viernes, junio 19, 2009

Lisboa


Lisboa era neutral.
Rick acompañó a Lisa hasta el aeropuerto.
En las hélices del avión se enroscaba el tiempo
como un ovillo a los pies de un gato.
Qué hacer luego con los nudos.

Partiremos de mañana.
Viajaremos al paso escaso
con que arrastra la luz el sol.
Parábola de migas.
La hogaza del hogar a las espaldas
y la voraz turbulencia de las palomas
en la otra orilla,
sobre el estuario mismo de los atardeceres.

(Hasta la vuelta.)

lunes, junio 15, 2009

Tres fotografías

En ocasiones, la inquietud imprecisa que nos impide conciliar el sueño, nos sume en un estado ligeramente febril, vagamente intuitivo. Pueden entonces, de pronto, asociarse de un modo imprevisto, aleatorio, imágenes y recuerdos. Puede rebobinarse lo que trajo el transcurso del día o lo que sucedió muchos años antes y emerge de las sombras con una nitidez desconcertante. Es posible pergeñar el argumento de un cuento, dormirse con la felicidad de un endecasílabo que creemos perfecto, viajar, amar o sufrir de soledad o espanto. En uno de esos duermevelas, tres fotografías adquirieron hace unos días una persistencia algo obsesiva. La foto de la Madre migrante que tomó en 1936 Dorothea Lange, que se convirtió al cabo de los años en la representación misma de la Gran Depresión americana y que se puede ver en la actualidad en Madrid con motivo de la exposición que recoge parte de la obra de la autora americana, la correspondiente a los años comprendidos entre 1931 y 1942. En segundo lugar, la instantánea que Nick Ut tomó en 1972 en Vietnam tras un bombardeo con napalm y en la que Kim Phuc, una niña entonces de nueve años, corre desnuda con su piel ardiendo. Y por último, la fotografía de Franns Rilles Melgar, el emigrante boliviano sin papeles, que sufrió la amputación del brazo izquierdo en una panificadora donde trabajaba sin contrato por un salario escaso. Su patrono arrojó la extremidad amputada a un contenedor y, por miedo a las sanciones, dejó desangrándose a su empleado a doscientos metros de las urgencias del hospital. En la primera hay perfección formal, hay posado, tomas varias y algún retoque final. Según parece, una cita del filósofo Francis Bacon permaneció clavada en la puerta del cuarto oscuro de Dorothea Lange durante muchos años: “La contemplación de las cosas como son, sin error o confusión, sin sustitución o impostura, es en sí misma algo más noble que una cosecha entera de invención”. La cosecha de las uvas de la ira de estos blanco y negros de la Lange siguió a su modo la recomendación. Persiguiendo, uno cree, más una finalidad que una estética ética. Lo logró: la madre migrante fue finalmente icónica. La foto del Kim Phuc es, por contra, seguramente mucho más imperfecta, pero tiene a su favor la verdad incuestionable de la toma única, del instante irrepetible. Consiguió remover conciencias con la verdad desnuda y borrosa. Diríamos que hay entre ambas fotos la distancia que separa el asco refinado de la arcada irreprimible. La tercera tiene escasos días. La distribuyó la agencia Efe dándole soporte gráfico a las prestaciones que a los sin escrúpulos le rinde, en tiempos de crisis, la emigración clandestina. La imagen es en color y el encuadre deja el muñón en primer plano —levemente desenfocado, como si un asomo de pudor le pudiera en el último momento al objetivo—. El cúmulo de vendas, agujas y blanco impoluto, aséptico y hospitalario de las sábanas lava la cara de un país que demostrándose ineficaz en el filtro de las fronteras y en la garantía de las condiciones laborales, procura al menos la curación de las víctimas de esa desidia. Supongo que en esa asociación de tomas tiene mucho que ver el fondo de iniquidad que en todas ella subyace, la personificación del abandono en una madre en la ruina, en una niña abrasada y en un emigrante amputado. Habrá mil fotos más, un millón, que se pudieran añadir a éstas. Pero esa noche, en ese trance en que uno lucha por conciliar un sueño que se le hace esquivo, las que yo vi de pronto, superpuestas, fueron las de Florence O. Thompson, una madre con tres de sus hijos en medio del hambre; la de Kim Phuc, una cría que llora a gritos sobre las brasas; y la de Franns Rilles Melgar, a quien a cambio de un brazo le darán por fin sus papeles.

viernes, junio 12, 2009

Galeradas


Así comprimidas, como llegan hoy en el correo electrónico, que sólo hace falta pulsar sobre su icono para que se desplieguen todas sus páginas, les parecerán milagro todavía a muchos autores. Porque aún no hace tanto que las galeradas debían de remitírseles envueltas en papel de estraza, sueltas como hojas volanderas y apelmazadas unas contra otras por combatir el frío de no estar encuadernadas. Pero no han ser, pese a ello, muy distintas las sensaciones que provocan aquellas y estas galeradas en quienes, primerizos, se enfrentan a su repaso. Desenvolver paquete o icono suele ser finalmente como situarse sobre la rejilla de un mirador que cuelga en el aire de un acantilado. Por dentro se nos dispara el sensor de abismos. Mide el vacío y le otorga su escala de angustia. Lo que se hizo y pareció bien, provoca ahora dudas. Lo que tanto tiempo llevó, parece casi nada. Lo que era cierto, es ya equívoco. Y aunque podría verse la empresa como la inesperada oportunidad de hacer mejor lo que se dio por hecho y concluido en el pasado (no otra cosa se desea en los arrepentimientos), no deja de ser curioso que el miedo nos tome al volver sobre nuestros pasos y que aun andando por territorio conocido en este regreso, se nos antoje su suelo tan poco firme como el que nunca hemos pisado. Así que somos casi en la tarea como ánimas en pena que recelasen de la luz de la mañana temiendo que las vuelva nada.

jueves, junio 11, 2009

Culturas

El pasado sábado apareció el primer número del suplemento Culturas en las páginas del diario El Comercio. Desde el logo que se ha incorporado a la derecha, sobre los enlaces recomendados, se puede acceder directamente a él. En el estrenado suplemento se da cuenta de algunas bitácoras literarias entre las que se ha tenido la generosidad de incluir estos Diarios. Estupenda idea, desde luego, que se emprenda esta aventura por el periódico que siempre se ha tenido como cosa de casa y tan entrañable como un pedazo más de la ciudad. Se agradece, además, que se acuerden —o los acuerden (Doce mediante)— de uno para la ocasión. Suerte.

miércoles, junio 10, 2009

Discreción

La discreción es tan necesaria, en su justa medida, como el ejército en los países democráticos. Previene y protege.
La discreción absoluta es tan opresiva como el ejército de las tiranías. Reprime e intimida.
La indiscreción vuelve indefenso al mundo y lo deja a merced de los pillos.

viernes, junio 05, 2009

Magistral alquimia

Una fotografía es un instante congelado. Esa imagen adquiere trascendencia cuando sobrecoge a quien la mira por la fuerza de lo que fija. Si además se sabe de las circunstancias en que fue tomada, uno puede empeñarse en la interpretación de lo fotografiado. Llevando luz a los rincones en sombra. Glosando gestos. Volviendo secuencia lo que sólo es instante.
A partir de un gesto de coraje, la dignidad de un presidente que fija su espalda al respaldo del escaño cuando el resto de los congresistas gatea, Cercas escribe uno de los más vibrantes, emotivos y certeros libros que uno haya leído. Lo que el autor deseaba en principio era construir esta historia desde la ficción, sin embargo terminó por cimentarla en la pesquisa documental, sin que por ello el libro pierda la fuerza de las mejores obras literarias. Tiene un argumento potente. Unos personajes perfilados con verosimilitud incuestionable. Su desarrollo engancha de tal modo al lector que sus casi quinientas páginas se devoran con la misma avidez con que se aborda una bien urdida trama novelesca. Recurre a los duelos, a los paralelismos, a los héroes, a los villanos, a las traiciones, a las catarsis. Y todo ello, sin más añadido imaginario que la conjetura de unas pocas conversaciones, la motivación de algún personaje, de ciertos comportamientos; y siempre, en esos casos, advirtiendo del recuso intuitivo emprendido. Es pues un libro que cuenta fielmente un cautivador pedazo de la historia de nuestro país de la mejor manera posible y con los mejores mimbres: desde la verdad y a través de la literatura. Magistral alquimia.

miércoles, junio 03, 2009

Dos caxigalíne(a)s

La vanidad convierte en vicios públicos las virtudes privadas.

El desprecio como defensa cava trincheras y nos hunde los pies en el barro. La alegría como esgrima nos vuelve tan ágiles y brillantes como mariposas.

martes, junio 02, 2009

Modus vivendi

Adolfo Suárez. El péndulo de la historia. Primero villano. Luego canonizado. Ahora imbécil. Leo el libro de Cercas (Anatomía de un instante) con entusiasmo. No en vano se trata del pedazo más intenso de la historia de nuestro país que hasta la fecha me ha tocado vivir. Al tiempo me encuentro con una entrevista a Gregorio Morán. Ha escrito también sobre el asunto. Sobre el personaje. Ya dos libros. De este segundo (Adolfo Suárez, historia de una ambición) extrae para el periódico algunas de las ideas que lo sostienen. Una de ellas le parece a uno importante para explicar algunas cosas que le ocurren a la política patria. A la europea, también. Escándalos británicos. Desfachatez italiana. Corruptela hispana. Dice Gregorio Morán: “Suárez es un hombre sin cultura, sólo sabe de política, lo que forma parte de una larga tradición española”. Es verdad que la clase política de hoy ha pasado por la Universidad y hasta en ocasiones, aunque escasas, hay en ella personas de cierto fuste intelectual. Pero la política se les ha vuelto, por lo general, un modus vivendi de más alta alcurnia, mejor retribuido. Han elegido la trinchera como supervivencia. Y tras los sacos terreros no se perdonan los ocios reflexivos, se pierde hasta la perspectiva. Suárez era un hombre sin cultura en medio de convulsiones insoportables, al que quizás lo llevó al poder un prurito de medro, pero que una vez allí tuvo el coraje de una ambición generosa, histórica. Hoy se orilla por igual la pasión intelectual de perseguir la verdad sin la traba del rédito electoral y la trascendencia que otorga toda delegación de representatividad. Quizás tenga que ver en ello el miedo a perder la canonjía que se disfruta. Concluyamos con algo prosaico: el sueldo. Se argumenta muchas veces que un político debe cobrar lo suficiente como para que no le tiente el amaño productivo. Pero, ¿debe cobrar tanto como para que le asuste la reincorporación a su profesión —en caso de que la tenga—?

miércoles, mayo 27, 2009

Espiando juntos desde lo oscuro

Querido JC:

Ayer, por fin, fue casi un dia de verano en Serandinas. Hasta eché las contraventanas al mediodía. Se quedó en sombras el salón. Disfruté mucho de esa umbría confortable de quien sabe al sol golpeando las aldabas. Y me acordé de pronto de que esa era una costumbre suya cuando volvía en los veranos a la casa de su padre. Aquí, justo al lado. En el viejo consultorio de don Avelino. El hijo regresaba en las vacaciones después de todo un curso de internado. Pero se pasaba las tardes enteras a solas y a oscuras. Leyendo gruesos libros médicos. Absorto en nervios, músculos y huesos. Observando por dentro lo que afuera, en la distancia corta y sobre todo bajo la violenta luz estival le resultaba simplemente pavoroso. Buena gente esa familia. El padre se dedicó en cuerpo y alma toda su vida a la medicina de pueblo. Él se hizo abogado. Le horrorizaba la sangre de verdad. Desinteresado y desprendido. Nunca le fue bien en el despacho. Terminó matándolo el tabaco. Los cigarrillos con los que espantaba la soledad. Tenía siempre una tez blanca. Una mirada escurridiza. Prisa por volver a sus cosas. Y un pitillo entre los dedos. Ayer se hizo el sol y eché las contraventanas. Fue sólo un momento. Para que no me cegara la luz que refulgía sobre las páginas del libro con que andaba. Compartí con él, con su recuerdo, ese rato de cobijo. Espiamos juntos desde lo oscuro la sorpresa de un mundo que de tan iluminado parecía de repente inabarcable. Quizás no fuera otro su miedo.
X. Serandinas

lunes, mayo 25, 2009

Balnearia

Uno empieza a tenerle querencia a esa terapia de aguas que dicen viene de Roma. A ese dejarse golpear por chorros violentos que vivifican. A ese dejarse amansar en marmitas tibias. A esa dejarse exprimir por vapores hirvientes. El agua ha sido siempre una recurrida metáfora. Lluvia, oleaje y ríos; tristeza, avatares, vida. Le busco también a esta novedad balnearia su reflejo: ¿placenta?

jueves, mayo 21, 2009

Vidas (profesionales) ejemplares

La de Jaume Vallcorba. Editor (Quaderns Crema y Acantilado). Pasión por los libros. Y por las cosas bien hechas. Así lo explica en la entrevista de Martín Gómez para la revista colombiana El malpensante. Aquí. Y un adelanto: "Me parece que la labor editorial se puede entender de dos modos: por una parte, el de quien se dedica a publicar libros que el público ya sabe que quiere; y, por otra parte, el de quien le ofrece al lector aquellos libros que quizás aún no sabe que quiere –que es en el que a mí me gusta trabajar–."

miércoles, mayo 20, 2009

Poética narrativa

En la muy original novela Sólo un muerto más, de Ramiro Pinilla, el protagonista, Sancho Bordaberri (Samuel Esparta), novelista vocacional metido a investigador por afición al género negro, mantiene esta conversación con Luciano Aguirre, falangista y poeta:

"-Se trata de escribir lo que se ve y lo que se oye. Nada más...
-¡Pero eso está al alcance de una máquina de fotos y un registrador de voces!
-En cierto modo, el creador debe desaparecer. Narrar es centrarse en lo de fuera, y en este fuera hay otros, hay hombres y mujeres que deben pesar en la historia más que el propio narrador. Los poetas no saben hacerlo. No porque no puedan sino porque no está en su ser.
-Así que se trata de humildad.
-Y de algo de imaginación.
-¿Imaginación en el realismo?"

jueves, mayo 14, 2009

Las noches que aún queden por venir

Cuando llegue esa edad en que se aprende
que en LAS NOCHES QUE AÚN QUEDEN POR VENIR
no habremos de buscarnos ya en la luz
sino acaso tan sólo en la memoria,
nos convendría al menos el consuelo
de no albergar entonces más deseo
que el de sabernos juntos todavía
contra el silencio insomne de lo oscuro.

lunes, mayo 11, 2009

Talla de luz


En la casa del escultor. Su taller está en una vivienda rural poco cuidada, levantada sobre la pradería, con lagar donde hubo establo tiempo atrás, con cobertizo en el que trabaja el artista, teniendo a la vista la montaña y bien rodeado de limoneros y naranjos. De su perfume dulce. Andan las obras por paredes y suelos. Bellas en su dispersión caótica. En su inestabilidad de cosa inacabada. Maderas talladas o tallándose, sierras, botes de tinte, un altavoz grande y lleno de polvo conectado a una emisora musical. Habló despacio de la obra en marcha, de las exposiciones previstas, de cómo trabajaba sus esculturas, de cómo se deja moldear cada tipo de madera. Pero a uno se le iba cada poco el santo al cielo. Más que al cielo, al valle. Hermoso desde aquel altozano. Con una dispersión hipnótica de manzanos en flor, en medio del silencio y de esa tristeza húmeda que algunos días le ponen a los verdes. Una insuperable talla de luz en la estación reciente.

miércoles, mayo 06, 2009

Una vida

Celebrar la vida. Sobre todo cuando se nos escapa de modo irremediable. Escribir por alivio. Por aventar el miedo. Acariciar como cuentas de un rosario laico el detalle de las más preciadas dichas. Apuntalando el ánimo. En eso, quizás, consiste la hermosa necrológica que escribió ayer Rosa Montero.

lunes, mayo 04, 2009

Uno de mayo


Nos acercamos a León. Salimos con el día más bien triste. Todo mejora ya a las puertas de la ciudad. Aparcamos cerca de Guzmán el Bueno. Mañana fría y cielo despejado. Ordoño. Ancha. Catedral. Subimos a las vidrieras. Se permite el acceso a las plataformas dispuestas en lo alto para su restauración. Nos explican el proceso de fabricación del vidrio en la Edad Media. Su coloración. Su engaste en plomo. La distinta manera de dibujarse los motivos. Desde la más primitiva con cristales pequeños, figuras hieráticas, ausencia de paisaje y colores mezclados en el proceso de fusión de la arena, hasta la renacentista, ya con perspectivas, imágenes que desbordan la nervatura del plomo y un color aplicado a la vidriera después de colocada en los muros. De allí al Húmedo. Empieza a templar la mañana. En la plaza de Grano no hay aún gente. Es hermoso el despertar de la ciudad por este rincón casi medieval. Se celebra el primero de mayo. Hay una concentración frente al palacio de los Botines. Malos tiempos. No será poca la impotencia que se palpará en muchos de los concentrados. No hay un enemigo único, definitivo, contra quien alzar la voz, a quien culpar de lo que ocurre. El sistema ha fallado. Pero el sistema hace tiempo que ha sido aceptado por casi todos. Nos tomamos unas cervezas. Se empieza a animar el gentío por las callejuelas. Paseamos por el barrio del Ejido hasta la Plaza de Jacinto Benavente. Un barrio de los años cincuenta. Urbanismo humanizado. Casas modestas. Patios con jardín. A las espaldas de la catedral. Comemos en El Nalgas. Bebemos un prieto picudo fresquito. Entra como agua en día de calor. Y no sólo a nosotros. En la mesa más próxima comen dos ancianas. Nos sorprende su apetito. Su incansable cháchara. Pero sobre todo, esa rítmica y constante manera de bajarse el tinto de la casa. A la salida nos las encontramos camino del centro. Van del brazo. Prosiguen su insaciable conversación. Contentas. Rodeamos las murallas. Entramos por la puerta que llaman del castillo. San Isidoro. San Marcos. Auditorio. Musac. Qué bella fachada. Tuñón y Mansilla fueron los arquitectos. Según parece tomaron como referencia una vidriera catedralicia. Trabajaron sus colores informáticamente hasta conseguir esa combinación de intensidades en la carcasa del edificio. Emblemática ya de la ciudad. En tan poco tiempo. Se tiende a tomar allí no pocas fotos. Sobre todo, supongo, en días soleados. Refulgiendo el cristal. Añadiéndose al cromatismo del edificio, el azul del cielo. Incluso, si por suerte las hubiera, esas manchas blancas que las nubes ponen a la composición como una pincelada medida. Las vidrieras de la catedral recogen, envuelven la penumbra del templo con una caricia de luz, con un aliento humano y alegre de Dios. Las vidrieras del Musac son más bien reclamo. Llaman. Incitan a adentrarse en un espacio desconocido y por tanto misterioso sobre el que generan una espectactiva de color, de emoción. Ya dentro tiene el lugar ese aire aséptico de la modernidad. Esas exposiciones desparramadas, pretenciosas, que precisan de mucho espacio y de no poca complicidad en el visitante. Nos decantamos por la visita guiada. Apenas una docena de personas. Nos condujo por las salas una muchacha algo etérea, con ese aire universitario francés que dan la tez blanca, la melenita Claudine, los zapatos bajos, la ropa negra y su nombre de refugiada, Nadia. De lo visto, lo más interesante sin lugar a dudas fue la muestra titulada Trying to Remember What We Once Wanted to Forget (Intentando recordar aquello que una vez quisimos olvidar), de Elmgreen & Dragset, un pareja artística de nórdicos que han montado doce instalaciones de considerable formato, constituidas mayormente por unas casitas agigantadas de monopoly. En cada una de ellas se recrea un ambiente algo enigmático, construido con muy escasos elementos y a través de puestas en escena que tienen, a veces, un vago aire surrealista. Fue la guía orientándonos hacia la finalidad última de la muestra en su conjunto a través de aproximaciones interpretativas de cada una de las instalaciones. Advirtiéndonos, al tiempo, de la militancia homosexual de los artistas, pues a su jucio —bien informado—, tal condición es clave en la obra; pero no cerrando la puerta a que cada espectador extrajera de lo visto sus propias conclusiones. A uno le parece que hay dos actitudes muy acostumbradas e igualmente rechazables ante este tipo de manifestaciones artísticas. La que parte de la negación, las entiende siempre como fraude y las combate con indignación o burla. La que, por el contrario, las sobrevalora hasta el cretinismo, envolviendo su fe —como toda fe— en una suerte de lenguaje para iniciados, que, generalmente, no es más que un llamativo envoltorio de la nada. Quizás deba uno abrir sus miras sin prejuicios. Sin prejuicios y sin complejos. Apreciar lo que merezca atención y reseña. Lo que deje rastro de talento y trabajo. Lo que, como en todo arte, sobrecoga por interpretación racional o intuitiva. No poco de esto que se pide encontró uno en la muestra de Elmgreen & Dragset, que junto algunos excesos vanales y una ocupación megalómana del espacio expositivo, genera, sobre todo, ciertas interrogantes y no escasa sorpresa. Vimos también los collages de Kirstine Roepstorff y los vídeos de la palentina Marina Núñez. Los primeros dejan en la retina un poso de acumulación desmedida y de intenciones torpemente explícitas. En el ambiente generado por los segundos hay una, bien conseguida, envolvente sensación de futurismo inquietante. A la salida nos acercamos hasta el paseo de la Condesa de Sagasta. Bajo la umbría de los castaños que empiezan a florecer. A la vera del Bernesga. Había muchos paseantes a esa hora. Y hasta una fiesta sindicalista en la que se anunciaba por los altavoces un concurso de baile. Cada pareja debía atreverse con tres piezas: un pasodoble, una rumba y un tango. Cuando arrancábamos el coche, ya de vuelta, sonaban las notas de un pasodoble.

martes, abril 28, 2009

Antonio Pereira

Ayer releí a Pereira. In memoriam. Extraje de entre sus páginas un papelito con algunas citas que transcribí hace años de sus cuentos. Había una entre ellas que me pareció de repente como la justificación de una obra literaria. La suya. La de todos los que escribimos desde rincones pequeños y soñamos mundos lejanos o distintos: “Hay que ver lo que son las islas si un chico las piensa en un pueblo de adobe”. Descanse en paz.

jueves, abril 23, 2009

Anónimos


Miguel Sanfeliu estuvo por aquí cerca presentando su libro. A uno le hubiera gustado, por esas cosas del pudor que nos gana tan a menudo, estar y no estar al tiempo. Ver todo por el ojo de una cerradura. Tocar en parabién el hombro del autor. Guiñarle un ojo cómplice. Llevarse feliz a casa la obra de alguien a quien se aprecia en la distancia. La cierta distancia. Porque por ahí conoció uno a Miguel. A través de su bitácora. Siempre interesante, siempre generosa. Abierta a la literatura, al cine, al paisaje. Escrita, como todo lo que de Miguel uno ha leído, con una sincera transparencia. Sin adiposidades. Anónimos es un libro ilustrado por el propio autor. Lo integran cuatro relatos y una introducción a modo de poética. “Yo escribo porque me gusta escribir, para intentar explicarme el mundo, para robar vida a la muerte, posibilidades al destino.” Se lee de un tirón —no es mala cosa decir esto de un libro—. Y sabe, en su brevedad, a poco. Hay en cada pieza una orientación literaria distinta. Hay en el conjunto un estilo semejante. Austeridad expresiva, tensión narrativa y en todos, salvo en el tercero, cierto cebo de misterio que atrae la atención del lector hasta el desenlace. En el primero, Sólo, se intuye un eco de narraciones del tipo Continuidad de los parques o Las ruinas circulares. Esas construcciones que en perspectiva semejan trampantojos sin principio ni final, circulares, enredadas. En el segundo, Anónimos, que da título al conjunto, se advierte, más bien, una inspiración cinematográfica, incluso un lenguaje sintético, eficaz y que nos arrastra, a buen ritmo, por la historia angustiosa de una amenaza anónima e individualizada que se torna finalmente en todo un clima de terror global. El tercero, El campeón de Arequipa, habla de una de las pasiones del propio escritor, el ajedrez. Aún recuerdo el magnífico post que Miguel escribió con motivo de la muerte Fischer. Tengo para mí que el final del cuento, su conclusión, algo tiene que ver con la propia relación del autor con el juego: “Cuando se convierte para ti en algo más importante que la propia vida, es el momento de dejarlo”. Y el cuarto y más breve, Renacer, es una historia desasosegante muy en la línea de los relatos tributarios de la herencia Poe. Es, en resumen, un libro muy recomendable. Bien escrito. Diverso. El primero, espero, de los que Miguel Sanfeliu nos irá ofreciendo en el futuro. Porque, contrariamente a lo que le sucedía al ajedrecista de su cuento, cuando la literatura significa tanto en una vida, no debería haber momento para abandonarla.

lunes, abril 20, 2009

Contra la oscuridad

La claridad se corona de ceniza, lo sé:
siempre llevo temblando el sol a la boca.
Eugenio de Andrade

Tampoco abril nos resultó propicio
y en él persisten las mañanas frías,
la lluvia, el cielo gris y entre las nubes
las tenaces aves del mal augurio.

Pero al menos guardamos
contra los pertinaces signos del invierno
aquellas tardes en que el sol obraba
como un cauterio suave
y la piel escondía celosa hasta la noche
las brasas últimas del día.

Tibio licor son ahora esos instantes
cuando la vida empieza a parecernos
tan dulce y dolorosa por momentos
como la soledad
entre las sábanas de nuestra infancia.

jueves, abril 16, 2009

Cerezos (japoneses)

El año pasado, por estas fechas, habíamos estado en el Jerte. A la floración. Gozando de ese cosquilleo lujurioso que genera toda explosión de la naturaleza. Fue bonito. Pero si la visita no hubiera cubierto expectativas, ni nos hubiéramos dado cuenta: tendemos a recompensarnos los esfuerzos, a consolarnos con los viajes. Desde hace algo más de una semana han florecido casi bajo nuestra ventana otros cerezos. Ornamentales. Grandes y de flor rosada. Una maravilla bajo la que pasan los transeúntes con una indiferencia casi insolente. Cuestión de perspectiva y de distancia. Al cabo del tiempo, sólo apreciamos el placer que se nos ofrece fuera de nuestro hábitat. Incorregibles Casanovas.

Inexplicable

Tiene uno la mala costumbre de sentarse a la noche a ver algún informativo televisivo. No siempre el mismo. Cada vez cansa más esa proliferación morbosa de sucesos, así que se busca la cadena menos dada a la carroña. No es fácil. Con ocasión de la semana santa, se desvió el foco desde la sangre fresca a la esculpida y procesional, a esa puesta en escena de la tragedia paradigmática. Tales historias ejemplares terminan siempre adornándose de pretensiones artísticas, lo que justifica y extiende sus efectos catárticos, bendecidos, en esta versión, por la coartada religiosa o de fe —irrebatible, por tanto—. Suelen trufarse los desfiles de pasos y cofradías con entrevistas entre asistentes pasivos y costaleros sufrientes. El micrófono del reportero recoge a pie de procesión el sentir de la gente. Y siempre se define éste del mismo modo, como “inexplicable”; lo que supone, por tanto, que “no haya palabras” capaces de describirlo. Hay en esa declaración de impotencia expresiva, una ingenuidad emotiva propia de lo inmaduro. Como en el capricho de los niños, que tampoco tiene manera de argumentarse. Obedece a impulsos sin brida. Pónganle a la cosa manto de organdí, cera perfumada, música sacra y músculo de costal. Finalmente, sin nada de eso, a pelo, hay sólo una corriente de intereses: la del templo y su supervivencia, la del hombre buscándole sentido al paso del tiempo, la de la ciudad por convertirse en centro de peregrinaje —y negocio— y la del periodismo que nutre y se nutre en simbiosis de escaparate.

martes, abril 14, 2009

La marea de las palabras


Por Segovia el tiempo nos deparó un poco de todo. Sol, lluvia y frío. Será por eso que nos hemos traído catarro. Y un malestar como de galbana sin causa. Si hasta leer le costaba a uno este fin de semana. De lo visto ya se ha dejado rastro en el diario. Y sobre alguna emoción se ha escrito más extenso. Como la de recorrer durante un buen rato la casa en que vivió don Antonio Machado. Esa pensión de techos bajos, paredes encaladas y habitaciones frías de la calle de los Desamparados. J. me regala una edición de Cátedra con la obra de Mairena. La compra en la pequeña librería de viejo que está a la entrada del museo. Uno había traído para la noche los relatos Anna María Ortese. El mar no baña Nápoles, tampoco Segovia, aunque parezca casi una isla cuando se la ve desde la distancia. Tan recogida sobre si misma. El viaje es la voluntad de la sorpresa. Siempre hay que procurar imponerse al tedio como sea. Genera desidia y acaba ofreciéndonos una ruinosa imagen propia que nos hace creernos peor, mucho peor, de lo que somos y actuar en consecuencia. Eso me parece al menos. Así que también apunto la reflexión en el cuaderno, como tantas otras cosas. Como esa cita de Alan Pauls que leo por azar en el periódico: “Se escribe un diario para dar testimonio de una época (coartada histórica), para confesar lo inconfesable (coartada religiosa), para "extirpar la ansiedad" (Kafka), recobrar la salud, conjurar fantasmas (coartada terapéutica), para mantener entrenados el pulso, la imaginación, el poder de observación (coartada profesional).” Habla el argentino de la finalidad. Medita uno sobre la forma, que tantas veces se asemeja al flujo de las mareas, gobernado desde lo oculto; ingobernable, por tanto.

viernes, abril 03, 2009

Slow

En estos días propicios para el viaje, piensa uno que no está de más encomendarse a un propósito de calma, la que nos pone en paz con lo que somos y con lo que se nos ofrece. Nunca es bastante la quietud, nunca se dilata uno lo suficiente en la emoción de las escasas dichas. Pasan a caballo por delante de nuestros ojos, montadas de lado, como las damas delicadas, más preocupadas de mantener la compostura que de gozar del trote. Los viajes se justifican no por la acumulación, sino por la sorpresa. Desvelarla sólo precisa un ánimo atento y una ausencia de prisa. Lo inesperado aguarda adentro, en el modo en que de repente nos descubrimos sintiéndonos como alguna vez quisimos vernos; o afuera, cuando el alma —ese difuso aliento de lo íntimo— se nos imanta a un encuadre del paisaje, a un lugar o al ritmo preciso en que todo transcurre con el diapasón del sosiego.