lunes, febrero 22, 2010

Ojos que no ven

He leído la novela Ojos que no ven (Anagrama, 2010), de José Ángel González Sainz, con creciente interés a medida que avanzaba en sus páginas, admirado por su precisa y esmerada expresión, su cuidada estructura, su emocionada y alegórica trama. Cuenta, someramente, veinte años en la historia de una familia castellana que emigra al noreste de España. Tras quebrar la pequeña imprenta en que trabaja, Felipe Díaz Carrión abandona con su mujer, Asun, y su hijo de diez años, el pueblo y se emplea en una empresa vasca. En aquella tierra nacerá un segundo hijo. El relato describe el desarraigo del cabeza de familia y la progresiva degradación moral del hijo mayor, inmerso en la violencia del mundo independentista. Se desarrolla a través de tres etapas: el abandono obligado del ámbito rural, la despersonalización sufrida en un nuevo paisaje urbano, desolado, industrial y perversamente politizado, y el regreso final del protagonista a su pueblo, ya frisando la vejez y rotos los vínculos con su primogénito y con su mujer.
González Sainz, que nació en Soria, en 1956, y vive en Italia desde hace más de veinte años, pertenece a esa generación cuya juventud coincide con la recuperación plena de las libertades democráticas, justo en aquellos años ochenta en que por Europa se iba poniendo fin a movimientos terroristas como el de las Brigadas Rojas y en España, por contra, se jaleaban los atentados del País Vasco por vecinos, por no pocas fuerzas políticas y por una considerable porción del clero. De eso habla también el relato, que da cuenta de la coacción y de la cobardía, de la atrocidad y del miedo, sin explicitar demasiado lugares y nombres, como queriendo buscar en esa imprecisión, más que la crónica de unos determinados sucesos, el paradigma del sinsentido. Incluso el autor completa el círculo de la trágica historia reciente de nuestro país haciendo coincidir en su protagonista la condición de hijo de un ajusticiado por los falangistas en la guerra civil y de padre, a su vez, de un joven asesino etarra. Y es que los personajes, pese al entorno realista en que se mueven, alcanzan cierto carácter simbólico que se extiende, también, a los paisajes, a la vegetación y a los animales que la sobrevuelan. Así, tanto el camino de la aldea como el que lo lleva a diario en la ciudad hasta el trabajo, el beleño, el huerto o los alimoches, son metáforas simples pero afortunadas. Y los caracteres de los principales actores de la narración se constituyen también en arquetipos del hombre cabal (en el caso de Felipe Díaz), de la sinrazón (en el de su primogénito), del camuflaje acomodaticio (en el de Asun, la esposa) y de la sana tradición (en el del hijo menor).
Una novela a cuyas páginas finales se llega con el ensimismamiento que provoca lo que nos conmueve y emociona, lo que se escribe con la razón y las vísceras, pero sobre todo con el cuidado que debiera provocarnos siempre el uso de las palabras, al elegirlas y al medirlas.

jueves, febrero 18, 2010

Descenso del Monte Carmelo

Rodaron ladera abajo,
hasta el propio mar.
Tan enterrados uno en el otro
que incluso se mordían con saña
las escamas de la piel.
Fueron el escaso cardumen de una ola,
la humedad íntima y sucia
de toda plegaria pronunciada
a la altura misma de los sexos.

martes, febrero 09, 2010

Café amargo

Me escribe Xuan Serandinas. Como tantas otras veces. Pero hoy transcribo su carta. Tiene algo de relato en nieblas. Se le ha muerto un familiar. Me lo cuenta.

Falleció dos días atrás. Ayer fue su funeral. Llevaba ya unos años ingresado en una residencia de ancianos. Desorientado. Con lo que parecía una consciencia limitada. Con escasa movilidad. Finalmente debió de llevárselo uno de esos males repentinos y, en su caso, liberador: quizás un infarto o un derrame cerebral. Cómo fijarlo en lo escrito de modo que al vover algún día sobre ello se tenga una imagen más o menos fiel de cómo fue. Se trata casi de un ejercicio literario. Pero un ejercicio casi íntimo en el que pesa la proximidad, la familiaridad —cierta, no metafórica—. Recurro al calificativo preciso, objetivo: digo temperamental. Sobre tan escaso bagaje puede cimentarse una biografía. Un conflicto permanente con la vida. Apreciada —mejor dicho, despreciada— permanentemente como agravio. Por eso tuvo escasos asideros: su mujer, que se alistó en la misma guerra —a sus órdenes o a las órdenes, nunca lo supe bien— y, ocasionamente, algunos familiares y amigos. Pocos y siempre en el punto de mira de su recelo. Por si acaso. El mundo le fue perro pronto. Como a tantos otros. Hay quien lo supera. Él nunca se lo perdonó. Ni al mundo ni a sus gentes. Cuestión de orgullo: otro rasgo objetivo. La subjetividad sería atreverse a decir que llegó a soberbia. Dejó mandado que no quería flores. Salvo las de su mujer. Un ramo escueto. Una vida juntos. Atrincherados. Me queda de él en el lado amable de la memoria algunos ratos de infancia, tratando ganado en ferias y establos. Rápido con las tijeras. Cuando el trato se sellaba se marcaba el pelo de la res. Se chocaban las manos. Se sellaba todo con un vaso de vino. Y aun en esas ocasiones, no le recuerdo apenas concesiones ni a la risa ni a la confidencia. Era áspero para no ser débil. Eso sí, debo ser justo, en un invierno despiadado, cuando yo era poco más que un niño, me llevó a una rapa das bestas. Estaba yo tiritando de frío y de emoción. Me acercó a una cantina y me pidió café de manga. El primero que yo tomaba así de negro, así de espeso, tan de gentes avezadas al trago amargo. Entré en calor. Toda la noche oi caballos cabalgar sobre el techo de mi cama. Insomne y extasiado.

martes, febrero 02, 2010

Al final de la tarde

Es el final de la tarde. Esa hora desubicada en que la noche del invierno se espesa y uno llega a casa con ganas de una cerveza. Con el deseo de proseguir la lectura que se dejó el día anterior al lado de la cama cuando nos venció el sueño. En la esperanza de acertar además con la banda sonora adecuada para estos instantes de sosiego. Elijo a Philip Glass, la música que compuso para The hours, aquella película en la que Nicole Kidman, interpretando a Virgina Woolf, alcanzó por única vez, que yo recuerde, la belleza inexplicable de los rostros imperfectos. Abro después La noche de los tiempos. Llevo leídas más de seiscientas páginas del último libro de Muñoz Molina. Lo sigo con cierta inercia. Sin pasión. Con respeto. Pensando, eso sí, en que no hay nada más difícil en todo arte que la precisión. Que no hay nada más difícil en toda existencia que las medidas. Las virutas que le sobran a lo que se talla nunca caen como la fruta podrida de los árboles. Quizás por eso me distraigo y dejo de leer. Y escucho por un momento con más atención la música de Glass. Envolvente, reiterativa, grávida como el vuelo de un insecto que se mostrara tan pronto torpe como grácil. Reparo luego en unos versos de Paco Velasco escritos en el marcapáginas con que señalo dónde dejo cada día mi lectura. Dices amor y dices noche. / Empieza con el canto de los gallos / y llega a las alondras / la palabra del hombre hacia el abrazo. Philip Glass, Muñoz Molina, Paco Velasco. Una música que nos echamos encima como una manta sobre el regazo. Una historia que se va construyendo en capas sucesivas como las pinturas obsesivas. Unas líneas irregulares y bellas que dejan adivinar en la distancia el perfil de todo poema. Presencias que me acompañan en el rincón último de la luz del día.

jueves, enero 28, 2010

Más madera

Hoy en EL PAÍS:

Un profesional de Tokio, el emergente Yoshiro Narisawa, por primera vez en Madrid Fusión, desplegó su menú de este año, basado en la naturaleza del bosque. Aromas, texturas y esencias trasladadas al plato. Narisawa relató cómo extrae el sabor de la tierra del hortelano que le brinda sus verduras y la concentra en sopa. El amor de la lumbre lo brindó con carbonizados de puerro y pimientos y le dio una vuelta de tuerca a un plato vertebral en la cocina japonesa, el caldo dashi. En vez de emplear las tradicionales virutas de atún, el cocinero cortó como un ebanista virutas de cedro. Esta madera, de efecto desinfectante y perfumador, es capaz de proporcionar, mezclada con serrín de castaño, una sopa que sabe a paisaje: hay que esperar a paladear el segundo sorbo.

(¡Con dos cojones! Y como me comenta un amigo: "Ya verás cuando estos japos descubran el regaliz de palo".)

lunes, enero 25, 2010

Dientes

De entre las imágenes de los informativos que muestran en improvisados campamentos a los supervivientes haitianos, choca ver a menudo que entre ellos algunos aparecen lavándose los dientes. De pie, miran con ojos algo hipnóticos y mueven mecánicamente su cepillo dentro de la boca. Un cerco de espuma blanca les rodea los labios, un poco como a Al Jolson en The Jazz Singer. Pese a saberse filmados continúan parsimoniosos con esa higiene en medio del hacinamiento y frente a la cámara intrusa. Uno piensa que a este lado fácil de la vida echamos mano del dentífrico después de las comidas o antes de los besos. Siempre en la intimidad de los cuartos de baño. Pero que quizás no nos tomaríamos semejante molestia en medio de la tormenta. Tan ajenos a lo irremediable por desconocido que muy probablemente perderíamos el norte del aseo. Para ellos posiblemente todo sea más simple y ese sea uno de los no tan escasos gestos que mantienen durante el desastre, siempre acechante, un rastro de la rutina de lo que eran sus vidas sólo unos días antes. Tan peladas como los huesos que les arroja la escasez a los perros. Huesos para dientes sanos.

martes, enero 19, 2010

Desperfectos (inconmensurables y minúsculos)

Sobre la alfombra de los días, el derrumbe de los daños inconmensurables. El Roto resume hoy con un magistral oxímoron la tragedia haitiana.


Bajo la alfombra de los días, los daños ninúsculos. Me fatiga un poco la polémica (Marsé, Boyero, Arcadi Espada, entre otros) que se viene reproduciendo en la prensa a propósito de la polvareda que está levantando El cónsul de Sodoma, la película sobre Gil de Biedma. Recuerdo hace años la que generó también El último viaje de Robert Rylands, dirigida por Gracia Querejeta y rodada en Inglaterra con un equipo técnico y unos actores casi íntegramente ingleses. Basada libremente, según matizaban los créditos, en la novela de Javier Marías Todas las almas, y que fue, tras su estreno, motivo de agria polémica entre el autor del libro y la familia Querejeta (Gracia,la hija, y Elías, el padre y productor). A Javier Marías no pareció gustarle lo más mínimo la versión filmada de su novela y se mostró indignado, desde las páginas de EL PAÍS, con el tratamiento dado a los personajes que él creara. Hacía unos meses que había leído yo Todas las almas y no recordaba al detalle el argumento de la obra, por eso repasé algunas páginas de la novela. Ciertamente era muy escaso el parecido entre la pelicula y el libro en el que decía estar libremente basada. ¿Tenía derecho por ello al pataleo Javier Marías, o como dice Almudena Grandes -en una de las pocas cosas sensatas que uno le ha oído-: la venta de los derechos sobre un libro paga los desperfectos? Si es que se podía hablar de desperfectos en ese caso. No se trataba ni mucho menos de una mala película, muy al contrario, narra con buen pulso una historia interesante. En la polémica surgida entre novelista y directora, si hubiera de tomar partido, sin duda lo haría en favor de Gracia Querejeta, no porque la película me parezca mejor que el libro -es distinta-, sino porque Javier Marías, una vez vendidos los derechos cinematográficos sobre su obra, no puede pretender que alguien haga la película que a él le hubiera gustado ver. En la de Marsé y El cónsul uno sólo tiene por referencia las gruñerías habituales del novelista (siempre escandalizado con las adaptaciones de sus obras pero siempre dispuesto a venderlas de nuevo al mejor postor). Respecto a la película no tendré opinión sobre la misma hasta verla. Ni de su calidad ni de sus intenciones. Eso sí, reconozco que me da un pelín de pereza.

miércoles, enero 13, 2010

Nieve (y barro)

Sobre la nieve. Tanta en los últimos días. Casi hasta aquí, a nivel del mar. Curiosamente, nos derrite antes de derretirse. El blanco espeso y extendido nos sume en la ñoñez. En el engaño. Bajo la apariencia se agazapa el barro. Una vez derretida, lo chapoteamos. Nos salpica una constelación oscura. Arrepentimiento de lo cursi. De la literatura de superficie.

martes, enero 12, 2010

Rozalén

Después de aquel indeciso punto primero vinieron carátulas, gruñerías, viajes en motocicleta, mejillones rosales, dréxleres, carrilleras, cuentos, albariños, fotos, fiestas, monfragües, bolaños, damas como la Ferrell y una niña cauterio llamada Zaida. Y cuando era ya un hábito, nos despidió el canalla con un "Adiós, amigos". El año nuevo nos lo trae de vuelta. Bendito abloguizaje. Que sea por mucho tiempo. Y que uno lo lea.

Piel y uñas

Me preguntaba ayer mi hijo si yo sabía que en el polvo flotan microscópicas porciones de nuestra piel y de nuestras uñas. Estos descubrimientos son una fascinación a edades tempranas como la suya. Años más tarde, sin embargo, se nos vuelven sólo un motivo más para la melancolía.

lunes, enero 11, 2010

Resumen

En estas noches de Reyes
fuimos niños y luego padres.
Y seremos quizás también abuelos.
Del fruto de ese encanto
rumiaremos al fin un hueso sólo.
La escasa y amarga porción
de lo que se gozó dulce en la boca,
de lo que pusimos en sazón
en las manos de nuestros hijos
y de lo que veremos caer al suelo,
desde el árbol sin poda,
con desidia de quien deja su huerto
en manos de la maleza,
de quien se reconoce
en la recta final de toda vida.

domingo, enero 10, 2010

Adaptaciones

Le oí contar en la tele a José Luís Cuerda un chiste que según parece le gustaba mucho a Azcona. Dos cabras comen en un basurero el negativo de una película. Cuando terminan con todo el rollo, pregunta una: ¿te ha gustado? Responde la otra: me gustó más la novela.

jueves, diciembre 17, 2009

Cerrado por Navidad

Se comentó en la cumbre de Copenhague. Se dio cuenta del suceso en los informativos. Un iceberg del tamaño de un país abandonado navegaba por el Pacífico deshaciéndose más lentamente que un par de piedras de hielo en una copa de bar.
Al crucero un armador cursi le puso por nombre Navidad. Surcaba los mares en cualquier época del año, pero el muy soplapollas le puso Navidad. Iba repleto de gente. De orquestas de night club barato, casinos de monopoly, parejas ensayando una reconciliación imposible mientras se hacían el amor entre arcadas, maricas de pelo color jena, camareros cubanos, niños sin sueño y un capitán de orillas del mar Negro, de justo encima de los detritus del Danubio, un rumano francamente desagradable.
El impacto sonó como papel de regalo cuando se desenvuelve con prisas. Fue un ruido como de grieta desbocada. De derrumbe. De cataclismo. Como si se precipitaran por el suelo todos los adornos de los abetos del mundo. Los abetos mismos. Como si los renos de Santa Claus pisaran con saña el destrozo y rumiaran irreverentes los belenes. El barco fue un nuevo y luminoso Titanic. Una Navidad a pique. Náufraga. Sin supervivientes.

(Les deseo un buen 2010, si logran salir a flote.)

lunes, diciembre 14, 2009

De David Trueba

"Cada vez aprecio más la ausencia de disfraz, la antifotogenia de la normalidad. Me siento más cerca del autor literario que en lugar de balancearse con un whisky en cualquier humareda de madrugada, está poniéndole el termómetro a su hijo antes de llegar con prisa al cole. Y tanto que me siento más cerca." (Qué buen artículo.)

jueves, diciembre 10, 2009

Cruzando el puente

Días de descanso. De paseos. De comidas compartidas. De lectura y cine casero. Se le dió término a La historia del silencio, de Zarraluki. Divertida. Algo desordenada. Brillante en ocasiones. Una pareja, buscando cimentar lo suyo en un trabajo en común, se pone a escribir una historia del silencio. Mientras, alrededor, transcurren las relaciones de los amigos, de sus parejas, las infidelidades y las infelicidades. Tiene el relato ya unos años. Se escribió antes de Un encargo difícil y Todo eso que tanto nos gusta, que son mejores, más estructuradas, más conseguidas. En cualquier caso, una novela muy interesante. Vimos también una película agradable y encantadoramente rítmica: La boda del monzón. Un film indio que ganó hace unos años el león de oro de Venecia. Pero sobre todo este puente ha sido el de Apocalipsis Now, la película de Coppola que conseguimos en su versión extendida. Un portento. Una obra magistral en todos sus elementos: la original lectura que realiza del texto conradiano en el que está inspirada (El corazón de las tinieblas), la interpretación de sus personajes protagonistas y secundarios, el angustioso viaje y sus etapas, a cada cual más inquietante, la música, el horror que se masca en las más de tres horas de proyección.

Sigue la huelga de hambre de Aminatu Haidar. Pensaba en ello mientras paseaba a la orilla de la playa camino del trabajo. Pensaba en eso que pomposamente llaman causas y que a veces nos empujan como una fuerza ciega, invisible, a la que nos empeñamos en ponerle rostro, paisaje, patria. Que le da sentido a la vida, por desesperación o en la solidaridad. La causa siempre se nos antoja imprescindible mientras se brega por ella. Pero como toda utopía es ensoñación y, casi siempre, mentira. Algunos seres sagrados, decía Auden, sólo pueden definirse en términos de no ser: la Oscuridad, el Silencio, la Nada, la Muerte. La causa es para muchos un ser sagrado que sólo se define en términos de sacrificio. La tribu de la causa se ha reunido en torno de Aminatu como alrededor lo expiado. En la lejanía, sus hijos son una referencia vaga, sin movimiento, sin voz, casi sin rasgos. Causa parricida que parecen empeñados en definir también finalmente en términos de no ser para la propia Aminatu y, sobre todo, para su prole. Colateralidades de lo sagrado.

La arrogancia siempre es un argumento de exceso (pienso en Herman Tertsch). La sobrestimación de la ironía conduce a la pespectiva del picado: al menosprecio (chusco humor el de Wyoming). La violencia es yesca en la aridez cerebral de muchos. Siempre injustificable. Siempre peligrosa deriva hacia la trinchera.

martes, diciembre 01, 2009

Usos horarios

Los relojes de cuco no son suizos, se inventaron y se hacen en la Selva Negra. Tal creencia errónea sobre su procedencia quizás tenga que ver con que en ningún otro lugar del mundo se aprecie tanto esa celebración casi infantil del tiempo como en el pequeño país civilizado, pertrechado y neutral que es Suiza. No debería sorprendernos, por tanto, que desasosieguen los minaretes: van contra los usos horarios. El almuédano divide el día en cinco oraciones; el cuco en veinticuatro horas laicas.

lunes, noviembre 30, 2009

Autoescuela

Peneirar

Joäo Marchante publicó en su blog esta perla: Depuração rima com repetição. Ou seja: há que peneirar, peneirar, até restar apenas o essencial (Depuración rima con repetición. O sea: hay que tamizar y tamizar hasta que quede apenas lo esencial).

jueves, noviembre 26, 2009

Sobre el método

Sobremesa del jueves veintiséis. Radio. Julia Otero y Arcadi Espada comentan la actualidad, que viene marcada por la editorial de los periódicos catalanes, doce —apostolado de pesebre—, sobre la demorada sentencia del Tribunal Constitucional a propósito del estatuto. Hay en estas charlas entre la locutora radiofónica Otero y el periodista Espada una pose dramática que supongo que a nadie se le escape. Un reparto de papeles. Cultivan ambos un aire de actores divos. De esos a los que se les suele ir la mano con lo del método Stanislavsky. Ella metida en el papel de “yo dirijo esto y además le he contratado a usted, lo que me otorga este estatus de desparpajo y suficiencia con el que digo lo que pienso sin pensar lo que digo, luciendo, además, palmito altisonante y vestido chiné”. Y él en el de talludito enfant terrible, con argumentos brillantes y desplantes de torero figura, de los que se abren la taleguilla por enseñarle al bicho por dónde cae el hígado, mientras miran por encima del hombro al tendido y al resto del escalafón. No era plan acompañar el café y el digestivo con tal representación. Así que puse en off lo que en on resultaba ruido. Con pena, que por detrás de la pose del Espada, le encontraba uno a lo que decía la sensatez que el momento pide. Lástima que le pierda el método o le pongan tan jactanciosamente agreste las réplicas de la Bella Otero.

miércoles, noviembre 25, 2009

Libe diem

Hace unos días tan sólo me permití una pequeña maldad con un amigo. Le envié un viejo artículo, sin firma, de uno de sus pensadores predilectos. Su respuesta fue épica. Lo menos que llamaba al responsable del escrito era “indecente”. Cuando le desvelé de quién era lo remitido, no daba crédito a la autoría. Viene a cuento esto porque ayer escuchaba con enorme placer algunos temas que tenía casi olvidados de un cantante al que admiré años atrás y que he venido en los últimos tiempos apartando de entre lo que uno prefiere por parecerme absolutamente rechazables sus opiniones políticas. El precio de la fama no es principalmente, como pudiera pensarse, perder la anonimia en medio de la calle; el precio de la fama es ofrecerse, como las monedas, por ambas caras y es también dejarse a la vista, al tiempo, lo que se es y lo que se fue. En tales condiciones uno mismo llegaría, muy probablemente a ser un indeseable a sus propios ojos. Quién no se absuelve de lo que un día se avergonzó. Quién no deja a la sombra su propia cara oculta de la luna. La coincidencia en el gusto o la opinión es flor que se marchita. Líbese la dicha del instante y pétalos al viento.

jueves, noviembre 19, 2009

Del y de lo magnífico

Me había propuesto no hablar de lo que ocurrió ese día. Por un ataque de dignidad quizás mal entendida. Aclaro que debe interpretarse ésta en un doble sentido. Me explicaré. Por un lado, porque es bastante humillante relatar que a uno lo convocaron una tarde en una librería de su ciudad para firmar libros y que durante una hora —en la que permaneció semiescondido por entre estantes y columnas, casi camuflado— no extrajo de la americana ni una sola vez el bolígrafo que, previsora pero ingenuamente, se había procurado para la ocasión. Y por otro —y en sentido opuesto—, porque no queda bien alardear de que la presentación de su libro, unos instantes sólo después de la lección de humildad con que el trámite de las firmas me había fustigado y apenas a cien metros de distancia del lugar de dicho oprobio, la hizo un magnífico escritor (Ricardo Menéndez Salmón) con comedimiento y -espero- sinceridad, y que uno estuvo rodeado de familiares y amigos, y que salió del trance, cree, honrosamente. Hubo luego cuchipanda y bebercio, charla y risas. Y buena prueba de que la cosa se terminó con alegría es que cuando lo serio dio comienzo, en la mesa al efecto, con mucho rango, orden y cera mutua, al Rector, que presidía, se el antepuso el tratamiento que el protocolo requiere: “Magnífico”. Y que cuando a todos nos distendió el compartir copa y mesa, el dicho tratamiento dejó de ser tal para convertirse en una interjección: ¡Magnífico!, que hacia justicia a la maña con que el Rector descorchaba el rioja. (No sé si es una indiscreción canalla lo que cuento, pero, en todo caso, el libro que se presentaba, recuérdese, lleva por título Letras canallas.)

viernes, noviembre 13, 2009

Anacoluto y sarcasmo

El menguado arrojo de los tímidos se enreda siempre en anacolutos.

El sarcasmo es una carcajada que muestra sin pudor el sarro del alma.

miércoles, noviembre 11, 2009

Cucurrabucu

A uno, que curtió su infancia y adolescencia en bares de serrín y pincho de tortilla reseca, aún le imponen mucho las fruslerías competitivas conque los cocinillas de la ciudad se baten el cobre cuando concursan por el favor de clientela y jurado en los certámenes de tapas cada vez más al uso. El último fue la semana pasada. Y justo el viernes, a esa hora fronteriza entre los días laborales y el asueto del week-end, en torno a las dos y media, cuando J. y un servidor solemos compartir vino y charla en el Cucurrabucu, Ana —dudo que haya alguien más encantador tras los mostradores de esta ciudad— nos invitó a degustar el invento que para la ocasión ideó Jaime, su media naranja —ese tipo que aparentemente trae consigo siempre, como decía Baricco de un personaje de Seda, la indestructible calma de los hombres que se sienten en su lugar—. Pues bien, la cosa llevaba por nombre: ¡Ostrás! Y por ingredientes: ostra, merengue crujiente de algas, puré de calabaza, pimienta rosa y eneldo. Vamos, auténtica tetilla de novicia (si aún se dan las vocaciones por los pueblos costeros y se orean el escote a la rosa de los vientos las sores en ciernes). Hemos venido a saber hoy, con mucha alegría, que el pincho del Cucurrabucu ha ganado el primer premio del Gijón de pinchos 2009. Dijo el jurado que por combinar con acierto «riesgo, dificultad técnica y equilibrio». A uno lo que de verdad le gustó fue ese sabor fuerte a pedrero y yodo que se llevó agarrado como una llámpara al paladar el viernes camino de casa. Qué bueno -el premio y el pincho-.

domingo, noviembre 08, 2009

La piscina

Qué fin de semana tan lluvioso. Apenas si da tregua el temporal. Ha enfriado también y el cielo mantiene una opacidad sucia. Leo a Modiano. Pasea su melancolía escueta a orillas de un lago. En el verano. Refugiado en un hotel decadente de huéspedes añosos. Leo a Modiano y pienso en Cheever. En su nadador. De piscina en piscina. Compartimentos de agua azul en un laberinto que lleva a lo triste. Pienso en Cheever porque hoy me gustaría nadar. Oigo a través de las paredes el bisbiseo acuoso de los canalones. Vuelvo la vista a las ventanas. La lluvia, su consistencia de cortina ligera, se mueve al ritmo de las ráfagas de aire. Me da pereza echarme a la calle camino de la piscina. No sé incluso si merece la pena el esfuerzo de la brazada. El ritmo forzado de la respiración. Al final, me incorporaré cansado, torpe sobre las sandalias de goma, encogido quizás de frío, solo bajo las luces blancas que iluminan la cubeta, las corcheras de colores, las cristaleras perladas de lluvia. Quién sabe, además, si al volver a casa el mundo se habrá vuelto distinto e irreconocible.

viernes, noviembre 06, 2009

Marehaiku

Mar Cantábrico, Mariano Moré

La mar violenta,
en los días de otoño,
nos olea el alma.