lugar el jueves 2 de julio, lo que sobre todo fue una reunión de amigos en torno al recuerdo de Juan. Pusieron la música, el gran Gimi —con su saxo, Toni Gil —magnífico guitarrista— y Daniel García de la Cuesta —con el "vigulín" y la acústica—. Pusieron la palabra, Miguel Ángel Bonhome, Juan Ignacio González, Esteban Fernández, Emilio Amor, Cecilio Testón, Mar Braña y un servidor. Pusieron el sentimiento todos los que participaron con su presencia en el salón de actos de La Arena, y fueron muchos, en una celebración modesta pero entrañable, donde vertimos lágrimas, cantamos y reímos; donde, una vez más, mostramos aprecio enorme y sincero por quien fue tan buena y generosa gente. 

jueves, junio 25, 2015

Exposición fotográfica de Juan Garay

Ayer se inauguró en el Centro Municipal de La Arena una exposición fotográfica de Juan Garay. Breve pero entrañable recorrido por su obra que ha seleccionado y distribuido con acierto Antonio Merediz. El 24 de junio era el cumpleaños de nuestro amigo. Los de ayer hubiesen sido sesenta y cuatro. Brindamos por él. Seguimos recordándolo. Sigue con nosotros. 




miércoles, junio 24, 2015





Acaba de ser colgado de la plataforma Calameo el nuevo número del Ágora Digital, que hace el catorce de la nueva época de esta revista surgida como boletín de información y creación desde la Sociedad Cultural GESTO. En su interior se contienen reseñas de exposiciones y libros, poemas, fotografías y crónicas de distintos eventos culturales. El enlace desde el que se puede acceder a esta publicación es el siguiente:

martes, junio 16, 2015


San Antonio

A veces los lugares
son la única certeza.
En esta playa a solas
la mar llega hoy sin prisa
y en el pulso de su oleaje
late una alegría
                casi silenciosa.


A veces los lugares
son islas sin gobierno,
sin uso horario ni moneda,
donde la vida se ensimisma
hasta olvidarse de la muerte.

JCD

lunes, junio 15, 2015

Remior se avista también desde Sevilla

Juanma Hernández lee y reseña mi Convalecencia en Remior:

"En Remior el poeta nos cuenta que hay otros océanos, y nos habla de la magia de los hijos, de esas vidas que se desgajan como trozos arrancados de nuestra carne a los que miramos marchar, entre los más grandes dolores, entre las más sublimes dichas. No hay ojos más enamorados que los ojos de una madre, que los de un padre…
En la convalecencia de José Carlos no hubo patria más allá del corazón, no hubo mayúsculas ni historia que legitimasen patrias graves, ni escenarios ni aposturas que certificasen patrias respetables. Los versos musitan una patria ínfima e íntima, en la que por caber cabe todo el mar de Asturias, ese Cantábrico decidido y discreto con sus fabulosos vientos, que llegan desde el otro lado del universo para fabricar una espuma conmovedora. Y cabe el amor perseverante, esa dádiva exangüe que aún nos trae la vida, un amor que permanece ahí, apoyado sobre una esperanza gastada. Sí, es el desmayado amor que se sostiene sobre esa última tanda de latidos, que nos deja creer en la resurrección de tantas dulzuras quizá por siempre perdidas, que nos permite sopesar milagros y quimeras como si la noche nunca fuera a caer sobre las cosas…"

Y fotografía además sus alrededores (que él también conoció veranos atrás):


Gracias, amigo.

martes, junio 09, 2015

Reseña

Álvaro Valverde reseña:

José Carlos Díaz (Gijón, 1962) en Convalecencia en Remior, que publica Cuadernos de Poesía "Heracles y nosotros", evoca, a modo de diario, una estancia en esa playa nórdica y lucense que le sirve para meditar sobre el paso del tiempo, la edad que avanza inexorable, los hijos, el amor ("En qué momento fue el amor costumbre")... Poesía autobiográfica, sin pretensiones ("Procuro escribir sin imposturas"), de línea clara, que, según el autor, es, más que "sentencia", "incertidumbre".

¡Obrigado!

jueves, mayo 28, 2015

Tonino Guerra

En un espléndido artículo titulado La miel, Julio Llamazares hablaba hace unos días de Tonino Guerra, ese entrañable tipo que dejó escritos una gavilla de guiones fundamentales para la historia del cine: Y la nave va y Ginger y Fred, con Fellini; La noche, La aventura, Zabriskie Point y Blow-Up, con Antonioni; La noche de San Lorenzo y Kaos con los hermanos Taviani; Carmen, Tres hermanos y Cristo se paró en Eboli, con Francesco Rosi; Nostalgia con Tarkovski. Sin embargo, Llamazares aludía a la poesía elemental que también practicó el guionista italiano. Esa cita me llevó a buscar los poemas de Tonino Guerra. Y en la pesquisa me encontré con una entrevista que ya hace unos años le hizo Juan Vicente Piqueras para la revista La Dama Duende. Las declaraciones que en ella hacía el ya anciano entrevistado me parecieron un compendio de sabiduría.

"¿Cuáles son las mejores cosas del mundo? Las que comíamos en la infancia. Oyes a la gente que dice: "las albóndigas como las hacía mi madre..." o "las natillas aquellas...". Te acostumbras de niño a unos sabores que serán siempre los tuyos. Es como una droga. ¿Acaso comemos otra cosa que infancia?

Yo parto siempre de la realidad de cada día. Creo que la poesía está ahí y se trata de saber descubrirla. El poeta, más que un inventor, es un descubridor, un explorador. Alguien que sabe buscar y encontrar la poesía en las pequeñas cosas que parecen insignificantes. Un poeta es aquél que se quita el sombrero ante un cerezo en flor.

Vivimos una época brutal, gobernada por cínicos que comercian con la muerte, que son esbirros de la muerte, con una humanidad adoctrinada, infeliz, un rebaño absurdo cuya mayor alegría es comprar, comprarlo todo. Me gustaría decirle a la gente que hay muchas cosas en la vida que no tienen precio, cosas mínimas, milagrosas, que ya casi nadie ve. Yo, por ejemplo, en Alemania durante la guerra, sabía que podía morir de un momento a otro y pensaba: ¿qué cosas echaría de menos si me muriera? No poder comer más castañas con los amigos frente al fuego, no volver a ver la lluvia. Estas son las grandes cosas de la vida: comer castañas, escuchar el rumor de la lluvia, el silencio de la nieve que cae. Estas son las cosas por las que te sabe mal morir. Lo demás, no sé: ¿una mujer? sí, pero también se hace vieja, también muere, o simplemente se va. Todo lo humano decae. En cambio, la nieve no envejece, el olor de la lluvia no miente, los olivos no se van. Son cosas que están ahí, dispuestas siempre a iluminar la niebla que somos.


La única manera de vencer a la muerte es permanecer durante mucho tiempo en la memoria de los demás. Yo creo que todo lo que he escrito y he hecho en esta vida no tenía otro objetivo."

lunes, mayo 25, 2015

El tetris poselectoral gijonés

El pueblo o la ciudad son las prolongaciones de nuestra casa. Esa extensa antojana sin muretes donde convivimos.  El patio de vecindad. La escuela de nuestros hijos. El paseo, el ocio, el parque. El ruido y el aire. Los animales domésticos. Las calles limpias o sucias. El horizonte libre o cercenado. El consuelo de nuestros ancianos. Las posibilidades culturales. Los museos. Las fiestas y los duelos. Las terrazas. Los campanarios y las sirenas. 
Gobernar una ciudad siempre es difícil. Poner de acuerdo a tantos y tan diferentes es resignarse a lo imposible, sin renunciar, sin embargo, a servir honradamente las causas de la mayoría: conseguir que estas pequeñas patrias nuestras sean habitables persiguiendo las miserias y la distorsión, procurando el aseo de calles, jardines y moradas, la atención de los que no se valen por si mismos por edad o infortunio, la libertad responsable de los jóvenes, la ambición transformadora sin hipotecas eternas ni menoscabos medioambientales, la celebraciones que no sean sólo pan y circo, el amor por lo propio y su cuidado común como objetivo.
Debe de ser una labor titánica afrontar estos retos desde una alcaldía salvando los obstáculos que en ante esa responsabilidad levantan tanto los prejuicios políticos como los malas prácticas consolidadas.  Debe de ser aún más inabordable el trabajo si se llega a él con soberbia o sin ideas.
La inercia de las victorias repetidas llevó en Gijón al Partido Socialista al ensimismamiento arrogante y, no en pocas ocasiones, a la gestión arbitraria. Después de capitanear una moderna metamorfosis urbana, que no sólo adecentó la fachada marítima de la ciudad y reordenó su trazado íntimo, sino que dotó a sus barrios de una magnífica red de servicios sociales, deportivos y culturales, los gobiernos locales del PSOE fueron hipertrofiando una estructura política y de gestión con demasiados visos clientelares. 
La irrupción de Foro supuso un recambio sorprendente por la identidad de quienes lo protagonizaron: una derecha ilusionada con un proyecto político que rompía finalmente con el cainismo popular gijonés y confiaba su suerte a la redención asturianista y personal de una vieja gloria política.  El cartel electoral forista aupaba a la primera línea a una reputada cirujana que se encontró, inesperadamente, sentada al frente de una corporación municipal de tanta relevancia sin disponer no sólo de bagaje político o experiencia en la gestión, sino tampoco de proyecto alguno de ciudad. Ello llevó a Moriyón a gobernar casi por inercia, y con criterios de económica doméstica, un ayuntamiento de más de trescientos mil habitantes.
En los resultados de las elecciones municipales recién disputadas, se ha premiado, por quienes la apoyaron hace cuatro años,  la gestión aseada de la alcaldesa forista. Además, el electorado de centro-derecha no tenía otro referente fiable a la vista de lo que el PP volvía a proponer: un candidato bienintencionado, pero absolutamente desconocido, sin pedigrí político y sin relevancia profesional o social alguna.
Por el otro lado de la balanza, el voto se ha fragmentado de tal modo que se auguran unas negociaciones reveladoras en los próximos días.
Los socialistas no sólo siguen perdiendo apoyos en una ciudad que ha comprobado cómo aquellos servicios que alentaron se mantienen y funcionan sin que el PSOE esté al frente del gobierno local,  sino que le han perdido el pulso a muchos de  los órganos vitales de la sociedad gijonesa: cultura, asociacionismo o juventud. En la oposición mantuvieron cierta arrogancia. Para gobernar precisan ahora practicar la concesión convencida u obligada, y sí lo consiguen, sobre su futuro electoral penderá esa maldición que suele perseguir a los gobiernos plurales de la izquierda que el PSOE encabeza —condenados generalmente a padecer tensiones irresolubles, gasto incontrolado y castigo en las siguientes urnas—.
Por otro lado, la emergencia de la marca local de Podemos los sitúa ante una tesitura de la que no parece que vayan a salir demasiado bien parados: dejar gobernar a la derecha o implicarse, desde la minoría, en el gobierno de la izquierda (siempre y cuando arrinconen ese mantra propio que airean a los cuatro vientos y que afirma  que PP y PSOE son lo mismo).  Para quienes, hasta ahora, basaron su auge en la prédica, comienza el momento de dar trigo.
Más cómoda parece, a priori, la posición de Izquierda Unida, que aguanta, mermada pero sin fenecer, el embate de esa izquierda que hasta ahora estaba fuera de las instituciones, dándose tiempo para restañar sus propias heridas internas. Su historia avala que puedan apoyar sin remilgos un gobierno de izquierdas para la ciudad.
Queda la testimonialidad del Ciudadano. Su partido no deja de ser, por el momento, una mezcla variopinta de liberales refinados y tránsfugas sin vergüenza (la foto de Nicanor García y Nacho Prendes en la noche electoral resulta bochornosa). A ver por dónde sale su representante local.
Al próximo gobierno gijonés ha de exigírsele, además de decencia, de aseo en la gestión, de transparencia en todas sus acciones, un proyecto de ciudad que combine ambición y mesura, que permanezca pendiente de los que más necesitan el apoyo de las instituciones (tanto a nivel individual, desempleados o desfavorecidos por edad o situación social, como a nivel colectivo, barrios o afueras), que mantenga una fiscalidad sensata y justa y un equilibrio financiero que no comprometa el futuro presupuestario del ayuntamiento, que aborde el urbanismo con racionalidad, sin “grandonismos” y con una visión de crecimiento que permita la protección del cinturón verde urbano.
Las expectativas son inciertas, los pactos difíciles y hasta arriesgados si se afrontan midiendo sus posibles consecuencias políticas a corto plazo —las elecciones generales se celebrarán a final de año—.
La superación del desapego hacia lo político pasaba, según la mayoría de los analistas políticos, por el derrumbe del bipartidismo. Pues bien, conseguido. Ahora empieza una nueva época. Salvo que la falta de acuerdos y la consecuente incapacidad para el gobierno genere al cabo de unos meses nuevas convocatorias electorales. Quizás entonces se mire hacia Italia, donde acaba de reformarse el sistema electoral en un sentido muy distinto al que los partidos hasta ahora minoritarios pretendían en España.  
Cuando se intenta el tetris político, todo son codazos.

jueves, mayo 21, 2015

Camín del sol

Con los restos de un naufragio, Rubio Camín levantó una escultura óxida camino de La Providencia. Por sus resquicios, el sol tiene a veces, al final de la tarde, el aspecto de una luz que se dejase encendida en el pasillo. Esa lámpara que a veces reclaman los niños para conjurar el miedo de la noche antes de dormirse. Camín de sol, el título de esta fotografía, juega con una doble significación, la del itinerario solar evocado en lengua asturiana, y la del escultor que entregó su obra al acantilado y sus luces cambiantes.