Nunca me he cruzado con una sanguijuela. Sé de ellas, como sabemos todos, por lo que alguna vez hemos
leído o visto en el cine. Que su boca actúa como una ventosa sobre las heridas
abiertas. Que chupan la sangre. Que son negras. Que producen pesadillas. Yo
creo que las obsesiones son como las sanguijuelas. Una vez que han descubierto
por dónde sangras, cuál es, por tanto, tu punto más débil, se lanzan sobre él,
sobre ti, con la voracidad insaciable de un cáncer. Desde ese momento, y
contradiciendo la evidente disparidad de volúmenes entre un hombre y una
sanguijuela, pasas a ser poco más que una extensión, incongruente y exhausta,
del cuerpo de un gusano.
miércoles, agosto 14, 2013
Arnao
martes, agosto 13, 2013
Por las Foces del Esva
El caminante ha compartido charla, fatiga, viandas y trago
por el rompepiernas que parte de Bustiellu. Ha bajado junto al río y ha trepado
hasta ver su cauce desde el camino escarpado que a tramos permite divisar en lo
más alto la braña vaqueira de Adrados, ya casi en el valle el caserío de Longrey
y muy por debajo de nuestros pies el brillo sonoro de las aguas del Esva. Y
llegado al otro lado de la foz, le ha puesto reposo a su pulso junto a la
iglesia de Ese de Calleras, un templo modesto y blanco, con cubierta de pizarra
y espadaña alzada como un faro por encima de los maizales. En su testero llama
la atención una celosía en arenisca de arcos geminados y de
apariencia prerrománica, incrustada en la limpia pared de la capilla y que deja
paso el sol, la pradería y el rumor próximo del río, no de manera muy distinta
a como el recuerdo posiblemente nos llevará adentro al cabo de los días las
imágenes de esta hermoso y esforzado paseo estival.
Foto de Xuan Nel Saez |
jueves, agosto 08, 2013
Aveiro y la otra
No debería compararse nunca más esta ciudad con la otra. Se
hace a menudo y pierde injustamente en esa pretendida semejanza. Porque las
vocaciones de ambas fueron y son diferentes. Comercial, palaciega y decadente
la de Venecia. Laboriosa, modernista y recogida la de Aveiro. Allí la elegancia de un carnaval cortesano, aquí la picardía de unos barqueros
de puerto. Cuando el sol ilumina este par de canales domesticados y
urbanos, se refleja en sus aguas el vivo color de las proas de los moliçeiros y
los azulejos de las fachadas. Cuando el
atardecer le da relieve a las aristas del mundo, los galpones salineros más que
de madera parecen de cobre repujado. Aveiro tiene una belleza sonriente, blanca y modesta; una
plaza del pescado bulliciosa; jardines de acacias; templos luminosos y tascas
de raciones abundantes y vino fresco.
Paseándola a veces hay que cruzar por
encima de sus canales. En ese breve tránsito, cuando el viajero se acoda en los
puentes y fotografía las alegres barcas y su estela, siempre tiene la tentación
de recordar Venecia. Sépase que no le hace ninguna falta a esta ciudad acogedora, pues siempre se hace un hueco en la nostalgia de quien llega a ella, y no con la afectación de los escenarios solemnes a que recurre la otra, sino con el poso
dulce de los días apacibles al sol y sin prisa.
martes, julio 30, 2013
Jardim das Lágrimas
Sólo queda en pie una ventana gótica.
por la que se asoma un fondo de hiedra.
A veces llegan hasta aquí
algunos recién casados a retratarse;
posan justo donde la leyenda
cuenta que se citaban,
siete siglos atrás,
dos amantes cortesanos y furtivos.
Ese fondo de bosque y sombra
ha de resaltar, a buen seguro,
el encaje blanco de las novias en las fotos.
Muy cerca,
como un calamar gigante,
la raíz desbordada
de una higuera de Australia,
quiebra la tierra
y vuelve incierto
el camino de los que la merodean.
Hay quien ve un aviso en ello.
JCD
lunes, julio 29, 2013
Monsanto
Se ve desde la carretera muy en lo alto,
erguido con la arrogancia
de todo lo que elije las cimas para manifestarse:
poder, corona, cruz, veleta o castillo
—versiones, en fin, del miedo—.
Y aunque reverbera atravesado de sol
en este mediodía ardiente de julio,
el granito de sus calles retorcidas
asperja al menos un aire umbrío y fresco.
Estas piedras enormes,
que son su sostén y su adarve,
han permanecido durante siglos
en un equilibro de amenaza y prodigio.
En sus axilas,
como en un nido expuesto a las corrientes,
se alivia hoy la fatiga de este viajero.
JCD
martes, julio 23, 2013
Miquiño mío

Este
casi centenar de cartas tienen como fecha inicial el año 1883. Galdós triunfaba
entonces con La desheredada, y doña Emilia acaba de publicar La
cuestión palpitante a la vez que ponía punto y final a la relación con
su marido. Desde ese momento asistimos a
cómo se gestó y desarrolló la relación de admiración, amistad y amor entablada entre
ambos escritores, pero, también, a cuál era el sentir de la narradora gallega acerca
de la literatura y la vida cultural: la crítica que le sugerían las novelas que
Galdós escribía y enviaba a su amiga para que le diera el parecer; cómo iban
creciendo sus propias obras; de qué modo la afectaban los denuestos de Clarín o
Pereda; o qué rencillas y tejemanejes guiaban la elección de los candidatos a
la Academia de la Lengua, de la que ella misma fue aspirante en tres frustradas
ocasiones.
La
narración de las misivas encandila al lector a medida que gana en intimidad. Y
no porque se desvele abiertamente a su través, para alimento del morbo, el
clandestino amor entre dos de nuestras más insignes figuras literarias, sus
encuentros secretos y sus celos e infidelidades (confiesa la Pardo, por
ejemplo, en una carta el affaire que la
arrojó en los brazos del joven y guapo Lázaro Galdiano); sino porque a la pluma
de la autora no se le pone brida alguna en esas líneas de sinceridad y ternura,
en las que se suceden frases de cariño memorable (“Amigo del alma, ante todo, no llames caridad a lo que es acendrada
ternura. ¡Qué salto, qué brinco desde las alturas filosóficas hasta el
tempestuoso océano de las pasiones de los afectos.” / “Te muerdo un carrillito y te doy muchos besos por ahí, en la frente, en
el pelo y en la boca.”/ “Ansío ya
darte un abrazo larguísimo. Ratonciño, adiós.” / “Haz por comer y no fumes mucho.”).
Pardo
Bazán tenía poco más de cuarenta años cuando inicio sus amores con Galdós. Había
nacido en el seno de una familia adinerada gallega. Su padre fue diputado
liberal. Tuvo a su alcance de pequeña una bien nutrida biblioteca que resultó,
sin duda, acicate de su vocación literaria. Se casó muy joven. Viajó por Europa
y se interesó por las nuevas corrientes
literarias, que fueron argumento de sus artículos periodísticos y motivo
de ruptura matrimonial, pues su marido, José Quiroga, no estaba dispuesto a
convivir con una escritora de inspiración darwinista que había levantado incluso la alerta hasta en el Vaticano.
A
Galdós sus padres lo habían enviado a Madrid para que estudiase Derecho,
alejándolo de paso del arrebato amoroso que inspiró en el jovenzuelo
una primita recién llegada a la casa familiar. Para fortuna de sus lectores, no se empleó con
demasiado interés en el estudio de las leyes. Pero sí extrajo un infinito
provecho de la vida en la capital, de los barrios y de las gentes, que quedaron
para siempre fielmente retratados en sus novelas. Cuentan sus biógrafos que fue discreto con su vida privada y que permaneció soltero porque prefería el
amor mercenario y las pasiones pasajeras. De entre ellas, estas cartas de Miquiño
mío cuentan la devoción que despertó en una mujer sensible e
inteligente como era doña Emlia, y que no debió ser muy diferente tampoco a la
que le tuvo Lorenza Cobián, pese a que ésta era, al contrario que la Pardo Bazán, una mujer
de extracción humilde, casi analfabeta, pero cuyo amor no correspondido con
Galdós, del que tuvo un hija —la única descendencia que se le conoce al
canario—, la llevó finalmente al suicidio.
En alguna entrevista, ha explicado Juan Manuel Hernández cómo
llevaron su relación Galdós y Pardo Bazán y cómo nació el libro en el que ha
trabajado con tanto cariño de la mano de Isabel Parreño: “Su círculo más intimo
supo, o al menos sospechó que la relación existía, pero ambos la mantuvieron en
secreto. Solo en 1971, cuando el diario mexicano Excelsior publicó tres de
las cartas de doña Emilia a don Benito, se atisbó la punta de iceberg de una
pasión muy profunda» De las más de 90 cartas de Pardo Bazán que los dos
responsables de Miquiño mío localizaron tras sus pesquisas, ya se conocían las
35 más intensas, publicadas en 1974 por Carmen Bravo-Villasante y conservadas
en la Real Academia Española, pero a ésas añadieron ahora las que fueron
hallando con su investigación y que encontraron muy dispersas. Las dataron y
transcribieron depurando errores para completar así «con mucho trabajo un puzle
amoroso».
Del resultado de ese puzle sólo se tiene una perspectiva
adecuada cuando se completa la lectura del libro. Entre tanto, va uno
llevándose a los ojos las piezas irregulares de la composición, el intercambio
de unas palabras confiadas a la franqueza, de opinión y de sentimientos. Un
episodio nacional privado, una dual cuestión palpitante.
lunes, junio 24, 2013
Lighthouse
En los días de bonanza,
el faro de Lluces
le da la espalda a las mareas
y, como un índice sobre los labios del cielo,
pide silencio para la tierra
desde el acantilado.
lunes, junio 17, 2013
Lo esencial
En el reducido espacio de su carlinga, a la
altura de un dios menor, Saint Exupery se convenció de que lo esencial era invisible
a los ojos. Pensaba tal vez en la vida microscópica sobre la que el mundo se
levanta. Tal vez en el tenaz castigo con que el tiempo se ceba en lo íntimo
contra todas nuestras defensas. Tal vez en el amor, el odio y el sabor agridulce de los frutos que, tarde
o temprano, la vida nos acerca a los labios.
martes, junio 04, 2013
Haiku / Caxigalíne(a)s
Luce en el jarrón / la rosa del desierto
/ y su tallo de aire.
- Las nueces son todo cerebro.
- Las baldas de su biblioteca y los cajones de su escritorio eran la perfecta metáfora de su cabeza: un caótico amontonamiento de lecturas, que urgían orden y desbrozo.
- Aseguraba él con mucho convencimiento: "es una buena persona". Traducía yo, mentalmente, sus palabras: "todavía no le ha llevado la contraria".
sábado, mayo 18, 2013
LOMCE
Me permito traer aquí, desde facebook, esta lúcida e indignada declaración de Ricardo Menéndez Salmón (porque cuando algo se dice tan bien y con tanta razón, qué menos que divulgarlo en la medida de los posible).
Tengo
42 años y dos hijos, una niña y un niño. Soy una persona culta, cuyos libros se
han traducido a siete idiomas distintos al español. He cursado siempre mis estudios,
desde Infantil hasta la Universidad, en instituciones públicas. Mi único rasgo
de fanatismo (quizá de masoquismo, estoy abierto a la discusión) es ser
seguidor del Sporting de Gijón desde que tengo memoria. Soy comprensivo, pero
también intolerante: con el racismo, con el fascismo, con las sectas. Es decir,
no creo que todas las opiniones sean igualmente respetables. Me asiste la
certeza, conquistada a través de los libros y de mi propia vida, de que se
puede vivir sin religión ni dioses, pero de que no se puede vivir sin ética ni
valores. Esto es: sostengo la absoluta superioridad de la Filosofía sobre la
Religión. Esta cita de E. L. Doctorow, tomada de su novela El libro de Daniel,
se la regalo a los padres de la LOMCE después del enésimo asesinato de la razón
cometido en mi país: «La diferencia entre Sócrates y Jesús estriba en que nadie
ha sido condenado a muerte en nombre de Sócrates. Y ello se debe a que las
ideas de Sócrates nunca fueron convertidas en ley».
Ricardo Menéndez Salmón
martes, mayo 14, 2013
Paseos
El sábado lucía el sol en Corao. Muchos años atrás Madoz describió ese lugar como "un ameno vallecito en la carretera que desde el interior de la provincia conduce a la de Santander; con clima templado y sano. De veintiséis casas de mediana fábrica, con muchas fuentes de buenas aguas, y dos ermitas dedicadas a San Nicolás y a Santa Rosa de Viterbo. El terreno es de superior
calidad, y se haya fertilizado por los ríos Güeña y Chico, que se reúnen más abajo de la población; en sus riberas se crían hermosos álamos y grandes alisos, habiendo en otros parajes multitud de castaños, abedules y otros
árboles que proporcionan sitios de comodidad y recreo. Produce trigo, escanda, maíz, habas, toda clase de legumbres y frutas, excepto el limón y naranja que no prosperan a consecuencia de los hielos; hay ganado vacuno y, algo de cerda,
caza de perdices y liebres; y pesca de excelentes truchas. Industria: la agrícola y un molino harinero.” El idílico enclave y la cercanía de la alta montaña llevaron a Frassinelli a fijar su residencia allí. Escribe Alejandro
Pidal que para el alemán «su verdadero teatro eran los Picos de Europa, Peña Santa, la Canal de Trea, los gigantescos Urrieles asturianos. En ellos se perdía meses enteros, llevando por todo ajuar
un zurrón con harina de maíz y una lata para tostarlo al fuego de la yerba seca, su carabina y los cartuchos. Vino no lo bebía: bebía agua en la palma de la mano; carne, sólo la del rebeco que abatía el certero disparo de su escopeta
y cuya asadura tomaba sobre la misma lata al mismo fuego. Dormía sobre las últimas matas del enebro que avecinan la región de las peñas y las nieves.”
Desde el viejo castañar que se levanta a orillas del Güeña parte la Ruta
Frasisenilli, un camino que lleva hasta el lago Enol y de allí al Pozu del
Alemán, escondido rincón junto al río Pomperi donde cuentan que se bañaba el
romántico vecino de Corao. No llegamos hasta tan lejos, pues andábamos sólo de
paseo y no de esforzada marcha, pero sí que la senda nos acercó a la iglesia de
Santa Eulalia de Abamia, enclavada en un hermoso paisaje, custodiada por tejos
centenarios y protagonista de un rico devenir histórico. El Marqués de Monsalud
la describe como sigue en 1905: “A la
mitad del camino, entre Cangas de Onís y Covadonga, á una legua de cada una de
éstas, álzase la pequeña construcción sobre una extensa pradera rodeada de
verdes lomas, dominando, desde su altura, la pequeña villa de Corao. Compónese
el templo de una sola nave, habiendo sido objeto de transformaciones sucesivas,
y aun cuando supónesele, generalmente, construido por el rey Pelayo, fácilmente
pudiera datar la primitiva fábrica de la época visigótica. Monasterio de Abelania
le nombra la crónica albeldense, y, en efecto, hacia el año 737 parece se
estableció en el mismo una comunidad de monjes bajo la regla de San
Benito. El templo compónese de una sola
nave, ostentando, en su estado actual, los caracteres del estilo románico. Es
de sillería que, ennegrecida por el tiempo, presenta aspecto de venerable
antigüedad. Divididos exteriormente sus muros por robustos contrafuertes, corre
por la parte superior una vistosa hilada de canes que representan cabezas
humanas, de bichas ó de dragones sosteniendo la sencilla cornisa. La puerta
lateral, de arco de medio punto, compónese de dos bocines, ó arquillos, que
descansan sobre columnas pareadas, ocupando su tímpano curiosísimo bajo relieve
que representa el infierno, viéndose en él buen golpe de diablos que sostienen
sobre el fuego una caldera, de la que asoma una cabeza, fiel representación,
según el vulgo, de los eternos suplicios de don Opas el traidor. Le da á estos
muros alto sentido de respetabilidad la circunstancia de haber sido primitiva
sepultura del cristiano caudillo, glorioso triunfador de Covadonga.”
martes, abril 23, 2013
Cementerio musulmán de Barcia
Sin los muros de ladrillo que lo cercan,
sin su puerta de herradura siempre franca,
esta tierra de sombras y de helechos
guardaría callada por los siglos
el osario refugiado que la habita.
Pisarla así sería más fácil,
pues no habría tiento en nuestros pasos
ni tampoco ese temor que nos tiembla
en los aledaños mismos de la muerte.
Pero saber que aquí yacen hombres,
además de caídos, olvidados,
saber que todos fueron
soldados crueles en la guerra
y poco más que parias en su patria,
saber que purgan desde hace años
con exilio y abandono
su suerte mercenaria y su indigencia,
nos alerta en este cementerio,
mientras brilla el sol al otro lado de la umbría,
de nuestro tránsito fugaz,
pero también, y al mismo tiempo,
de que suelen ser siempre más piadosos
los finales en paz y con los nuestros.
JCD
("A unos pocos metros del pueblo de Barcia, en las
frondosidades del concejo de Valdés, aún existe uno de esos lugares que
desconocen muchos de quienes han frecuentado sus alrededores desde siempre y
guardan memoria puntual y exacta de épocas sombrías y dolorosas. Ocultos entre
la maleza, a un costado de la antigua carretera nacional, se alzan los muros
del único cementerio musulmán que se conserva en el norte de España y que se
instaló allí para dar sepultura a los cuerpos de los soldados marroquíes que
acompañaron a Franco tras su levantamiento en África y encontraron la muerte en
estos pagos, cuando defendían una causa que en ningún caso era la suya e
intentaban ganarse una gloria siempre esquiva." —Miguel Barrero—)
viernes, abril 05, 2013
Intemperie

martes, abril 02, 2013
Desde Villanova
Llegado hasta este rincón de la carretera, dejo el auto aparcado en el escaso arcén y mientas el cielo parece decidido a vaciarse de nuevo, echo la vista al río, al caserío pequeño y arracimado que se levanta en su margen y que tiene el privilegio diario de esta naturaleza apabullante. La tregua antes de la tormenta. La paz de un día festivo antes de que vuelva la rutina que nutre nuestra supervivencia. Sin estos pedazos de calma, de silencio, de soledad, de paraíso, el resto de la vida sería poco más que fatiga.
Camino de San Saturio
Juan Antonio Gaya Nuño en El santero de San Saturio
Ermita de San Bartolomé

Antonio Ruíz Vega, El enclave templario de Ucero
En la última vuelta del camino...
En la última vuelta del camino aparece, como un puro milagro, recostado en el azul del cielo, Calatañazor. Abajo,“por la barranca brava”, se ha ido abriendo paso el río Milanos, constituyendo el foso natural de la fortaleza, al que unos álamos ponen la nota estremecida de su gentil verdor. Hasta hace un instante —al llegar a esa curva del camino que nos revela el escondido misterio—, Calatañazor era sólo un nombre cargado de resonancias históricas. Ahora, el pueblo entero, colgado en lo alto, en inmediata vecindad del cielo de Castilla, se vuelca sobre nuestras miradas atónitas, nos grita alertas y nos pide “santo y señas” antes de que remontemos la agria pendiente de acceso. La callecita sube empinada. Al volver, a la derecha —misterio, quietud y silencio—, el espíritu sobrecoge, porque sentimos que el tiempo ha volado, como pájaro escapado de nuestras mano, y el mundo se ha detenido un instante eterno. Nos parecería natural que de alguno de esos balcones de madera salieran asustadas viejecitas pidiéndonos detalles de lo que acaba de ocurrir en Almanzor.
Heliodoro Carpintero, Calatañazor
lunes, abril 01, 2013
Desde El Mirón
Empujaba su silla hasta el mirador
y permanecían casi en silencio
sobre el curso del río.
El mar parece tan lejos allí
que se hace difícil imaginar
que las aguas calmas del Duero
tengan un final de olas.
Solamente esa fatiga de aire escaso en ella,
ese ronco pleamar de ahogo,
les recordaba, como un mal augürio,
la brisa húmeda de los estuarios.
JCD
(Machado
se trasladó a una casa próxima a la Ermita de Ntra. Sra. del Mirón para que
Leonor, más debilitada a cada instante, pudiera respirar un aire más puro. A
Machado le gustaba pasear y se le veía a menudo empujando por aquel altozano el
cochecito de Leonor.)
domingo, marzo 31, 2013
El Sangri-la caraceno
Cuenta la leyenda que el origen del nombre de la villa viene de la época de la reconquista, cuando los cristianos aprovecharon que los musulmanes estaban cenando para tomar posiciones y apoderarse del pueblo. Uno de los cautivos lamentó la impostura, y estalló en grito de rabia: ¡Cara cena nos costó! Menos legendario es el hecho de que el caudillo Almanzor anduvo con sus tropas por estos andurriales, escenario de importantes aceifas por el cañón del Caracena. Hoy los senderistas se ponen las botas (y nunca mejor dicho), con el camino que recorre este barranco hasta la localidad de Tarancueña, y que en dos horas de delicioso recorrido entre cantiles y choperas, les hace sentirse en el Sangri-la de las montañas del Himalaya.
miércoles, marzo 27, 2013
La palmera soriana
En el cubo central surge el eje del templo, la extraordinaria columna cilíndrica, magnífica y esbelta, en forma de palmera pétrea. Una especie de gran jaima que protege cuanto está bajo su sombra, es decir, todo el interior. De esta inmensa palmera salen ocho nervaduras con forma de arco de herradura a modo de ramas que soportan la bóveda esquilfada. La palmera es un símbolo sufí, un árbol sagrado para los árabes, que lo relacionan con el nacimiento. Palmera se dice en árabe tariqat, vocablo técnico sufí que significa "hablarse en el camino" o profesar el sufismo. La palmera también sirve de unión entre el cielo y la tierra. "Un talle tan esbelto como el de la palmera", se dice en El cantar de los cantares. Árbol por excelencia en Palestina, árbol sagrado para musulmanes, pero también para cristianos que, en San Baudelio, se refugiaron bajo él, trasplantado desde los desiertos, desde los oasis. Palmera y escala para ascender al cielo. Árbol exótico entre encinas, robles, pinos. La ermita es a la vez templo cristiano y mezquita.
César Antonio de Molina, Una palmera en Castilla
Adobe
El rompesuelas penetra con mucho respeto en San Esteban de Gormaz, cruza la puente, tuerce a la izquierda, en lugar de seguir por la derecha la carretera que conduce a Burgo de Osma, y comienza a ascender por empinadas callejas, buena parte de ellas formadas por casas de adobe recocido al sol de los veranos y fraguado en las nieves de invierno, duro y sólido como el más moderno hormigón armado y siente como, si de pronto, le creciesen alas, pues la cuesta arriba, lejos de afligirle, le hace bailotear el corazón, mientas se dirige a la iglesia de San Miguel, uno de los ejemplares más armónicos y gráciles del románico del XII, erigido cuando ya el rey Alfonso VI adelantó la frontera del Duero al Tajo y los estebantinos pudieron dedicarse a lo propio de su natural carácter: el trabajo, la oración y la práctica del bien.
Jorge Ferrer-Vidal, Viaje a la frontera del Duero
viernes, marzo 15, 2013
De amicitia
La geografía acogedora de un país sin ambiciones.
Las calles rudimentarias de una ciudad de provincias.
El portal siempre abierto de un edificio sobrio.
La casa tibia de un hombre sin rencores.
El corazón silencioso del que no tiene prisa.
La palabra que se escucha sin esfuerzo.
La compañía que a menudo tanto se desea.
Las calles rudimentarias de una ciudad de provincias.
El portal siempre abierto de un edificio sobrio.
La casa tibia de un hombre sin rencores.
El corazón silencioso del que no tiene prisa.
La palabra que se escucha sin esfuerzo.
La compañía que a menudo tanto se desea.
lunes, marzo 04, 2013
Nieve
Desde el mirador d`Asiegu |
El camino
discurre por la empinada derrota que antaño llevaba al cementerio. Por allí se
subía en hombros a los muertos. Con mal tiempo la comitiva se hundía en el barro.
Pisaba esa humedad turbia de los suelos que aguardaba también por el entierro.
Una cruz de piedra señala todavía la mitad del trayecto. Se rezaba allí un
último responso por el finado. Los porteadores tomaban entonces un respiro.
Abajo, el río seguía su curso. Desde lo más alto las campanas llamaban a
funeral. El sábado estaba encharcado todo ese sendero. Se precipitaba el agua de
los prados hacia el valle. Desde el mirador podía contemplarse una hermosa vista
panorámica. El día luminoso acercaba las cimas más lejanas, sus nieves. Soplaba
un aire de cuaresma. Una brisa enfriada en lo alto y cargada de cristales
minúsculos. La piel del rostro se tensa en esas caminatas de invierno. Ese
frescor extremo pone en alerta, despierta a cualquier vestigio de belleza. El
sol pulía las cresterías seguramente hasta el hielo. La viruta blanca de esa
talla suele precipitarse transparente ladera abajo. En lo más hondo de su
viaje, a la sombra de nuestras suelas, termina por volverse poco más que barro
oscuro: como todo imperio, el de la vida o el de la nieve.
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