miércoles, octubre 29, 2014

Domiciliación bancaria (nocturna)

   Foto: C. Garrido

Cuando paso a las ocho de la mañana por la calle Corrida camino del trabajo, los empleados de una sucursal bancaria esperan para incorporarse a sus despachos a que los mendigos que duermen en el cajero automático cubierto de la entrada desalojen el improvisado techo bajo el que se refugian cada noche.


jueves, octubre 23, 2014

Todo por la patria


Alta Traición

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, mostruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.

José Emilio Pacheco





“El lema ¡Todo por la Patria!  no es solo patrimonio de la Guardia Civil de antaño.”


Francesc Carreras



“La gracia se acaba cuando Évole le pregunta que por qué se está puteando a Javier Cercas a raiz de haber publicado un inteligente artículo en EL PAÍS en contra del independentismo. El líder, sin que se la caigan los anillos, replica que "me extraña mucho" y "no lo sabía" (…).”

Ángel S. Harguindey

lunes, octubre 20, 2014

Los polos del mundo


Alguna vez me he referido a ellos como "los días inesperados". Jornadas alegres en medio de la rutina, soleadas cuando el gris acucia, de fruto sin estar en tiempo de cosecha. El sábado fue uno de esos "días inesperados". Luminoso hasta el delirio a pesar de que el otoño lleve ya semanas entre nosotros; y libre de ocupaciones aun cuando lo había previsto dedicado a un pequeño montón de quehaceres. Tomamos la carretera del oriente. Ya en el destino, dejamos el coche no lejos de la iglesia. Encontramos descarnados los campos de maíz. Las lluvias recientes habían redimido hasta los verdes más agostados. Los caminos de tierra supuraban agua turbia y una pátina de barro. La playa estaba casi a solas. La arena aún guardaba el frío de la noche, se notaba apelmazada bajo los pies descalzos. La mar llegaba sin prisa y golpeaba con nudillos cautos al oído y en el corazón de los bañistas madrugadores. El sol tardó en despabilarse, pero una vez que afirmó el pie sobre esta parte del mundo, lució sonriente y en forma. Nadie diría al mediodía que estábamos en otoño. Nadie diría incluso que éramos mortales en ese instante de paz en que la arena se relajó como un animal confiado, en que las olas nos lamían las heridas y el cielo era una bóveda de cristal tan alta que no daba miedo dilatar el pecho a bocanadas insaciables de aire. Cuando nos íbamos con ese dolor de despedida que llevan por penitencia los días felices, todavía corrían dos niñas sobre el reflejo atrincherado del último sol en la marea. Encuadradas en el recuerdo, parecían los polos suspensos del planeta, cada una en un extremo del arenal y tan ingrávidas así fijadas en la órbita de la tarde como la mirada ensimismada de un fotógrafo.

miércoles, octubre 15, 2014

Vista cansada










Vista cansada

Tampoco estas lentes
que hoy me pongo por vez primera
serán, posiblemente, para siempre:
dentro de tres o cuatro años,
se me nublará de nuevo
toda letra pequeña
y cualquier distancia lejana.
Mis ojos para entonces
se habrán cerrado un poco más,
dejándole a la vida
un menguante
resquicio de luz.

JCD

martes, octubre 14, 2014

De nobeles e innobles



Patrick Modiano: La memoria y la niebla

"Esa escritura insinúa más de lo que muestra y es mucho más profunda de lo que parece a primera vista."

Daniel Gascón



"Su ejercicio sonámbulo de la memoria que al principio me pareció admirable y atractivo, acabó resultándome maniera (…).”

Miguel Sánchez-Ostiz


“(…) uno no escribe para quedar, sino para soportar el tiempo.”

Julio Llamazares



“Decir que lo que tenemos encima es una “casta” no es una simplificación injusta de políticos populistas. Es un eufemismo de gente educada.”

Enrique del Teso Martín

jueves, octubre 09, 2014

Ruinas al fondo



“(…) es necesario asumir que se ha tocado fondo, que la degradación moral de la actividad pública y el descrédito de las instituciones deben terminar o acabarán por destruirnos.”

Francisco Carantoña Álvarez


“(…) tener información no equivale automáticamente a conocimientos, conocimientos no significan conocimiento, este no implica saber y el saber no es sinónimo de sabiduría. Ni de ética.”
Xavier Vidal-Foch

jueves, septiembre 11, 2014

El ñeru



EL ÑERU
                       
Mientres pudo y con pasu lentu,
llevábala del brazu
hasta los bancos y les palombes de los parques.
Cuando a ella yá nun-y daba l'aliendu
pa nenguna otra distancia,
caminaben namás, si'l sol yera clemente,
pela cera de la cai en que vivíen.

Dexe de velos y selmanes más tarde
vini a saber qu'ella morriera;
y tamién que con esa mesma mano
con que la sostenía,
el so fíu escribió unes llínees
sobre un vieyu ñeru
que toles primaveres
refaen les andarines
na vieya casa del pueblu
onde la so má criárase.

Que leyó aquella alcordanza al pie del nichu
y que quienes lu acompañaron ellí nel duelu
quixeron entender nes sos palabres
que falaba de lo murnia que ye la muerte
cuando la vida sigue anovándose
hasta nos bistechos mesmos de les ruines.

JCD

miércoles, septiembre 10, 2014

Umbilicus


Ningún remolino más hipnótico que el que se forma en nuestro ombligo.
A. Trapiello

miércoles, agosto 20, 2014

Los pequeños dioses

The Mohías' Church


Los pequeños dioses cuchichean como porteras.
Pesan las almas de sus semejantes con mezquindad de tendero avaro.
Roen su risa como musarañas.
Los pequeños dioses tienen su olimpo en las madrigueras.
Viven, al menos, de dos en dos, recordándose mutuamente que son deidades.
Pero si alguna vez se quedan solos y sin alabanzas,
caen de repente en la cuenta
de que en realidad no son dioses,
pero sí tan pequeños como infames.
El rencor entonces los pudre hasta la consunción
y se mueren con dolor como todos los humanos.
Tened, por tanto, presentes siempre estas palabras
si alguna vez os llaman “pequeños dioses” al oído.

Melanie Tsonga

jueves, agosto 07, 2014

Así vi desde una ventana el mundo


            Por detrás del maizal,
            los muros blancos de la casa próxima
            y su techumbre de pizarra.
            Los pastos, el pinar,
            el ganado casi quieto
            que inclina su cerviz
            sobre la tierra con hambre inconsolable.
            En la higuera,
            el fruto temprano que expande
            su olor de almíbar.
            La tarde prende la escasa yesca
            que no echó a perder la lluvia.
            Y a medida que se enfría
            la luz final del cielo,
            bulle en el aire
            un cónclave de pájaros
            que me silencian de alegría el alma.
            Así vi desde una ventana el mundo.

miércoles, julio 23, 2014

Resumen


La villa siempre resplandece. Devuelven sus muros blancos el sol en los días claros y su pizarra pulida la escasa luz cuando caen las lluvias. Le brilla el mercado los miércoles como un organismo abierto. El caserío sestea en la ruina de los blasones, en las cristaleras opacas que han quedado deshabitadas en las calles angostas que bajan al puerto. Junto al parque hay un desproporcionado palacio indiano del que sólo se ha salvado al cabo del tiempo su cúpula de cinabrio. Espejo es también de luz en los días apacibles y lomo abisal de escamas en los inviernos. Frente a la terraza donde nos sentamos a tomar una cerveza, unos cuantos críos juegan al fútbol con equipaciones vistosas. Su brega se detiene cuando una madre reclama a alguno de los contendientes, cuando la sed los lleva hasta la fuente o cuando el capricho de una golosina los conduce al quiosco cercano. Esa debería ser la verdadera relevancia de cualquier juego.

Ya en el final del día, puede uno confirmar que el sol esquivó el nuberío con buena cintura. Nos acercamos al atardecer a la playa. Arenal inabarcable. Fino. Salpicado de conchas, arenisca y pizarra. Por un momento se han cruzado mar adentro un velero airoso que partía y rasgaba el aire como un filo certero e indoloro y un pesquero achaparrado que volvía a puerto después de la faena. Nosotros estamos también a esta hora en algo así como un muelle. Recogidos por un dique de jardines cuidados en los que se levanta sobre su patas, flamenco de piedra, el cabazo de la casa. Huele a estiércol por momentos y ese aroma de establo que se queda como el humo en el aire ofrece una confortable sensación de seguridad, como si sólo viviéramos un espejismo de lejanía y en realidad nunca hubiésemos abandonado del todo  la infancia.


miércoles, julio 09, 2014

Blanco y negro mindoniense



A la tarde quisimos volvernos por un rato mindonienses, cunqueirianos. Elegimos una mesa en la terraza de un café que mira a la catedral y dejamos simplemente que pasara el tiempo: allí es como las golondrinas, ave de paso que va y viene sin que nada importante cambie mientras tanto. Los muros permanecen impasibles, las ventanas cerradas, los cielos velados y en la penumbra de la catedral nadie detiene la degollación de los inocentes. A nuestro lado, un hombre lee El Progreso y bebe, a pequeños sorbos, un café negro. Espera a una mujer que llega enseguida y le cuenta cosas intrascendentes. Que se ha apuntado a un curso de pilates. Que a pesar del esquivo verano, tiene ya la espalda morena. No parecen matrimonio. Se hablan con una alegría de cortejo. Pero tampoco son jóvenes. Se van a la vez, pero cada uno por su lado. La mesa que han dejado vacía, la ocupa pronto una cuadrilla de obreros que vuelven del trabajo. Viene con ellos un perro, Rufo, al que le traen de adentro unos churros fríos y tiesos. Los engulle satisfecho. Uno de los recién llegados cuenta que ha estado de vacaciones en Cádiz. Que se ha traído del Sur el recuerdo de unas playas permanentemente soleadas y el regusto de unas gambas muy sabrosas. Que mercó también allí algo de yerba. Quedan para probarla durante el fin de semana. Desde su estatua, el escritor aguza el oído, que de este discurrir de historias se hacen los libros y de esos viajes las epopeyas de los nuevos Ulises.


lunes, julio 07, 2014

Las campanillas de la puerta

Las campanillas de la puerta, una mezcla de metal ligero y madera hueca, deberían anunciar a quienes traspasan el umbral de la casa. A la casa no ha llegado nadie y las campanillas, sin embargo, suenan al compás de las ráfagas de viento. Un nordeste tardío, casi crepuscular, que mantiene el sol a salvo de las nubes. Todo el día, sin embargo, ha venido opaco. Apenas se revelaban los volúmenes en el paisaje. Casi ni tonalidades le sacaba la luz a los verdes.




Cerca de Os Teixois, el bosque era una mancha espesa, continua, como una pincelada cargada por un torpe pintor al óleo. El ramaje se cernía incluso sobre la carretera como el mordisco voraz de una naturaleza creciente. El molino levantaba desde sus muelas un polvo que suspendido en la penumbra era como el poso repentinamente revuelto de una estancia deshabitada. Sobre el banzado flotaba una isla vegetal florecida en blanco: la cabellera adornada de jazmín de una Ofelia de aldea. En la fragua se avivaron los rescoldos e incandesció el hierro. Luciérnaga en las tenazas del herrero. Taxidermia bajo la percusión del mazo. Ya en las playas de Barreiros, la brisa gris de la tarde volvía desapacible el arenal. Más que los días inaugurales del verano, parecían su despedida. En Rinlo había un silencio laborioso, recogido puertas adentro. Un sigilo al que vino a golpear en los cristales el ala de un sol postrero que afiló la torre de la iglesia y dio color a las hortensias. Sentados en la terraza de una taberna bebimos un vino blanco frío. Media docena de niños jugaban cerca sin demasiado alborozo. Las campanillas de la puerta ya no suenan. Se ha apaciguado también el aire. El último sol se deja ir pizarra abajo, por el tejado de esta casa que nos acoge. Después de cenar, cubrirá de nuevo las playas de la ría una hora azul casi sin pulso que todo lo tiñe —cielo, mar, arena— con un intenso color de calma.

sábado, julio 05, 2014

Marina


En el aire se condensa una intensidad de tormenta interrumpida sólo  por un instante. El sol se asoma en esa tregua a través de una mancha apenas de arcoiris. Alguien ha marcado este arenal desde lo alto con tachuelas de colores. Como queriendo señalar el lugar exacto donde el verano debería estar incidiendo a plomo sobre los bañistas; la playa que, sin embargo, a esta hora final de la tarde parece el escenario arrumbado —y paradójicamente hermoso— de unas vacaciones abreviadas por la irrupción de un otoño repentino. 

viernes, julio 04, 2014

Postal desde Remior


Cualquier pulso que sostengas con el horizonte en esta playa, todo desafío de la mirada por abarcar y poseer, todo intento de fijar a los paseantes lejanos que caminan por la orilla como aves descarriadas que picoteasen el grano de un sembrado vastísimo, cualquier carrera con la que intentases acercar el final de la arena, todo esfuerzo, en fin, te dejaría exhausto, vencido, entregado a la soledad de quien gobierna sus días, señor aquí entonces del tiempo y del silencio acompasado a las olas.

miércoles, junio 11, 2014

Los días inesperados


En medio de una semana de rutina, se abren de pronto las ventanas de los días inesperados. A su través alcanzamos regiones en calma, tomadas de silencio, casi deshabitadas. Lugares que nos conceden durante unas horas el gozo de los descubrimientos, como el de esa playa sobre la que podría levantarse un verano y que la marea nos ofrecía como un planeta sin hollar. Sobre su arena palpitaba un aire de salitre; un espejismo. Los días inesperados son como ese paisaje frágil de las ilusiones: nunca sabemos si fueron del todo reales, pero quisiéramos asomarnos a ellos cada mañana.

viernes, junio 06, 2014

Desmemorias

Conversación de café. Se habla de los finalistas de un prestigioso premio literario. Se enumeran los libros que cada uno ha leído de los autores que suenan para el galardón. Se trata de un ejercicio de memoria que extrae de lo profundo, con esfuerzo, algunos títulos de los que ni tan siquiera se está seguro, algunos argumentos confusos, algunos personajes desvaídos. Recuerdos, al fin y a la postre, de lectores que acumulan sobre sus párpados cerrados el peso de la literatura y, por tanto, en sus ojos, la noche irremediable del olvido. Leer y volver a leer. Pasar tanta vida entre las páginas de los libros. Llegar a su final condenados al recuerdo frágil de cuanto se tuvo por emoción y se evanescerá mas rápido que tarde.

*

Los hombres tienen la cabeza dura. Muy dura. Absorben ideas perniciosas por los ojos y los oídos y las encofran como tesoros entre el rigor y la osamenta de sus cráneos. Dan por valioso demasiadas veces lo que es tan sólo bisutería y dedican siempre escaso lugar a lo que de verdad importa y sólo echan de menos cuando se saben postreramente mortales.

*

Se precipitó desde la mesa baja del salón a la alfombra. ¿Cincuenta centímetros, quizás? Una distancia raramente lesiva para el tropiezo de un hombre, que se levantaría de suelo, muy probablemente, con la memoria intacta. Sin embargo, ese pequeño artilugio que custodiaba las imágenes de cien viajes, las confesiones de un diario, el arranque y algo más de una novela, el andamiaje de muchos poemas, algunos libros de otros y una gavilla de películas recomendables, se quebró por dentro como echando de menos las alas que no tuvo para tanto peso invisible. Hay sanadores que prometen, como los elixires de la vida eterna, devolvernos los recuerdos que un día les prestamos a los discos duros. El que tiene al mío en sus manos ha torcido el gesto y bajado la cabeza como hacen muchos médicos cuando no tienen más remedio que dar fatales noticias.

martes, junio 03, 2014

NIhil semper est

Caminando esta mañana
a la altura de la Plaza de Italia,
vi cómo un golpe imprudente de brisa
arrancaba de cuajo unas hojas de magnolio.
Unas hojas que en ese mismo instante
dejaron de ser, a su pesar
y para siempre, hojas perennes.

miércoles, mayo 14, 2014

Magia

Desplegó entre las manos
un abanico de naipes.
No sonreía.
Nunca suele hacerlo en balde.
Mantenía tan sólo
un descuido de alegría
a un lado de la boca.
Elegí una carta
que él no pudo ver.
Barajó luego el mazo entero.
Lo posó en la mesa.
Junto a sus cuadernos,
al lado de su viejo diccionario de inglés.
Ábrelo, me dijo.
Allí estaba, para mi asombro,
la carta elegida.
Creo que se sintió bien.
Había engañado sin remordimientos
a su padre.

JCD

lunes, mayo 12, 2014

Un hermoso elogio a los libros, por Álvaro Valverde



Elogio de los libros, de Álvaro Valverde


Por la descripción del paraíso, y la ceguera de Tobías y por el viaje de Jonás alojado en el vientre de una ballena.

Por las aventuras de Ulises a través de un mar color de vino y por la explicación de sus hazañas hasta que pudo regresar a Ítaca.

Por las enseñanzas de Virgilio acerca del tiempo que nos huye, irremediable, y, cómo no, por las de Horacio, que nos animó a disfrutar del momento que pasa y a llevar una vida retirada y modesta.
Por los jardines y fuentes de los versos árabigos, porque evocan la pérdida del inmenso desierto.

Por la flor del cerezo y la luna y el río, y por los pabellones y por las batallas que cantan los poemas de los clásicos chinos.

Por el amor que ha abierto las murallas de todos los castillos de la historia y por los trovadores que inventaron el modo de asaltarlas.

Por las coplas escritas a la muerte del padre, y las noches oscuras y la senda escondida, y la hermosa locura que inventó Don Quijote.

Por el descenso a los infiernos donde habitan los monstruos y el ascenso a los cielos donde viven los ángeles.

Por la busca del tiempo que creímos perdido en la patria feliz de la infancia.

Por los cuentos de hadas y los cuentos de lobos, por su felicidad y por su miedo.

Por los cantos oscuros de las tribus remotas, tan acordes al ritmo con que suena la Tierra.

Por la tristeza y por el entusiasmo que se esconden detrás de las líneas escritas por cualquier ser humano.

Por los mares del mundo: los del norte y sus sagas, los del sur y sus islas; y los de la persecución de Moby Dick y los profundos del Nautilus.

Por los héroes de leyenda y los seres reales porque son las dos caras de la misma existencia.

Por las volteretas de todas las vanguardias y los sueños que inventan con sus saltos festivos.

Y por todos los libros, incontables, que admiten recordar lo olvidado y volver a lugares donde nunca estuvimos y vivir esas vidas que jamás viviremos. Porque el mundo es un libro que nos lee y que escribimos.

lunes, abril 28, 2014

Lirios


Tomé esta foto al amanecer del domingo. Entrando por los ventanales una luz algo sucia en las primeras horas. Los lirios posaron con la elegante apariencia de quienes, a pesar de haber trasnochado, conservan una lozanía enjuta. Ni el humo del tabaco, ni las luces largas de la sobremesa les hicieron mella. Enraizados en el agua como una pequeña bonanza mediterránea, uno espera que aún den fe durante algunos días de esta primavera esquiva.

jueves, abril 24, 2014

Cinco lecturas recomendables

No se tiene a menudo el buen ojo o la fortuna de acertar con cinco lecturas, una detrás de otra, de tanta calidad como las últimas a las que uno les ha hincado el diente. Ayer las relacionaba en mi facebook con ocasión del día del libro, y apuntaba para cada una pincelada orientativa sobre por qué me han resultado tan placenteras.

Se trata de Niños en el tiempo, donde Ricardo Menéndez Salmón vuelve a brillar con la precisión de su prosa más pulida. Una novela de la que ya se ha dicho casi todo, y de la que, particularmente, me sobrecogió su primera parte “La herida”, para la que, a mi juicio, se escriben las siguientes (“Cicatriz” y “Piel”), en una suerte de conjuro que revela el poder consolador de la escritura.
En Canadá, Richard Ford relata el tránsito hacia la madurez, que adopta en las páginas de su narración una apariencia fronteriza: el paso hacia otro país, hacia un paisaje inhóspito donde abruma la desolación de un adolescente desprotegido de casi todo afecto.
Dos olas, el título de la segunda novela de Daniel Pelegrín es la pequeña medida con que se nombra una pleamar de oficio e inspiración, una urdimbre de registros lingüísticos diferentes, de tiempos distantes, en la que no rechina nunca su engranaje gracias a un estilo cuidado, que no está lejos de una máxima expresada en sus páginas: “en la medida y oportunidad se halla toda sabiduría”.
La hondonada es la más reciente novela de Jhumpa Lahiri y aun no siendo la mejor Lahiri, es Lahiri y eso es, para sus lectores —y uno se cuenta entre los más fieles— no es poca cosa. Se lee, como todo lo suyo, con facilidad pasmosa pese a la distancia cultural y geográfica de la que hablan sus narraciones (la India y los bengalíes emigrados a Estados Unidos han protagonizado hasta ahora sus relatos y novelas). La presente arranca de la situación sociopolítica de la India poscolonial, del movimiento naxalita y de cómo esa insurrección separa a los hermanos Subhash y Udayan, cómo condiciona la biografía de la saga familiar de la que forman parte y a la que se le da continuidad ya en Rodhe Island, en el desarraigo de la Calcuta natal. 
El diario Trasatlántico, de Miguel Rodríguez Muñoz, está escrito con la misma cadencia, sencillez y pericia con que transcurre la navegación ambientada en sus páginas, un crucero sin más pretensión de aventura que la observación de un pasaje tan anodino, y por ello tan subyugante, como pudiera serlo el tráfico de gentes bajo una ventana de ciudad, una riada de rostros grises en los que, muy de vez en cuando, se distingue el espejismo de una bailarina ucraniana.


lunes, abril 21, 2014

Una suerte de edén


El edén es una palabra que tiene aguja como algunos vinos. Su sola pronunciación nos sube a la cabeza una nube de alegría. El edén en compañía nos procura, además, una embriaguez de taberna o de alcoba, de risas compartidas o de amores sudorosos. El edén siempre nos fija a la tierra. A la carne deseada, al compadreo cómplice, al jardín colmado. El edén secreto al que llegamos días atrás después de que tuviéramos la dicha de la llave ofrecida nos pareció un espejismo de día festivo. Eso creímos, al menos, durante las horas gozosas que duró. Pero algunas fotografías memoriosas dan fe de que fue real. Qué suerte la nuestra.