miércoles, junio 20, 2012

Barrio de Cimadevilla

Dada mi sencillez, me abruma lo profuso y lo confuso. Como buen asturiano, me siento liberal. Tengo hambre de vida. Odio la subordinación. Me engaña fácilmente la gente pícara; siento una soterrada y permanente angustia».
Luciano Castañón
 
Asistimos ayer a la presentación del  libro Barrio de Cimadevilla (Ediciones Trea),  de Luciano Castañón, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. Intervinieron Francisco Álvarez Velasco, su prologuista, y José María Castañón Loché, hijo del escritor.  Se cumplen ahora veinticinco años de la muerte (1987) de Luciano Castañón y cuarenta y cinco de la publicación (1967) de esta obra en la  colección El Bardo, dirigida desde Barcelona por José Batlló.  Luciano Castañón (Gijón, 1926-1987), quien fuera Chano como futbolista profesional del Sporting, Cádiz y Avilés, desarrolló una ingente producción literaria y erudita. Dirigió la Gran Enciclopedia Asturiana y colaboró asiduamente en la prensa, donde ejerció la crítica literaria y artística durante décadas. Investigó sobre abundantes temas asturianos, publicando trabajos muy diversos que abordaron las supersticiones populares, la mitología, el folclore asturiano o el cancionero de la mina. En su ingreso como miembro en 1979 del Instituto de Estudios Asturianos elaboró un curioso estudio sobre la prostitución en Asturias, ejercicio al que Castañón definía como «vida airada». Como autor literario publicó las novelas El viento dobló la esquina (1958), Los días como pájaros (1964, sobre sus años de futbolista), Vivimos de noche (1964, reeditada por El Comercio en 2008), Los huidos (1973, sobre los fugaos al monte tras la guerra civil), Siete cuentos asturianos (1983) y  (1992), además de los poemarios Barrio de Cimadevilla (1967),  De la mina y lo minero (1968) y Poemario asturiano (1979), junto con las piezas teatrales Payasos (1959) y El detenido (1964).

En su introducción, Paco Velasco incluye este Barrio de Cimadevilla dentro de la poesía social. Y como confirmación de ello, transcribe estos versos: Hay poetas que cantan a la luna, /al jilguero y a la flor, / pero que asimismo dicen, o piensan: / «Si otros hombres sufren es como si sufriera yo». Casi una poética que, en efecto, parece afirmarse en el compromiso y en la hermandad con los desfavorecidos, a quienes retrata en un ambiente festivo, laboral o sórdido. Con quienes construye, según Velasco, un retablo donde se suceden “las citas ‘non sanctas’ del tocador de laúd, los sonidos de marejada y olas en reyerta nocturna, la fiesta anual de la Virgen de la Soledad, los movimientos de la red en la faena de cada día, el vegetar de los jubilados, las horas de la rula, los vuelos de las gaviotas, el olor de las «focas» —apodo dirigido a quienes acarreaban la pesca—, el pescado de la rula, el muelle, los niños con el culo al aire, el viejo lobo de mar, el intruso destacamento militar que limita las aventuras infantiles, los nombres de las calles, el encuentro nocturno del borracho que sube la cuesta con el adormilado marinero que la baja y «que va en busca del alba y la sardina», las remendadoras de redes, la llegada de tiempo en tiempo de las barcas con el seno «pleno, fúlgido de coletazos», la madre que duerme a la niña con una nana (Duérmete nena / de Cimavilla; tu padre boga / al son de quilla), la reparación de una vieja y arruinada barca que merece una oda nerudiana, las viejas sentadas junto a la Colegiata, la taberna, el encuentro del marinero de Maupassant con «Bola de sebo»…”. Uno añadiría que a veces le encuentra a la pluma de Castañón trazos solanescos, un expresionismo crudo bajo el que no se puede ocultar la ternura de un tipo al que nunca parece serle ajena la desdicha de los otros.

MUELLE
El corazón sobre los hombros
por la tristeza de las adensadas nubes
y el monótono entrechocar de hierros;
por la alta pesadumbre en el todo muelle
en el cargador,
en el marinero,
y tanta en mí;
en el cielo y en el suelo.
Tú, muelle,
muelle solo y mañanero,
iza bandera, hiéndeme tu arpón,
aviva la politonía
de tus panzudos barcos:
negro mortuorio, blanco
sucio, rojo de macelo,
casi verde en el fondo.
Muelle,
agua puerca de turbia gelatina
en sucísimo balanceo;
gaviotas sombras deslizándose
—carroña en los picos curvos
y alas escoradas geometrizando el aire —;
olor a pinos,
a carbón,
podrido olor;
sabor a red salada,
a grúa;
olor con sabor;
gustoso asco podrido.

martes, junio 19, 2012

Del miedo

Está uno estos días disfrutando con esa pequeña maravilla publicada por Acantilado que lleva por título Historia menor de Grecia, de cuyo autor, Pedro Olalla, también se leen sus ocasionales entradas en la bitácora Desde Grecia. La última, El triunfo del miedo, es una cruda crónica de las recientes elecciones de ese país (ya también su país): "El miedo se vio canalizado hacia el electorado en una operación de guerra psicológica de proporciones orwellianas: la amenaza de abandonar el euro, de ser expulsados del espacio Schengen, de ser apartados de Europa, de caer en la bancarrota absoluta, de ser atacados por Turquía, de quedarse sin alimentos ni medicinas, de volver irremediablemente a las cavernas." No sería mala cosa, completar la lectura de ese post con lo que nos recordaba, a su vez, Nacho Escolar a propósito de los vencedores griegos: "Gana la derecha en Grecia, la misma derecha que engañó a Europa y manipuló las cuentas públicas con la bien pagada ayuda de Goldman Sachs. Gana el candidato de Angela Merkel y Alemania al fin es generosa: ya no hará falta sacar a Grecia de la moneda única y habrá concesiones en el plan de rescate, ese mismo plan de rescate que hace unos días era pecado mortal tocar. Gana Andonis Samarás, el coherente político que en 2010 votó en contra del plan de rescate y ahora presenta ese rescate como la única alternativa al caos." 

jueves, junio 14, 2012

Las risas de los críos

El mismo barro cocido bajo nuestros pies. La espuela del sol sobre las ijadas del agua azul. El cielo de los veranos. La hierba fresca a la sombra de las palmeras. Si cierro los ojos, distingo el acorde de un surtidor, el chapoteo de los bañistas, las risas de los niños. Todo igual durante años a esta altura de las estaciones. Todo igual y todo distinto. Porque esas risas son ahora de los niños de otros.

Memento mori

Nunca más te rías como las hienas: ufanamente jocoso de la desdicha o el aspecto de los infelices. Que no se cebe jamás tu sarcasmo con las mellas de sus semblantes, con sus maneras vulgares o sus dispares galas, con sus voces cuando tropiezan asustadas por la responsabilidad o por el miedo, con su precipitación y sus torpes caídas, con esas desventuras que tan reiteradamente los acechan, torciéndoles el camino, la suerte, la salud o la vida.  Guárdate de la ironía con los humildes, con el error, la diferencia, con el infortunio  o el entusiasmo que tu soberbia da por estéril.  Te lo dice el esclavo de un césar que recorre las calles de Roma el día de su coronación. Un  esclavo acuclillado en la cuadriga de su amo. Un esclavo escondido de los vítores que le guarda el laurel al emperador al tiempo que le recuerda su condición humana y su existencia mortal.

martes, junio 12, 2012

De ciertos entusiasmos

En un reciente libro de aforismos de Pessoa, antologados por García Martín, se puede leer que “el entusiasmo es una grosería”.  Y no hay duda del aserto, al menos cuando uno ve a su presidente aforofado en un estadio de fútbol  horas después de declararnos en ruina asistida.

lunes, junio 11, 2012

El arbotante

Recuerdan en un espacio radiofónico cuándo y por qué nació el gótico. Hasta esa irrupción en la Francia del siglo XII, el culto era sombrío. Los templos lugares oscuros. A iniciativa del abad Suger de Saint Denis, se construyó entonces una catedral de luz. La esperanza siempre es un rayo de sol colándose por una ventana. Se planeó entonces un edificio ligero, con vidrieras y rosetones. Un espacio amplio, respirable y donde la mirada del cielo atravesase las paredes por grandes resquicios, llenándolo todo de un aire ligero y respirable. Para sujetar aquella arquitectura desconocidamente elevada se idearon los arbotantes. En realidad, los arbotantes no sostenían sólo las catedrales, sino que, sobre todo, llevaban, un poco al modo como lo hicieron con el agua los acueductos romanos, un caudal inagotable de luz a donde sólo había una espesa y triste umbría.
Después de un fin de semana en que, más que las razones o consecuencias de la inyección financiera europea a nuestra banca, se ha discutido sobre cómo denominar a esa recapitalización —en una palmaria muestra de hasta qué punto está atrincherado todo el entorno (formaciones políticas y medios de comunicación)—, uno ve en esa solución arquitectónica del gótico una analogía de cómo se ha obrado también con las cuenta. Ese andamio europeo que permite la entrada de algo de luz dentro de nuestro lóbrego solar bancario tiene mucho de arbotante. Les permite  un sostén exterior a nuestros febles muros patrios. Llámese por tanto si se quiere arbotante financiero —término arriba o abajo poco importa— a lo que nos ha devuelto, al menos de momento, aire y horizonte, pero nadie se olvide de que los sillares de este apoyo llevarán, como entonces, la firma de los canteros, que mientras se levantaban los edificios del medievo vivían a la vera de sus obras, montando allí los talleres desde donde no sólo gestaban la fábrica, sino que vigilaban de cerca su verticalidad.

martes, junio 05, 2012

Cardinales

1
Tengo bastante desatendidos estos diarios.  Cuando vuelvo a ellos, me cuesta dar con el tono. Al pasar los días sin tocarlos, se parecen a un instrumento que precisa afinación. Debe primero encontrarse el sonido no distorsionado, el acorde correcto, la armonía que nos devuelva la música de otras veces. Y no es fácil. Un poco como cuando dejamos de ser felices, o de amar. Hay prácticas que para nuestro bien necesitan de constancia.
2
Buen libro el Diario de invierno de Auster. No parece el dietario de un escritor. No se recrea en las glorias, amistades y fastos de la farándula de los escrivas. Se hunde  más bien en la miseria de la enfermedad, de las relaciones familiares, de los lugares angostos donde se residió con apuros. Lo explica bien el autor en una entrevista: “Es un libro sobre mi vida física, sobre el proceso de crecer y envejecer, sobre mi vida interior. Por eso no hay referencias profesionales, ni siquiera hay referencias a amigos, poetas o escritores. Traté de introducir esas cosas pero no funcionaba. Hay una coherencia entre lo que hay dentro y lo que he dejado fuera. Nuestra vida física empieza en el interior de nuestra madre, por eso hablo bastante de ella. Hay un recorrido a través de las casas en las que he vivido, porque alojan nuestro cuerpo y hay referencias a todas esas cosas que hacen sentir que nos transformamos físicamente”.
3
He descubierto en la habitación de mi hijo un llavero con la bandera cubana y el famoso retrato que Korda le hizo al Ché. El hallazgo me dejó más satisfecho que preocupado, lo que una vez repensado me dejó más preocupado que satisfecho.


4
Volvió de sus vacaciones una compañera . ¿Qué contó de Lisboa sobre cualquier otra cosa? El tiempo que hacía y lo que allí comió. Será, quizás, que para esos asuntos la audiencia siempre es receptiva. Harina de otro costal hubiera sido, si fuera que de ello trajese acopio, que la viajera narrara las impresiones de la luz última de los días sobre las colinas lisboetas o que diera noticia de qué le pesa al observador en el alma traqueteada por los viejos raíles del tranvía o henchida de vino verde en una terraza que mira al Tajo. Decía Savater que para llorar se debe uno esconder en un rincón donde nadie le vea, pero para reír se necesitan cómplices. Con la memoria de los viajes pasa algo parecido: para lo que en ellos fue inaprensible riqueza interior —dicha o espanto— es bueno el recato de la reflexión o el apunte manuscrito. Lo que tuvieron de fiesta, de postal, de sol, mantel y copa, más propio parece, en cambio, para compartirse en charla distendida.

5
Tertulia cazada al vuelo. Un economista —que se define como liberal, por más señas— defendía el rescate económico de España. ¿Argumentos? La troika que gobernase entonces (BCE, Comisión Europea y FMI) tomaría la “sabia” decisión de cargarse la organización territorial de España. Vamos, que el sagaz tertuliano liberal, sin que nadie contradijera su prurito rescatador (lo que nos pone en la pista de que los demás contertulios compartían su criterio), defendía, nada más y nada menos, que un golpe contra la soberanía y la constitución a cargo de un triunvirato no de Bruselas, sino de Pavía.

6
Caxigalin(e)a: Era mucho más que goloso, era incluso guloso.

jueves, mayo 31, 2012

Poema urgente

Que amanezca con sol y que la bajamar ofrezca
en las primeras horas del día a los paseantes madrugadores
un planeta de arena sin hollar y una lengua de agua perezosa y tibia
como la de una res estabulada,
no logra hoy conjurar la sombra entintada de los titulares.
Como en ciertos contrapicados del cine expresionista,
las letras de los periódicos han ido creciendo a lo largo de los meses
con la desproporción de las pesadillas.
Se han convertido en edificios levantados hasta mucho más arriba
de lo que la vista acostumbraba a alcanzar.
Y desde sus azoteas se presiente una lluvia
más de empujados que de suicidas.

miércoles, abril 25, 2012

25 de abril

"El capitán de 29 años que se ha jugado la vida horas antes ante cinco carros blindados para salvar la Revolución, que mantiene el cuartel general de la GNR cercano rodeado de soldados rodeados a su vez de una muchedumbre pacífica y exultante, el tipo que no se ha equivocado en el momento en que no tenía que equivocarse, como un verdadero héroe de novela, el militar que se entrevistará poco después con Caetano personalmente para aclarar definitivamente la rendición y que morirá muchos años después, en 1992, de un cáncer, sin aceptar jamás ningún cargo político, ese hombre, Salgueiro Maia, se encogió de hombros ante estos dos gerifaltes y sin soltar el megáfono les respondió:
- Aquí mandamos todos".

Así remata Antonio Jiménez Barca su recuerdo de Salgueiro Maia, Un héroe del 25 de abril. Una historia tan bien narrada como necesaria.

Un universo

Foto de Juan Garay

Me envía esta imagen Juan Garay. Maestro fotógrafo y amigo leal. Como todo buen logro de artista, encierra un universo. El de una ciudad que vive frente al océano y se tiene a si misma casi como el pecio de sus mareas. El de un paisaje sobre el que los cielos son más a menudo óleos que acuarelas. El de una urdimbre urbana, forjada con despropósito de codicia, que dejó  atrapados al menos, por descuido y como fósiles, algunos edificios austeros y hermosos. Pasa uno casi todos los días por este rincón sin agradecer como debe la dicha de pasearlo a la mañana camino del trabajo.  La vieja capilla de San Lorenzo, cuyas paredes de arenisca se han vuelto esponja con el nordeste y la sal marina. La que fuera pescadería municipal, sobria como un templo clásico. El temperado cubo que alberga el consistorio. Y la gracia algo añeja de un hotel donde se rodaron las escenas de un óscar con ocle.

miércoles, abril 18, 2012

Contra la codicia

Así concluye su poema Contra la codicia Rafael Argullol (un homenaje al farmacéutico jubilado griego Dimitris Christulas):

(...) Y falta ya muy poco
para que también la libertad
nos sea arrebatada
por el amor a la codicia,
que parece ya el único amor permitido.
O eso es lo que cree
ese hombre que amenaza sin ira a un edificio
—ese hombre que me recuerda a mi padre anciano—
mientras entona una acusación a los espectros:
"¡los codiciosos!, ¡los codiciosos!".
Y eso mismo es lo que cree
Dimitris Christulas, la mano apretada en la culata,
al observar la plaza Syntagma, centro de Atenas,
situada tan sólo a unos kilómetros
del corazón antiguo, la Acrópolis,
donde hace exactamente 2.454 años
se representó por primera vez Antígona,
y el hombre cantó a lo más elevado de sí mismo:
"Muchas cosas hay portentosas,
pero ninguna tan portentosa como el hombre"
proclama, en el teatro, el coro de ancianos.
Dimitris Christulas dispara.
Al caer se lleva consigo un retazo
del azulísimo cielo de Grecia.

De Senectute

Enlazo a continuación lo último de Manuel Alcántara, que no trata sino de cómo aguantar el tipo dignamente cuando nos corroe la carcoma: "Después de este ensayo general con casi todo, siento una extraña piedad hacia el que era, pero no tanta como para echarme de menos. Me dispongo a jugar la prórroga. A ver qué piensa el árbitro sobre el descuento."

martes, abril 17, 2012

El redentorista


La letra pequeña de los viajes es un detalle casi ilegible de lo que también fueron y se olvidó pronto. Fuimos haciendo previsión semanas atrás de dónde iríamos, pero el mal tiempo pronosticado vino a aconsejarnos un destino distinto, más próximo, menos arriesgado. Se acertó de pleno. Y del menudeo ese al que aludía al principio, fijo ahora por curiosidad, que en la cambiante tarde del viernes, después de pasear largo desde bien temprano, de comer y beber generosamente, de disfrutar de un relajante tratamiento balneario y mientras respirábamos desde el mirador de las murallas un aire húmedo y alcanzábamos a lo lejos el Teleno nevado, un caminante encontradizo nos preguntó si además del paisaje como motivo estético, apreciábamos en el horizonte algún tipo de trascendencia. Ah, la paciencia del viajero descansado y feliz encaja con buen ánimo incluso este tipo de impertinencias místicas. Se trataba de un redentorista. Misionero, nos desveló enseguida, durante treinta y cinco años por tierras americanas. Desde Canadá hasta Chile. Había interrumpido su pequeño rosario anular muy posiblemente para matar el tedio con la charla. Tras una mañana soleada y fría, el cielo se había ido oscureciendo. Pesaba sobre el páramo como un falso techo mohoso y amenazantemente bajo. Por entre el espesor de las nubes se filtraba de vez en cuando el relumbre radial de un sol postrero. En esa telaraña veía el fraile la urdimbre divina. Uno, seguramente tan pegado al suelo como las lombrices, esperaba sin embargo que esa luz proyectase sobre las piedras de la pequeña ciudad episcopal ese relieve final de atardecer que tan bien le viene a las fotos con que fijamos los viajes. Ellas suelen ser su memoria salvada.

martes, abril 03, 2012

Las aguas del río

El sábado, después de una cena muy agradable, T. me aconsejó llevarme un librito titulado Las aguas del río, de Pilar Gómez Bedate. Lo leí ayer, mientras aguardaba por los rincones, como un refugiado en su propia casa, a que el pintor finalizase su trabajo. Poco más de setenta páginas de textos breves y poemas desnudos. De palabras precisas. De memoria y de añoranza. De aguas que transcurren fieles a su universal metáfora. De ocasos que cierran días y avivan el ascua de los recuerdos. De viajes felices. Y de separaciones fatales. En la primera parte, titulada como el libro, la autora hace un somero repaso de la vida. Desde la infancia en guerra al amor tras el que se viaja, y con el Duero zamorano como paisaje de fondo.
“Mi madre se abalanza hacia una ventana para cerrarla en el momento en que, fuera, se escucha el estallido de una bomba. Es de madrugada, mis zapatitos de niña, blanqueados la noche anterior, están secándoe en el alféizar y ocupan todo el espacio, como en una pintura de Magritte. El silencio posterior a la explosión, absoluto y lívido, tiñe al aire de su color”.
En la continuación, Otros ríos (Poemas italianos), se vuelve a Florencia y a su Arno, a las calles de Roma, a la noche de Pisa. Qué sugerente, por cierto, esa ventana iluminada próxima al Panteón donde se acierta a vislumbrar la promesa de un hogar compartido.
“En una de aquellas calles que rodean a este templo sin igual, y en nuestro camino de vuelta al hotel del Corso, cuando ya las luces de los interiores estaban encendidas, había una ventana en la que siempre se fijaban mis ojos: una ventana alta y alargada, próxima a una esquina, por cuyos finos visillos blancos se adivinaba la lámpara baja que bañaba la estancia en claridad dorada. (…) Yo añoraba una ventana como aquella que pensaba nunca poder tener pues, enamorados clandestinos y amantes viajeros como éramos, ¿de qué hogar íbamos alguna vez a ser dueños? ¿de qué ventana cuya lámpara pudiese cobijarnos alrededor de una mesa? Aquella ventana cercana al Panteón romano ha sido para mí, durante años, el símbolo de lo añorado.”
En De nuevo, el Duero, la muerte ya ha segado la dicha y hay un retorno a las aguas primeras, esas que cierran definitivamente el libro con una Suite final donde el río va “duplicando en su seno las imágenes de cuanto lo rodea / desde su nacimiento hasta la muerte”, como lo que se escribe. Pero el verdadero cauce sobre el que fluyen estas páginas no es otro que el reconocimiento a Ángel Crespo, no como poeta —que lo fue y de los grandes—, sino como compañero de vida al que se agradece lo compartido y del que se extraña la ausencia.

viernes, marzo 23, 2012

Caxigalíne(a)s

Todo confinamiento es una soga que se ciñe por el cuello al  ánimo.

En la determinación de la sonrisa como gesto irrenunciable de un carácter, hay un olvido de difícil perdón: el de la conciencia.

Cantar con los amigos es un placer alegre y euforizante. ¡Qué pena dan  los afónicos de espíritu!

martes, marzo 13, 2012

Un libro para zurdos

N. diseñó hace ya unos años un pequeño y hermoso libro para zurdos. Quién sino un zurdo hubiese tenido tal consideración. Una pequeña caja negra y lacrada abierta por su lado izquierdo. Y en su interior, dos plaquettes: El libro de las horas, de Juan Ignacio González, y De entre las ascuas, de un servidor. Se ha reeditado ahora y sigue siendo una extrañeza para las manos y un placer para la vista. Un poemario para zurdos. Para minorías. Y sobre todo para amigos, que son siempre la más selecta de las minorías. Estos que a continuación transcribo son dos de sus poemas. En el primero, Juan I. González recuerda una humillación de su infancia como niño emigrante (sus padres lo dejaron un día al cuidado de una vecina recelosa de aquellos sureños morenos que llegaban a su país a ganarse la vida como podían). En el segundo, uno hace memoria.

SOBRE LA TOLERENCIA (1966)

Madame Legrange, supongo
que sólo tuvo miedo.
Miedo y un desconocimiento grande y triste
sobre a qué debe oler
un pequeño español en el exilio.
De modo que un mal día
que madre estuvo enferma,
por orden taxativa de su esposo
—un patriota tullido de las Ardenas—
y una tácita acción de vecindad,
me recogió a la puerta del colegio
y me ofreció su casa,
como un pequeño campo de exterminio.
Armada de unos guantes y un cepillo,
frotó con más que ahínco mi cabeza
—aún viene a visitarme algunas tardes
un dolor muy agudo en las orejas—.

Buscó piojos huidizos
(los tuve alguna vez)
y examinó mi ropa, plagada de zurcidos,
con detalle.
Loada sea
el agua limpia que dejé en su bañera.
Loado sea el instante que padre tocó al timbre,
el dintel de mi casa
como un pequeño arco de triunfo
después de la ignominia.

Loada una y mil veces
la tierra curva del dolor sobre el lecho,
el rostro de mi madre.

Juan Ignacio González


ALGUNAS IMÁGENES INOLVIDABLES

Si inventariase los recuerdos
más dulces de tu cuerpo,
salvaría sin duda aquella risa primera
que aún guardo en la memoria
abriéndome en dos el pecho.

Si quisiera dibujarte
en el escorzo con que el tiempo
modela los deseos,
tus piernas calzarían
la noche hasta los muslos
y en la hendidura misma del alba
se ocultarían tus dedos
como sierpes tenaces
que te reptan la dicha.

José Carlos Díaz

domingo, marzo 11, 2012

El ascua

Contra toda superstición, tomé la foto desde la fila trece. Se fijó la imagen y resultó un entrañable concierto. Y muy necesario también, porque los asideros del alma nos ayudan a soportar el paso de los años y a las canciones de Paco venimos agarrándonos toda una vida como al aire que exigimos trece veces por minuto. Fue además para mí, como padre, un concierto especial porque sabía sentado cerca a quien hace casi nada era un crío al que le cantábamos que los lobos pueden ser buenos, los príncipes malos, las brujas hermosas y los piratas honrados. Un crío crecido ahora que toca la guitarra soñando, imagino, su propio mundo al revés, y en cuya mirada atenta uno pareció adivinar al final del concierto un ascua de ese fuego irredento con que Paco ha venido alumbrándonos el ánimo a tantos durante tanto tiempo.

miércoles, marzo 07, 2012

Una botella tunecina

Esa botella es tunecina. En su otra vida guardó un licor transparente y rabioso que Samir nos dio a probar cerca de Tozeur. Recuerdo que llegué a aquel palmeral oyendo en la memoria la vieja canción de Battiato, I treni de Tozeur.  Era verano, el mejor de los tiempos si se comparte la dicha y se cuentan los años justos como para gozar del milagro del sol sobre las pieles. Esa botella lleva mucho tiempo con nosotros y a veces adorna con unas pocas flores la mesa en que nos sentamos con algunos de nuestros amigos. Hace unos días, mientras cocinaba, la vi en un rincón y se me antojó demasiado desnuda. Le hurté al guiso una rama de perejil fresca. Lució distinta. La luz oblicua de la mañana le arrancó además unas pinceladas blancas al vidrio. Tomé entonces la fotografía de ese instante en que calculé mentalmente la infinita distancia que separa un viaje bajo el cielo protector del norte de África y las cazuelas de un oficinista que prepara durante la mañana del sábado la comida de la semana.

domingo, marzo 04, 2012

Comparaciones inapropiadas

No deben compararse. Películas muy diferentes. Intenciones radicalmente distintas. Pero como uno las vio seguidas, ha tenido la inclinación de ponerlas en un mismo plano, enjuiciadas quizás arbitrariamente por este espectador que más que por el rigor se ha dejado llevar por eso tan subjetivo que llaman parecer. Ventajas de mantener una bitácora sin compromisos. Le Havre y The Artist. Kaurismaki y Hazanavicius. El reducido espacio de un barrio portuario y el ambiente glamoroso de los estudios cinematográficos de Hollywood. En una, la historia de un adolescente subsahariano sin papeles que busca a su familia y es arropado por unos cuantos desgraciados. En la otra, el cuento de un afamado actor de películas mudas que no se sube a tiempo al tren del sonoro y pierde, poco a poco, fama y fortuna. En ambas, la redención del final feliz. O casi. La alegría de los pobres siempre es menos exigente. La mezcla de drama y comedia tiene mucha más verdad en Kaurismaki. The Artist es sobre todo artesanía; divierte, pero deja por poso poco más que un reto técnico, no una historia original, ni unos personajes reales: su apuesta por la recuperación del cine mudo es tan fiel como estéril. De Le Havre, cuando pase el tiempo, recordará uno a ese limpiabotas de principios urdiendo la complicidad de un barrio humilde para esconder primero al chaval africano llegado clandestinamente en un contenedor de mercancías y, más tarde, para conseguir el dinero suficiente con que pagarle el viaje a Londres, donde lo espera su madre. La humildad de las casas. De las tabernas. De las calles próximas a los muelles. Un cuento de generosidad para los malos tiempos que transitamos. Con qué poco se le puede dar sentido a la vida. Quizás esté siendo injusto con esto de las comparaciones. Quizás no se deba nunca mezclar talento y ocurrencia. Genio y oficio. De Kaurismaki queda un estado de ánimo, una fábula para la dicha y la bonhomía. De The Artist, unos cuantos óscars,  tantas veces salario de los pasatiempos.

jueves, marzo 01, 2012

El tasbih

Ayer viaje a T. Calentaba allí un sol tibio. Leí afuera sobre la mesa de pizarra. Una laja irregular y apacible al tacto. Me fui luego caminando más allá de los molinos. El sendero estaba tapizado de hojarasca. El ruido de los pasos ahuyentaba a los pájaros. Me detenía a ratos a mirarlo todo. Panorámica del silencio. De los verdes cuajados. Del arbolado todavía invernal. Castaños, robles, abedules, avellanos. Cielo azul. Aire transparente. Anda el bosque aún desnudo y si se aplica el ojo al ramaje, como un zoom de muchos aumentos, se fija en la retina la confusión de un pollock monocromático; de un osario acumulado y revuelto. Sin embargo, en el viaje había descubierto con alegría los primeros brotes primaverales. Mimosas y tojo. Amarillos intensos. Y una luz clara y seca sacándole brillo incluso a las sementeras. Al día le engarcé esas y otras cuentas: un arroz sabroso en compañía,  el lomo dócil de los perros guardianes, dos abubillas tras un laurel, un petirrojo arrogante y un halcón que volaba confiadamente bajo. Y todo lo repaso a la noche como si sobara un tasbih de huesos pulidos, los de unos frutos en sazón hurtados al paso del tiempo.

martes, febrero 28, 2012

Interior


No es pereza. Ni desánimo. Son pocas ganas. Y un freno de incertidumbre. La que nos transmite este tiempo que vivimos. En la que nos sume lo que se escribe y queda arrumbado en la poca agua, como esos barcos fotografiados en contrapicado que esperan su desguace. Sé que siguen pasando los que han tomado por costumbre desviarse a menudo hasta la antojana de esta casa y me temo que la presienten ceñida pronto de hierbajos. Creen incluso ver a veces a su dueño tras las cortinas. Vuelto de pronto un salinger huraño y fotofóbico. Quizás piensen también que se ha echado el cierre al colmado sin bajar siquiera la persiana, en una fuga callada que buscase ponerle tierra de por medio a la marea de esa ruina pertinaz que todo parece asolarlo en los últimos tiempos.  Nada es así del todo, siéndolo de algún modo en parte. Porque las pocas ganas no cuidan bien ni de uno ni de lo que le rodea. Las pocas ganas apagan luces y echan contraventanas. Aunque no tienen por qué rendirnos. Aunque deben combatirse sin desmayo.  Mucho más si, como de éstas, sabe uno su motivo: qué decir que no resulte vano; qué decir que pueda pisarse en firme; qué decir que pueda resultarle un guante a alguien. Cuando todo parece propicio a la soflama, con más pudor deben elegirse las palabras. Entretanto, más que salir hacia fuera, dejo que vayan poco a poco entrando algunas esquirlas de luz dentro. En la pretensión de que, como decía Ramón Gaya de su pintura, se alcance un temple “sin alharaca alguna, sin gritos, sin protestas, sin iras, sin nada de eso, porque la pincelada verdadera y profundamente expresiva es callada”.

lunes, febrero 06, 2012

En la muerte de Wislawa Szymborska

Morir, eso no se le hace a un gato. Porque así hemos quedado, como un gato en un piso vacío. Porque aquí había alguien que estaba y de repente se ha ido e insistentemente no está. Y como animales curiosos revolvemos sus papeles. Y en la noche de Cracovia, en medio de las sombras de una habitación donde las lámparas ya no se encienden, dilatamos las pupilas en una lectura insomne. Agradecida.

Condolientes:

Szymborska, una despedida, en el blog de Antonio Muñoz Molina: "Con Mozart, con Paul Klee, con Lester Young, compartía la capacidad de ser ligera y honda al mismo tiempo."

Despedida de todos los paisajes, por Abel Murcia (uno de sus traductores) en ABC: "Hoy hará un poco más de frío en Cracovia. Y a todos nosotros nos quedará recordar desde lejos. O desde algo más cerca, si nos adentramos en sus versos para que nos siga ayudando a entender el mundo."

Ligeramente grave, de Fernando Savater, en EL PAÍS: "Su poesía es reflexiva sin engolamiento ni altisonancia, de forma ligera y fondo grave, directa al sentimiento pero sin chantaje emocional. Breve y precisa, escapa a ese adjetivo alarmante que tanto satisface a los partidarios de que importe el tamaño: torrencial. Sobre todo nos hace a menudo sonreír, sin incurrir en caricaturas ni ceder a la simpleza satírica."

Retrato de mujer, Javier Rodríguez Marcos, en su blog de EL PAÍS: "´Esta primavera los pájaros han vuelto a regresar demasiado temprano. / Alégrate, razón, también el instinto se equivoca`. Esos fueron tal vez los primeros versos de Szymborska que pudieron leerse en un periódico español. Fue en 1996. Le habían dado el premio Nobel."

Do Widzenia, Wislawa, de Martín López Vega, en su blog de EL CULTURAL: "Inteligencia, humor, ternura: la receta de la sabiduría de una felicidad consciente de que en ocasiones puede estar hecha apenas de dolor atenuado."

Adiós a Wislawa Szymborska: un diálogo con Félix Romeo, en el blog de Antón Castro: "Creo que cada poema lo escriben dos personas. Hay una persona que es la que siente las cosas, la que las experimenta, la que piensa. Y otra persona, que está detrás de mí y dice: "¿No estarás exagerando?, ¿qué va a entender el lector de lo que estás escribiendo? y, además, ¿para qué le sirve?" Ese yo irónico está siempre, pero si desaparece escribiré muy malos poemas... ¡Y si desaparezco yo, también serán malos! (Risas)"

La muerte, sin exagerar, de Eduardo Jordá, en El Diario de Mallorca: "En uno de sus últimos poemas, Szymborska decía que debíamos sentirnos afortunados por vivir en este mundo, ´un rincón modesto,/ en el que las estrellas dan las buenas noches/ y hacia el que parpadean/ sin ningún significado`. Puede que en el parpadeo de las estrellas no haya ningún significado. Pero leyendo a Wislawa Szymborska, uno podía estar seguro de que en ese parpadeo sin sentido iba a encontrar un instante de felicidad."


Collage de Wislawa Szymborska

Un gato en un piso vacío

Morir, eso no se le hace a un gato. / Porque qué puede hacer un gato / en un piso vacío. / Trepar por las paredes./ Restregarse entre los muebles. / Parece que nada ha cambiado / y, sin embargo, ha cambiado./ Que nada se ha movido, / pero está descolocado. / Y por la noche la lámpara ya no se enciende. / Se oyen pasos en la escalera, / pero no son ésos. / La mano que pone el pescado en el plato / tampoco es aquella que lo ponía. / Hay algo aquí que no empieza / a la hora de siempre. / Hay algo que no ocurre / como debería. / Aquí había alguien que estaba y estaba, / que de repente se fue / e insistentemente no está. / Se ha buscado en todos los armarios. / Se ha recorrido la estantería. / Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado. / Incluso se ha roto la prohibición / y se han desparramado los papeles. / Qué más se puede hacer. / Dormir y esperar. / Ya verá cuando regrese, / ya verá cuando aparezca. / Se va a enterar / de que eso no se le puede hacer a un gato. / Irá hacia él / como si no quisiera, / despacito, / con las patas muy ofendidas. / Y nada de saltos ni maullidos al principio.

de Wislawa Szymborska

jueves, febrero 02, 2012

Fotogramías

" Sed o no sed..."
                                              Esther "Hamlet" Williams

Sofari

martes, enero 31, 2012

Crónica parcial de un recitado

Encuentro poético con Juan Ignacio González.  Enero de 2012.
Uno escribe una poesía más intimista, por tanto, más pegada a lo que se es, a lo que se siente y a cuanto nos desasosiega; explicado todo como para entenderlo a solas y una vez se posa en el papel y se lee y se corrige y se fija finalmente como una certidumbre escasa pero que nos permite agarrarnos, por un breve espacio de tiempo, a la tierra. Nacho probablemente no tenga cuando escribe muy distintas inquietudes. Pero él no las acota hasta el minifundio emocional, sino que trata de adornarlas con la música apropiada y de trufarlas con iconos reconocibles y colectivos. Convierte por tanto sus cuitas casi en canción compartida. Por eso su recital resultó tan alegre como un góspel de iglesia negra. A ello contribuyeron, no poco, sus tablas en aulas y púlpitos públicos. Eso favorece la comunión instintiva con los oyentes, alcanzada del todo con la recitación de Fiat lux, que es una oración rabiosa, secular, con ritmo de cármina burana y que provocó aplausos y humedeció miradas. El despecho y la risa, administrados con sabiduría, no mezclan mal: se sabe que siempre hay motivos suficientes para la indignación, pero también que nada resulta tan fatigoso como un profeta malhumorado. Por eso Nacho a veces se vuelve un poco catulo y canalla. Por eso se tiene lástima de niño exiliado en la necesidad. Por eso introduce cada poema con gracias, sucedidos, imprecaciones o melancolías. Es la maña de quien cuida la escena como debe: luces y utillería. La poesía de los juglares se bate el cobre en plazas públicas y, en no pocas ocasiones, emboba con añagazas a los gentiles.Esta otra poesía, sólida y entonada poesía, en las manos y la voz de un juglar con oficio, sí, pero con verdad también, puede tanto con los fáciles como con los recelosos. Lo puedo jurar porque algo sé de prevenciones: ¿quién no se enfrenta con reticencia a los versos de otro cuando él mismo también hace versos? Pero, ¿quién podría ser tan avaro como para no apreciar lo que le emocionó de veras cuando, además, venía de un buen amigo al que tanto se quiere?

Ahi se dejan algunos versos de su Fiat Lux:

En las palabras del pastor de rebaños
que amansa el miedo de los niños
con la sal de la vida
detrás de la alambrada
de los campos heridos de Darfur.
Calle arriba, en la Alfama,
muriéndonos de amor.
Asesinados
por los fados de Amalia,
en la tasca más triste
donde hace tiempo ya,
olvidamos alcanzar el tranvía
de retorno a la nada.
Bajo las ruinas de un teatro-refugio
en Sarajevo,
cuando Mirko dormía
abrazado al cadaver de su madre
asesinada por francotiradores,
y los niños jugaban
a amamantar sus miedos,
con las venas abiertas,
porque no había esperanza.
Al bajar una a una
las gradas de Mathausen.
Una gota de vodka
por las heridas de los sacrificados
en la desesperanza,
mientras la orquesta de violines judíos
despide el tiempo de la redención
con un poema de Paúl Celan.
Por la turbia mirada del río,
en que el poeta decidió ayudar a la muerte,
mientras el Sena pasa
de largo por tu escote.
Por la risa expatriada
de aquel niño de Gaza,
que enfrenta al aguacero de las ráfagas
su honda de dios menor.
Bajo el pañuelo blanco de la plaza de Mayo,
mientras las madres pasan lentamente
buscándonos,
buscándolos,
proscritas de encontrarlos,
para siempre
como en aquel Decreto de “la noche y la niebla”
Por todas las violadas
por las hordas terribles
de Vladik y Milosevic.
Por las niñas ninfas de ciudad Juárez
asesinadas con la anuencia
de la Coca-Cola y Mister Shell.
En el olor dulce y seco de la melancolía
de tus ojos cauterio
que acuden a mi herida.
Por sobre las preposiciones de la duda,
alcemos de una vez la copa del invierno
y,
                    ¡hágase la luz!