lunes, febrero 25, 2013

Caxigalíne(a)s

 
  • Él creía jugar en una divisón superior, en una liga de mayor rango. No sabía que, en realidad, estaba jugando a otra cosa, a un deporte para tipos, más que solitarios, soberbios, de esos que nunca han sabido compartir en equipo las victorias ni reconocer solos, tampoco, las derrotas.
  • Acaso: atardeder con dudas.
  • Catadura: felación.
  • Por muy antitaurino que se sea, debe reconocerse la abundante aportación a las artes que la tauromaquia nos ha brindado (montera en mano y desafiando los recelos del tendido).
  • Pesca, fotografía, meretricio… Esperando por las orillas a que nuestra paciencia tenga una justa recompensa.
  • En los jitos, como en las tumbas judías, las piedras combaten la niebla: la que nos confunde sobre la tierra, la que nos vela a los muertos.
  • Duelo. No desearás conjugar la primera persona del presente de indicativo del vergo doler, porque muy probablemente, en ese caso, serás el motivo ya sin vida del sustantio homónimo.
  • Asomarse a una solana es confiar en la templanza de los mejores días (los menos). Asomarse a un Solana es contemplar el desgarro de los peores tiempos (los más).

miércoles, febrero 20, 2013

Collige, virgo, rosas...


Nada de radio por la mañana. Cansan las arengas de trinchera. Nada de prisas. Tengo hoy intención de apreciar el privilegio de ir caminando hasta el trabajo por las calles recién despiertas de una ciudad de provincias. De valorar en su justa medida esa posibilidad de cambiar de itinerario cada jornada. Hoy, por ejemplo, me paro en La Merced frente a un escaparate de una tienda de ropa de mujer que está a punto de cerrar. Liquidación. Los vestidos rebajados de precio parecen los de un trapero para menesterosos. Un poco al modo del aire viciado que se respira en estos tiempos de angosturas económicas y trapacerías bancarias y políticas. Más allá me paro en Amarcord, pequeña tienda de comics y cine. Tiene un aire de rincón para iniciados, de refugio para público de festival sundancero. Veo allí expuesta una película titulada La tigresa de Siberia, algo como de serie B, de esos productos tan kistch, tan intencionadamente horrendos, que para algunos llegan incluso a ser divertidos y, lo más curioso, hasta de culto. Cerca, muy cerca, una tienda de bicicletas con poco tiempo de vida a la que llaman Esplendor. Se ubica en un bajo de casa antigua. Más que escaparates, tiene ventanas por las que se ve una acumulación de máquinas como de otro tiempo. Hermoso vintage sobre dos ruedas. Al lado, una galería de arte tan diminuta, la de Adriana Suárez, que podría haber sido uno de aquellos viejos despachos de pan y leche que tanto proliferaron en los años setenta. La calle es estrecha. Se han apagado ya las farolas, pero aún no ha amanecido del todo. Cuesta ver qué lienzos cuelgan dentro. Parecen motivos vegetales. Estampados de trazo grueso y colorista. La exposición lleva por título un endecasílabo rotundo; un endecasílabo que, además, bien podría pasar por una novela negra: Tráeme flores mientras no esté muerto. Tiene algo que ver con aquello de Ausonio, con el collige, virgo, rosas... Por las travesías que desembocan al paseo marítimo, se ve a lo lejos cómo se calienta el tungsteno a la altura del horizonte. El día pinta alegre. Y en la galería que dejamos a nuestras espaldas se abren al sol las flores de sus cuadros. 

lunes, febrero 18, 2013

Paseo

El sábado, después de comer dimos un largo paseo. Estaba el día espléndido. Sólo a medida que caía el sol se iba enfriando la tarde. El laurel y las mimosas andaban floridos, las casas de campo, casi todas vacías. Algunos perros nos salían al paso o ladraban desde el otro lado de las cercas. Los acantilados se diluían a lo lejos acuarelados por la calima. Al llegar a casa, C. puso en un jarrón de cristal un ramo de romero. Se parecía a esos bodegones humildes y suficientes de Ramón Gaya. Lucía hermoso sobre la mesa del comedor. En eso, pensé, se quedó la caminata. En eso y en un sosiego de cansancio provechoso, de paisajes alargados por la luz rasante del final del día, de silencios y de brisa invernal sobre el rostro.

martes, febrero 05, 2013

Palabra (de) Armada

"Las heridas en el árbol no son tan solo fruto de la codicia, sino de un modo de vida" (leer más).
Entrada muy recomendable en la bitácora de Alfonso Armada en FronteraD.

martes, enero 29, 2013

Una casa en la colina


Rescato una de las fotografías que tomé ayer por la tarde. Después de la inacabable lluvia caída a lo largo y ancho de las dos últimas semanas, hizo, por fin, un día espléndido. Subí hasta la Providencia. Había pleamar y oleaje. Caminé por el sendero que lleva a la playa de Serín. El temporal ha arrojado sobre ese camino troncos, barro y piedra menuda. Ya abajo, retumbaba el océano. Sobrecogía el estruendo. Por allí anduve hasta que se fue poniendo el sol. Iba desplegándose, poco a poco, un naranja plácido en el cielo que parecía quitarle importancia a la mala mar, bajarle de algún modo los humos. A lo lejos, la casa erguida sobre la Colina del Cuervo tenía a esa hora un aire hopperiano: por sus ventanas entraba la soledad a raudales.

miércoles, enero 16, 2013

Albada

Albada

Camino al amanecer por la orilla de la ría.
El vuelo tempranero de las aves
deja una salpicadura de tinta en la niebla.
Cerca del arenal,
una barca permanece muy quieta,
como sorprendida en el estraperlo del silencio
por la luz remota de un sol de aduanas.
Las casas de la playa se defienden del frío
con vivos colores en sus muros,
arden hacia afuera como faros
y queman el ramaje aterido de todos los jardines.
Así despertamos a los días más desapacibles:
con el sueño aún atado a un mástil de calor,
como ulises temerosos de los ruidos de la noche.


domingo, enero 13, 2013

Batahola

  • Batahola: voces desairadas que saltan como el mar cuando rompe en los muelles.
  • Mantra: cobertor fonético.
  • Compraba muchos libros; y hasta leía algunos.
  • Acuerdo: curación de los locos.

martes, enero 08, 2013

Bonhome

 Playa de Bonhome. Mañana fría. Niebla.
Bonhome es un pintor y es una playa. Al primero lo conoce y aprecia uno desde hace años. De la segunda quise el lunes muy temprano tomar una fotografía que terminó, de algún modo, fundiendo el recuerdo del amigo con el propio paisaje. Ese pequeño arenal, desde el que se asoman a la ría las proas y maromas de unas pocas barcas, y ese fondo arbolado diluido en bruma quisieron ser finalmente, más que el botín de un objetivo, las pinceladas de un acuarelista. Y a fe que casi se consigue.

domingo, enero 06, 2013

Como pescando


No pocas veces se descubrió uno pensando en la banalidad de esa afición que lleva a hombres solitarios y abrigados a permanecer clavados junto a una caña de pescar horas y horas, la mayor parte de las veces con frío, a oscuras, lanzando el sedal al océano de un modo casi desesperado, como si no tuvieran en el mundo a nadie o sus penas o conciencias exigieran esa dedicación penitente. He aprendido, sin embargo, en los últimos tiempos a considerar con mucho más respeto esa dedicación casi anacoreta, pues uno le ha ido cogiendo a su vez gusto a ciertas raras fotografías, y las persigue de una manera parecida a la de esos pescadores a los que antes no comprendía, aguardando una determinada luz en una hora intempestiva, teniendo paciencia y manteniéndose junto al trípode al acecho de una presa que, si hay suerte, terminará por posarse en cualquier momento sobre el objetivo.

miércoles, diciembre 12, 2012

La Lahiri

El descubrimiento de la escritora Jhumpa Lahiri me ha ofrecido muchas horas de felicidad lectora. Después de Tierra desacostumbrada —una gavilla de narraciones engañosamente simples, magistralmente precisas, y a las que llegué por un artículo de Carlos Boyero—, se fue uno enseguida a por Un nombre bueno —la sugestiva novela de un hombre que tarda en aceptar su propio nombre, en aceptarse a sí mismo, casi cuarenta años—. El tercer libro de Lahiri al que me he acercado es El intérprete de emociones. Recién comenzado, lo poso y aturdido aún por la impresión que me ha producido el primero de sus cuentos, Una medida temporal, corro a contar aquí el hallazgo, el soberbio retrato de las ruinas de un amor, unas resumidas mil y una noches de confesiones crudas a la luz de unas velas, mientras vuelve la luz: "El aviso les informó de que la medida era temporal: durante cinco días les cortarían la electricidad por espacio de una hora, apartir de las ocho de la noche. La última tormenta de nieve había producido unaavería en el suministro y los empleados de la compañia iban a acometer lareparación a primera hora de la noche, cuando el clima era algo más clemente.La reparación iba a afectar solamente a las casas de la tranquila callearbolada, cercana a una hilera de tiendas con fachadas de ladrillo y una paradade tranvía, en la que Shoba y Shukumar habían vivido durante tres años ..." En fin, uno de los mejores relatos que haya leído nunca. Cómo no compartirlo.

lunes, diciembre 10, 2012

La ventana





















Tapiaron les ventanes
y l´aire volvióse escuru per dientro.
Tapiaron les ventanes
y namás los dientes del sol,
rucando la madera
como un foroñu de lluz,
pudieron abri-y el párpagu azul a la casa.
La vida arrequexada
miró entós de frente al iviernu.

Tapiaron las ventanas
y el aire se volvió oscuro por dentro.
Tapiaron las ventanas
y sólo los dientes del sol,
royendo la madera
como una carcoma de luz,
pudieron abrirle el párpado azul a la casa.
La vida arrinconada
miró entonces de frente al invierno.

jueves, noviembre 29, 2012

Paradiso en Le Monde

Foto de JM López

A la alegría que a uno le produce que a la gente que aprecia le vaya bien (Ricardo Menéndez Salmón publica en Francia la traducción de su penúltimo libro,  La lumière est plus ancienne que l'amour, en la editorial Jacqueline Chambon —no se pierdan, por cierto, su última obra publicada aquí hace apenas un par de meses, Medusa: de una precisión casi quirúrgica—), se une la de que Ricardo, además, cada vez que tiene ocasión, enseñe hacia fuera con orgullo esta pequeña ciudad donde vivimos y en la que aun quedan lugares tan entrañables y tan nuestros como la librería Paradiso.
"Le chef-d'oeuvre de Lezama Lima donne son nom à la meilleure librairie, et la plus aimée, de Gijón, dirigée depuis plus de trente ans, avec sagesse et honnêteté, par José Luis Álvarez et Chema Castañón. Aucun amoureux de la littérature ne peut manquer de visiter cette enceinte en forme de cube irrégulier, où l'on se sent comme dans sa propre bibliothèque. Un lieu où les livres sont vivants et la littérature célébrée comme elle le mérite: avec admiration, respect, enthousiasme, et en tête-à-tête."

miércoles, noviembre 28, 2012

A propósito de El texto digital


“La llegada de nuevos medios de transmisión, de nuevos canales de acceso y codificación de la información y del conocimiento conlleva un periodo de transición en que los modos tradicionales se defienden presentando a los nuevos modos como medios de barbarie, mecanismos de incultura. Así, cuando la escritura en la Grecia del siglo IV a. C. se convirtió, más allá de la conservación, en medio de creación y de difusión del conocimiento, se le atacó diciendo que hacía menos sabios a los hombres porque, al tener escrito el pensamiento, no hacía falta memorizarlo; Petrarca en el siglo XIV ironizará sobre ese deseo de acumular códices como imagen de sabio, como si por poseer códices uno fuera más inteligente; de ser así, los libreros serían los hombres más sabios del mundo; ya en el siglo XVI (y ahí ejemplos de autores como Lope de Vega) se multiplican las críticas de la falsa erudición que algunos demostraban citando de aquí y de allí sin orden ni concierto; y en el siglo XIX; fueron no pocas las voces que se alzaron contra la facilidad que todos tenían de escribir y de publicar un libro. Internet como un nuevo medio de acceso a la información, que nos la presenta de manera fragmentaria, con diversos niveles de acceso y de autoría muy variada (y autorizada) a un mismo nivel y con la rapidez tecnológica de acceder a enormes cantidades (que no calidades) de información a golpe de ratón, está construyendo nuevos modelos de pensamiento y de difusión. ¿Serán los jóvenes capaces de realizar discursos complejos, a los que nos ha tenido acostumbrado un modelo de educación del siglo XIX que ya está obsoleto? Internet, con su estructura hipertextual y la fragmentariedad como principio textual, no es el mejor medio para hacer perdurar este modelo textual, este modelo de pensamiento, que forma parte de la historia de nuestra cultura occidental. Pero Internet, como un nuevo medio, permite desarrollar nuevas destrezas que el texto impreso, que el libro tradicional, había desechado y que son propias de la oralidad: la interactividad, la elección de contenidos, la relación de los mismos… e incluso la memoria para así recordar los itinerarios de lectura digital que hemos realizado en cada momento. ¿Más tontos en la actualidad? Si atendemos a la realidad política y económica, no me cabe ninguna duda. Pero tampoco es Internet el culpable. Todo lo contrario.”

El nido del Silencio

 
Viajo de noche. No empieza a amanecer hasta que llego a Castañeras. Monto el trípode sobre el mirador de la playa. Fotografío la concha que forma la marea entre los grandes farallones de este rincón de costa. El color de la imagen está saturado de azules. Hay un cielo sucio. Espeso. Nublado. Aguardo a que se vaya aclarando, pero apenas si la luz del sol logra filtrar algún tono cálido. Hace frío. La pleamar rompe con fuerza. Y en el horizonte se adivinan difusamente los cantiles valdesanos. Bajo por el empinado acceso que lleva a la playa. Estoy solo. Me siento solo. Miro a mi alrededor y no veo a nadie. Ni por el camino hay vecinos. Ni en los pedreros, pescadores. Ni en las praderías próximas, campesinos. Ni en el bosque que queda a mis espaldas se escucha brega alguna. El único rastro real de gente está muy lejos. En una barca casi imperceptible que la luz de la mañana desvela a mucha distancia de la costa. Una barca inquietantemente pequeña en un océano tan violento. En esta soledad de fotógrafo madrugador y abrigado que busca en la frontera entre la noche y el día los trampantojos de la luz sobre el paisaje, se me despierta una angustia a la altura del pecho. Una suerte de sentimiento de abandono en medio de lo inaprensible. Como si me sintiera a merced de la voracidad de esta pleamar que retumba insoportablemente en la orilla. ¿Quién llamó a esta playa Silencio?, me pregunto aturdido por el estruendo de las piedras entrechocadas por las olas.


Cada vez que intento pisar la playa, una bofetada de espuma me devuelve sobre mis pasos. Allí abajo, además, los acantilados arrojan el eco intimidatorio de esos golpes de mar. Por momentos siento el deseo, más que irme, de huir. Un miedo irracional a que de entre esas olas venga una aún más alta y más violenta que me zarandee. Me ajusto el gorro de lana sobre los oídos. Amortiguo levemente el ruido, pero lo que no alivio es la soledad. La panorámica que abarco a mi alrededor con la mirada se me antoja enorme. Incomparablemente mayor que cualquiera de los encuadres que he fotografiado. El estrépito de la mar tampoco podría fijarlo de ningún modo. Tendría que grabar también el sobrecogimiento que me produce, y de eso no hay manera. ¿Quién le puso a esta playa Silencio? Tal vez quien se encontró junto al mar en bonanza del verano el nido fosilizado de un ave de otro tiempo, un tiempo remoto y definitivamente callado.


jueves, noviembre 22, 2012

Baltanás sobre los blogs

Ahora que se empieza a hablar de la crisis del blog, desplazado, según parece, por tuis y feisbus, a uno le parece una buena reflexión sobre el asunto esta que hace Enrique Baltanás en su blog Al margen de los días:
"No recuerdo dónde leí hace poco que el número de blogs, que hasta hace muy poco, aumentaba de modo exponencial, se había frenado considerablemente este último año. La causa: la creciente popularidad de las redes sociales. En Twitter o en FaceBook, basta con una frase, una línea, ni siquiera eso, basta con una imagen o un enlace. Nada que ver con la, casi, siempre más dificultosa y arriesgada elaboración de una entrada. Porque una entrada puede ser un artículo, una página de un diario, una glosa, un microrrelato, un breve ensayo… Y eso, como se sabe, ya no está al alcance de cualquiera. Así que los blogs se enfrentan a su primera crisis… de crecimiento. Pero no de identidad ni de naturaleza. No sólo porque blogs y redes sociales pueden estar interconectados, y de hecho lo están, sino porque el blog, quizá ya no tan mayoritario, conserva aquello de lo que quizá carezcan las redes, es decir, un cierto aire de profesionalidad, de continuidad, de persistencia. El blog, por otra parte, preserva la intimidad de su autor, su espacio personal, sin sumirlo en la corriente continua de las redes sociales, en la vorágine de sus constantes y cambiantes mensajes. La verdad es que entran ganas de decir, ¡El blog ha muerto! ¡Viva el blog!

Ramón Lobo: "Ya no te miden por lo que vales, sino por lo que cuestas"

Artículo imprescindible en Jot Down de Ramón Lobo (uno de los 129 damnificados por el ere de El País)::
"Lo llaman crisis de la industria periodística, culpan a Internet, a su gratuidad, al desplome publicitario, a los viejos de 50 años poco polivalentes. Nadie hace autocrítica. En la cúspide de los medios se instalaron los gerentes disfrazados. Se recorta en reporteros, viajes, información. Se afirma que las exclusivas están obsoletas por culpa de la Red. No hay paciencia ni dinero para proteger una historia, a un periodista que hace su trabajo, en lograr una primicia. El objetivo no son las noticias, jerarquizarlas, dar los contextos, la esencia del oficio; el objetivo es abaratar costes, recortar, recortar, recortar. Se recorta también en inteligencia ambiental. Pero nada y nadie me recortará el optimismo. No es una crisis del oficio, es solo falta de talento, de coraje. Es un virus mortal que se extiende a la política, a las instituciones internacionales, que impregna a los líderes. Vivimos bajo una grisura insoportable y sin alternativas. Algo debe ir mal cuando el icono incontestable, el modelo, es Nelson Mandela, que acaba de cumplir 94 años. Los periodistas-gerentes han arruinado el negocio porque nadie va a pagar por un corta y pega, por declaraciones vacuas, repetitivas, de dirigentes mediocres, de vendedores de champú que aparcaron ideas, valores y utopías. Sin periodistas no hay Periodismo. Sin Periodismo no hay ciudadanía, ni crítica, ni democracia. Tampoco habrá beneficios. Ganarán los Wert, los poca cosa, los nada."

domingo, noviembre 18, 2012

Un par de buenas películas


Casi media noche. Hace un rato que hemos vuelto del Teatro Jovellanos. Ayer vimos allí también otra película. Ambas del Festival de Cine. Las dos espléndidas. Duras. Hoy fue Epilogue. Israelí. A la entrada, en el Paseo de Begoña, había una concentración propalestina. Protestas contra los bombardeos de Gaza. El director del film, Amir Manor, se refirió en la presentación a esos manifestantes. Expresó su respeto y pidió, al tiempo, comprensión para un país en el que confía pronto gobierne una nueva generación, más dialogante, menos belicosa. Asistimos luego a la proyección. La historia de Hayuta y Berl, un matrimonio de ancianos israelitas que tras dedicar su juventud a luchar por un Estado social en su país, comprueban al final de sus vidas que ese sueño se ha quebrado cruelmente. Su único hijo vive emigrado en Nueva York. Ellos tienen enormes dificultades económicas. Viven en soledad. Cercados por las limitaciones de su edad, por su falta de recursos, por su fracaso ideológico. Película que arruga el corazón. Que deja escasas rendijas a la esperanza. El director aguardaba en el hall la salida de los espectadores. Lo vi de cerca. Muy joven. Extrañamente joven para una película que se pone de tal manera en la piel de dos ancianos —magistralmente  interpretados por Yosef Carmon y Rivka Gur—.
La de ayer fue La piedra de la paciencia. A su final aplaudimos con entusiasmo. Agradecíamos la visión de una película espléndida. Nacido en Kabul en 1962, el realizador y escritor Atiq Rahimi ha adaptado al cine la novela con la que consiguió el Premio Goncourt en 2008. Está basada en las vivencias de una mujer afgana que cuida a su marido, en coma por una bala alojada en la nuca tras una reyerta. A medida que los días transcurren, la protagonista, interpretada por una bellísima Golshifteh Farahani, le empieza a desvelar sus sentimientos al marido inconsciente. Sus revelaciones ganan con el tiempo hondura, sinceridad, crudeza. Ese cuerpo inerte, inexpresivo, casi muerto, se convierte en la piedra de la paciencia. En la mitología persa, esa piedra es mágica y a ella se le confían los sufrimientos, las miserias, lo que no nos atrevemos a revelar a los demás. La piedra escucha, absorbe como una esponja todas las palabras, todos los secretos, hasta que un buen día explota. Y ese día, uno queda liberado. Con esa leyenda por trasfondo, en la película se narra de modo admirable tanto la opresión de las mujeres en los países islámicos, como las turbulencias y la ruina de la guerra. Y se logra, además, con una dirección casi pictórica, ya que se tiene en ocasiones la impresión de que con algunos lentos encuadres interiores, magistralmente iluminados, las imágenes parecen querer llenar más un lienzo que una pantalla de proyección.

miércoles, noviembre 14, 2012

La huelga y el infierno

 
Amaneció un día espléndido. Se aviaba uno temprano con el buen ánimo que da el sol madrugador y la ilusión de la correría por el monte. Vino a ensuciarlo todo, sin embargo, la noticia en la radio de nuevos cierres patronales. Asusta esta desolación creciente. Cómo no expresar de algún modo —queja, huelga, manifestación— que la salida no puede seguir siendo el ahogo ad infinitum. ¿A cuántos de los que están sufriendo en carne propia lo más cruel de esta crisis se les puede encontrar algún pedazo de culpa en ella? Y sin embargo la están pagando de modo inversamente proporcional a su responsabilidad. No es demagogia. Es más bien la única certidumbre que a uno le cabe en estos tiempos duros. Así que esta huelga consistía en algo tan simple como un ejercicio de empatía: ponerse en la piel del que no puede dejar de trabajar un día porque ni tan siquiera tiene días ya de trabajo. En el camino apenas nos cruzamos tráfico. Infiesto parecía un pueblo fantasma. Camino de Espinaredo el bosque avistado mezclaba  a lo lejos, con un pulso casi impresionista, los más diversos amarillos, ocres y cinabrios. En La Pesanca lo tapizaba todo la hojarasca. El río bajaba con alegría. La tierra supuraba una humedad de liquen. Quizás hubiéramos debido volver a tiempo de unirnos a las marchas convocadas al final de la jornada, pero las horas transcurren con una clemencia desacostumbrada en determinados lugares: cuerpos encontradizos, mesas compartidas, páginas precisas, paisajes soberbios. La huelga nos había condenado finalmente al infierno. Al río Infierno.

lunes, noviembre 12, 2012

"Este periódico"

Debería haber leído la nota dominical que la empresa dirigió a los lectores. Me dio pereza. Conclusión: no soy de fiar, no le doy las mismas oportunidades a todas las argumentaciones —me puede el instinto—. Aunque quizás no sea para tanto. Últimamente soy capaz hasta de contenerme admirablemente por mucho que sea el hervor encrespado que a uno le asalte el pecho. Incluso hace un par de días respiré hondo y relajé casi enseguida la hipertensión reactiva al comentario de un conocido al que no se le ocurrió mejor apostilla a los problemas de El País que decir algo así como “este periódico va a terminar muy mal”. No me revolvió la víscera la predicción —quizás no le falte razón en ella—, sino la incorporación de un demostrativo que no indicaba proximidad afectiva sino meramente física, casi despectiva. Somos cómo nos expresamos y a veces podemos analizar sintácticamente nuestra crueldad. Si en esa frase se hubiera incluido un “nuestro” (“este periódico nuestro va a terminar muy mal”) todo hubiera sido mucho más razonable. En el distanciamiento elegido había, sin embargo, una frialdad forense, la autopsia de quien despedaza a un extraño con el que nunca lo ha cruzado la vida. “Este periódico” no era una gacetilla insustancial, ni un tabloide sensacionalista, ni un libelo de la caverna mediática, ni un diario de Eritrea. Con “este periódico” aprendimos ciudadanía durante años, esa asignatura finalmente demonizada por quienes hoy gobiernan el país con el mismo pulso inalterablemente inmisericorde que parecen compartir los timoneles de El País diario. Y “este periódico”, además, ha seguido siendo uno de los escasos refugios donde era posible combatir las inclemencias de una prensa cada vez más escorada hacia el estribor, el panfleto y la soberbia. Como al resto de la sociedad, también a “este periódico” lo confundió la embriaguez de un tiempo prolongado de bonanza. Su semanal llegó a tener un aire casi permanente de catálogo pijo para ricos recientes. Sus editoriales una corrección de progresismo avergonzado. Sus directivos, un mentón de escualo. Y sus páginas, sobre las que se cimentó un pretendido imperio comunicativo, callaron demasiado a menudo sobre la deriva trilera de un negocio que se olvidó con el tiempo de cuál había sido su origen: un diario nacido sólo seis meses después de que expirase el dictador, sin pasado del que arrepentirse y con una esperanzadora voluntad democrática. Todos podemos cambiar el rumbo de nuestras vidas, el motivo de nuestros afectos, de ideas y hasta, si me apuran, incluso de religión, pero a lo que nunca deberíamos renunciar es al reconocimiento de lo que alguna vez nos hizo mejores: el cariño que sentimos por alguien, la valentía que nos enfrentó a lo injusto, las páginas de los libros que ubicaron nuestras terminaciones nerviosas, los paisajes donde fuimos dichosos, el cine que compartimos, la música que nos alimentó los sueños y también, cómo no, el periódico, nuestro periódico, que llevamos bajo el brazo desde un lejano día de adolescencia hasta estos turbios tiempos en que hasta la gratitud amenaza ruina.

lunes, noviembre 05, 2012

Na Viescona

Cuando pola cazumbre de les viesques
cuerre ya el mercuriu de la seronda,
la lluz del sol esnuda ente´l ramascu
el corazón mesmu de les solombres.

lunes, octubre 29, 2012

Botánico

Después de la lluvia del sábado, volvió el sol de nuevo en la mañana del domingo. Pero hacía frío a la sombra y de las esquinas empezaba a colgarse la humedad del invierno. Su costra tenaz y sus noches largas. Por los caminos del botánico se mezclaban el barro y las hojas. El río bajaba ruidosamente impetuoso. Bajo la fronda, incluso bajo la más desnuda, no venía mal subirse los cuellos del abrigo. 
No obstante, aquí y allá, pequeñas bayas de un rojo intenso salpicaban de vida amotinada la desolación de los jardines. El espino albar, el acebo, ciertos rosales. El rastro en cobre del vuelo de los petirrojos. La combustión del arce. Y algunas setas de color brasa encendiendo un fuego amigo en medio del bosque más umbrío. Sobre el estanque se aletargaban las navegaciones. Un caos de hojas a merced del agua. La copa extendida de un árbol injertado de otros muchos árboles.
En la aliseda, los senderos serpenteaban sobre el fango, camuflados en la hojarasca. Llevaban al corazón del frío. Defendiendo este país de otoño del sol bajo de octubre, atrincherando este ámbito de vegetación en la órbita estacional de los planetas, una legión de plátanos repelía la luz con su ramaje altivo. 

martes, octubre 23, 2012

Concierto

Foto de Alberto Morante
El viernes 19 de octubre actuó Paco Ibáñez en el Niemeyer. Lo acompañaba Amancio Prada. Tal vez fuera más preciso decir que era un concierto de los dos. Al menos así lo era para la organización, que presentaba a la par a ambos artistas en los carteles. Pero a uno le parecía más bien que era Paco el protagonista y Amancio el acompañante. Y como tal se comportó éste cuando compartieron escenario en la segunda parte de la actuación: orbitando en torno a Paco con una gestualidad algo afectada.
Supongo que para la mayoría de los que llenamos el teatro, tanto Paco Ibáñez como Amancio Prada son dos referentes musicales imprescindibles. Pero al primero lo apreciamos no sólo por lo que canta, sino por cómo a través de lo que canta ha forjado un discurso moral sin fisuras. Irreverente y tozudo. Posiblemente su voz haya perdido vigor con el paso de los años —a cambio, se ha vuelto más cálida y confidente—. Es seguro también que nunca ha pretendido convertirse en un virtuoso de la  guitarra —en ella se ha apoyado, de ella se ha acompañado—.  Pero esa figura con la que al cabo del tiempo nos encontramos sobre las tablas de los teatros cada vez que acudimos a su encuentro, ese Paco Ibáñez de cabellos blancos y atrabiliarios, que tan rigurosamente se atavía de negro como a la vez descuida el orden de sus ropas —el pantalón caído, por fuera los faldones de la camisa—, ese cascarrabias lúcido, ese niño viejo, ese cantante que se enfrenta a los conciertos con una mezcla de improvisación y arrebato, que sabe tomar, más por oficio que por intención, el pulso de su auditorio hasta ofrecerle lo que le pide sin renunciar a lo que el artista a su vez quiere, esa compañía con la que hemos convivido a lo largo de nuestras vidas, como con una conciencia desgarrada de la que no deseamos ni debemos abdicar, y que hemos procurado, cuando llegó la hora, compartir con nuestros hijos, ese hombre grande y desgarbado, arranca siempre de nosotros la mejor de las rabias, la de sentirse en pie y dar noticia de ello, la que arrincona contra las esquinas oscuras de la vida lo peor de nosotros mismos: la debilidad, la codicia o el olvido.
Por su lado, Amancio Prada ha entendido de otra manera la profesión. Se ha mostrado muy preocupado también de lo instrumental, de cuidar y mejorar su voz, de que la propia música alcanzara incluso una relevancia pareja a la de las letras con que se nutre.  Atento a  su imagen. A la puesta en escena. A las luces. Al ritual. Compilando a lo largo de los años poemas de amor, versos de García Calvo, romances de antaño, misticismos, ferlosianas, canciones francesas y saudades galaicas. Sucediéndose en su carrera, pues, etapas, atenciones e intenciones. Capas superpuestas de una geología finalmente semipreciosa.
Por el contrario, la terca voluntad de Paco Ibáñez ha ido acumulándose en delta, en limo de aluvión arrastrado por el curso ininterrumpido de un río que ha buscado siempre sin desmayo una misma desembocadura. Quizás por eso no se hizo del todo fácil conciliar ambas voces en el concierto. Acordar la atildada compostura de un cantante que parece perseguir la belleza sobre cualquier otra cosa y el desaliño de un trovador empeñado en la verdad —que suele ser una forma mucho más amarga de belleza—. A los dos los volvería a ver uno a gusto, pero mejor a cada uno adueñado de su mundo, de su propio concierto, de su particular manera de enfrentarse al público: con cierta mise en scéne el berciano y con la desnudez más cruda, Paco.
Tengo la sensación de que Amancio Prada se fue plenamente satisfecho del Niemeyer. Me da, en cambio, que Paco Ibáñez se hubiese sentido más cómodo si, por momentos, la media naranja del reparto no nos hubiera privado de su mejor versión, la de un tipo que para comerse el escenario y entusiasmar a sus espectadores no necesita más que una silla donde apoyar la pierna sobre la que toca la guitarra y de una voz, personal y entrañable, con la que desgrana un repertorio único, el de esa poesía con la que crecimos, amamos, lloramos y en un tiempo incluso hasta galopamos.  

viernes, octubre 19, 2012

Marejadilla

De las marejadas nos fascinan sus olas más altas. Arremeten contra los espigones y los acantilados y dejan en el aire un rastro de vía láctea. Hay, sin embargo, otras maneras de fijar en la retina los oleajes. Contra la fugaz pirotecnia de la espuma, la paciencia de la mirada alcanza en ocasiones a cuajar en humo hasta el más violento de los embates. El temple nos  deja entonces por recompensa una dignidad de óxido altivo.