jueves, mayo 28, 2015

Tonino Guerra

En un espléndido artículo titulado La miel, Julio Llamazares hablaba hace unos días de Tonino Guerra, ese entrañable tipo que dejó escritos una gavilla de guiones fundamentales para la historia del cine: Y la nave va y Ginger y Fred, con Fellini; La noche, La aventura, Zabriskie Point y Blow-Up, con Antonioni; La noche de San Lorenzo y Kaos con los hermanos Taviani; Carmen, Tres hermanos y Cristo se paró en Eboli, con Francesco Rosi; Nostalgia con Tarkovski. Sin embargo, Llamazares aludía a la poesía elemental que también practicó el guionista italiano. Esa cita me llevó a buscar los poemas de Tonino Guerra. Y en la pesquisa me encontré con una entrevista que ya hace unos años le hizo Juan Vicente Piqueras para la revista La Dama Duende. Las declaraciones que en ella hacía el ya anciano entrevistado me parecieron un compendio de sabiduría.

"¿Cuáles son las mejores cosas del mundo? Las que comíamos en la infancia. Oyes a la gente que dice: "las albóndigas como las hacía mi madre..." o "las natillas aquellas...". Te acostumbras de niño a unos sabores que serán siempre los tuyos. Es como una droga. ¿Acaso comemos otra cosa que infancia?

Yo parto siempre de la realidad de cada día. Creo que la poesía está ahí y se trata de saber descubrirla. El poeta, más que un inventor, es un descubridor, un explorador. Alguien que sabe buscar y encontrar la poesía en las pequeñas cosas que parecen insignificantes. Un poeta es aquél que se quita el sombrero ante un cerezo en flor.

Vivimos una época brutal, gobernada por cínicos que comercian con la muerte, que son esbirros de la muerte, con una humanidad adoctrinada, infeliz, un rebaño absurdo cuya mayor alegría es comprar, comprarlo todo. Me gustaría decirle a la gente que hay muchas cosas en la vida que no tienen precio, cosas mínimas, milagrosas, que ya casi nadie ve. Yo, por ejemplo, en Alemania durante la guerra, sabía que podía morir de un momento a otro y pensaba: ¿qué cosas echaría de menos si me muriera? No poder comer más castañas con los amigos frente al fuego, no volver a ver la lluvia. Estas son las grandes cosas de la vida: comer castañas, escuchar el rumor de la lluvia, el silencio de la nieve que cae. Estas son las cosas por las que te sabe mal morir. Lo demás, no sé: ¿una mujer? sí, pero también se hace vieja, también muere, o simplemente se va. Todo lo humano decae. En cambio, la nieve no envejece, el olor de la lluvia no miente, los olivos no se van. Son cosas que están ahí, dispuestas siempre a iluminar la niebla que somos.


La única manera de vencer a la muerte es permanecer durante mucho tiempo en la memoria de los demás. Yo creo que todo lo que he escrito y he hecho en esta vida no tenía otro objetivo."

lunes, mayo 25, 2015

El tetris poselectoral gijonés

El pueblo o la ciudad son las prolongaciones de nuestra casa. Esa extensa antojana sin muretes donde convivimos.  El patio de vecindad. La escuela de nuestros hijos. El paseo, el ocio, el parque. El ruido y el aire. Los animales domésticos. Las calles limpias o sucias. El horizonte libre o cercenado. El consuelo de nuestros ancianos. Las posibilidades culturales. Los museos. Las fiestas y los duelos. Las terrazas. Los campanarios y las sirenas. 
Gobernar una ciudad siempre es difícil. Poner de acuerdo a tantos y tan diferentes es resignarse a lo imposible, sin renunciar, sin embargo, a servir honradamente las causas de la mayoría: conseguir que estas pequeñas patrias nuestras sean habitables persiguiendo las miserias y la distorsión, procurando el aseo de calles, jardines y moradas, la atención de los que no se valen por si mismos por edad o infortunio, la libertad responsable de los jóvenes, la ambición transformadora sin hipotecas eternas ni menoscabos medioambientales, la celebraciones que no sean sólo pan y circo, el amor por lo propio y su cuidado común como objetivo.
Debe de ser una labor titánica afrontar estos retos desde una alcaldía salvando los obstáculos que en ante esa responsabilidad levantan tanto los prejuicios políticos como los malas prácticas consolidadas.  Debe de ser aún más inabordable el trabajo si se llega a él con soberbia o sin ideas.
La inercia de las victorias repetidas llevó en Gijón al Partido Socialista al ensimismamiento arrogante y, no en pocas ocasiones, a la gestión arbitraria. Después de capitanear una moderna metamorfosis urbana, que no sólo adecentó la fachada marítima de la ciudad y reordenó su trazado íntimo, sino que dotó a sus barrios de una magnífica red de servicios sociales, deportivos y culturales, los gobiernos locales del PSOE fueron hipertrofiando una estructura política y de gestión con demasiados visos clientelares. 
La irrupción de Foro supuso un recambio sorprendente por la identidad de quienes lo protagonizaron: una derecha ilusionada con un proyecto político que rompía finalmente con el cainismo popular gijonés y confiaba su suerte a la redención asturianista y personal de una vieja gloria política.  El cartel electoral forista aupaba a la primera línea a una reputada cirujana que se encontró, inesperadamente, sentada al frente de una corporación municipal de tanta relevancia sin disponer no sólo de bagaje político o experiencia en la gestión, sino tampoco de proyecto alguno de ciudad. Ello llevó a Moriyón a gobernar casi por inercia, y con criterios de económica doméstica, un ayuntamiento de más de trescientos mil habitantes.
En los resultados de las elecciones municipales recién disputadas, se ha premiado, por quienes la apoyaron hace cuatro años,  la gestión aseada de la alcaldesa forista. Además, el electorado de centro-derecha no tenía otro referente fiable a la vista de lo que el PP volvía a proponer: un candidato bienintencionado, pero absolutamente desconocido, sin pedigrí político y sin relevancia profesional o social alguna.
Por el otro lado de la balanza, el voto se ha fragmentado de tal modo que se auguran unas negociaciones reveladoras en los próximos días.
Los socialistas no sólo siguen perdiendo apoyos en una ciudad que ha comprobado cómo aquellos servicios que alentaron se mantienen y funcionan sin que el PSOE esté al frente del gobierno local,  sino que le han perdido el pulso a muchos de  los órganos vitales de la sociedad gijonesa: cultura, asociacionismo o juventud. En la oposición mantuvieron cierta arrogancia. Para gobernar precisan ahora practicar la concesión convencida u obligada, y sí lo consiguen, sobre su futuro electoral penderá esa maldición que suele perseguir a los gobiernos plurales de la izquierda que el PSOE encabeza —condenados generalmente a padecer tensiones irresolubles, gasto incontrolado y castigo en las siguientes urnas—.
Por otro lado, la emergencia de la marca local de Podemos los sitúa ante una tesitura de la que no parece que vayan a salir demasiado bien parados: dejar gobernar a la derecha o implicarse, desde la minoría, en el gobierno de la izquierda (siempre y cuando arrinconen ese mantra propio que airean a los cuatro vientos y que afirma  que PP y PSOE son lo mismo).  Para quienes, hasta ahora, basaron su auge en la prédica, comienza el momento de dar trigo.
Más cómoda parece, a priori, la posición de Izquierda Unida, que aguanta, mermada pero sin fenecer, el embate de esa izquierda que hasta ahora estaba fuera de las instituciones, dándose tiempo para restañar sus propias heridas internas. Su historia avala que puedan apoyar sin remilgos un gobierno de izquierdas para la ciudad.
Queda la testimonialidad del Ciudadano. Su partido no deja de ser, por el momento, una mezcla variopinta de liberales refinados y tránsfugas sin vergüenza (la foto de Nicanor García y Nacho Prendes en la noche electoral resulta bochornosa). A ver por dónde sale su representante local.
Al próximo gobierno gijonés ha de exigírsele, además de decencia, de aseo en la gestión, de transparencia en todas sus acciones, un proyecto de ciudad que combine ambición y mesura, que permanezca pendiente de los que más necesitan el apoyo de las instituciones (tanto a nivel individual, desempleados o desfavorecidos por edad o situación social, como a nivel colectivo, barrios o afueras), que mantenga una fiscalidad sensata y justa y un equilibrio financiero que no comprometa el futuro presupuestario del ayuntamiento, que aborde el urbanismo con racionalidad, sin “grandonismos” y con una visión de crecimiento que permita la protección del cinturón verde urbano.
Las expectativas son inciertas, los pactos difíciles y hasta arriesgados si se afrontan midiendo sus posibles consecuencias políticas a corto plazo —las elecciones generales se celebrarán a final de año—.
La superación del desapego hacia lo político pasaba, según la mayoría de los analistas políticos, por el derrumbe del bipartidismo. Pues bien, conseguido. Ahora empieza una nueva época. Salvo que la falta de acuerdos y la consecuente incapacidad para el gobierno genere al cabo de unos meses nuevas convocatorias electorales. Quizás entonces se mire hacia Italia, donde acaba de reformarse el sistema electoral en un sentido muy distinto al que los partidos hasta ahora minoritarios pretendían en España.  
Cuando se intenta el tetris político, todo son codazos.

jueves, mayo 21, 2015

Camín del sol

Con los restos de un naufragio, Rubio Camín levantó una escultura óxida camino de La Providencia. Por sus resquicios, el sol tiene a veces, al final de la tarde, el aspecto de una luz que se dejase encendida en el pasillo. Esa lámpara que a veces reclaman los niños para conjurar el miedo de la noche antes de dormirse. Camín de sol, el título de esta fotografía, juega con una doble significación, la del itinerario solar evocado en lengua asturiana, y la del escultor que entregó su obra al acantilado y sus luces cambiantes.

viernes, mayo 15, 2015

Convalecencia en Remior según Julio Obeso


Toda convalecencia representa, al menos, memoria de lo sucedido y esperanza en la recuperación. Allí por donde se quebró el hueso, alrededor del órgano enfermo, se pueden trazar algunas de esas líneas que miden la distancia angular del progreso. Ocurre que las verdaderas referencias de la vida, raramente pueden expresarse en grados minutos y segundos. La paradoja es el ecuador y de ahí en adelante, toda la mar es nueva. 

Remior, en la cartografía de José Carlos Díaz, es un atolón donde chillan aves totémicas mientras incuban, en grandes nidos de inseguridad, los pájaros que mañana nos van a colonizar. No hay desasosiego, violencia, solo una lenta comprensión de esa realidad terca que es el tiempo; viento que nos moldea en su fijación de surcos y sordera.

"Todo se alcanza al tiempo como un don
que apena si agradeces,
en el que incluso ni siquiera reparas,
pues para entonces tu tiempo lo ocupan
las grietas de los muros,
las quejas de los suelos,
la humedad en rincones y techumbres
y el eco del vacío
que como ánima en pena
golpea las aldabas de tu cuerpo."

Gozar de un espacio que nos ha sido concedido como el fruto de un robo, bala en el pie o deterioro, abunda en esa cualidad atrófica del ensimismamiento. Porque este poemario es el resultado de una constancia terapéutica. ¿No veis el balanceo del calendario al cerrarse la puerta, al tullido recobrar esa móvil tendencia a un lugar mejor, que nos hace tan humanos?

“Constancia de acercarse en las mañanas
un día y otro hasta la playa donde todo comienza,
donde el mundo amanece como si estuviera de viaje
                        y extrañase tanta belleza de pronto”

José Carlos, en estas páginas de lenta ternura, resuelve, imagen tras imagen, los bocetos de la infancia, los apuntes que situaron, en urgentes servilletas de papel, los puntos cardinales de lo que se fue o pudo haber sido. ¿Quién no, en el dolor de los hijos, en los últimos días de verano, en la nostalgia de una patria diminuta? ¿Quién no espera el milagro?

“Cuando los ojos miran desde el suelo
hasta la hierba más humilde
puede parecer al viento un oleaje
y hasta mi casa,
que en el mapa del mundo
no es más que un átomo de polvo,
podría albergar desde ese alzado escaso
el enorme tamaño de una noche sin sueño."

De haberle conocido antes, le hubiera pedido al fusilero, una bala en el pie con pasaporte a Remior. 

Julio OBESO

(Gracias, Julio.)

jueves, mayo 14, 2015


Tomé estas fotos a primera hora de la mañana, con la bruma aún fresca, una luz sucia y el mar muy quieto. Subí  el camino desde el que se abarca la playa. Su margen izquierda está pespunteada por traviesas de tren. Son como lápidas levantadas a viajes de extraños. No llevan la inscripción de sus destinos, pero sí la tortuosa cartografía del tiempo en la madera y el color acumulado de la lluvia y las pleamares.


martes, mayo 12, 2015

Emergencia

Hoy, la acepción más habitual de la palabra emergencia es aquella que se refiere a un suceso o accidente sobrevenido, a una situación que requiere una respuesta inmediata. Por eso ante las emergencias parece existir el deber moral de actuar adecuadamente. Sin embargo, la raíz etimológica es latina y está conformada por el sufijo “ex” (hacia afuera) y su lexema “mergere”(sumergir), por lo que venía a expresar la recuperación de la superficie por aquello que estaba hundido. Quizás esta duplicidad semántica se manifieste también en la campaña electoral. Se ha instalado en el inconsciente de gran parte del electorado la obligación moral de ayudar a lo que emerge como si sobre todo lo que brota, al margen de cuál sea su naturaleza última, debiese procurarse la emergencia del cuidado. Ante esta especie de ingenuo samaritanismo, no debe olvidarse que también las malas hierbas tienen su frágil periodo de germinación.

sábado, abril 25, 2015

25 de Abril

El sol es generoso en Aveiro. Ilumina a menudo sus canales.  Refleja en las aguas de la mañana el vivo color de las proas de los moliçeiros y de los azulejos de las casas encaladas. Al atardecer convierte la madera de los galpones salineros en cobre repujado. Aveiro tiene una belleza sonriente, blanca y modesta; una plaza de pescado bulliciosa, jardines de acacias, templos luminosos y tascas de raciones abundantes y vino fresco.  Allí vivimos días apacibles al sol y sin prisa. En uno de los muros más hermosos de la ciudad, cerca su estación de tren, fotografié entonces este estarcido en el que hay tanta memoria como sed de serena justicia. José Afonso nació en Aveiro, vivió en las colonias, cantó la revolución y padeció en la humildad la larga enfermedad que lo llevó a la muerte. Su existencia parece una suerte de metáfora del propio país. Nacido en la luz y volcado al mar, conquistador de lejanías y, finalmente, entregado por la desdicha a la derrota.

lunes, abril 20, 2015

Somos una sociedad mercantil que necesita, para seguir existiendo, consumidores y no lectores. La lectura inteligente y detenida puede alentar la imaginación y fomentar la curiosidad y, por lo tanto, hacer que nos neguemos a consumir ciegamente. Es por eso que Christine Lagarde, ardiente defensora de las sociedades de consumo, cuando era ministra de finanzas durante el Gobierno de Sarkozy, dijo a sus conciudadanos que se quejaban de la crisis: “Trabajen más y piensen menos”. Madame Lagarde sabía muy bien que un pensador nunca sería un buen consumidor.
Alberto Manguel

miércoles, abril 15, 2015

Cita


EL GRAN ADVERSARIO del primer capitalismo, según Max Weber, era "el trabajador tradicional". Aquel hombre que no veía la razón de trabajar toda una semana si podía subsistir con lo que ganaba en un día.

El gran adversario del capitalismo actual, según Bauman, es "el consumidor tradicional". Aquel que compra sólo lo que necesita y no todo lo que le sugiere la vociferante publicidad.
Me identifico bastante con los dos adversarios del capitalismo.

IÑAKI URIARTE (Diarios)

miércoles, marzo 25, 2015

Convalecencia en Remior

REMIOR,  Verano de 2014

Pese a las licencias del poema que da título a este cuaderno, mi convalecencia en Remior no se debió a más heridas que las mermas propias de esta edad por la que uno ya transita —que empieza a ser, me temo, un perdido campo de batalla contra el tiempo—. Es, en cambio, rigurosamente cierto que yo caminaba en esos días renqueante y que por eso, aunque la playa no estaba lejos, me suponía un enorme esfuerzo alcanzarla a pie. Fue un verano desapacible, en el que los extensos arenales próximos presentaban muchas tardes un aspecto desolado, como de fin de estación.
Mi obligada inmovilidad y esa avara luz de los cielos de Remior propiciaron una escritura pausada e introspectiva: el breve inventario de una existencia que, como todas, se va recogiendo poco a poco sobre si misma en un circulo imaginario que, en mi caso, ha sobrepasado ya los ciento ochenta grados.
En la pequeña casa rural donde se fueron pergeñando estos versos, a donde llegaban los olores del mar y de los establos, el rumor del oleaje y de los maizales, algo de sol de vez en cuando y una brisa siempre fresca, leer y escribir fueron convirtiéndose en un confortable hábito de silencio.
En ese recogimiento, estos poemas procuraron asomárseme dentro y escribirse sin impostura alguna, diciendo de lo que vieron con la misma simplicidad que la del escenario donde se gestaron: un jardín en el que un hombre, con más de cincuenta años a sus espaldas, pergeñaba sin prisa versos a lápiz en un cuaderno apoyado sobre una mesa de granito y al aire limpio de un pequeño pueblo con playa.


CONVALECENCIA EN REMIOR,
de José Carlos Díaz,
decimotercera entrega de la colección de poesía
Cuadernos "Heracles y Nosotros",
se terminó de imprimir en Gijón
el 21 de marzo de MMXV.

Convalecencia en Remior

Poco más de seiscientos metros
desde el jardín hasta la playa.
Un trayecto de asfalto mellado,
olor a establo y casas de temporada.
Al fondo un verano esquivo,
un arenal inabarcable y,
más que el mar, un océano.

De mañana la brisa
peinaba las dunas
y golpeaba las ventanas
hasta despertarnos.
A la noche, una luz azul,
suturada en faroles,
difuminaba lenta
los contornos de la costa.

Fue después de la guerra
y yo estaba convaleciente.
Una bala perdida
me había atravesado el pie
y cojeaba como un tullido.
Tenía tiempo para pensar,
caminaba con bastón
y me había olvidado de la prisa.



Filias

No hay dolor que llague tanto el alma
como el dolor de nuestros hijos:
las fiebres de su infancia,
la embriaguez de su edad sin norte,
el desánimo que los vence,
la vigilia cuando fracasan,
el amor si los abandona
y el tiempo que se empeña
en hurtárnoslos para siempre.

No hay alegría que nos devuelva tanta vida
como la alegría de nuestros hijos,
aunque siempre nos parezca
amenazada y poca.

lunes, marzo 23, 2015

Aguacero (lluvia en parte familiar)

Tema de presentación de JOHNNY GAFAPASTA.
Se titula Aguacero.
De su concierto del 20 de marzo de 2015 en el Ateneo de La Calzada.


domingo, marzo 15, 2015

Las cosas que me gustan

Aunque no sea un entusiasta de los juegos de palabras, al menos de los propios —reparan demasiado en el reflejo y se desentienden del azogue, esa agua negra de la conciencia que debe ser la materia final de todo lo que con algún valor se escribe—, el título del último libro de Xuan Bello me da pie para un fácil retruécano: ha pasado ya a formar parte de las cosas que a uno le gustan, Las cosas que me gustan.

Una nueva gavilla de asombros, sabidurías, viajes, de calas, en fin, de la memoria que tienen en común el celo de un escritor por los vacíos que todas esas dichas dejan cuando se nos escapan, el celo por la presencia de sus ausencias (como así queda dicho en el texto El fardel de la memoria que abre este libro).  
La obra entera de Bello parece seguir aquella máxima de William Blake a la que aludía en Los cuarteles de la memoria: “El poeta es el que sabe ver el universo en un grano de arena”. Las pequeñas porciones de sus versos o de sus narraciones así lo vienen atestiguando. La universalidad que un día le otorgó a un pequeño rincón del mundo llamado Paniceiros lo confirmó definitivamente. Xuan Bello lleva toda una vida intentando hacer realidad aquel deseo que le confesó su bisabuelo moribundo: “Estaría bien hacerse con un mapa que nos permitiera vernos por la ventana”. Su literatura fija así lo imposible, convertir la pasión por la vasta cartografía del mundo en un precipitado interior de paisajes y gentes localizado en la propia memoria de la infancia.

Me gusta lo que Xuan Bello escribe porque tiene una respiración de orejero, de lectura al gris húmedo que cuela por las cristaleras el cielo de esta tierra avara en sol, de compás de filandón. Sus días luminosos son días añorados, sus viajes no tienen vocación panorámica sino pulsión de tacto, sus lecturas no trepan nunca la cara norte, sino que ganan altura modestamente, de solana en solana. Y porque en sus páginas se mira siempre al mundo a través de un poso de niebla del que nunca se redimirá quien entre el aliento del East River no vio perfilarse al puente Brooklyn, sino al de Bustavil, aquel donde Paniceiros se convierte en agua.

La niebla es, más que un estado atmosférico, un sentimiento del alma”, escribía Xuan Bello en su Historia Universal, en una cita que uno tomó prestada como arranque de su última novela con la misma decisión que se toma un camino de incertidumbres, con fe, la que se le tiene a los escritores que nos van siendo, al cabo de los años, imprescindibles.

(Las cosas que me gustan,  Xuan Bello. Xordica Editorial.)

jueves, marzo 12, 2015

Óxidos

En los norays no queda sólo el rastro de una derrota atada, queda, sobre todo, el adarce que graba con paciencia infinita las formas más imprevisibles de la belleza. Pasear por el muelle no debe se sólo un ejercicio de paisaje panorámico. sino que puede convertirse también en una observación atenta a esas huellas imperecederas que la corrosión del mar deja en las materias más sólidas, como queriendo advertirnos así de que si en ellas labra cartografías insólitas, qué no hará con la frágil forma de nuestras almas.

Fe2O3
Mediodía en el óxido

"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos", C. Pavese


martes, marzo 10, 2015

Ladrándole al mar


Aunque cuando Paco Velasco vio la foto y tu título, me escribió diciéndome: "A veces es el agua del mar la que ladra. Recuerda los versos de Luis A. Piñer: "Como el agua del mar que no se cansa nunca, que no sabe a dónde va, perro atado que ladra a los tristes barcos. El agua del mar, que muerde los tristes barcos perdidos entre el viento salado y las ojerosas farolas que los esperan". Se ladrarán entonces mutuamente.

miércoles, febrero 25, 2015

Haiku


           Gavilla oscura
           de ramaje aterido:
           cereal de nieve.
                          
                               JCD

martes, febrero 24, 2015

Leyendo a los clásicos

"A los que se sorprenden de lo que está sucediendo en nuestro país les recomiendo que lean a nuestros clásicos (a Cervantes y a Quevedo, pero también a Fernando de Rojas y al Padre Isla y, por supuesto, a Larra y a Valle-Inclán) y a los que no lo pueden hacer, les remito a la historia de la literatura: mientras que los alemanes daban a luz el romanticismo, los italianos el renacimiento, los franceses la ilustración y los ingleses la tragedia moderna, nosotros, los españoles, hemos aportado al mundo dos géneros literarios característicos: la picaresca y el esperpento. Digo yo que será por algo."

Los clásicos (El País), Julio Llamazares

viernes, febrero 20, 2015

Haiku

























                Lleva la nieve
                al buzón del invierno
                cartas calladas.

                                       JCD

martes, febrero 03, 2015

La lupa y la decepción

Un par de buenos artículos:

Todo arde bajo la lupa

Confiamos en la lupa, la creemos infalible. Exigimos lupa, como una prueba de limpieza en democracia. Y quizás la lupa no siempre es fiable y, sobre todo, no es inocente. La mano que empuña es la que decide hacia dónde dirigirla, con qué aumento, cuánto tiempo. (Seguir leyendo)
Isaac Rosa


La decepción democrática

Todas las decisiones políticas, salvo que uno viva en el delirio de la omnipotencia, sin constricciones ni contrapesos, implican, aunque sea en una pequeña medida, una cierta forma de claudicación. En el mundo real no hay iniciativa sin resistencia, acción sin réplica. Las aspiraciones máximas o los ideales absolutos se rinden o ceden ante la dificultad del asunto y las pretensiones de los otros, con quienes hay que jugar la partida. (Seguir leyendo)
Daniel Innerarity

miércoles, enero 28, 2015

Mirando desde el suelo













Cuando los ojos miran desde el suelo
hasta la hierba más humilde
puede parecer al viento un oleaje;
y hasta mi casa, que no es más
que un átomo de polvo
en los mapas del mundo,
podría albergar a esa altura
el enorme tamaño
de una noche sin sueño.

                                       JCD

lunes, enero 12, 2015

Haiku con coda

                                       A J.G.

Un hombre bueno
muere siempre mucho antes:
se importa poco,
se cuida nada.

                   JCD

domingo, enero 04, 2015

JUAN GARAY CARRERA


JUAN GARAY CARRERA
Gijón, 1951/2015. Fotógrafo.
Así le gustaría que le recordasen, sobre todo como fotógrafo. Lo fue con una dedicación vocacional e ininterrumpida y con un talento acreditado por numerosos premios. Desde que a los once años su tío Eladio le regalara una Kodak de foco fijo y caja de baquelita, no dejó ya nunca de mirar la vida a través de un objetivo.
Estudió Comercio. Trabajó muchos años como gestor de cuentas y comercial para Lagisa. Pero tanto aquellos estudios como aquel trabajo fueron sólo una manera de ganarse el pan, la vida se la ganaba disfrutándola cuanto podía: viajes, cine, fotografía, tabernas, amigos y tabaco; y la vida la peleaba desde la barricada anarquista y sindical de la que nunca desertó.
Tuvo los arrestos de ponerle a su hija el nombre de Libertad en el Registro Civil cuando aún estaban secuestrados en el Congreso los diputados por el alzamiento de Tejero. Tuvo siempre la dignidad suficiente en su puesto laboral para renunciar a cualquier prebenda por la defensa de los derechos de sus compañeros.
Presidió Gesto durante más de treinta años y mal Ayuntamiento sería el que nos gobierna y mala oposición la que se sienta en los bancos municipales, si ni unos ni otros no tuviesen un recuerdo para quien en ese largo periplo al frente de una de las Sociedades Culturales más arraigadas y longevas de nuestra ciudad nunca desmayó en la organización de toda clase de eventos: cine, poesía, teatro, música…
Se nos ha muerto un amigo (a algunos se nos ha muerto el amigo más generoso que hemos tenido y tendremos). Nos quedan sus fotos, el recuerdo de su risa, de su bondad, de su humildad, de su coraje en la lucha, de su aguante en el trago, de su memoria para las canciones. Le gustaba la vida, le gustaban las mujeres, le gustaba viajar, le gustaba conversar y le gustaba registrarlo siempre todo desde un rincón discreto, desde un objetivo incansable.
Se nos ha muerto Zorba el Griego y no tenemos a quien agarrarnos en el sirtaki de la tristeza.