martes, septiembre 29, 2009
Verde y humilde
viernes, septiembre 25, 2009
De lo inquietante
Pasa en no pocas ocasiones con los poemas, más raramente en las narraciones extensas —aunque suele ser recurso de muchos cuentos—, pasa con ciertas melodías y con no pocas fotografías, principalmente de paisajes —en particular con los desolados, con los desérticos o con los que sabemos a ciencia cierta que yacen silentes como tumbas—, y, pasa, sobre todo, con la pintura. Hablo de la inquietud. De lo inquietante. De lo que se nos pone en los ojos como una mácula obsesiva. La Lisbeth Salander de Millennium —uno cayó en la tentación de la primera de las tres partes y descubrió ese personaje fascinante en medio de muchas páginas de relleno— será siempre Tamara Villoslada. El retrato que de ella hizo quien era por entonces su pareja, Gino Rubert, un pintor permanentemente inquietante.miércoles, septiembre 23, 2009
Letras canallas
A uno le da apuro hablar de estas cosas. Y sin embargo creo que debo hacerlo. Quienes seguís estos diarios desde hace tiempo sabéis que sólo con el paso de los días han ido desvelando el rostro de quien los escribe. Ya no son, por tanto, tan anónimos como nacieron. Al inicio la intención en ellos era poco más que hacer dedos. Ejercicios de aproximación a lo literario. En eso se anduvo con mejor o peor fortuna. Y en eso se anda aún. Sin dar más señas de identidad que las de la mi sensibilidad, que no es sino la manera en que se está en el mundo respondiendo a sus reclamos. No creo que me hubiera sentido cómodo en otro tipo de bitácora, dando sobre mi más allá de lo imprescindible. Pero no constituiría ya sino una discreción casi patológica tener por vez primera una novela, una breve novela en las librerías, y no dar noticia de ella. No animar a su lectura. Se escribe y se publica, entre otras razones no menores tampoco, para que se nos lea. Y hay en el resultado final del libro que llega a las manos del lector no sólo el esfuerzo de su creador, sino la apuesta de un editor. Alentado en estas reflexiones, me animo a hablar de mi novela Letras canallas, publicada por la editorial Septem y que recién empieza a distribuirse por las librerías. En ella se combina algo de humor, posesiones casi diabólicas, pequeñas dosis de tragedia en tono parco, bastante parodia y una pertinaz auto-conmiseración del narrador, que, aclaro, no es quien la escribe, aunque, me temo, algo tendrá de él. Decía en una entrevista reciente mi paisano Ricardo Menéndez Salmón que la literatura no es un oficio sino una enfermedad, que uno no escribe para ganar dinero o caer bien a la gente, sino porque intenta curarse, porque está infectado, porque lo ha ganado la tristeza. No le faltaba razón. De esa, la tristeza, o de otras carencias nace siempre lo que escribimos. El protagonista de Letras canallas cuenta por alivio, narra para justificarse, escribe para entender el mundo. No es un héroe intachable. Es, más bien, un pobre hombre. Las letras le son canallas, pero, aún así, las necesita como el aire que respira. Lo condenan, sí. Pero también lo salvan. Esta obrita es pues, dejadme que os ponga en la pista, una alegoría del propio oficio de escritor. Como aclara la cita de Claudio Magris que antecede la trama de la novela: “La literatura no salva la vida, pero puede darle sentido.” miércoles, septiembre 16, 2009
Nudos indesatables
viernes, septiembre 04, 2009
Sin argamasa
miércoles, septiembre 02, 2009
Cita
martes, agosto 25, 2009
Un perfume frío
sábado, agosto 15, 2009
Renglones de playa
jueves, agosto 13, 2009
lunes, agosto 10, 2009
Ajedrez
viernes, julio 31, 2009
Frouxeira
Cando as lexións románs chegaron a Fisterre —conta Valeiro Flavio— que os soldados ó ver o sol asolagarse no océano, escoitaron algo así como o runxido que fai un ferro o roxo vivo que se mete na na fragua do ferreiro e asoenllaronse e di... que estaban presos dun relixioso terror: habían chegado o fin do mundo e habían visto a morte do sol... Pero polo sur, antes de chegar ó Fisterre, cando as lexións romás chegaron ó río Lima, creron que era un río famoso na mitoloxía greco-latina, creron que era o Letheo, o río do olvido. Os que pasaban aquel río ó chegar a outra ribeira, esquencíanse a lengua que falaban, esquencíanse os nomes propios, os nomes das súas familias e os rostros, xa non sabían de onde eran, apátridas, vagabundos, sen noites nin días polo mundo. E non quixeron cruzar o Lima e tuvo que ser o propio xefe das lexiós, Décimo Xuño Bruto, quen pasou a cabalo e dende a outra ribeira empezou a chamar os lexionarios polo seu nome, a dicirlles as batallas en que habían estado xuntos, as xentes que o coñeceran e hasta os nomes das familias e os nomes das terras de onde proviñan. E entón, convencidos de que aquel non era o Letheo, de que aquelas augas mansas que van verdes entre [...] e xunqueiras creron de verdade que non era o río do esquezo e pasárono e emprenderon a conquista de Galicia, a romanización de Galicia. De modo que Galicia é nin máis nin menos unha terra que ten a cabeza onde remata o mundo coñecido e ten os pés no Río do Esquezo. Realmente non pode haber país máis estrano, non pode haber país que estea máis lonxe, e que de máis lonxe veña a entrar dun xeito ou outro na grande historia humán.
jueves, julio 16, 2009
Chaves Nogales

“Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero, a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, de ciudadano de una república democrática y parlamentaria.”
miércoles, julio 15, 2009
martes, julio 14, 2009
El lector
viernes, julio 10, 2009
Sin ganas
miércoles, julio 08, 2009
El hombre elefante
lunes, julio 06, 2009
Viernes

jueves, julio 02, 2009
Brinquedos
Enzo Ferrari tenía un viñedo en el que consechaba un vino escaso, excelso, para uso propio y para regalar a los amigos. Se le ocurrió que no habría mejor cofre para aquellas botellas que una reproducción del modelo que hiciera campeón a Fangio. Un regalo que era un coche a escala con una botella de excelente vino en su interior. Siempre anduvo Joao detrás de alguna de esas escasas reproducciones. Un amigo lo llamó un día desde Florencia. Había visto una en un anticuario. Joao y su mujer tomaron enseguida un vuelo que los llevó hasta la pieza codiciada. Dice el viejo que la consiguió a un precio escandaloso. De Ferrari auténtico. Luce ahora también en el museo. Y uno la ve distinta sabiendo cómo llego hasta aquí. A veces, algunos pequeños que visitan estas instalaciones en excursiones escolares quieren saber por qué Joao no camina. Él les dice entonces que no puede hacerlo porque no le han dado cuerda. A continuación, los pequeños les preguntan a sus maestros por qué al señor de la silla de ruedas no le dan cuerda. Ese juego también le divierte a Joao. Se ríe y nos contagia. Al irnos, se desprende ceremonioso del guante de su mano derecha. Se la estrechamos agradecidos.
viernes, junio 19, 2009
Lisboa
Lisboa era neutral.
Rick acompañó a Lisa hasta el aeropuerto.
En las hélices del avión se enroscaba el tiempo
como un ovillo a los pies de un gato.
Qué hacer luego con los nudos.
Partiremos de mañana.
Viajaremos al paso escaso
con que arrastra la luz el sol.
Parábola de migas.
La hogaza del hogar a las espaldas
y la voraz turbulencia de las palomas
en la otra orilla,
sobre el estuario mismo de los atardeceres.
(Hasta la vuelta.)
jueves, junio 18, 2009
lunes, junio 15, 2009
Tres fotografías
En segundo lugar, la instantánea que Nick Ut tomó en 1972 en Vietnam tras un bombardeo con napalm y en la que Kim Phuc, una niña entonces de nueve años, corre desnuda con su piel ardiendo. Y por último, la fotografía de Franns Rilles Melgar, el emigrante boliviano sin papeles, que sufrió la amputación del brazo izquierdo en una panificadora donde trabajaba sin contrato por un salario escaso. Su patrono arrojó la extremidad amputada a un contenedor y, por miedo a las sanciones, dejó
desangrándose a su empleado a doscientos metros de las urgencias del hospital. En la primera hay perfección formal, hay posado, tomas varias y algún retoque final. Según parece, una cita del filósofo Francis Bacon permaneció clavada en la puerta del cuarto oscuro de Dorothea Lange durante muchos años: “La contemplación de las cosas como son, sin error o confusión, sin sustitución o impostura, es en sí misma algo más noble que una cosecha entera de invención”. La cosecha de las uvas de la ira de estos blanco y negros de la Lange siguió a su modo la recomendación. Persiguiendo, uno cree, más una finalidad que una estética ética. Lo logró: la madre migrante fue finalmente icónica. La foto del Kim Phuc es, por contra, seguramente mucho más imperfecta, pero tiene a su favor la verdad incuestionable de la toma única, del instante irrepetible. Consiguió remover conciencias con la verdad desnuda y borrosa. Diríamos que hay entre ambas fotos la distancia que separa el asco refinado de la arcada irreprimible. La tercera tiene escasos días. La distribuyó la agencia Efe dándole soporte gráfico a las prestaciones que a los sin escrúpulos le rinde, en tiempos de crisis, la emigración clandestina. La imagen es en color y el encuadre deja el muñón en primer plano —levemente desenfocado, como si un asomo de pudor le pudiera en el último momento al objetivo—. El cúmulo de vendas, agujas y blanco impoluto, aséptico y hospitalario de las sábanas lava la cara de un país que demostrándose ineficaz en el filtro de las fronteras y en la garantía de las condiciones laborales, procura al menos la curación de las víctimas de esa desidia. Supongo que en esa asociación de tomas tiene mucho que ver el fondo de iniquidad que en todas ella subyace, la personificación del abandono en una madre en la ruina, en una niña abrasada y en un emigrante amputado. Habrá mil fotos más, un millón, que se pudieran añadir a éstas. Pero esa noche, en ese trance en que uno lucha por conciliar un sueño que se le hace esquivo, las que yo vi de pronto, superpuestas, fueron las de Florence O. Thompson, una madre con tres de sus hijos en medio del hambre; la de Kim Phuc, una cría que llora a gritos sobre las brasas; y la de Franns Rilles Melgar, a quien a cambio de un brazo le darán por fin sus papeles.viernes, junio 12, 2009
Galeradas




