Cuenta la leyenda que el origen del nombre de la villa viene de la época de la reconquista, cuando los cristianos aprovecharon que los musulmanes estaban cenando para tomar posiciones y apoderarse del pueblo. Uno de los cautivos lamentó la impostura, y estalló en grito de rabia: ¡Cara cena nos costó! Menos legendario es el hecho de que el caudillo Almanzor anduvo con sus tropas por estos andurriales, escenario de importantes aceifas por el cañón del Caracena. Hoy los senderistas se ponen las botas (y nunca mejor dicho), con el camino que recorre este barranco hasta la localidad de Tarancueña, y que en dos horas de delicioso recorrido entre cantiles y choperas, les hace sentirse en el Sangri-la de las montañas del Himalaya.
domingo, marzo 31, 2013
El Sangri-la caraceno
miércoles, marzo 27, 2013
La palmera soriana
En el cubo central surge el eje del templo, la extraordinaria columna cilíndrica, magnífica y esbelta, en forma de palmera pétrea. Una especie de gran jaima que protege cuanto está bajo su sombra, es decir, todo el interior. De esta inmensa palmera salen ocho nervaduras con forma de arco de herradura a modo de ramas que soportan la bóveda esquilfada. La palmera es un símbolo sufí, un árbol sagrado para los árabes, que lo relacionan con el nacimiento. Palmera se dice en árabe tariqat, vocablo técnico sufí que significa "hablarse en el camino" o profesar el sufismo. La palmera también sirve de unión entre el cielo y la tierra. "Un talle tan esbelto como el de la palmera", se dice en El cantar de los cantares. Árbol por excelencia en Palestina, árbol sagrado para musulmanes, pero también para cristianos que, en San Baudelio, se refugiaron bajo él, trasplantado desde los desiertos, desde los oasis. Palmera y escala para ascender al cielo. Árbol exótico entre encinas, robles, pinos. La ermita es a la vez templo cristiano y mezquita.
César Antonio de Molina, Una palmera en Castilla
Adobe
El rompesuelas penetra con mucho respeto en San Esteban de Gormaz, cruza la puente, tuerce a la izquierda, en lugar de seguir por la derecha la carretera que conduce a Burgo de Osma, y comienza a ascender por empinadas callejas, buena parte de ellas formadas por casas de adobe recocido al sol de los veranos y fraguado en las nieves de invierno, duro y sólido como el más moderno hormigón armado y siente como, si de pronto, le creciesen alas, pues la cuesta arriba, lejos de afligirle, le hace bailotear el corazón, mientas se dirige a la iglesia de San Miguel, uno de los ejemplares más armónicos y gráciles del románico del XII, erigido cuando ya el rey Alfonso VI adelantó la frontera del Duero al Tajo y los estebantinos pudieron dedicarse a lo propio de su natural carácter: el trabajo, la oración y la práctica del bien.
Jorge Ferrer-Vidal, Viaje a la frontera del Duero
viernes, marzo 15, 2013
De amicitia
La geografía acogedora de un país sin ambiciones.
Las calles rudimentarias de una ciudad de provincias.
El portal siempre abierto de un edificio sobrio.
La casa tibia de un hombre sin rencores.
El corazón silencioso del que no tiene prisa.
La palabra que se escucha sin esfuerzo.
La compañía que a menudo tanto se desea.
Las calles rudimentarias de una ciudad de provincias.
El portal siempre abierto de un edificio sobrio.
La casa tibia de un hombre sin rencores.
El corazón silencioso del que no tiene prisa.
La palabra que se escucha sin esfuerzo.
La compañía que a menudo tanto se desea.
lunes, marzo 04, 2013
Nieve
Desde el mirador d`Asiegu |
El camino
discurre por la empinada derrota que antaño llevaba al cementerio. Por allí se
subía en hombros a los muertos. Con mal tiempo la comitiva se hundía en el barro.
Pisaba esa humedad turbia de los suelos que aguardaba también por el entierro.
Una cruz de piedra señala todavía la mitad del trayecto. Se rezaba allí un
último responso por el finado. Los porteadores tomaban entonces un respiro.
Abajo, el río seguía su curso. Desde lo más alto las campanas llamaban a
funeral. El sábado estaba encharcado todo ese sendero. Se precipitaba el agua de
los prados hacia el valle. Desde el mirador podía contemplarse una hermosa vista
panorámica. El día luminoso acercaba las cimas más lejanas, sus nieves. Soplaba
un aire de cuaresma. Una brisa enfriada en lo alto y cargada de cristales
minúsculos. La piel del rostro se tensa en esas caminatas de invierno. Ese
frescor extremo pone en alerta, despierta a cualquier vestigio de belleza. El
sol pulía las cresterías seguramente hasta el hielo. La viruta blanca de esa
talla suele precipitarse transparente ladera abajo. En lo más hondo de su
viaje, a la sombra de nuestras suelas, termina por volverse poco más que barro
oscuro: como todo imperio, el de la vida o el de la nieve.
lunes, febrero 25, 2013
Caxigalíne(a)s
- Él creía jugar en una divisón superior, en una liga de mayor rango. No sabía que, en realidad, estaba jugando a otra cosa, a un deporte para tipos, más que solitarios, soberbios, de esos que nunca han sabido compartir en equipo las victorias ni reconocer solos, tampoco, las derrotas.
- Acaso: atardeder con dudas.
- Catadura: felación.
- Por muy antitaurino que se sea, debe reconocerse la abundante aportación a las artes que la tauromaquia nos ha brindado (montera en mano y desafiando los recelos del tendido).
- Pesca, fotografía, meretricio… Esperando por las orillas a que nuestra paciencia tenga una justa recompensa.
- En los jitos, como en las tumbas judías, las piedras combaten la niebla: la que nos confunde sobre la tierra, la que nos vela a los muertos.
- Duelo. No desearás conjugar la primera persona del presente de indicativo del vergo doler, porque muy probablemente, en ese caso, serás el motivo ya sin vida del sustantio homónimo.
- Asomarse a una solana es confiar en la templanza de los mejores días (los menos). Asomarse a un Solana es contemplar el desgarro de los peores tiempos (los más).
miércoles, febrero 20, 2013
Collige, virgo, rosas...
Nada de radio por la mañana.
Cansan las arengas de trinchera. Nada de prisas. Tengo hoy intención de apreciar
el privilegio de ir caminando hasta el trabajo por las calles recién despiertas
de una ciudad de provincias. De valorar en su justa medida esa posibilidad de
cambiar de itinerario cada jornada. Hoy, por ejemplo, me paro en La Merced
frente a un escaparate de una tienda de ropa de mujer que está a punto de
cerrar. Liquidación. Los vestidos rebajados de precio parecen los de un trapero
para menesterosos. Un poco al modo del aire viciado que se respira en estos
tiempos de angosturas económicas y trapacerías bancarias y políticas. Más allá
me paro en Amarcord, pequeña tienda
de comics y cine. Tiene un aire de rincón para iniciados, de refugio para
público de festival sundancero. Veo allí expuesta una película titulada La
tigresa de Siberia, algo como de serie B, de esos productos tan kistch,
tan intencionadamente horrendos, que para algunos llegan incluso a ser
divertidos y, lo más curioso, hasta de culto. Cerca, muy cerca, una tienda de
bicicletas con poco tiempo de vida a la que llaman Esplendor. Se ubica en un bajo de casa antigua. Más que
escaparates, tiene ventanas por las que se ve una acumulación de máquinas como
de otro tiempo. Hermoso vintage sobre dos ruedas. Al lado, una galería de arte
tan diminuta, la de Adriana Suárez, que
podría haber sido uno de aquellos viejos despachos de pan y leche que tanto
proliferaron en los años setenta. La calle es estrecha. Se han apagado ya las
farolas, pero aún no ha amanecido del todo. Cuesta ver qué lienzos cuelgan
dentro. Parecen motivos vegetales. Estampados de trazo grueso y colorista. La
exposición lleva por título un endecasílabo rotundo; un endecasílabo que,
además, bien podría pasar por una novela negra: Tráeme flores mientras no esté muerto. Tiene algo que ver con
aquello de Ausonio, con el collige,
virgo, rosas... Por las travesías que desembocan al paseo marítimo, se ve a
lo lejos cómo se calienta el tungsteno a la altura del horizonte. El día pinta
alegre. Y en la galería que dejamos a nuestras espaldas se abren al sol las
flores de sus cuadros.
lunes, febrero 18, 2013
Paseo
El sábado, después de comer dimos un largo paseo. Estaba el día espléndido. Sólo a medida que caía el sol se iba
enfriando la tarde. El laurel y las mimosas andaban floridos, las casas de campo,
casi todas vacías. Algunos perros nos salían al paso o ladraban desde el otro
lado de las cercas. Los acantilados se diluían a lo lejos acuarelados por la
calima. Al llegar a casa, C. puso en un jarrón de cristal un ramo de romero.
Se parecía a esos bodegones humildes y suficientes de Ramón Gaya. Lucía hermoso
sobre la mesa del comedor. En eso, pensé, se quedó la caminata. En eso y en un
sosiego de cansancio provechoso, de paisajes alargados por la luz rasante del
final del día, de silencios y de brisa invernal sobre el rostro.
martes, febrero 05, 2013
Palabra (de) Armada
"Las heridas en el árbol no son tan solo fruto de la codicia, sino de un modo de vida" (leer más).
Entrada muy recomendable en la bitácora de Alfonso Armada en FronteraD.
viernes, febrero 01, 2013
jueves, enero 31, 2013
martes, enero 29, 2013
Una casa en la colina
Rescato una de las fotografías
que tomé ayer por la tarde. Después de la inacabable lluvia caída a lo largo y
ancho de las dos últimas semanas, hizo, por fin, un día espléndido. Subí hasta
la Providencia. Había pleamar y oleaje. Caminé por el sendero que lleva a la
playa de Serín. El temporal ha arrojado sobre ese camino troncos, barro y
piedra menuda. Ya abajo, retumbaba el océano. Sobrecogía el
estruendo. Por allí anduve hasta que se fue poniendo el sol. Iba desplegándose,
poco a poco, un naranja plácido en el cielo que parecía quitarle importancia a
la mala mar, bajarle de algún modo los humos. A lo lejos, la casa erguida sobre la Colina
del Cuervo tenía a esa hora un aire hopperiano: por sus ventanas entraba la
soledad a raudales.
miércoles, enero 16, 2013
Albada
Albada
Camino al amanecer por la orilla de la ría.
El vuelo tempranero de las aves
deja una salpicadura de tinta en la niebla.
Cerca del arenal,
una barca permanece muy quieta,
como sorprendida en el estraperlo del silencio
por la luz remota de un sol de aduanas.
Las casas de la playa se defienden del frío
con vivos colores en sus muros,
arden hacia afuera como faros
y queman el ramaje aterido de todos los jardines.
Así despertamos a los días más desapacibles:
con el sueño aún atado a un mástil de calor,
como ulises temerosos de los ruidos de la noche.
Camino al amanecer por la orilla de la ría.
El vuelo tempranero de las aves
deja una salpicadura de tinta en la niebla.
Cerca del arenal,
una barca permanece muy quieta,
como sorprendida en el estraperlo del silencio
por la luz remota de un sol de aduanas.
Las casas de la playa se defienden del frío
con vivos colores en sus muros,
arden hacia afuera como faros
y queman el ramaje aterido de todos los jardines.
Así despertamos a los días más desapacibles:
con el sueño aún atado a un mástil de calor,
como ulises temerosos de los ruidos de la noche.
domingo, enero 13, 2013
Batahola
- Batahola: voces desairadas que saltan como el mar cuando rompe en los muelles.
- Mantra: cobertor fonético.
- Compraba muchos libros; y hasta leía algunos.
- Acuerdo: curación de los locos.
martes, enero 08, 2013
Bonhome
Playa de Bonhome. Mañana fría. Niebla.
Bonhome es un pintor y es una playa. Al
primero lo conoce y aprecia uno desde hace años. De la segunda quise el lunes
muy temprano tomar una fotografía que terminó, de algún modo, fundiendo el
recuerdo del amigo con el propio paisaje. Ese pequeño arenal, desde el que
se asoman a la ría las proas y maromas de unas pocas barcas, y ese fondo arbolado
diluido en bruma quisieron ser finalmente, más que el botín de un objetivo, las
pinceladas de un acuarelista. Y a fe que casi se consigue.
domingo, enero 06, 2013
Como pescando
No pocas veces se descubrió uno pensando en la banalidad de esa afición que lleva a hombres solitarios y abrigados a permanecer clavados junto a una caña de pescar horas y horas, la mayor parte de las veces con frío, a oscuras, lanzando el sedal al océano de un modo casi desesperado, como si no tuvieran en el mundo a nadie o sus penas o conciencias exigieran esa dedicación penitente. He aprendido, sin embargo, en los últimos tiempos a considerar con mucho más respeto esa dedicación casi anacoreta, pues uno le ha ido cogiendo a su vez gusto a ciertas raras fotografías, y las persigue de una manera parecida a la de esos pescadores a los que antes no comprendía, aguardando una determinada luz en una hora intempestiva, teniendo paciencia y manteniéndose junto al trípode al acecho de una presa que, si hay suerte, terminará por posarse en cualquier momento sobre el objetivo.
miércoles, diciembre 12, 2012
La Lahiri

lunes, diciembre 10, 2012
La ventana
Tapiaron les ventanes
y l´aire volvióse escuru per dientro.
Tapiaron les ventanes
y namás los dientes del sol,
rucando la madera
como un foroñu de lluz,
pudieron abri-y el párpagu azul a la casa.
La vida arrequexada
miró entós de frente al iviernu.
Tapiaron las ventanas
y el aire se volvió oscuro por dentro.
Tapiaron las ventanas
y sólo los dientes del sol,
royendo la madera
como una carcoma de luz,
pudieron abrirle el párpado azul a la casa.
La vida arrinconada
miró entonces de frente al invierno.
jueves, noviembre 29, 2012
Paradiso en Le Monde
![]() |
Foto de JM López |
A la alegría que a uno le produce que a la gente que aprecia le vaya bien (Ricardo Menéndez Salmón publica en Francia la traducción de su penúltimo libro, La lumière est plus ancienne que l'amour, en la editorial Jacqueline Chambon —no se pierdan, por cierto, su última obra publicada aquí hace apenas un par de meses, Medusa: de una precisión casi quirúrgica—), se une la de que Ricardo, además, cada vez que tiene ocasión, enseñe hacia fuera con orgullo esta pequeña ciudad donde vivimos y en la que aun quedan lugares tan entrañables y tan nuestros como la librería Paradiso.
"Le chef-d'oeuvre de Lezama Lima donne son nom à la meilleure librairie, et la plus aimée, de Gijón, dirigée depuis plus de trente ans, avec sagesse et honnêteté, par José Luis Álvarez et Chema Castañón. Aucun amoureux de la littérature ne peut manquer de visiter cette enceinte en forme de cube irrégulier, où l'on se sent comme dans sa propre bibliothèque. Un lieu où les livres sont vivants et la littérature célébrée comme elle le mérite: avec admiration, respect, enthousiasme, et en tête-à-tête."
miércoles, noviembre 28, 2012
A propósito de El texto digital
“La llegada de
nuevos medios de transmisión, de nuevos canales de acceso y codificación de la
información y del conocimiento conlleva un periodo de transición en que los
modos tradicionales se defienden presentando a los nuevos modos como medios de
barbarie, mecanismos de incultura. Así, cuando la escritura en la Grecia del
siglo IV a. C. se convirtió, más allá de la conservación, en medio de creación
y de difusión del conocimiento, se le atacó diciendo que hacía menos sabios a
los hombres porque, al tener escrito el pensamiento, no hacía falta
memorizarlo; Petrarca en el siglo XIV ironizará sobre ese deseo de acumular
códices como imagen de sabio, como si por poseer códices uno fuera más
inteligente; de ser así, los libreros serían los hombres más sabios del mundo;
ya en el siglo XVI (y ahí ejemplos de autores como Lope de Vega) se multiplican
las críticas de la falsa erudición que algunos demostraban citando de aquí y de
allí sin orden ni concierto; y en el siglo XIX; fueron no pocas las voces que
se alzaron contra la facilidad que todos tenían de escribir y de publicar un
libro. Internet como un nuevo medio de acceso a la información, que nos la
presenta de manera fragmentaria, con diversos niveles de acceso y de autoría
muy variada (y autorizada) a un mismo nivel y con la rapidez tecnológica de
acceder a enormes cantidades (que no calidades) de información a golpe de
ratón, está construyendo nuevos modelos de pensamiento y de difusión. ¿Serán
los jóvenes capaces de realizar discursos complejos, a los que nos ha tenido
acostumbrado un modelo de educación del siglo XIX que ya está obsoleto?
Internet, con su estructura hipertextual y la fragmentariedad como principio
textual, no es el mejor medio para hacer perdurar este modelo textual, este
modelo de pensamiento, que forma parte de la historia de nuestra cultura
occidental. Pero Internet, como un nuevo medio, permite desarrollar nuevas
destrezas que el texto impreso, que el libro tradicional, había desechado y que
son propias de la oralidad: la interactividad, la elección de contenidos, la
relación de los mismos… e incluso la memoria para así recordar los itinerarios
de lectura digital que hemos realizado en cada momento. ¿Más tontos en la
actualidad? Si atendemos a la realidad política y económica, no me cabe ninguna
duda. Pero tampoco es Internet el culpable. Todo lo contrario.”
El nido del Silencio
Viajo
de noche. No empieza a amanecer hasta que llego a Castañeras. Monto el trípode
sobre el mirador de la playa. Fotografío la concha que forma la marea entre los
grandes farallones de este rincón de costa. El color de la imagen está
saturado de azules. Hay un cielo sucio. Espeso. Nublado. Aguardo a que se vaya
aclarando, pero apenas si la luz del sol logra filtrar algún tono cálido. Hace
frío. La pleamar rompe con fuerza. Y en el horizonte se adivinan difusamente
los cantiles valdesanos. Bajo por el empinado acceso que lleva a la playa.
Estoy solo. Me siento solo. Miro a mi alrededor y no veo a nadie. Ni por el
camino hay vecinos. Ni en los pedreros, pescadores. Ni en las praderías
próximas, campesinos. Ni en el bosque que queda a mis espaldas se escucha brega
alguna. El único rastro real de gente está muy lejos. En una barca casi
imperceptible que la luz de la mañana desvela a mucha distancia de la costa.
Una barca inquietantemente pequeña en un océano tan violento. En esta soledad
de fotógrafo madrugador y abrigado que busca en la frontera entre la noche y el
día los trampantojos de la luz sobre el paisaje, se me despierta una angustia a
la altura del pecho. Una suerte de sentimiento de abandono en medio de lo
inaprensible. Como si me sintiera a merced de la voracidad de esta pleamar que
retumba insoportablemente en la orilla. ¿Quién llamó a esta playa Silencio?, me
pregunto aturdido por el estruendo de las piedras entrechocadas por las olas.
Cada
vez que intento pisar la playa, una bofetada de espuma me devuelve sobre mis
pasos. Allí abajo, además, los acantilados arrojan el eco intimidatorio de esos
golpes de mar. Por momentos siento el deseo, más que irme, de huir. Un miedo
irracional a que de entre esas olas venga una aún más alta y más violenta que
me zarandee. Me ajusto el gorro de lana sobre los oídos. Amortiguo levemente el
ruido, pero lo que no alivio es la soledad. La panorámica que abarco a mi
alrededor con la mirada se me antoja enorme. Incomparablemente mayor que
cualquiera de los encuadres que he fotografiado. El estrépito de la mar tampoco
podría fijarlo de ningún modo. Tendría que grabar también el sobrecogimiento que
me produce, y de eso no hay manera. ¿Quién le puso a esta playa Silencio? Tal
vez quien se encontró junto al mar en bonanza del verano el nido fosilizado de
un ave de otro tiempo, un tiempo remoto y definitivamente callado.
jueves, noviembre 22, 2012
Baltanás sobre los blogs
Ahora que se empieza a hablar de la crisis del blog, desplazado, según parece, por tuis y feisbus, a uno le parece una buena reflexión sobre el asunto esta que hace Enrique Baltanás en su blog Al margen de los días:
"No recuerdo dónde leí hace poco que el número de blogs, que hasta hace muy poco, aumentaba de modo exponencial, se había frenado considerablemente este último año. La causa: la creciente popularidad de las redes sociales. En Twitter o en FaceBook, basta con una frase, una línea, ni siquiera eso, basta con una imagen o un enlace. Nada que ver con la, casi, siempre más dificultosa y arriesgada elaboración de una entrada. Porque una entrada puede ser un artículo, una página de un diario, una glosa, un microrrelato, un breve ensayo… Y eso, como se sabe, ya no está al alcance de cualquiera. Así que los blogs se enfrentan a su primera crisis… de crecimiento. Pero no de identidad ni de naturaleza. No sólo porque blogs y redes sociales pueden estar interconectados, y de hecho lo están, sino porque el blog, quizá ya no tan mayoritario, conserva aquello de lo que quizá carezcan las redes, es decir, un cierto aire de profesionalidad, de continuidad, de persistencia. El blog, por otra parte, preserva la intimidad de su autor, su espacio personal, sin sumirlo en la corriente continua de las redes sociales, en la vorágine de sus constantes y cambiantes mensajes. La verdad es que entran ganas de decir, ¡El blog ha muerto! ¡Viva el blog!”
Ramón Lobo: "Ya no te miden por lo que vales, sino por lo que cuestas"
Artículo imprescindible en Jot Down de Ramón Lobo (uno de los 129 damnificados por el ere de El País)::
"Lo llaman crisis de la industria periodística, culpan a Internet, a su gratuidad,
al desplome publicitario, a los viejos de 50 años poco polivalentes. Nadie hace
autocrítica. En la cúspide de los medios se instalaron los gerentes
disfrazados. Se recorta en reporteros, viajes, información. Se afirma que las
exclusivas están obsoletas por culpa de la Red. No hay paciencia ni dinero para
proteger una historia, a un periodista que hace su trabajo, en lograr una
primicia. El objetivo no son las noticias, jerarquizarlas, dar los contextos,
la esencia del oficio; el objetivo es abaratar costes, recortar, recortar,
recortar. Se recorta también en inteligencia ambiental. Pero nada y nadie me recortará el optimismo. No es una crisis del oficio, es solo falta de talento, de coraje. Es un
virus mortal que se extiende a la política, a las instituciones
internacionales, que impregna a los líderes. Vivimos bajo una grisura
insoportable y sin alternativas. Algo debe ir mal cuando el icono
incontestable, el modelo, es Nelson Mandela, que acaba de cumplir 94
años. Los periodistas-gerentes han arruinado el negocio porque nadie va a pagar
por un corta y pega, por declaraciones vacuas, repetitivas, de
dirigentes mediocres, de vendedores de champú que aparcaron ideas, valores y
utopías. Sin periodistas no hay
Periodismo. Sin Periodismo no hay ciudadanía, ni crítica, ni democracia.
Tampoco habrá beneficios. Ganarán los Wert, los poca cosa, los nada."
domingo, noviembre 18, 2012
Un par de buenas películas

Casi media noche.
Hace un rato que hemos vuelto del Teatro Jovellanos. Ayer vimos allí también otra película.
Ambas del Festival de Cine. Las dos espléndidas. Duras. Hoy fue Epilogue.
Israelí. A la entrada, en el Paseo de Begoña, había una concentración
propalestina. Protestas contra los bombardeos de Gaza. El director del film,
Amir Manor, se refirió en la presentación a esos manifestantes. Expresó su
respeto y pidió, al tiempo, comprensión para un país en el que confía pronto
gobierne una nueva generación, más dialogante, menos belicosa. Asistimos luego
a la proyección. La historia de Hayuta y Berl, un matrimonio de ancianos israelitas
que tras dedicar su juventud a luchar por un Estado social en su país, comprueban
al final de sus vidas que ese sueño se ha quebrado cruelmente. Su único hijo
vive emigrado en Nueva York. Ellos tienen enormes dificultades económicas. Viven
en soledad. Cercados por las limitaciones de su edad, por su falta de recursos,
por su fracaso ideológico. Película que arruga el corazón. Que deja escasas
rendijas a la esperanza. El director aguardaba en el hall la salida de los
espectadores. Lo vi de cerca. Muy joven. Extrañamente joven para una película
que se pone de tal manera en la piel de dos ancianos —magistralmente interpretados por Yosef Carmon y Rivka Gur—.
La
de ayer fue La piedra de la paciencia. A su final aplaudimos con
entusiasmo. Agradecíamos la visión de una película espléndida. Nacido en Kabul en
1962, el realizador y escritor Atiq Rahimi ha adaptado al cine la novela con la
que consiguió el Premio Goncourt en 2008. Está basada en las vivencias de una
mujer afgana que cuida a su marido, en coma por una bala alojada en la nuca
tras una reyerta. A medida que los días transcurren, la protagonista,
interpretada por una bellísima Golshifteh Farahani, le empieza a desvelar sus
sentimientos al marido inconsciente. Sus revelaciones ganan con el tiempo
hondura, sinceridad, crudeza. Ese cuerpo inerte, inexpresivo, casi muerto, se
convierte en la piedra de la paciencia. En la mitología persa, esa piedra es mágica
y a ella se le confían los sufrimientos, las miserias, lo que no nos atrevemos
a revelar a los demás. La piedra escucha, absorbe como una esponja todas las
palabras, todos los secretos, hasta que un buen día explota. Y ese día, uno
queda liberado. Con esa leyenda por trasfondo, en la película se narra de modo
admirable tanto la opresión de las mujeres en los países islámicos, como las
turbulencias y la ruina de la guerra. Y se logra, además, con una dirección
casi pictórica, ya que se tiene en ocasiones la impresión de que con algunos lentos encuadres interiores, magistralmente iluminados, las imágenes parecen querer llenar más un lienzo que una pantalla de proyección.
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